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EL LUCHADOR (THE WRESTLER)
(The wrestler)


cartel
Dirección: Darren Aronofsky.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 105 min.
Género: Drama.
Interpretación: Mickey Rourke (Randy Robinson), Marisa Tomei (Cassidy), Evan Rachel Wood (Stephanie Robinson), Mark Margolis (Lenny), Todd Barry (Wayne), Ernest Miller ("El Ayatollah"), Judah Friedlander (Scott).
Guión: Robert Siegel.
Producción: Darren Aronofsky y Scott Franklin.
Música: Clint Mansell.
Fotografía:
Maryse Alberti.
Montaje: Andrew Weisblum.
Diseño de producción: Tim Grimes.
Vestuario: Amy Westcott.
Estreno en USA: 17 Diciembre 2008.
Estreno en España: 20 Febrero 2009.

CÓMO SE HIZO "EL LUCHADOR (THE WRESTLER)"
Notas de producción © 2008 Wide Pictures

1. El proyecto

  Pese a integrar una buena parte de la cultura norteamericana desde hace décadas con su insólita mezcla de comedia, patetismo, y crudo realismo, nadie ha realizado nunca un film serio sobre la lucha profesional. Eso es algo que Darren Aronofsky ha querido cambiar desde que comenzó a hacer películas. Sus primeros tres largometrajes como director, cada uno de ellos objeto de gran reconocimiento, le llevó en direcciones enormemente divergentes. Su debut, Pi, fe en el caos (Pi, 1998), un thriller sobre un matemático que busca un número que podría cambiar el mundo, le significó el premio al mejor director en el Festival de cine de Sundance además de un premio Independent Spirit al inventivo guión también de Aronofsky, en que por otro lado se habla de la búsqueda de conocimiento, poder y de Dios. A continuación, dirigió el mordaz drama Requiem por un sueño (Requiem for a Dream, 2000), basado en la novela de Hubert Selby, que resultó nominado a los Oscars, acerca de cuatro personas cuyas vidas se van al traste por adicción a las drogas. Tras este título, realizó la muy estilizada fantasía de ciencia-ficción La fuente de la vida (The Fountain, 2006), una historia épica de amor y mortalidad que se expande a lo largo de más de 1000 años. Ahora, con EL Luchador (The Wrestler), emprende un nuevo rumbo con este drama descarnado, áspero, directo, e intensamente emotivo. Aunque Aronofsky no ha sido nunca un fanático de la lucha libre, sí recuerda haber ido de niño a ver el enfrentamiento entre Hulk Hogan y Tony Atla en el Madison Square Garden. Desde entonces, siempre le ha intrigado la cuestión de cómo debía ser realmente vivir en ese mundo. «La idea de realizar una película acerca de un luchador llevaba dando vueltas en mi cabeza desde hacía seis o siete años» —explica Aronofsky—. «Comencé a desarrollar algunas ideas con el productor Scott Franklin [quien también había producido Pi y Réquiem por un sueño], de quien descubrí que de pequeño era mucho más aficionado a la lucha libre de lo que yo era y sabía algo sobre el tema. Y cuanto más indagábamos en aquel mundo, más interesante se iba mostrando. Más tarde conocí al gran escritor Robert Siegel, que fue el editor de The Onion, y le hablé de la idea, que pilló al instante. Los tres empleamos los tres siguientes años desarrollando juntos la historia que se ha convertido en la película resultante».

 

  Así se creó el personaje de Randy “el Carnero” Robinson, un hombre atrapado en una cultura donde la disponibilidad de héroes populares es algo que todo el mundo acepta como verdad absoluta. Uno obtiene sus quince minutos de fama y entonces, antes de que te des cuenta, la gente se gira para vitorear a alguien más joven, más fuerte, más llamativo, e incluso más loco que tu. Sin embargo, el deseo de ser amado, de ser adorado, de ser el vencedor mítico, aunque sea por esos pocos excitantes minutos que has estado en el escenario, jamás se va ya. En el caso de Randy, lo que le empuja adelante con la mayor de las intensidades es recuperar esa sensación heroica, con el único combustible de una absoluta fuerza de voluntad, puesto que su cuerpo hace tiempo que dejó su mejor momento.

  El guión resultante de Siegel era, superficialmente, la fábula arquetípica de un héroe del deporte pisoteado en busca de un último triunfo, pero por debajo, en lo más esencial de la historia, está una dura y escabrosa parábola a lo Hemingway acerca de la lucha por el honor, la dignidad y el amor entre hombres y mujeres en el lado de la vida más despiadado.

  EL Luchador (The Wrestler) tiene elementos de film deportivo, pero siempre la he entendido como un drama humano, mucho más en la línea del retrato íntimo de una vida» —comenta Aronofsky—. «No hace falta ser un seguidor de la lucha libre para disfrutar el film. Habla de una persona cualquiera que un buen día se despierta y se da cuenta de que ya no puede hacer lo que llevaba haciendo habitualmente, las cosas que le importaban. Se trata de ese momento en la vida que mucha gente afronta.»

  Desde el principio, Aronofsky también entendió la historia con algo de humor. Desde la extravagancia de unos personajes excesivos y unas técnicas creativamente chocantes, en el ámbito de la lucha libre, hasta la actitud irreverente del mismísimo Randy, particularmente cuando asume un puesto de trabajo tras el mostrador de una tienda de delicatessen para poder llegar a fin de mes, todo ello era una ocasión que aprovechar por parte del director para apuntar a otra dirección distinta, donde explorar no sólo los placeres cómicos de la lucha libre sino las extrañas y oscuras absurdidades de la vida corriente.

  A medida que la historia evolucionaba y el equipo penetraba en el mundo secreto de la lucha libre profesional, al mismo tiempo también se iba hacienda claro que la lucha libre en sí misma, con su centro de atención en la vulnerabilidad y resistencia de los cuerpos, en el sufrimiento in extremis, en la representación del bien contra el mal, era un agitado escenario metafórico para la historia de un hombre tremendamente desesperado a nivel personal.

  Aronofsky, Siegel y Franklin no estaban interesados en abordar una aproximación académica sino humanística, centrándose en un luchador y reduciéndolo al sentimiento universal de anhelo y supervivencia que reside dentro de todos nosotros. Pero para realizar eso, eran conscientes de que primero debían sumergirse ellos mismos en el mundo actual de la lucha libre para observar cómo un hombre absorbido plenamente por el mismo lo experimentaría, particularmente un profesional en las postrimerías de una carrera moderadamente ilustre que ya no le es posible mantener. Así las cosas, se inició para el equipo un intenso periodo de investigación.

  «Nos encontramos con muchos antiguos profesionales de la lucha libre y asistimos a muchos eventos de lucha libre independiente» —recuerda Franklin—. «Y observamos que todos esos tipos mantienen una auténtica camaradería, una hermandad y un código por los que regirse. Incluso antiguas estrellas de grandes federaciones nos explicarían historias de cómo, en la carretera, recogían a cuatro gigantes en un coche, compartían el dinero de la gasolina y las habitaciones de hotel, donde esos gigantes pernoctaban en el suelo. Es un mundo distinto a aquel glamosoro que vemos en la televisión, y muy unido».

  El trío experimentó verdadera curiosidad por el lenguaje secreto y el código de honor de los luchadores. «Usan un lenguaje parecido al de los feriantes; por ejemplo, hablan del público como ‘marks,’ (admiradores incondicionales que granjearse) destaca Aronofsky. Muchos términos de lucha libre, como ‘técnico’ [face o clean] o ‘rudo,’ [heel] que respectivamente se refieren al tipo bueno y al villano en un combate, se introdujeron en la confección del guión.

  Franklin añade: «Su modo de comunicarse sólo es una parte de su camaradería y del modo que tienen de protegerse mutuamente. En el ring, de modo distinto a cualquier otro deporte, procuran siempre cuidar a sus oponentes y de inflingirse la mayor parte del daño en ellos mismos, lo que quisimos mostrar en la pantalla.»

  Acaso el mayor desafío consistía sencillamente en ganarse la confianza de un mundo tan celosamente guardado. «El mundo de la lucha libre se protege mucho ante los que pretendan entrar» —subraya Franklin—. «En un primer momento, muchos luchadores se mostraban muy fríos y distantes, con la mirada clavada en nosotros, atentos a cuanto estábamos tratando de hacer. Tuvimos que convencerles de que en modo alguno queríamos aprovecharnos de ellos, sino que todo cuanto queríamos era crear un honesto trozo de vida enmarcado en el escenario del mundo de la lucha libre.»

  Finalmente, eso es exactamente lo que el equipo de filmación fue capaz de hacer. Sin embargo, cuando comenzaron a formar el reparto, las cosas giraron hacia una emocionante dirección de mayor envergadura que cambió de arriba abajo todo cuanto el equipo había pensado acerca de Randy “el Carnero” Robinson.

  «Cuando Mickey Rourke subió a bordo del proyecto, cambió el personaje completamente para llevarlo a su propio terreno» —explica Aronofsky—. «Abordó al personaje y le insufló en el interior su propia vida».

2. El reparto >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "El luchador (The wrestler)" - Copyright © 2008 Protozoa Pictures. Distribuida en España por Wide Pictures y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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