CÓMO SE HIZO "¡ME HA CAÍDO
EL MUERTO!"
Notas de producción © 2008
Paramount Pictures Spain
1. El proyecto
El doctor Bertram Pincus es
un cascarrabias urbano, un cínico snob y un solitario
ensimismado que lo único que quiere es alejarse de las populosas
muchedumbres que le rodean en Manhattan. Pero Pincus está a
punto de sufrir un vuelco en su forma de ver el mundo a
consecuencia de haber rozado la muerte. Ahora que puede ver
muertos (y que no puede literalmente evitarlos donde quiera que
vaya), Pincus no tiene elección y tiene que interactuar con esos
persistentes espíritus, lo que le lleva a una conclusión aún más
terrorífica: el único camino que tiene para librarse de esos
pertinaces espectros es ayudarles. La idea de “Ghost Town”,
fantásticamente sobrenatural y aún así muy humana, se le ocurrió
al director y co-guionista David Koep, que es uno de los
guionistas más solicitados de Hollywood. Sus créditos como
guionista incluyen clásicos de tanto tirón mundial como “Parque
Jurásico” para Steven Spielberg, “Atrapado por su pasado” para
Brian De Palma, y “La habitación del pánico” para David Fincher,
y más recientemente, el taquillazo del verano “Indiana Jones y
el Reino de la Calavera de Cristal”. Pero también ha obtenido
gran reconocimiento por varias películas escritas y dirigidas
por él, incluido el thriller sobrenatural “Ecos mortales” y la
adaptación llena de suspense de la novela de Stephen King “La
ventana secreta”. Koepp es muy valorado por su creativo
tratamiento de lo fantástico y lo oculto, pero nunca había
pensado llevar una historia de fantasmas al terreno de la
comedia hasta que se le ocurrió de repente la idea de “Ghost
Town” un día cualquiera al pasar por la consulta de un dentista.
“Empecé a pensar en un personaje a quien le encanta ser un
dentista porque odia a la gente y disfruta del hecho de que no
puedan hablarle mientras trabaja”, recuerda Koepp. “Le conté la
idea a mi colaborador, John Kamps, y él me preguntó, ‘¿Qué sería
lo peor que le puede pasar a un solitario empedernido?’ Y por
supuesto, la respuesta fue que sería el que montones de personas
pudieran de repente acceder a él en cualquier momento y lugar”.
Y de esa noción surgió el
concepto de Manhattan como “ciudad fantasma”, literalmente
atestada de fantasmas invisibles y necesitados que normalmente
no pueden ser vistos por los vivos, hasta que un día algo sale
mal. Durante la colonoscopia rutinaria de Pincus, su vida da un
vuelco de una forma que nunca hubiera imaginado.
Dice Kamps: “Cuando Koepp
sugirió el concepto de un dentista misántropo al que acosan unos
fantasmas desesperados, me aferré a ello como una lapa, y
rápidamente improvisé algunas ideas sobre cómo debería ser la
historia. Luego lo abandonamos un tiempo debido a otros
compromisos. Unos pocos meses más tarde, volvimos a darle más
vueltas a diversas ideas, y le pregunté, ‘¿Qué pasa con tu idea
del dentista? Siempre me gustó mucho’. A partir de ahí empezamos
a hablar, y después a esbozar, y mil Coca-Colas después, había
nacido ‘Ghost Town’”.
A medida que Koepp y Kamps
seguían pensado en como entremezclar a Pincus con los bien
amados difuntos de Nueva York, se dieron cuenta de que su
trayectoria era la de un hombre preocupantemente anti social que
necesitaba urgentemente algo que le espabilara. Dice Koepp:
“Pincus me recuerda una canción de Warren Zevon llamada
“Splendid Isolation”, en la que un hombre dice que quiere vivir
en el barrio más caro de Manhattan y no bajar nunca a la calle,
y quiere tapiar las ventanas con papel plata para no ver ni oír
a la gente. Pincus ha elegido el camino de tener el menor
contacto posible con otros seres humanos. Ha tenido algún
desengaño amoroso en el pasado, y ahora sólo quiere que le dejen
solo. Al principio, su única motivación para ayudar al fantasma
de Frank Herlihy a impedir el matrimonio de su viuda es
únicamente la promesa de que, si lo hace, Frank alejará a todos
los demás fantasmas”.
Fueron los problemas
personales de comunicación de Pincus los que ayudaron a modelar
la historia y darle una forma parecida a una fábula, haciendo
que pasara de ser un desmadre cómico por una Nueva York repleta
de espíritus, a convertirse en la historia de la transformación
interior de un hombre gracias a esos encuentros paranormales.
“Queríamos escribir una fábula cómica con algo de mordiente, que
fuera un poco inquietante”, comenta Koepp. “Surgen muchas
emociones cuando se habla del más allá, como la pena y el
sentimiento de pérdida, y buscábamos el reconocimiento tanto de
la faceta emocional de la historia como de su faceta más tonta.
Sabes, no se puede llegar a una sin pasar por la otra. No tiene
gracia si no hay emociones en juego, y no es emocional si no
consigues liberar algo de presión riéndote”.
Una vez que Koepp y Kamps
decidieron que los fantasmas iban a ayudar a Pincus a volver a
relacionarse con el mundo, se encontraron en un terreno
realmente apasionante para un escritor: liberados de las leyes
cotidianas de la existencia física y libres para inventar su
propio conjunto de “reglas fantasmales”. “Las reglas
tradicionales de los fantasmas han sido establecidas a lo largo
del tiempo”, observa Koepp. “La mayoría de nosotros no puede
verlos. Pueden atravesar cosas. Siguen las leyes de la física,
pero no pueden afectar al entorno que les rodea. Esas son las
generalidades con las que todo el mundo está de acuerdo, pero la
forma en que describes eso en una película está abierta a tu
propia interpretación. Así que ya desde el principió decidí que
no quería que nuestros fantasmas abundaran en efectos
especiales, sino en comedia e humanidad. Quería hacer que
resultaran muy sencillos. Luego introdujimos algunas de nuestras
propias tradiciones, por ejemplo, ¡si estornudas sin motivo en
la calle, es que has atravesado un fantasma!”
Durante el proceso, Koepp
y Kamp recorrieron un largo y eventualmente doloroso vía crucis
para determinar qué es lo que los fantasmas quieren de Pincus.
“Nos topamos con la idea de que las historias tradicionales de
fantasmas en realidad se plantean al revés”, explica Koepp. “Los
fantasmas no se quedan aquí porque tengan asuntos sin resolver.
Se quedan porque los vivos aún no están en paz con ellos, porque
aún no están listos para dejarles marchar. Quizás murieron y
dejaron a alguien confuso o desconcertado, y hasta que el vivo
no solucione lo que sea, están atrapados aquí”. El fantasma de
Frank Herlihy descubre que no está persiguiendo a su viuda Gwen:
es más bien ella quien le retiene en el limbo hasta que su
corazón esté preparado para dejarle marchar.
Otra decisión que Koepp
tomó desde el principio fue hacer que los fantasmas fueran
visibles para el espectador durante toda la película, algo
parecido a lo que hizo Warren Beatty en “El cielo puede
esperar”. “Hay una convención general muy extendida según la
cual, si un personaje de una película ve algo parecido a un
fantasma al que las otras personas no pueden ver, se les muestra
hablando con esa persona para a continuación cortar y ver que
están hablando solos. Es un gag antiguo, pero se convierte en un
tic, y yo no quería eso. Esta película está firmemente anclada
en el punto de vista de Pincus, y casi todo el tiempo, la regla
es que nosotros vemos lo que él ve… que son fantasmas por
doquier”.
Cuando el productor Gavin
Polone leyó el guión de “Ghost Town” (su relación con Koepp se
remonta a dos décadas atrás, primero como agente suyo y,
posteriormente, como productor en “Ecos mortales” y “La ventana
secreta”), no le sorprendió ver a Koepp embarcarse en otra
aventura excepcional. “Poca gente tiene la clase de coraje que
tiene David, pero con esta clase de comedia, creo que se le
ofrece la oportunidad de mostrar un aspecto suyo completamente
diferente”, dice. El productor ejecutivo Ezra Swerdlow añade:
“David tiene un talento único para combinar elementos de gran
comedia con temas ligeramente retorcidos y convertirlos en algo
muy atractivo, divertido y encantador. Es un tipo con grandes
dotes”.
Aunque Koepp ha escrito
muchos guiones para alguno de los directores más en boga hoy en
día, siempre supo que quería dirigir ”Ghost Town” él mismo, y ya
tenía esa idea en mente antes incluso de que el y Kamps hubieran
terminado el guión. “Yo deseaba contar esta historia de una
manera muy sencilla con la cámara y las interpretaciones. Al
contrario que muchas de las películas que he hecho en el pasado,
que estaban muy planeadas y elaboradas, ésta iba a hacerse con
mi manera favorita de rodar: trabajando con los actores y
moldeando y remodelando el material al contarlo”. Para conseguir
eso, Koepp sabía que iba a necesitar, para empezar, unos actores
estelares para los tres papeles centrales.
2.
El reparto
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