CÓMO SE HIZO "EL CURIOSO
CASO DE BENJAMIN BUTTON" © 2008
Warner Bros. Pictures
“El Curioso Caso de Benjamin
Button” nació como un relato breve escrito en los años 20 del
siglo pasado por F. Scott Fitzgerald quien, a su vez, se inspiró
en una cita de Mark Twain: “La vida sería infinitamente más
alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos
gradualmente a los 18”. La historia de Fitzgerald fue un
capricho, una especie de fantasía, y su adaptación a la pantalla
se consideró durante mucho tiempo como demasiado ambiciosa,
demasiado fantástica. El proyecto permaneció en una especie de
limbo durante cuatro décadas hasta que los productores Kathleen
Kennedy y Frank Marshall lo retomaron. Desde hacía más de una
década, el proyecto interesaba igualmente a Eric Roth, David
Fincher y Brad Pitt. Para Roth, el concepto se convirtió en una
oportunidad para ver de forma introspectiva el lienzo completo
de una vida a través de la síntesis de los momentos íntimos
experimentados todos los días, a través de acontecimientos que
podrían ser tan importantes como una guerra mundial o tan
pequeños como un beso. “Eric era la persona ideal para
desarrollar completamente todo el potencial de una historia a
tan gran escala pero profundamente personal”, señala Kennedy.
“En ‘Forrest Gump’, se presentaron unos retratos íntimos en el
marco de historias épicas y un tesoro de detalles ricamente
observados”. La oportunidad de vivir la vida al revés podría
parecer ideal. “Pero no es tan fácil”, comenta Roth. “En la
superficie, se podría pensar que estaría bien, pero es un tipo
de vida diferente, que creo que es lo que resulta tan atractivo
de esta historia. Aunque Benjamin va retrocediendo, el primer
beso y el primer amor tienen la misma importancia y sentido para
él. No cambia nada si vives la vida hacia adelante o hacia
atrás: lo importante es cómo vives tu vida”. Mientras estaba
concibiendo y escribiendo el guión, Roth experimentó la muerte
de sus dos padres. “Su fallecimiento fue, evidentemente, muy
doloroso para mí, y me dio una perspectiva distinta de las
cosas”, comenta. “Creo que la gente responderá a las mismas
cosas en esta historia que yo”. La película explora la condición
humana que existe fuera del tiempo y la edad: las alegrías de la
vida y el amor y la tristeza de las pérdidas. “David y yo
queríamos que pareciera la historia de cualquiera”, afirma Roth.
“Es simplemente la vida de un hombre, eso es lo que tiene de
extraordinario y ordinario al mismo tiempo esta película. Y esa
particularidad es la que afecta a todo el mundo”.
Aunque el
problema de Benjamin es totalmente peculiar, su viaje pone de
manifiesto las emociones complejas que subyacen en la vida
cotidiana. “Se ocupa de cuestiones que nos preguntamos a
nosotros mismos a lo largo de la vida”, explica Marshall. “Y es
poco habitual que una película apele a tantos puntos de vista
personales distintos. Alguien que tenga 60 o 70 años la verá de
una forma, mientras que alguien que tenga 20, lo hará de otra”.
El productor
Céan Chaffin recuerda que el proyecto había estado dando vueltas
alrededor de Fincher una y otra vez. Una primera versión del
guión llegó a su mesa cuando Chaffin empezó a trabajar con él en
1992. “Era algo que le encantaba y que fue madurando con el
tiempo”, afirma. “Recuerdo también cuando Brad preguntó por ello
y David dijo ‘Podría ser una película estupenda.’ Fueron
llegando otros guiones, pero éste no terminaba nunca de
marcharse. Él dice que las cosas se marchan por un buen motivo y
que no se pueden tener remordimientos. Éste ha debido de tener
sus buenos motivos para no hacerlo”.
La propia
experiencia de pérdida de Fincher infundió su fascinación con
respecto a la historia. “Mi padre falleció hace cinco años, y
recuerdo la experiencia de haber estado allí cuando se marchó”,
recuerda. “Fue increíblemente profundo. Cuando pierdes a alguien
que te ha ayudado de muchas formas, que es tu ‘verdadero Norte’,
pierdes la brújula de tu vida. Ya no tienes que tratar de
complacer a nadie, y ya no tienes que reaccionar contra nadie.
En muchos sentidos, te quedas totalmente solo”.
En un primer
momento de los preparativos de la película, las reuniones de
Fincher con Kennedy y Marshall con frecuencia se convirtieron en
algo muy personal. “Empezábamos a hablar de la historia”,
recuerda Fincher, “y al cabo de un cuarto de hora, estábamos
hablando de las personas que habíamos amado y habían fallecido y
de la gente a la que habíamos querido y no nos había hecho caso,
o la gente que nos había perseguido o a quienes habíamos
perseguido. La película es interesante por ello; nos afectó a
todos”.
Realizar la
película iba a ser un salto ambicioso, con desafíos tanto
técnicos como dramáticos. “¿Cómo se puede crear de forma hábil y
sucinta la experiencia de una vida, con todos sus altibajos,
desde la tumba hasta la cuna, dentro de un mismo film?”, se
pregunta Kennedy. “En el guión de Eric, cada momento atesora
emociones que resuenan en uno más tarde. Traicionar esa
sensibilidad perjudicaría la experiencia, por lo que desde el
principio sabíamos que nos llevaría un tiempo proyectar la
experiencia de toda una vida”.
Para Pitt, la
única forma de interpretar el personaje era de forma completa,
en todas las edades, lo que planteó los mayores retos del
proyecto. “A Brad solo le interesaba el personaje si podía
interpretarlo en todas las edades”, explica Fincher. “Kathy y
Frank tenían verdadera curiosidad por saber cómo íbamos a
hacerlo. Le comenté: ‘No lo sé, pero ya se nos ocurrirá algo’”.
El atractivo
para Pitt estaba también en el viaje de Benjamin. “Muchos
actores interpretan sus papeles en base a lo que hace su
personaje”, explica Fincher. “Bien, Benjamin no ‘hace’ mucho por
sí mismo, pero, bueno, sí que le pasan muchas cosas. Brad era la
persona perfecta. Es el tipo de papel que resultaría pasivo en
otras manos”.
Para
compartir la pantalla con Pitt, Fincher eligió a Cate Blanchett.
El director había pensado en Blanchett desde que la vio en
“Elizabeth”. “Recuerdo haber ido al Sunset 5 y pensar, ‘¿Pero
quién es? ¡Dios mío!’”, recuerda. “No es habitual ver a personas
con esa potencia y habilidad”.
La actriz,
comenta Pitt, “elevó nuestra interpretación. Es exquisita. Es
una gran amiga. Puede leer una escena como muy pocos actores
saben hacerlo. Encuentro que tiene una gracia innata. Me gustó
que interpretara a una bailarina. Le encajaba como anillo al
dedo por ser quien es, por su innegable elegancia”.
La relación
entre el personaje de Daisy y Benjamin evoluciona a medida que
ella comprende y aprende a vivir con sus circunstancias
sobrenaturales. Como dice Eric Roth: “Cate representa a la mujer
que tiene que asumir la idea de envejecer mientras que la
persona que ama recorre un camino inverso ¿En qué se convierte
la vida para ella entonces? Pasa de ser una bailarina apasionada
e impetuosa a convertirse en una mujer con una enormes reservas
de fuerza”.
Blanchett
interpreta a Daisy con las formas y pasiones de una bailarina,
aunque la relación de la actriz con la danza terminó en su
infancia. “Cuando era una niña, hice las cosas que suelen hacer
las niñas y estudié ballet, pero tuve que elegir entre eso y las
clases de piano”, recuerda Blanchett. “Elegí el piano y luego lo
dejé por la interpretación. Me gusta mucho el baile, pero soy
consciente de mis limitaciones. La película fue una estupenda
oportunidad de revivir ese amor”.
Daisy es uno
de los muchos personajes que se cruzan con Benjamin. “Benjamin
es una especie de bola blanca de billar y toda la gente que
choca con él le deja su huella”, explica Fincher. “Así es la
vida: una colección de esas marcas y huellas. Todos ellos le
convierten en lo que es y en nadie más”.
“Me gusta la
idea de las marcas”, añade Pitt. “Todo el mundo tiene su impacto
y deja algún tipo de huella. Hay algo de poesía y aceptación en
ello. Eso no quiere decir que te limites a dejarte llevar. No
quiere decir que no luches por lo que quieres. Significa que
aceptas lo inevitable de la vida. La gente va y viene. La gente
se va, voluntariamente o porque fallece. La gente se marcha como
tú mismo te marcharás algún día: es inevitable. La cuestión es
cómo lo afrontes”.
Pitt asocia
esta noción con su amigo y colaborador frecuente. “El film
explora esa idea que sé que es cierta en el caso de Fincher: la
idea de que somos responsables de nuestras propias vidas”,
explica el actor. “Somos responsables de nuestros éxitos y
nuestros fracasos, y nadie más tiene la culpa o el mérito por
ellos. Sin duda, el destino tiene algo que ver también, pero al
final, eres tú el que decides”.
El papel
presentó a Pitt un desafío complejo distinto a cualquiera de los
que hubiera afrontado antes en una película: comunicar el
crecimiento interior de un personaje a medida que reacciona a
las demás personas que se va encontrando por su camino. “El
viaje de Benjamin Button es básicamente interior”, afirma
Blanchett. “A pesar de las exigencias físicas evidentes que el
papel planteó a Brad como actor, la clave estaba en interpretar
un personaje que escucha y está presente y reacciona a todos en
la película”.
“Es quizás la actuación más sosegada de Brad”, añade Fincher.
Roth señala
también que Pitt ha dotado a los aspectos extraordinarios del
personaje de su propia humanidad esencial: “La brillantez de su
interpretación consiste en que Brad representa a ese tipo de
‘hombre ordinario’. Creo que en su propia vida Brad ha
encontrado cierta afinidad con este personaje que se puede
apreciar en su actuación. Comprende que es como vivir una vida
distinta”.
Como la madre
adoptiva de Benjamin, Queenie, le dice durante toda su vida:
“Nunca sabes lo que va a pasarte”. Benjamin nace en Nueva
Orleans en 1918, al final de la I Guerra Mundial, una buena
noche para nacer. Cuando su madre fallece en el parto, su padre,
horrorizado por su aspecto, lo abandona en la puerta de Nolan
House, un asilo atendido por Queenie.
Taraji P.
Henson se vinculó con el papel de Queenie mucho antes de que la
película llegara a hacerse realidad, cuando el director de
casting de Fincher, Laray Mayfield, llamó la atención del
director sobre su papel en “Hustle and Flow”. “Nos convenció a
todos que fuera tan viva y maternal”, recuerda Fincher.
“Encontré en Taraji toda la calidez, esa carencia total de
prejuicios sobre los otros de Queenie”.
Queenie se
dedica a algo que muy pocas personas podrían hacer. “Es una
mujer que sabe enfrentarse a la muerte”, explica Henson. “Y, al
mismo tiempo, es la encarnación del amor incondicional. Es capaz
de acoger a un hijo que no es suyo, en un momento en el que
imperaba el racismo, y a pesar de que el niño es blanco y ha
nacido en unas circunstancias muy poco habituales, ella es capaz
de pasarlo todo por alto y quererlo”.
El personaje
atrajo a Henson a un nivel intensamente personal. “Se trata de
un viaje muy espiritual para mí”, confiesa. “Acababa de perder a
mi padre y, aunque le echo mucho de menos, es como si su muerte
fuera parte de mi acercamiento hacia Queenie. Cuando mi padre
estaba enfermo, nos aseguramos de que no estuviera nunca solo:
siempre había alguien junto a su cama. Falleció mientras yo
estaba con él porque sabía que yo podía afrontarlo. Este papel
me ayudó a expresar mi pena y mi pena me ayudó a dar forma a mi
actuación. El arte puede ser una buena medicina”.
Benjamin
crece siendo adulto con una ecuanimidad hacia las pérdidas que
pocas personas experimentan. “Procede de un mundo de personas
que aceptan su propia mortalidad, por lo que pocas cosas le
asustan”, explica Fincher. “Todas las personas que conoce son
efímeras; todos los momentos con ellas bien pueden ser los
últimos. Sin embargo, ninguna de esas personas está histérica,
todos lo aceptan. Por eso, desde que es muy joven, está
familiarizado con los aspectos más profundos de la muerte. Nos
llega a todos y nos pasamos la vida concentrándonos en otras
cosas para evitar tener que pensar en lo inevitable”.
Benjamin
conoce a Daisy cuando ambos son niños y ella va a visitar a su
abuela a Nolan House. Daisy ve más allá de la incapacidad que le
produce su edad el niño que Benjamin lleva dentro. “Uno de los
ejes de la película es cómo sus vidas coinciden y difieren”,
comenta Roth. “Su relación evoluciona a medida que van creciendo
y cambiando, con todas las oportunidades perdidas y aprovechadas
de en medio”.
Aunque todos
los que le rodean van haciéndose mayores, Benjamin va
rejuveneciendo, él solo. “El recorrido inverso de Benjamin solo
le hace ser más consciente de que uno no puede aferrarse a las
cosas”, explica el co-protagonista Mahershalalhashbaz Ali. “Sabe
que uno tiene las cosas durante un período de tiempo muy
limitado y que luego hay que aceptar que se vayan. Puedes
aprovecharlas todo lo que seas capaz mientras tanto, pero nunca
te pertenecen”.
Este sentido
de aceptación es un rasgo que Fincher encuentra en su propio
padre. “Veo muchas cosas de mi padre en Benjamin”, explica el
director. “Como periodista y producto de la Gran Depresión, mi
padre fue un estoico en cierta medida, un observador, aceptaba
las cosas sin juzgarlas. Recuerdo que le hacía feliz apreciar a
las personas tal y como eran. Infiltré esta característica en
las reacciones de Benjamin y, sobre todo, en la forma en que
trata con la gente, con las situaciones. Le miraba y me decía:
‘Sí, Jack lo haría así. Eso es lo que haría’”.
Junto con
Queenie, Benjamin es criado por los ancianos y ancianas con
todas sus aventuras y lecciones de vida y que han llegado a
Nolan House para pasar tranquilamente sus últimos años. Tizzy
Weathers, el amor de toda la vida de Queenie, es uno de los
primeros “padres” de Benjamin. “Tizzy es una especie de mástil,
un barómetro de su madurez”, comenta Mahershalalhashbaz Ali, que
interpreta a Tizzy. “Le ayuda a guiarle y criarle. Le enseña a
leer y escribir, le habla de Shakespeare. Pero creo que lo más
importante que le transmite es el sentido de lo que es el
hombre. Tizzy le da las bases necesarias para que Benjamin
disfrute de cierta tranquilidad con respecto a la presencia de
una figura masculina en su vida”.
Pero Tizzy,
como todas las personas a las que conoce y ama Benjamin, solo
está con él un breve espacio de tiempo. Benjamin deja atrás a
Queenie y a Tizzy, a Daisy, y a todos sus amigos del único hogar
que haya conocido nunca cuando sale al mundo. La persona que le
hace esa invitación a la aventura es el Capitán Mike y la
variopinta tripulación de su remolcador.
Jared Harris
interpreta al peculiar capitán que revela su yo secreto a través
del mapa de tatuajes que le cubren el cuerpo. Harris describe su
personaje como “una especie de artista frustrado enfadado,
borracho y fracasado en cierta medida. Se dedicó al negocio
familiar porque no fue capaz de enfrentarse a su padre”.
A pesar de
sus problemas con su propio padre, el Capitán Mike se convierte
en otro “padre” para Benjamin. “El padre es una figura muy
importante en la vida”, comenta Harris. “Y, dentro de esta
historia, los personajes masculinos – las relaciones entre los
padres y los hijos – es un hilo conductor clave. El Capitán Mike
le presenta a Benjamin, como una especie de padre/tío malo, los
vicios y placeres de la vida. También le presenta la vida del
mar, y a través de esa vida, Benjamin logra ver el mundo”.
Pero el
Capitán Mike, al igual que Tizzy antes de él, es un sustituto de
la figura real, Thomas Button, el padre que abandonó a Benjamin
en la puerta de Queenie. “Thomas traslada toda su tristeza, su
resentimiento y su miedo al futuro al niño”, explica Jason
Flemyng, que interpreta a Thomas Button. “En una forma muy
extraña, después de haber perdido a su mujer en el parto, Thomas
cree que se va a librar de todo su dolor deshaciéndose de su
hijo, y se pasa el resto de la vida lamentando ese acto. Le
persigue en todo momento”.
Flemyng,
amigo de Pitt y Fincher, quedó tan atrapado por el guión de Eric
Roth que ya estaba decidido justo después de leerlo para tratar
de dar forma al papel de Thomas Button. Flemyng lo recuerda así:
“A Fincher y Céan Chaffin les interesaba mucho ver lo que podía
hacer en ese papel. Sabía que éste iba a ser el tipo de película
que yo iría a ver al cine. Y realmente quería formar parte de
ella”.
Benjamin
cumple su mayoría de edad en la remota ciudad portuaria rusa de
Murmansk, donde conoce a otra gran personalidad, Elizabeth
Abbott, interpretada por Tilda Swinton. “Tilda ha demostrado una
y otra vez que puede hacer cualquier cosa”, comenta Kennedy. “La
oportunidad para ella de compartir pantalla con Brad, Cate,
Taraji y todos los demás grandes actores que intervienen en la
película contribuyó a la enorme fuerza del film en su conjunto”.
La solitaria
Elizabeth Abbott, esposa de un diplomático, que sueña con poder
cruzar a nado el Canal de la Mancha, es quien le da su primer
beso a Benjamin. “Cada uno aprende algo del otro”, aclara
Swinton. “Ella es abierta, enérgica y se está buscando a sí
misma; él es paciente, sencillo y optimista. Es un intercambio
justo. La idea de ella, al final de la aventura de su vida,
afectada por el sentido de inicio de Benjamin – de vivir con la
novedad de su independencia y capacidad de elección, de poder
dar forma a su propia vida – es algo que encuentro muy
conmovedor”.
A través de
los viajes de Benjamin en el remolcador, la propia trayectoria
de Daisy la lleva a Nueva York, donde se une a una compañía de
baile en la flor de su juventud, llenándola de emociones y
traspasando las fronteras. “No se trata de un canto a la
‘dependencia’ del tipo ‘No puedo vivir sin ti’”, explica
Fincher. “No se están esperando. Son los dos sexualmente
activos. Son dos personas completas que deciden estar juntas
durante un tiempo, incluso aunque no sea el camino más fácil”.
Sus caminos
se separan y convergen varias veces durante su vida, hasta que
llegan a lo que Fincher denomina el “punto dulce” en la mitad,
cuando están destinados a permanecer juntos. “El universo
conspira para convertirlos en lo que son en el momento
adecuado”, comenta. “Es como si se sintieran aliviados cuando
están juntos porque ahora puede ocurrir justo como se suponía
que tenía que ser”.
Daisy, y
todas las personas que pueblan el mundo de Benjamin, tienen su
propio desarrollo vital a lo largo de la historia. Sus
historias, juntas o desenfocadas, son hilos imprescindibles
dentro del tapiz que supone la película.
“Creo que
David tiene el sentido de un artista de manejar el material
fílmico real con sus propias manos”, comenta Swinton. “Se
arremanga. Percibe tanto las tradiciones del cine de Hollywood
como lo que considera sus posibilidades casi ilimitadas, todo
ello con la actitud de un verdadero pionero. Es como un niño en
un arenero. Es como si las imágenes que construye con sus
colegas están sencillamente descargadas desde una película que
ya existe, totalmente formada, en su cabeza. Es como si
estuviera integrando su idea de la película en un juego
elaborado: es como si estuviera recordando un sueño. El asombro
no parece terminar de abandonarle nunca”.
Pitt está de
acuerdo y señala: “David es como un hombre poseído. Tiene muy
buen ojo para el cine y el equilibro y el baile de los
movimientos de la cámara que sabe hacer de forma soberbia. La
gran recompensa es que al final se consigue una obra de arte de
factura muy fina, es un verdadero escultor”.
“Da la vuelta
a una idea, a un momento, a una imagen, a un personaje o a una
escena, mirándolo desde todos los ángulos y, allí donde otras
personas se dan por satisfechas con la visión tridimensional de
una idea, David sigue investigando hasta que tiene seis o siete
dimensiones”, añade Blanchett. “Allí donde otros dirían: ‘Déjalo
David, es imposible’, él se siente espoleado. No creo que haya
muchos directores capaces de haber llegado a los lugares
increíbles a los que David trasladó esta historia (junto con
nosotros)”.
“El Curioso
Caso de Benjamin Button” se rodó en distintas localizaciones,
incluido Montreal y el Caribe, y la ciudad natal del personaje
es Nueva Orleans, que se estaba recuperando tras el devastador
huracán Katrina cuando llegó el equipo de producción. “Habíamos
organizado el rodaje en Nueva Orleans antes del Katrina y, por
supuesto, hubo un período de cierta incertidumbre sobre si
íbamos a poder rodar tras el desastre”, recuerda Kennedy. “Sin
embargo, nos llamaron de la ciudad dos días después del
desastre, animándonos activamente a seguir con nuestros planes”.
Trabajar en
una zona que acaba de sufrir graves daños emocionales y físicos
planteó ciertos retos logísticos. “Con el increíble apoyo de la
ciudad y el gran talento de nuestro equipo y elenco, al final
fueron complicaciones menores”, recuerda Marshall. “Todos los
días se planificaron y ensayaron con gran atención, y el
liderazgo de David en todas las áreas nos permitió a todos tener
una idea clara de lo que podíamos esperar por lo que, en
general, el rodaje fue muy bien”.
El equipo
pronto descubrió que los problemas no habían socavado el
espíritu de la población de la ciudad. “Creo que Fincher y yo
fuimos muy afortunados de poder trabajar con personas que
estaban ahí porque querían estar ahí”, comenta Chaffin. “En esta
película, recibimos una extraordinaria cantidad de ‘Sí, nos
encantaría contar con vosotros’, especialmente en Louisiana.
Todos los que leían el guión se sentían conmovidos por alguna
parte de él, y eso variaba de una persona a otra. Creo que les
recordaba a algo de sus propias vidas y que por eso querían
participar en el proyecto”.
La
intemporalidad de la ciudad encajaba a la perfección con la
sucesión de distintas épocas de la película de Fincher. “Era
importante delinear claramente cada era sin anunciar
abiertamente el paso del tiempo”, explica el diseñador de
producción Donald Graham Burt. “Lo más importante era crear
cierta sensación de paso natural del tiempo dentro de los
escenarios de la película. [El decorador de escenarios] Victor
J. Zolfo y yo discutimos qué elementos pensábamos que debían
cambiar y cuáles deberían quedar suspendidos en el tiempo. Era
importante que todos los elementos tuvieran una finalidad y un
sentido, y que no se usaran solamente para rellenar un vacío o
se cambiaran por cambiar”.
Fincher
trabajó con el equipo de diseño de producción para crear en los
escenarios la sensación de estar pasando las hojas de un viejo
álbum de fotos lleno de retratos de personas sencillas viviendo
vidas normales. “Creamos nuestras propias ‘historias de vida’
para cada uno de los decorados, en especial para Nolan House y
el Winter Palace Hotel de Murmansk [donde Benjamin conoce a
Elizabeth] –, lugares donde se producen los principales
acontecimientos de la vida de Benjamin”, comenta Zolfo.
El objetivo a
todos los niveles de la producción era crear un realismo creíble
que inculcara las verdades esenciales en el corazón de la
historia. “A pesar de que había muchos elementos de fábula en la
historia, quería que por otra parte resultara lo más realista
posible”, explica Fincher. “No quería crear ese efecto de ‘Érase
una vez’. No quería sacar a los actores del atolladero. No
quería sacar al público del atolladero. Todo tenía que
pertenecer a su período; el aspecto de los lugares, la ropa de
la gente, el tipo de gafas o audífonos que usaban...”
Los trajes
eran de época, pero estilizados. La diseñadora de vestuario
Jacqueline West se reunió con Burt y Zolfo muy pronto para
garantizar la simetría de su trabajo. “David compone como un
pintor”, comenta West. “Cuando llegué al escenario del
remolcador, parecía como un cuadro de Caillebotte. Así que
recurrí a Caillebotte y los otros primeros impresionistas
(Edouard Manet, Toulouse Lautrec, Courbet...) para inspirarme.
Lo único que sabía era que cuando me hubiera empapado de la
hermosa sensibilidad de Don Burt, fuera lo que fuera lo que
plasmara luego con mi propia paleta, que era bastante oscura y
turbia, funcionaría”.
West recurrió
a los fotógrafos de WPA y FSA durante la época de la Gran
Depresión, especialmente para inspirarse para la ropa de Queenie
durante los primeros años de vida de Benjamin Button. “Queenie
es una mujer pobre con mucho carácter, por lo que quería que su
armario reflejara su personalidad”, explica. “También me imaginé
que la mayoría de sus prendas serían heredadas de las ancianas
que habían vivido y fallecido en Nolan House. Probablemente
tuvieran ya 20 años de antigüedad, por lo que me retrotraje un
poco más”.
Por el
contrario, Daisy estaría vestida siempre a la última moda y con
las ropas típicas de una bailarina de la época. Para Daisy, West
recurrió al coreógrafo pionero George Balanchine y su esposa y
musa, Tanaquil LeClercq, una inspiración que la propia Blanchett
había explorado. “Me fijé en los movimientos de baile que habían
influido en la juventud de Daisy”, explica Blanchett. “George
Balanchine y Tanaquil LeClercq me resultaron especialmente
interesantes”.
Blanchett,
comenta West, “se convirtió en bailarina gracias a lo accesorio.
Me recuerda mucho a las imágenes que había visto de LeClercq: el
lenguaje corporal, las maneras y el conflicto interior”.
LeClercq era
aficionada a los diseños de Claire McCardell, una de las
principales diseñadoras estadounidenses en los años 40 y 50 del
siglo pasado, y a la que se considera creadora del look USA.
West recurrió a McCardell para uno de los trajes más memorables
de Daisy: el vestido vaporoso rojo que lleva en su cita con
Benjamin. “Jackie fue sin duda mi cómplice”, afirma Blanchett.
“Me encantó cada puntada, cada botón. Me dio a conocer a Claire
McCardell y los accesorios de los trajes fueron toda una
revelación. Tuve mucha suerte”.
Para vestir a
Benjamin Button durante toda su vida, West se remitió a los
iconos del cine del siglo XX. “Recurrí a Gary Cooper en los años
40, a Marlon Brando en los 50 y a Steve McQueen en los 60.
Fueron una estupenda inspiración, y Brad tiene ese mismo
carisma, por lo que ya sabía que podría llevar las prendas”,
confiesa.
Otro elemento
físico para Pitt fueron las técnicas digitales que facilitarían
su interpretación de Benjamin desde la juventud hasta la
ancianidad. El supervisor de efectos visuales Eric Barba,
colaborador de Fincher desde hace mucho tiempo, afirma: “David
me dijo al principio, ‘Brad tiene que interpretar el personaje
de principio a fin.’ Benjamin es el núcleo emocional de la
película, incluso aunque parezca imposible. Ese fue nuestro reto
en cuanto a los efectos”. Barba trabajó en colaboración con el
oscarizado diseñador de maquillaje Greg Cannom, quien creó
prótesis para mejorar el envejecimiento y rejuvenecimiento a lo
largo de todo el film.
La sutil
aunque meticulosa atención al detalle sobre un gran lienzo llevó
a la incorporación de las técnicas de cine digital a la
película. “El estilo de rodaje de David aporta el sentido de lo
que David Lean ejemplificó con tomas de barridos épicos que
capturan la sensación de tiempo y espacio”, comenta Marshall.
“El atractivo emocional de la película alcanza toda su potencia
gracias al uso que David hace de la cámara como observador.
Quiere que te impliques en el estudio del personaje, por lo que
el trabajo de cámara se vuelve más estudiado y tranquilo. No se
trata de una película con cortes rápidos y movimientos de cámara
frenéticos y viscerales”.
“Queríamos
algo lo más naturalista posible”, declara el director de
fotografía Claudio Miranda. “Tratamos de saber cuál iba a ser el
origen de la iluminación, y luego tratamos de plegarnos a ello o
representarlo. Hicimos algunas tomas en las que simplemente
usamos bombillas para iluminar la escena. Normalmente esto se
oculta encendiendo una luz y atenuándola poco a poco para crear
luego otra fuente de luz desenfocada. Me ha encantado estar
ahí”.
El origen de
la iluminación cambia a medida que las épocas se van
superponiendo. “Existe una progresión en la tecnología, desde
las velas y las lámparas de gas hasta las bombillas
incandescentes y las fluorescentes”, explica Fincher. “Hay
algunas luces de cine, pero no muchas. En su mayoría, se filmó
digitalmente para poder utilizar ese tipo de orígenes de la
iluminación y poder movernos también rápidamente”.
Ocasionalmente, las tomas se presentaron orgánicamente, como en
la elegante toma libre de Blanchett bailando en el cenador
durante su cita con Benjamín en Nueva York. “Esa toma fue muy
sencilla. Lo vimos y dijimos: ‘Tenemos que rodar ahí’, recuerda
Fincher. “Discutimos un poco sobre cuál debía ser el fondo y
dije: ‘Bueno, lo que hay ahí es una ciénaga, así que vamos a
crear vapor o humo, iluminar esos árboles y representarla a ella
como una silueta.’ Estamos buscando un estilo del viejo
Hollywood clásico, muy sencillo. Parecía como una caja de
música”.
La
sensibilidad y atención al detalle de Fincher resultó el
complemento ideal a su profunda comprensión de las verdades
subyacentes en la historia de Benjamin. “Considerando el ámbito
épico de la historia y las profundas evoluciones emocionales,
cada decisión que tomó fue perfecta, y fue muy gratificante para
nosotros formar parte de ello”, concluye Kennedy.
Imágenes
y notas de cómo se hizo "El curioso caso de Benjamin Button" - Copyright ©
2008 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures y Kennedy/Marshall
Productions. Fotos por Merrick Morton. Distribuida en España por Warner Bros.
Pictures International España. Todos los derechos
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