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EL LUCHADOR (THE WRESTLER)
(The wrestler)


cartel
Dirección: Darren Aronofsky.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 105 min.
Género: Drama.
Interpretación: Mickey Rourke (Randy Robinson), Marisa Tomei (Cassidy), Evan Rachel Wood (Stephanie Robinson), Mark Margolis (Lenny), Todd Barry (Wayne), Ernest Miller ("El Ayatollah"), Judah Friedlander (Scott).
Guión: Robert Siegel.
Producción: Darren Aronofsky y Scott Franklin.
Música: Clint Mansell.
Fotografía:
Maryse Alberti.
Montaje: Andrew Weisblum.
Diseño de producción: Tim Grimes.
Vestuario: Amy Westcott.
Estreno en USA: 17 Diciembre 2008.
Estreno en España: 20 Febrero 2009.

CÓMO SE HIZO "EL LUCHADOR (THE WRESTLER)"
Notas de producción © 2008 Wide Pictures

2. El reparto

  En lo más esencial de EL Luchador (The Wrestler) está una interpretación estimulante, muy física, capaz de diseccionar las aceradas capas que integran a un Randy “el Carnero” Robinson —quien resulta pura roca en la lucha, levanta pesas en todo momento y no duda a inyectarse esteroides— para evidenciar el corazón igualmente emotivo y divertido que reside debajo del hombre. Cuando Mickey Rourke decidió encarnar a Randy, los realizadores se mostraron entusiasmados de que hubiera sido él quien finalmente asumiera el papel. «Al minuto de que Mickey Rourke se hubiera incorporado al proyecto, ya comenzamos a perfilar detalles del papel específicamente pensados para él, y estábamos encantadísimos de hacerlo.» —comenta Scott Franklin. Aronofsky añade: «Soy un auténtico admirador de Mickey desde El corazón del ángel (Angel Heart, 1987), y a menudo me preguntaba qué le había pasado, ¿por qué ese gran talento no se mostraba al mundo? Al mismo tiempo, también era consciente de cuán desafiante podía ser este papel, tanto a nivel físico como emocional, y sabía que necesitaba a un actor deseoso de hacer todos los sacrificios necesarios con que construir este personaje, y tenía fe en que Mickey pudiera hacer eso». Sin embargo, nadie hubiera podido predecir hasta qué punto Rourke encarnaría a Randy, quitándose la piel, y en ocasiones arrancándosela a tiras, con una interpretación tan desafiante y sin red, tan centrada por igual tanto en la belleza, el ingenio y el dolor como impregnada de hambre de afecto humano, que ha llevado la historia a regiones que los realizadores ni siquiera habían intuido. Rourke apareció en el ruedo en la década de los ochenta como una de los más prometedores actores jóvenes de su generación, con aplaudidos papeles en películas como Diner (Diner, 1982), El corazón del ángel (Angel Heart, 1987), y El borracho (Barfly, 1987). Sin embargo, tras hundirse en su propio infierno, Rourke desapareció del mapa prácticamente. Recientemente, había hecho un regreso a la pantalla en la adaptación gráfica del cómic de Frank Miller, Sin City-Ciudad del pecado (Sin City, 2005), de Robert Rodríguez, pero hacía muchos años que a Rourke no se le veía en un papel de la complejidad y sensibilidad de Randy “el Carnero” Robinson.

 

  Fue Aronofsky quien personalmente se acercó a Rourke en un encuentro del que ambos hombres salieron convencidos de que mutuamente iban a lograr llegar a regiones interesantes. Rourke comenta que fue el propio Aronofsky, en lugar de la historia, lo que cerró el acuerdo. «Realiza un tipo de películas que no hace concesiones, son innovadoras» —comenta Rourke—, «y toda la cuestión de la lucha libre me parecía que le significaba un nuevo rumbo a tomar, de tal modo que la idea de ese intelectual neoyorquino teniéndoselas con este mundo de sangre y sudor realmente me interesó. Sabía que aportaría una perspectiva completamente distinta a esta historia.»

  Rourke recuerda que Aronofsky optó desde el principio por un enfoque duro, sin concesiones para con él, haciéndole dudar del director pero finalmente consiguiendo Aronofsky su respeto, lo que no se logra fácilmente. «Darren es muy directo, muy implacable, y dejó muy claro que quería que me adentrara en lugares realmente oscuros, para que vertiera en este papel toda mi cuerpo, mente y espíritu» —recuerda.

  Aronofsky era consciente de que habría cierta reticencia en contratar a Rourke, quien se había convertido en un factor incierto de Hollywood. Recuerda: «La mayoría de la gente decía algo así como ‘¿cómo te las vas a arreglar para hacer de Mickey Rourke alguien que caiga bien?’ Y yo les decía: ‘Deberíais verle; cuando te mira a los ojos, te parte el corazón.’ Y ésa fue la vertiente de Mickey que quería que aflorara como Randy. Y me da la impresión de que lo que hace que la mayoría de la gente reaccione en el film es lo absolutamente natural y del todo auténtico que Mickey resulta, con todos sus tics y amaneramientos. Creo que la gente va al cine a ver interpretaciones honestas, y ésta es una interpretación extraordinariamente honesta.»

  Sólo las exigencias físicas del papel ya eran del todo extremas, pues Rourke entrenaba con auténticos luchadores, hacía todas las escenas de lucha en que debía aparecer, y aumentó en casi 14 kgs su masa muscular para su personaje. Aunque ha mantenido combates de boxeo en el ring tanto en calidad de aficionado como de profesional, y pese a mantenerse en buena forma, durante varios meses Rourke trabajó estrechamente con un entrenador físico para lograr crear el singular cuerpo de Randy, que debía ser a un tiempo fuerte y atlético, aunque también debía parecer cansado y desgastado. Asimismo, sobrellevó un intenso entrenamiento con un integrante del Salón de la Fama de la lucha libre profesional conocido como Afa the Wild Samoan en su célebre Wild Samoan Training Center, con miras a aprender los movimientos y trucos de este negocio.

  Afa trabajó con la contribución de los entrenadores auxiliaries Smooth Tommy Suede (quien también aparece en la cinta) y Supreme Lee Great con objeto de preparar a Rourke para los rigores de la lucha libre profesional, que son enormes. Pese a que hasta cierto punto los combates profesionales de lucha libre se coreografían, resultan tan peligrosos que un cierto número de reputados luchadores han muerto o sufrido parálisis. No cabía la menor duda de que Rourke tenía que afrontar un considerable riesgo personal para que su papel resultara verídico.

  «El entrenamiento no fue precisamente un paseo por el parque» —comenta Rourke—. «No sabía nada acerca de la lucha libre; mi currículum deportivo presentaba todo otro tipo de actividad deportiva.» Efectivamente, las similitudes entre el boxeo y la lucha libre se acaban con el parecido de la forma del ring. Rourke comenta que es como comparar «el ping pong con el rugby.» Desde una perspectiva técnica, se trata de prácticas completamente opuestas, porque en el boxeo prima el sigilo y la rapidez en tanto que la lucha libre profesional consiste en mostrar tanto como sea posible y de hacer lo máximo con cada contacto. Por ese motivo, Rourke tuvo que deshacerse completamente de su bien afinada mente de boxeador para pensar como un luchador.

  Admite que como admirador de toda la vida de una «dulce ciencia» más elegante y directa, comenzó teniendo muy poco aprecio por lo que los luchadores hacen, aunque eso cambió pronto. «Al principio, no tenía mucho respeto por eso y me limitaba a cumplir sin sentirlo» —admite—. «Pero de repente hubo conexión: aquello no tenía que ser boxeo, era espectáculo, coreografía, como en un ballet. Y cuanto más iba desarrollando mi relación con los luchadores, más grande era mi respeto hacia ello como auténtico deporte.»

  Uno de los desafíos más difíciles del entrenamiento consistía sencillamente en aprender a hacer una caída, también conocido como un «bump» en el mundo de la lucha libre. «Hay que golpear el entarimado del ring de modo que suene a rayos y truenos, y hacer eso bien, duele. Al principio, caía como un ladrillo, lo que hacía que me doliera cada hueso de mi cuerpo» —subraya Rourke—. «Y luego me fui a hacerme otra imagen por resonancia magnética. Tenía que aprender a caer del modo adecuado y en ocasiones se hacía muy frustrante tratar de asumir en pocos meses lo que los profesionales tardan años en dominar. Pero entonces, súbitamente, todo comenzó a cobrar sentido».

  Increíbles como fueron los desafíos físicos que Rourke tuvo que afrontar, todavía empalidecen en comparación con el coste emocional de un personaje que Rourke admite incómodamente pergeñado a su imagen y semejanza. El actor comenta: «Hay algunas similitudes y paralelismos con el personaje: está esa parte de mí que se ha perdido y una compresión acerca de ese estado avergonzado cuando no puedes conseguir un trabajo y ya no te quiere nadie. Este tipo vive unos sueños que no tiene certeza alguna vayan a devenir una realidad, y se está preguntando si no será ya demasiado tarde. Esas son razones por las que no estaba del todo seguro que quisiera hacer la película, pues me tocaba todo un poco demasiado de cerca».

  Pese a todo, Rourke se sumergió implacablemente. «Mickey alcanzó algunas regiones profundas y oscuras con el fin de extraer esa interpretación» —comenta Franklin—. «En verdad, abrió su corazón a la cámara».

  No obstante, Rourke concluye: «El día en que el rodaje tocaba a su fin me sentí enormemente feliz porque ésta había sido la película más dura que jamás había afrontado. Todo el mundo se dejó el alma en la realización de esta película, y me siento en verdad orgulloso de ella, pero también inmensamente agradecido por el hecho de que esté ya terminada».

3. El diseño >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "El luchador (The wrestler)" - Copyright © 2008 Protozoa Pictures. Distribuida en España por Wide Pictures y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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