CÓMO SE HIZO "AUSTRALIA"
Notas de producción © 2008
Hispano Foxfilm
1. El proyecto
Un relato épico de
transformación, amor y aventura, AUSTRALIA se desarrolla en el
continente que el director Baz Luhrmann ve como la última gran
frontera del mundo. “Para el resto del mundo, Australia es el
más allá del más allá”, asegura. “Hay una excelente frase al
comienzo de ‘Memorias de África’, cuando Karen Blixen descubre
que su marido la traiciona y dice: ‘Tengo que alejarme, me iré a
cualquier lugar. África, Australia… bueno; quizá a Australia,
no’”. Luhrmann creció en una pequeña localidad maderera del
norte de Nueva Gales del Sur, donde su familia regentaba una
granja, la gasolinera local y, durante un breve periodo, el
cine. “Las películas musicales fueron un gran amor de mi
infancia, pero también era yo un incondicional de las epopeyas
históricas”, asegura. “Las epopeyas eran el tipo de películas de
las que uno oía hablar durante semanas antes de que llegasen
efectivamente a proyectarse, y cada persona de la ciudad acudía
a verlas. Es fácil imaginar la impresión causada en un
muchachito de la Australia rural por películas como ‘Lawrence de
Arabia’ y ‘Ben Hur’ –grandes y románticas aventuran ambientadas
en lugares lejanos y exóticos en los que el paisaje agigantaba
las odiseas emocionales interiores de los personajes”.
Especialmente atrayente para Luhrmann era la idea de crear una
película épica ambientada en su patria que, al igual que los
clásicos que tanto le influyeron en su infancia, tuviera un
amplio atractivo para gente de todas las generaciones y del
mundo entero. “Al contemplar esa clase de películas, desde ‘Lo
que el Viento se Llevó’ y ‘Ben-Hur’ hasta ‘Lawrence de Arabia’ y
‘Titanic,’ el público se hallaba en comunión con una gran
experiencia cinematográfica”, comenta. “Yo quería crear una obra
fílmica que fuera incluyente de forma parecida, porque creo
apasionadamente que nuestras vidas tienen que ser más
incluyentes. Unir a las personas aporta consuelo al corazón y al
alma de este mundo impredecible”. Continuando la tradición de
películas como “Casablanca”, “Titanic” y “Oklahoma”, la
AUSTRALIA de Luhrmann es una metáfora de las sensaciones de
misterio, romance y excitación provocadas por un lugar lejano y
exótico en el que las personas pueden transformar sus vidas,
donde sus espíritus pueden renacer y donde el amor lo vence
todo.
“Esta es la película que
quería hacer desde que era niña”, dice Nicole Kidman. “Yo crecí
viendo a actrices australianas, como Judy Davis en ‘My Brilliant
Career’ y Angela Punch McGregor en ‘We of the Never Never’,
interpretar a personajes maravillosos en relatos ambientados en
nuestro país, y soñaba con rodar una película aquí que tuviera
la pasión y la importancia de esas otras”.
“Es una oportunidad única
en la vida”, asegura Jackman. “Hacía ocho años que no rodaba una
película australiana, por lo que regresar y participar en una
producción de esta magnitud, escala y ambición –¡hablando con mi
propio acento!– era un sueño hecho realidad. Un papel de
ensueño, al igual que la película, el reparto y el director”.
Jackman, que conoce a
Kidman desde hace muchos años (está casado con una buena amiga
de la actriz), quedó impresionado desde el principio por la
pasión que su colega ponía en el proyecto y por su confianza en
Luhrmann. “Nicole estaba en mi casa asistiendo a una fiesta con
motivo del Súper Tazón”, recuerda. “Baz acababa de llamarme para
contarme el proyecto y yo pregunté a Nicole si ella había leído
este guión. Dijo que no. Yo dije: ‘¡Anda! Baz me dijo que tú
ibas a intervenir’. Ella replicó: ‘Es cierto’. Y yo: ‘¡Pero si
ni siquiera has leído el guión!’ ‘No hace falta leerlo’, repuso
ella, ‘sólo hay que hacerlo. Va a ser algo asombroso. No tendrás
un trabajo mejor en tu vida’”.
“Si Baz me pidiera que
dijera una frase sobre algo, yo diría ‘sí’”, asegura Kidman.
“Creo en él. Creo en su talento. Creo en su compromiso de añadir
belleza al mundo y en su búsqueda de la excelencia. Es un
privilegio trabajar con alguien con quien te sientes
completamente segura, alguien que es audaz e innovador y nada
acomodaticio. No mentiré diciendo que resulta fácil porque no lo
es. Es verdaderamente duro. Pero cuando se rueda un gran
argumento, a la fuerza se pasan privaciones. Lo comprendimos
desde el principio y estoy encantada de haberme metido en este
fregado”.
El argumento de AUSTRALIA
tiene su origen en el personaje de Kidman, Lady Sarah Ashley,
una obstinada figura de la alta sociedad británica perdida en
medio de un matrimonio sin amor y de una vida superficial y
aburrida. “A sus cuarenta años, Sarah se ha volcado en objetos
de perfección y control”, explica Luhrmann. “Lo único que ama de
verdad son sus caballos”.
Convencida de que su
marido la engaña durante su viaje a Australia para vender
Faraway Downs, su hacienda ganadera que atraviesa grandes
dificultades, Sarah viaja desde Londres al áspero páramo del
Territorio Septentrional para enfrentarse con él. La verdad
resulta tan cruel como el nuevo paisaje que la rodea, y ello
lanza a Sarah a embarcarse en un viaje de profundo
autodescubrimiento.
“Nada más llegar a
Australia, Sarah es una persona tan estirada como el personaje
de Katherine Hepburn en ‘La Reina de África’”, dice Luhrmann.
“Se ha cerrado a la vida y al amor. Pero en Faraway Downs y más
allá se ve obligada a relacionarse con el paisaje y con la
gente, y experimenta un renacimiento espiritual. El viaje la
transforma por completo”.
Faraway Downs es una finca
inmensa, del tamaño del estado de Maryland, situada en el
implacable Interior de Australia y poblada por una mezcla
armoniosa de ganaderos, sirvientes y miembros de tribus
indígenas. “Es algo diametralmente opuesto a cuanto Sarah haya
experimentado nunca”, explica Kidman. “Pero durante el
transcurso del relato, ella misma derriba muchas de las barreras
que ha levantado para protegerse. Se convierte en la mujer que
realmente desea ser, y encuentra el amor –de un niño, de un
hombre y de la tierra”.
Sarah se sorprende a sí
misma y sorprende a los que la rodean cuando se crece ante los
desafíos de su nueva vida y sus desconocidas responsabilidades,
pero nada ni nadie supone para ella un reto mayor que el
Arriero. Tan tosco como refinada es Sarah, el Arriero es el
mejor componente de una raza de hombres que arrean rebaños de
ganado vacuno a través de cientos de millas de un terreno áspero
e implacable. Tal y como nos explica Jackman , “un buen arriero
entregará el ganado en el mercado en mejor estado que cuando
emprendió el viaje. Si uno se para a pensar en el tamaño de los
hatos y del inmenso paisaje que atraviesa, no es poca hazaña”.
El Arriero es un soberbio
jinete que prefiere vivir bajo el sol y las estrellas, un nómada
y un solitario. “Se siente más cómodo a la intemperie con su
caballo y con el ganado que con la gente”, afirma Jackman. “No
depende de nadie. No quiere deberle nada a nadie, que es la
razón por la que alguien como Lady Ashley le plantea más de unos
pocos problemas”.
Saltan chispas –en todas
las direcciones equivocadas– desde el momento en que se cruzan
los caminos de estos dos extremadamente opuestos personajes.
Sarah es altiva y se muestra desdeñosa para con el Arriero, y a
éste le irritan en idéntica medida Sarah y todo lo que ella
representa. “El Arriero odia a la Clase Dirigente adinerada y
terrateniente y Sarah podría servir de modelo para un anuncio de
la aristocracia”, comenta Jackman. “Se regodea escandalizándola
y burlándose de ella porque le fastidia todo cuanto la rodea. Es
arrogante, pretenciosa, frustrante e inaguantable”.
A pesar de sus
diferencias, Sarah y el Arriero se necesitan mutuamente –y
necesitan el dinero que ganarán si consiguen hacer llegar una
manada casi imposible de 1.500 cabezas al mercado de Darwin
atravesando el desierto de Kuraman. Cuando la combativa pareja
está formando su insólito grupo de peones y ganaderos para
embarcarse en la sobrecogedora expedición, sobreviene la
tragedia. Un muchacho aborigen llamado Nullah queda huérfano, y
a Sarah le cae en suerte un papel que hace mucho que había
perdido toda esperanza de representar. “Cuidar del chico
despierta algo en Sarah, y encuentra, como madre, una fortaleza
y una confianza inesperadas”, explica Kidman .
La situación se ve
complicada por el hecho de que Nullah sea un mestizo, un niño
medio blanco y medio aborigen. En la segregada sociedad
australiana de los años treinta y cuarenta, la ley prohibía el
matrimonio interracial, y a los hijos de las ilícitas relaciones
interraciales les estaba vedado vivir entre blancos o con sus
familias indígenas. En un equivocado intento de sacar a tales
niños de la pobreza y brindarles la posibilidad de un futuro más
prometedor, separándolos de sus comunidades indígenas, el
gobierno australiano lanzó un programa de ámbito nacional en el
que los niños fueron arrebatados a sus familias y colocados en
misiones religiosas o instituciones estatales. En especial, los
niños mestizos fueron considerados “rescatables” y sacados de su
cultura tradicional en un intento de reeducarlos. A estos niños
se les ha dado el nombre de “Generaciones Robadas” y, aunque las
estadísticas no son claras, se cree que entre una décima y una
tercera parte de todos los niños y niñas indígenas fueron
arrebatados a sus padres y realojados.
“Este es el mundo en el
que nace Nullah”, observa Luhrmann. “Es a la vez blanco y negro
en un mundo que no puede tolerar que semejantes individuos se
integren en su sociedad. En última instancia, Sarah desafía el
orden social y le da un hogar. A su vez, Nullah es el
catalizador que abre el corazón de Sarah y acaba uniendo a ella
y al Arriero”.
El afecto y la franqueza
que Sarah acaba de descubrir rebasan las barreras que ella ha
levantado entre sí misma y el mundo que la rodea, permitiendo
que el Arriero vea otra faceta de esta compleja mujer. “En las
crisis, resulta realmente asombrosa”, dice Jackman. “El Arriero
llega realmente a respetarla y admirarla”.
Al igual que Nullah, el
Arriero es un marginado –condenado al ostracismo por la sociedad
blanca por vivir entre indígenas y por haberse casado con una
mujer aborigen. Según Jackman, “vive en algún lugar situado
entre las dos culturas, pero no forma realmente parte de
ninguna”.
El Arriero lleva años
tratando de sepultar la ira que le provoca la pérdida de su
esposa, muerta de tuberculosis porque a los aborígenes no se les
admitía en los hospitales. “Con su ira, ha levantado una muralla
que rodea su corazón”, explica Jackman, “pero esos muros
comienzan a desmoronarse a medida que va conociendo mejor a
Sarah y se convierte en una especie de figura paterna para
Nullah”.
Bajo el imponente poder
del paisaje, transformados por el amor de un niño, Sarah y el
Arriero se enamoran. “Cuando todo lo demás se desvanece, se
encuentran en uno al otro”, en palabras de Jackman.
“Hay algo verdaderamente hermoso en la forma como Sarah y el
Arriero cambian juntos”, dice Kidman. “Este asombroso niño los
une y les hace plantearse la razón por la que verdaderamente
están en el mundo. Creo que ésa es la magia de los niños. Te
miran directamente al alma y te enseñan cosas de ti mismo. Eso
es lo que Nullah hace por Sarah y por el Arriero a un nivel
profundamente emotivo y espiritual”.
Nullah es encarnado por el
novel actor de 13 años Brandon Walters, que fue descubierto en
una escuela pública en su ciudad natal de Broome durante la
búsqueda intensiva, realizada en todo el país, de un muchacho
indígena que interpretase el papel fundamental. La directora de
reparto Nikki Barrett se pasó meses viajando a lugares remotos
del continente y realizando pruebas a casi 1.000 niños
aborígenes, la mayoría de los cuales, como Walters, carecían de
experiencia y de formación como actores.
Luhrmann estrechó el
margen de los posibles Nullahs, reduciéndolo de varios
centenares a diez finalistas, y haciendo que Walters abandonase
por primera vez en su vida Australia Occidental y viajara a
Sidney, donde el director realizó talleres con los posibles
jóvenes actores. “Me dejó inmediatamente admirado el talento
natural y el carisma de Brandon”, recuerda Luhrmann. “Él y
Nullah comparten un espíritu semejante”.
“Todos los de mi familia
se alegraron horrores de que hubiera logrado el papel”, afirma
Walters, un superviviente del cáncer que tuvo que luchar contra
la leucemia cuando sólo tenía seis años de edad. “Le dije a mi
mamá que cuando me hiciera mayor, quería ser actor. Entonces
conseguí este papel y espero actuar en más películas”.
La preparación de Walters
para la película incluyó entrenamiento en técnicas de equitación
y de arreo de ganado (disfrutó especialmente aprendiendo a hacer
restallar el látigo), lecciones de canto y clases de dialecto.
“Las exigencias de rodar durante seis meses suponen un reto
increíble, en especial para un chico joven que no tiene
experiencia dramática”, dice Luhrmann de Walters, que sólo tenía
once años durante la producción. “Brandon impresionó a todos los
miembros del reparto y del equipo técnico con su entusiasmo y su
resistencia”.
“Me enamoré locamente de
Brandon”, afirma Kidman. “Es muy especial. Me enseñó mucho de su
cultura, y resultaba mágico contemplar el mundo a través de sus
ojos. ¡Conserva todavía tanta capacidad de asombro!”
La nueva familia de Sarah
queda deshecha cuando agentes del gobierno capturan a Nullah y
se lo llevan como por arte de magia a Mission Island para que
viva con otros niños mestizos desterrados. Su decisión de
entablar una guerra cultural ella sola para devolver a Nullah a
casa –al tiempo que la amenaza aún mayor del Japón se adivina en
el horizonte– es la culminación de la transformación de Sarah.
“En este mundo, son las
personas con las que uno está relacionado, a las que ama y que
le aman, quienes ayudan a decidir quién eres y en qué te
transformas”, piensa Kidman. “Cuando te das cuenta de eso, creo
que se encuentra la paz y eso es lo que le suceda a Sarah.
Aunque crea estar luchando contra el mundo, alcanza la cumbre de
su autenticidad y verdad porque se da cuenta de que tiene algo
por lo que luchar”.
Kidman escribió un diario
durante el rodaje, incorporando a su actuación su propia
experiencia personal de llegar a conocer Australia de forma más
profunda. “Ahora he visto realmente la magia de lo que aquí
tenemos”, afirma. “Y quiero decir magia. La intoxicación que
provoca es fuerte. Hay algo en el aire, en la tierra y en la
naturaleza de la gente que simplemente te atrapa, y antes de que
te des cuenta, ya formas parte de la tierra”.
Kidman y sus compañeros de
reparto también disfrutaron de la oportunidad de trabajar con un
elenco compuesto de muchas de las grandes leyendas del arte
dramático del país, incluidos los ídolos de la pantalla
australiana Bryan Brown y Jack Thompson; David Gulpilil, el
bailarín y músico aborigen de más renombre del país; y las
veteranas estrellas del cine y la televisión David Wenham y Ben
Mendelsohn. “Era un gran honor presentarse cada día en el rodaje
de una película llamada ‘Australia’ y trabajar con algunos de
los más grandes actores que este país ha producido”, asegura
Jackman. “Es un verdadero testimonio, no sólo de lo que esta
película representa para nuestro país, sino también de lo que
Baz personifica para todos estos actores. Esta gente no dejó
pasar la oportunidad de formar parte del proyecto”.
David Wenham, conocido
internacionalmente por sus papeles en “300” y en la trilogía de
“El Señor de los Anillos”, da vida al intrigante encargado de la
hacienda de Faraway Downs, Neil Fletcher. Implacable saboteador,
Fletcher conspira en secreto con el magnate ganadero King Carney
para apoderarse de la propiedad de Sarah.
Faraway Downs en la única
gran explotación ganadera del país de la que King Carney no es
el dueño, y está decidido a arruinar a Sarah, si es eso lo que
hace falta para ampliar su imperio. “King Carney es un hombre de
negocios movido por una ambición insaciable”, afirma Bryan
Brown, estrella de éxitos de la pantalla como “Consejo de
Guerra,” “Gorilas en la Niebla” y “Efectos Mortales”, así como
de la fundamental miniserie de los años ochenta, “El Pájaro
Espino”. “Puede ser muy generoso y benévolo cuando va ganando,
pero cuando está perdiendo, mejor es no interponerse en su
camino porque te pisoteará. Fue muy divertido encarnar a un
personaje tan pintoresco como Carney. Es mitad bravucón, mitad
encantador. Negocia según le inspire su estado de ánimo”.
Una prueba del renombre de
Brown es el entusiasmo de Luhrmann por su participación en el
proyecto. “Siendo un muchacho, yo participé en una película con
Bryan Brown . ¡Bryan Brown! Y ahora él interviene en una
película que yo estoy rodando”, dice, maravillado, el
realizador.
No menos le emocionó
contar con Jack Thompson para el papel de Kipling Flynn, el
alcohólico pero bondadoso contable de Faraway Downs. “Jack
Thompson es el Orson Welles de Australia”, cree Luhrmann. “Es el
gran estadista de los autores australianos”.
Thompson trabajó realmente
en un rancho ganadero cuando tenía catorce años. “En aquellos
días, en el monte, nadie te conocía ni sabía tu nombre ni cuál
era tu verdadera historia. Se consideraba de mala educación
preguntar”, recuerda. “Kipling Flynn es representativo del tipo
de personajes que en aquella época uno encontraba en el
Interior, personas incapaces de funcionar en una sociedad
normal. Flynn huye de la vergüenza que ha atraído sobre su
familia, y Faraway Downs es lo más que uno puede alejarse. Ha
convertido su pequeña oficina bajo el techo de Sarah en su
escondite”.
El elenco de estrellas
también cuenta con David Gulpilil en el papel del Rey Jorge, un
misterioso chamán aborigen que enseña a Nullah las prácticas de
la magia indígena; con David Ngoombujarra en el papel de
Magarri, y con Angus Pilakui en el de Goolaj, los peones de
confianza del Arriero; con Lillian Crombie, que da vida Bandy
Legs, la decidida criada de Faraway Downs; con Yuen Wah, que
encarna al lacónico cocinero Sing Song; y con Ben Mendelsohn que
representa al capitán del ejército Emmett Dutton.
“Todos ellos son gente de
la que me satisface en extremo poder decir que hemos hecho una
película juntos, que hemos compartido esta espléndida
experiencia”, asegura Kidman. “Estoy muy agradecida por la
oportunidad de formar parte de este proyecto; en especial, en
esta etapa de mi vida, cuando estoy casada con un
australiano-neozelandés. Es una forma maravillosa de
corresponderle a mi país, que me ha apoyado tanto en una carrera
que me ha llevado a trabajar en el cine internacional”.
Para Luhrmann, Lady Sarah
Ashley y los personajes que pueblan AUSTRALIA ejemplifican su
lema personal y profesional: “Una vida vivida en el miedo sólo
se vive a medias”. “El trabajo que realizo consiste en
levantarse cada día y enfrentarse al miedo”, precisa. “Cada día,
en el rodaje, miraba el monitor y veía a Nicole Kidman llevando
ropa que nunca debería llevarse en el desierto, caminando con
dificultad en una temperatura de más de 40 grados y mostrándose
seductora y divertida o a Hugh Jackman entrando en cuadro al
galope, casi desplomándose de la deshidratación. En ocasiones me
preguntaba si no habría puesto el listón demasiado alto”.
“Pero yo soy adicto a la
búsqueda de una vida extraordinaria, y eso supone que hay poner
el listón alto; y ponerlo alto supone que hay que enfrentarse al
miedo en todo momento. Al final, todo cuanto uno posee es su
propia historia. Por lo tanto, convertirla en una buena
historia, querer vivir una vida completa, una aventura entera,
sin miedo y sin apartarse de las posibilidades que la vida
presenta, es algo en lo que verdaderamente creo y que he tratado
de trasladar a esta película”.
Nunca antes había un
realizador australiano emprendido un proyecto de tan gigantesca
amplitud y ambición ambientado en este país. AUSTRALIA marca la
culminación de una evolución profundamente personal para el
director Baz Luhrmann, y es prueba de la fuerza y la influencia
del cine australiano.
El país empezó a
impresionar al público cinematográfico internacional en los años
setenta, cuando la financiación gubernamental de la pujante
industria cinematográfica australiana provocó una oleada de
éxitos rompedores: “Picnic en Hanging Rock”, “My Brilliant
Career”, “Consejo de Guerra” y “Gallípoli”. Los fenómenos de
taquilla “Mad Max” y “Cocodrilo Dundee” de los años ochenta
despertaron en todo el mundo el interés por la seductora tierra
del hemisferio sur y popularizaron estereotipos de los
extraordinarios personajes que nacen de su inmenso e indómito
paisaje.
Con el estreno del
thriller “Calma Total” en 1989 (protagonizado por una entonces
desconocida Nicole Kidman), la siguiente década marcó el
comienzo de una era fértil en películas australianas de menor
escala y gran éxito entre las que figuran “El Piano”, “La
Primera Experiencia” (también protagonizada por Kidman),
“Proof”, “Romper Stomper”, “Sirenas”, “Las Aventuras de
Priscilla, Reina del Desierto”, “La Boda de Muriel”, “Nosotros
Dos” y “Shine”.
Luhrmann irrumpió en
escena en 1992 con el estreno de “El Amor Está en el Aire”, una
audaz comedia de modales de baile que bullía de energía, estilo
y romanticismo. “William Shakespeare’s Romeo + Juliet”, su
punzante adaptación modernizada del clásico del Poeta Inglés por
excelencia, y el deslumbrante musical, ganador del Premio de la
Academia, “Moulin Rouge!” consolidaron a Luhrmann como un
realizador innovador dotado de una visión singular y un lenguaje
cinematográfico propio, muy estilizado y movido por la música.
(Acreditado con reavivar el género musical, en profundo letargo
durante mucho tiempo, “Moulin Rouge!” fue recientemente
declarado por la revista Entertainment Weekly el número 10 de su
lista de 100 Nuevos Clásicos de los últimos 25 años).
Fue con la finalización de
su “Trilogía de Telón Rojo” –y después de haber dirigido una
versión, galardonada con el premio Tony, de La Boheme de Puccini
en Broadway– cuando Luhrmann comenzó a desarrollar una serie de
películas épicas, incluido un proyecto con Leonardo DiCaprio
sobre Alejandro Magno. Pero después de dos años de intensiva
investigación en Jordania, los desiertos de Marruecos y las
junglas de Tailandia acompañado de su esposa y socia creativa,
Catherine Martin, el proyecto quedó archivado cuando la película
de Oliver Stone sobre el mismo personaje entró en producción.
“Sentí una tremenda
decepción cuando nuestro proyecto sobre Alejando se fue a pique,
por lo que emprendí un viaje en el Transiberiano para aclarar mi
mente después de haberme concentrado en ello durante tanto
tiempo”, dice Luhrmann, que más tarde se reunió con su esposa y
su hija pequeña en París. “Decidimos pasar una temporada en
París para reagruparnos, recargar nuestros espíritus y evaluar
cuál sería nuestro siguiente paso creativo. Comenzamos a
discutir la vida de nuestra niña. No existe frontera que separe
nuestra vida de nuestro trabajo y, debido a la naturaleza de lo
que hacemos, nuestros hijos siempre formarán parte de un circo
itinerante. Pero (nos preguntamos), ¿qué lugar consideran su
casa? ¿Dónde estarán sus raíces? Esto, más que ninguna otra
cosa, provocó nuestro deseo de conectarnos de nuevo con
Australia”.
En el viaje de vuelta de
París a Sidney, Luhrmann comenzó a imaginar un argumento acerca
de una protagonista que emprende un gran viaje que la transforma
profundamente. “Lo que más me interesa examinar en este momento
es la cuestión de la transformación”, explica el director.
“Reconozco un sentimiento, que existe dentro de mí y de mi
generación, de que, a determinada edad, nos acoplemos a un
patrón de vida que permanece constante durante el resto de
nuestros días; simplemente, dejamos de crecer. Por eso estaba
interesadísimo en la idea del crecimiento y del renacer. En
segundo lugar, la vida en el mundo de después del 11-S ha creado
un ambiente desconcertante en el que el futuro parece
impredecible y precario. Por eso también me interesaba escribir
un relato sobre personajes que viven en tiempos inciertos y
tumultuosos”.
Otro tema importante salió
a la luz para Luhrmann a medida que desarrollaba el personaje de
Lady Sarah Ashley, una mujer cuya estática vida queda
transformada cuando cae de lleno en medio de una enorme
agitación durante su viaje al extremo más alejado del Interior
de Australia. “Vivimos en una época en la que las fuerzas del
cambio son tan grandes que el único acto que de verdad nos
confiere poder es la defensa del amor en el que creemos”,
afirma. “Personalmente, me di cuenta de que si me hallo rodeado
de las personas que amo, y en especial de mi familia, entonces,
incluso durante estos tiempos inestables, no me falta nada.
Tengo una existencia llena verdaderamente de vida y significado.
De esto es de lo que se da cuenta Sarah como consecuencia de su
transformación. Incluso si hacer honor a las propias relaciones
significa desafiar a todo y a todos a fin de estar juntos, uno
hace lo que debe hacer para estar con la gente a la que ama”.
El salvaje e indómito
mundo de Australia Septentrional a finales de los años treinta y
en los cuarenta, con la imponente sombra de la Segunda Guerra
Mundial oscureciendo sus costas, y con las destructoras política
del gobierno destrozando familias, proporcionó un rico lienzo en
el que poner de relieve estos temas y problemas. Luhrmann y su
esposa, la diseñadora de producción y vestuario Catherine
Martin, dedicaron un intenso periodo a investigar
meticulosamente sobre la región.
“Siempre damos inicio a
nuestro proceso en la realidad”, dice Martin, ganadora de dos
Premios de la Academia a la producción y el diseño de vestuario
por “Moulin Rouge!” “Baz es exigente e insiste en una precisa
investigación histórica, de modo que cualquier divergencia
respecto de los hechos se realiza conscientemente”.
“El ADN de esta película
proviene de los clásicos romances épicos, pero teníamos que
hallar nuestro particular lenguaje cinematográfico para contar
esta historia”, explica Luhrmann. “Si comprimimos la geografía,
el tiempo y algunos hechos para ampliar el drama y el romance,
nunca cambiamos la verdad fundamental en la que se ambienta el
mundo de la película”.
Durante su investigación,
Luhrmann quedó fascinado por los choques de culturas y razas que
tienen lugar en Darwin, un próspero puesto avanzado del “Extremo
Superior” de Australia, la parte más al norte del escasamente
poblado Territorio Septentrional. “Darwin era en aquella época
algo así como el Salvaje Oeste o África, porque era un lugar
inmenso e inhóspito que podría tragarse a cualquiera. Era el fin
del mundo, y en el fin del mundo uno encuentra a personajes
extremos. Había un extraordinario choque de pueblos. Estaba la
administración anglosajona bajo control inglés, había vaqueros y
buscadores de oro, una enorme afluencia de asiáticos, buscadores
de perlas griegos y una importante población indígena”.
Este crisol situado en el
fin del mundo se vio sacudido por la guerra en febrero de 1942,
cuando aviones de combate japoneses –de la misma flota que había
bombardeado Pearl Harbor– atacaron Darwin, matando a 243
personas y destruyendo la ciudad casi por completo. Este trágico
suceso no es bien conocido fuera de Australia. “Soy muy
aficionado a la historia, por lo que sabía mucho de ello”, dice
Hugh Jackman, “pero lo que no sabía –y lo que dejará de piedra a
muchos– es que los japoneses bombardearon Darwin con una fuerza
dos veces superior a la que emplearon en el ataque a Pearl
Harbor”.
Luhrmann incorporó el
bombardeo de Darwin a su narración como un punto de apoyo del
viaje de autodescubrimiento de Sarah. También se basó en la
historia al describir la invasión por parte de las fuerzas
japonesas de “Mission Island”, un asentamiento ficticio de niños
mestizos que, a instancias del gobierno, fueron separados de la
sociedad blanca y de sus comunidades indígenas y colocados bajo
el cuidado de misioneros. “Si bien el ataque contra ‘Mission
Island’ es una narración mítica, existen casos documentados de
desembarcos japoneses en islas australianas en las que atacaron,
capturaron y mataron a sacerdotes y a otro personal de las
misiones”, dice Luhrmann. “Tomamos esos sucesos reales y los
entrelazamos en nuestro relato”.
Para ampliar su
comprensión de la relación de Australia con su población
indígena y de la controvertida cuestión de las Generaciones
Robadas, como llegó a conocerse a estos niños mestizos que
fueron arrancados de la sociedad, Luhrmann viajó a las islas de
Bathurst y Melville para hablar con hombres y mujeres que habían
sido niños de las misiones. “La colaboración con nuestros socios
indígenas en la narración de la historia de las Generaciones
Robadas, condujo a un tema que habíamos tratado de tocar en la
película” cuenta el director. “Es la idea de que uno no puede
realmente poseer nada; ni tierra ni a una persona ni a un niño.
El verdadero amor nos hace darnos cuenta de que somos meramente
cuidadores de estas cosas. Todo cuanto uno posee al final de su
vida es su historia, y las historias permanecen vivas en el
paisaje físico”.
Ambientar AUSTRALIA en
este periodo concreto de la historia del país permitió a
Luhrmann examinar otros aspectos cruciales de su cultura y su
economía. “Uno de los placeres subyacentes de esta película fue
que pudimos hacer un canto a quienes formaban la columna
vertebral del sector ganadero de Australia Septentrional en los
años treinta, y que no son otros que los peones indígenas”,
dice, entusiasmado.
Los equipos de diseño de
producción y de vestuario de Martin emprendieron la
investigación de la especialísima historia social de los
ganaderos de la época estudiando diversas obras de argumento
real y biografías como Hell West and Crooked, de Tom Cole, y
Kings in Grass Castles y Sons in the Saddle de Mary Durack, las
cuales describen gráficamente las vidas de los pioneros que
vivían en la región de Kimberley, en Australia Occidental, en
aquellos tiempos.
Se realizaron entrevistas
con veteranos ganaderos del interior, y los realizadores
recibieron amplio asesoramiento de los propietarios de Carlton
Hill Station, la hacienda en la que Faraway Downs, la ficticia
finca de la película, se construyó. Luhrmann, Martin y sus
equipos de investigación realizaron numerosos viajes de estudio
a la región de Kimberley, además de visitar el Salón de la Fama
de los Ganaderos, situado en el lejano norte de Queensland, y
los Archivos del Territorio Septentrional.
Martin también utilizó
Picture Australia, un extraordinario depósito de imágenes
digitalizadas procedentes de bibliotecas de toda Australia, que
incluye la colección de fotografías Durack, una impagable
percepción visual de las series bibliográficas. Este recurso
permitió al equipo de Martin estudiar millares de imágenes
escaneadas que no están disponibles en versión impresa.
“Necesitábamos ser claros
y precisos sobre muchos detalles inhabituales de la historia de
este periodo en particular”, dice Martin. “Lo investigamos todo;
desde la raza de ganado correcta de los años treinta, la
“shorthorn”, hasta lo que valía el ganado y la forma como los
precios crecieron durante los años de la guerra. Nos enteramos
de cuánto cobraba un arriero, de cuántos peones y caballos
necesitaba para entregar el ganado, y el aspecto que tenía la
marca de un rancho en particular. Tuvimos que investigar sobre
la típica silla de montar y los arreos habituales en la
Australia de los años treinta, y encargarlos a medida para los
actores a un guarnicionero experto en los pequeños detalles del
periodo. La silla de montar habitual en Australia está diseñada
para sujetar al jinete con seguridad mientras recorre grandes
distancia y atraviesa un terreno agreste. Muchos peones
indígenas cabalgaban a pelo y descalzos, pero había que realizar
ciertas modificaciones al trasladar esto a la película, bien a
efectos de los personajes o en aras de la seguridad”.
La investigación de
Luhrmann llegó incluso a tomar parte en un autentico arreo de
ganado. Junto con su productor asociado Paul Watters y el
ayudante de Luhrmann, Schuyler Weiss, el director se encontró a
caballo, arreando cientos de vacas a través del cálido y
polvoriento terreno del Interior.
En otro momento, cuando
estaba trazando el recorrido de sus personajes a través del
Territorio Septentrional y la inmensa e implacable región de
Kimberley, Luhrmann emprendió un viaje privado a través del país
para experimentar la tierra de una forma más personal y
profunda. Conoció por dentro el paisaje y a la gente, algo que
resultó más impactante y convincente que cualquier cosa que
pudiera extraer de los libros de historia, y animó a Martin a
realizar un viaje similar –lo que hizo, junto con sus dos hijos.
“Una de las razones por
las que me embarqué en este viaje creativo, lo que buscaba sacar
de él, era una comprensión más directa de mi país”, afirma
Luhrmann. “Establecí una intensa relación con la verdad y las
realidades de mi tierra natal, su historia y su pueblo.
Encontrarme en el fuego cruzado de estos relatos, mientras
estaba creando el mío propio, ha hecho que mi comprensión de
Australia gane inmensamente en profundidad”.
2.
El diseño
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Imágenes
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Century Fox y Bazmark Productions. Distribuida en España por
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