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EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON
(The curious case of Benjamin Button)


cartel
Dirección: David Fincher.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 166 min.
Género: Drama romántico.
Interpretación: Brad Pitt (Benjamin Button), Cate Blanchett (Daisy), Taraji P. Henson (Queenie), Julia Ormond (Caroline), Jason Flemyng (Thomas Button), Elias Koteas (Sr. Gateau), Tilda Swinton (Elizabeth Abbott), Jared Harris (capitán Mike), Elle Fanning (Daisy con 6 años), Mahershalhashbaz Ali (Tizzy), Joeanna Sayler (Caroline Button).
Guión: Eric Roth; basado en un argumento de Eric Roth y Robin Swicord; sobre un relato de F. Scott Fitzgerald.
Producción: Kathleen Kennedy, Frank Marshall y Ceán Chaffin.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía:
Claudio Miranda.
Montaje: Angus Wall y Kirk Baxter.
Diseño de producción: Donald Graham Burt.
Vestuario: Jacqueline West.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2008.
Estreno en España: 6 Febrero 2009.

CÓMO SE HIZO "EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON" © 2008 Warner Bros. Pictures

  “El Curioso Caso de Benjamin Button” nació como un relato breve escrito en los años 20 del siglo pasado por F. Scott Fitzgerald quien, a su vez, se inspiró en una cita de Mark Twain: “La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18”. La historia de Fitzgerald fue un capricho, una especie de fantasía, y su adaptación a la pantalla se consideró durante mucho tiempo como demasiado ambiciosa, demasiado fantástica. El proyecto permaneció en una especie de limbo durante cuatro décadas hasta que los productores Kathleen Kennedy y Frank Marshall lo retomaron. Desde hacía más de una década, el proyecto interesaba igualmente a Eric Roth, David Fincher y Brad Pitt. Para Roth, el concepto se convirtió en una oportunidad para ver de forma introspectiva el lienzo completo de una vida a través de la síntesis de los momentos íntimos experimentados todos los días, a través de acontecimientos que podrían ser tan importantes como una guerra mundial o tan pequeños como un beso. “Eric era la persona ideal para desarrollar completamente todo el potencial de una historia a tan gran escala pero profundamente personal”, señala Kennedy. “En ‘Forrest Gump’, se presentaron unos retratos íntimos en el marco de historias épicas y un tesoro de detalles ricamente observados”. La oportunidad de vivir la vida al revés podría parecer ideal. “Pero no es tan fácil”, comenta Roth. “En la superficie, se podría pensar que estaría bien, pero es un tipo de vida diferente, que creo que es lo que resulta tan atractivo de esta historia. Aunque Benjamin va retrocediendo, el primer beso y el primer amor tienen la misma importancia y sentido para él. No cambia nada si vives la vida hacia adelante o hacia atrás: lo importante es cómo vives tu vida”. Mientras estaba concibiendo y escribiendo el guión, Roth experimentó la muerte de sus dos padres. “Su fallecimiento fue, evidentemente, muy doloroso para mí, y me dio una perspectiva distinta de las cosas”, comenta. “Creo que la gente responderá a las mismas cosas en esta historia que yo”. La película explora la condición humana que existe fuera del tiempo y la edad: las alegrías de la vida y el amor y la tristeza de las pérdidas. “David y yo queríamos que pareciera la historia de cualquiera”, afirma Roth. “Es simplemente la vida de un hombre, eso es lo que tiene de extraordinario y ordinario al mismo tiempo esta película. Y esa particularidad es la que afecta a todo el mundo”.

 

  Aunque el problema de Benjamin es totalmente peculiar, su viaje pone de manifiesto las emociones complejas que subyacen en la vida cotidiana. “Se ocupa de cuestiones que nos preguntamos a nosotros mismos a lo largo de la vida”, explica Marshall. “Y es poco habitual que una película apele a tantos puntos de vista personales distintos. Alguien que tenga 60 o 70 años la verá de una forma, mientras que alguien que tenga 20, lo hará de otra”.

  El productor Céan Chaffin recuerda que el proyecto había estado dando vueltas alrededor de Fincher una y otra vez. Una primera versión del guión llegó a su mesa cuando Chaffin empezó a trabajar con él en 1992. “Era algo que le encantaba y que fue madurando con el tiempo”, afirma. “Recuerdo también cuando Brad preguntó por ello y David dijo ‘Podría ser una película estupenda.’ Fueron llegando otros guiones, pero éste no terminaba nunca de marcharse. Él dice que las cosas se marchan por un buen motivo y que no se pueden tener remordimientos. Éste ha debido de tener sus buenos motivos para no hacerlo”.

  La propia experiencia de pérdida de Fincher infundió su fascinación con respecto a la historia. “Mi padre falleció hace cinco años, y recuerdo la experiencia de haber estado allí cuando se marchó”, recuerda. “Fue increíblemente profundo. Cuando pierdes a alguien que te ha ayudado de muchas formas, que es tu ‘verdadero Norte’, pierdes la brújula de tu vida. Ya no tienes que tratar de complacer a nadie, y ya no tienes que reaccionar contra nadie. En muchos sentidos, te quedas totalmente solo”.

  En un primer momento de los preparativos de la película, las reuniones de Fincher con Kennedy y Marshall con frecuencia se convirtieron en algo muy personal. “Empezábamos a hablar de la historia”, recuerda Fincher, “y al cabo de un cuarto de hora, estábamos hablando de las personas que habíamos amado y habían fallecido y de la gente a la que habíamos querido y no nos había hecho caso, o la gente que nos había perseguido o a quienes habíamos perseguido. La película es interesante por ello; nos afectó a todos”.

  Realizar la película iba a ser un salto ambicioso, con desafíos tanto técnicos como dramáticos. “¿Cómo se puede crear de forma hábil y sucinta la experiencia de una vida, con todos sus altibajos, desde la tumba hasta la cuna, dentro de un mismo film?”, se pregunta Kennedy. “En el guión de Eric, cada momento atesora emociones que resuenan en uno más tarde. Traicionar esa sensibilidad perjudicaría la experiencia, por lo que desde el principio sabíamos que nos llevaría un tiempo proyectar la experiencia de toda una vida”.

  Para Pitt, la única forma de interpretar el personaje era de forma completa, en todas las edades, lo que planteó los mayores retos del proyecto. “A Brad solo le interesaba el personaje si podía interpretarlo en todas las edades”, explica Fincher. “Kathy y Frank tenían verdadera curiosidad por saber cómo íbamos a hacerlo. Le comenté: ‘No lo sé, pero ya se nos ocurrirá algo’”.

  El atractivo para Pitt estaba también en el viaje de Benjamin. “Muchos actores interpretan sus papeles en base a lo que hace su personaje”, explica Fincher. “Bien, Benjamin no ‘hace’ mucho por sí mismo, pero, bueno, sí que le pasan muchas cosas. Brad era la persona perfecta. Es el tipo de papel que resultaría pasivo en otras manos”.

  Para compartir la pantalla con Pitt, Fincher eligió a Cate Blanchett. El director había pensado en Blanchett desde que la vio en “Elizabeth”. “Recuerdo haber ido al Sunset 5 y pensar, ‘¿Pero quién es? ¡Dios mío!’”, recuerda. “No es habitual ver a personas con esa potencia y habilidad”.

  La actriz, comenta Pitt, “elevó nuestra interpretación. Es exquisita. Es una gran amiga. Puede leer una escena como muy pocos actores saben hacerlo. Encuentro que tiene una gracia innata. Me gustó que interpretara a una bailarina. Le encajaba como anillo al dedo por ser quien es, por su innegable elegancia”.

  La relación entre el personaje de Daisy y Benjamin evoluciona a medida que ella comprende y aprende a vivir con sus circunstancias sobrenaturales. Como dice Eric Roth: “Cate representa a la mujer que tiene que asumir la idea de envejecer mientras que la persona que ama recorre un camino inverso ¿En qué se convierte la vida para ella entonces? Pasa de ser una bailarina apasionada e impetuosa a convertirse en una mujer con una enormes reservas de fuerza”.

  Blanchett interpreta a Daisy con las formas y pasiones de una bailarina, aunque la relación de la actriz con la danza terminó en su infancia. “Cuando era una niña, hice las cosas que suelen hacer las niñas y estudié ballet, pero tuve que elegir entre eso y las clases de piano”, recuerda Blanchett. “Elegí el piano y luego lo dejé por la interpretación. Me gusta mucho el baile, pero soy consciente de mis limitaciones. La película fue una estupenda oportunidad de revivir ese amor”.

  Daisy es uno de los muchos personajes que se cruzan con Benjamin. “Benjamin es una especie de bola blanca de billar y toda la gente que choca con él le deja su huella”, explica Fincher. “Así es la vida: una colección de esas marcas y huellas. Todos ellos le convierten en lo que es y en nadie más”.

  “Me gusta la idea de las marcas”, añade Pitt. “Todo el mundo tiene su impacto y deja algún tipo de huella. Hay algo de poesía y aceptación en ello. Eso no quiere decir que te limites a dejarte llevar. No quiere decir que no luches por lo que quieres. Significa que aceptas lo inevitable de la vida. La gente va y viene. La gente se va, voluntariamente o porque fallece. La gente se marcha como tú mismo te marcharás algún día: es inevitable. La cuestión es cómo lo afrontes”.

  Pitt asocia esta noción con su amigo y colaborador frecuente. “El film explora esa idea que sé que es cierta en el caso de Fincher: la idea de que somos responsables de nuestras propias vidas”, explica el actor. “Somos responsables de nuestros éxitos y nuestros fracasos, y nadie más tiene la culpa o el mérito por ellos. Sin duda, el destino tiene algo que ver también, pero al final, eres tú el que decides”.

  El papel presentó a Pitt un desafío complejo distinto a cualquiera de los que hubiera afrontado antes en una película: comunicar el crecimiento interior de un personaje a medida que reacciona a las demás personas que se va encontrando por su camino. “El viaje de Benjamin Button es básicamente interior”, afirma Blanchett. “A pesar de las exigencias físicas evidentes que el papel planteó a Brad como actor, la clave estaba en interpretar un personaje que escucha y está presente y reacciona a todos en la película”.
“Es quizás la actuación más sosegada de Brad”, añade Fincher.

  Roth señala también que Pitt ha dotado a los aspectos extraordinarios del personaje de su propia humanidad esencial: “La brillantez de su interpretación consiste en que Brad representa a ese tipo de ‘hombre ordinario’. Creo que en su propia vida Brad ha encontrado cierta afinidad con este personaje que se puede apreciar en su actuación. Comprende que es como vivir una vida distinta”.

  Como la madre adoptiva de Benjamin, Queenie, le dice durante toda su vida: “Nunca sabes lo que va a pasarte”. Benjamin nace en Nueva Orleans en 1918, al final de la I Guerra Mundial, una buena noche para nacer. Cuando su madre fallece en el parto, su padre, horrorizado por su aspecto, lo abandona en la puerta de Nolan House, un asilo atendido por Queenie.

  Taraji P. Henson se vinculó con el papel de Queenie mucho antes de que la película llegara a hacerse realidad, cuando el director de casting de Fincher, Laray Mayfield, llamó la atención del director sobre su papel en “Hustle and Flow”. “Nos convenció a todos que fuera tan viva y maternal”, recuerda Fincher. “Encontré en Taraji toda la calidez, esa carencia total de prejuicios sobre los otros de Queenie”.

  Queenie se dedica a algo que muy pocas personas podrían hacer. “Es una mujer que sabe enfrentarse a la muerte”, explica Henson. “Y, al mismo tiempo, es la encarnación del amor incondicional. Es capaz de acoger a un hijo que no es suyo, en un momento en el que imperaba el racismo, y a pesar de que el niño es blanco y ha nacido en unas circunstancias muy poco habituales, ella es capaz de pasarlo todo por alto y quererlo”.

  El personaje atrajo a Henson a un nivel intensamente personal. “Se trata de un viaje muy espiritual para mí”, confiesa. “Acababa de perder a mi padre y, aunque le echo mucho de menos, es como si su muerte fuera parte de mi acercamiento hacia Queenie. Cuando mi padre estaba enfermo, nos aseguramos de que no estuviera nunca solo: siempre había alguien junto a su cama. Falleció mientras yo estaba con él porque sabía que yo podía afrontarlo. Este papel me ayudó a expresar mi pena y mi pena me ayudó a dar forma a mi actuación. El arte puede ser una buena medicina”.

  Benjamin crece siendo adulto con una ecuanimidad hacia las pérdidas que pocas personas experimentan. “Procede de un mundo de personas que aceptan su propia mortalidad, por lo que pocas cosas le asustan”, explica Fincher. “Todas las personas que conoce son efímeras; todos los momentos con ellas bien pueden ser los últimos. Sin embargo, ninguna de esas personas está histérica, todos lo aceptan. Por eso, desde que es muy joven, está familiarizado con los aspectos más profundos de la muerte. Nos llega a todos y nos pasamos la vida concentrándonos en otras cosas para evitar tener que pensar en lo inevitable”.

  Benjamin conoce a Daisy cuando ambos son niños y ella va a visitar a su abuela a Nolan House. Daisy ve más allá de la incapacidad que le produce su edad el niño que Benjamin lleva dentro. “Uno de los ejes de la película es cómo sus vidas coinciden y difieren”, comenta Roth. “Su relación evoluciona a medida que van creciendo y cambiando, con todas las oportunidades perdidas y aprovechadas de en medio”.

  Aunque todos los que le rodean van haciéndose mayores, Benjamin va rejuveneciendo, él solo. “El recorrido inverso de Benjamin solo le hace ser más consciente de que uno no puede aferrarse a las cosas”, explica el co-protagonista Mahershalalhashbaz Ali. “Sabe que uno tiene las cosas durante un período de tiempo muy limitado y que luego hay que aceptar que se vayan. Puedes aprovecharlas todo lo que seas capaz mientras tanto, pero nunca te pertenecen”.

  Este sentido de aceptación es un rasgo que Fincher encuentra en su propio padre. “Veo muchas cosas de mi padre en Benjamin”, explica el director. “Como periodista y producto de la Gran Depresión, mi padre fue un estoico en cierta medida, un observador, aceptaba las cosas sin juzgarlas. Recuerdo que le hacía feliz apreciar a las personas tal y como eran. Infiltré esta característica en las reacciones de Benjamin y, sobre todo, en la forma en que trata con la gente, con las situaciones. Le miraba y me decía: ‘Sí, Jack lo haría así. Eso es lo que haría’”.

  Junto con Queenie, Benjamin es criado por los ancianos y ancianas con todas sus aventuras y lecciones de vida y que han llegado a Nolan House para pasar tranquilamente sus últimos años. Tizzy Weathers, el amor de toda la vida de Queenie, es uno de los primeros “padres” de Benjamin. “Tizzy es una especie de mástil, un barómetro de su madurez”, comenta Mahershalalhashbaz Ali, que interpreta a Tizzy. “Le ayuda a guiarle y criarle. Le enseña a leer y escribir, le habla de Shakespeare. Pero creo que lo más importante que le transmite es el sentido de lo que es el hombre. Tizzy le da las bases necesarias para que Benjamin disfrute de cierta tranquilidad con respecto a la presencia de una figura masculina en su vida”.

  Pero Tizzy, como todas las personas a las que conoce y ama Benjamin, solo está con él un breve espacio de tiempo. Benjamin deja atrás a Queenie y a Tizzy, a Daisy, y a todos sus amigos del único hogar que haya conocido nunca cuando sale al mundo. La persona que le hace esa invitación a la aventura es el Capitán Mike y la variopinta tripulación de su remolcador.

  Jared Harris interpreta al peculiar capitán que revela su yo secreto a través del mapa de tatuajes que le cubren el cuerpo. Harris describe su personaje como “una especie de artista frustrado enfadado, borracho y fracasado en cierta medida. Se dedicó al negocio familiar porque no fue capaz de enfrentarse a su padre”.

  A pesar de sus problemas con su propio padre, el Capitán Mike se convierte en otro “padre” para Benjamin. “El padre es una figura muy importante en la vida”, comenta Harris. “Y, dentro de esta historia, los personajes masculinos – las relaciones entre los padres y los hijos – es un hilo conductor clave. El Capitán Mike le presenta a Benjamin, como una especie de padre/tío malo, los vicios y placeres de la vida. También le presenta la vida del mar, y a través de esa vida, Benjamin logra ver el mundo”.

  Pero el Capitán Mike, al igual que Tizzy antes de él, es un sustituto de la figura real, Thomas Button, el padre que abandonó a Benjamin en la puerta de Queenie. “Thomas traslada toda su tristeza, su resentimiento y su miedo al futuro al niño”, explica Jason Flemyng, que interpreta a Thomas Button. “En una forma muy extraña, después de haber perdido a su mujer en el parto, Thomas cree que se va a librar de todo su dolor deshaciéndose de su hijo, y se pasa el resto de la vida lamentando ese acto. Le persigue en todo momento”.

  Flemyng, amigo de Pitt y Fincher, quedó tan atrapado por el guión de Eric Roth que ya estaba decidido justo después de leerlo para tratar de dar forma al papel de Thomas Button. Flemyng lo recuerda así: “A Fincher y Céan Chaffin les interesaba mucho ver lo que podía hacer en ese papel. Sabía que éste iba a ser el tipo de película que yo iría a ver al cine. Y realmente quería formar parte de ella”.

  Benjamin cumple su mayoría de edad en la remota ciudad portuaria rusa de Murmansk, donde conoce a otra gran personalidad, Elizabeth Abbott, interpretada por Tilda Swinton. “Tilda ha demostrado una y otra vez que puede hacer cualquier cosa”, comenta Kennedy. “La oportunidad para ella de compartir pantalla con Brad, Cate, Taraji y todos los demás grandes actores que intervienen en la película contribuyó a la enorme fuerza del film en su conjunto”.

  La solitaria Elizabeth Abbott, esposa de un diplomático, que sueña con poder cruzar a nado el Canal de la Mancha, es quien le da su primer beso a Benjamin. “Cada uno aprende algo del otro”, aclara Swinton. “Ella es abierta, enérgica y se está buscando a sí misma; él es paciente, sencillo y optimista. Es un intercambio justo. La idea de ella, al final de la aventura de su vida, afectada por el sentido de inicio de Benjamin – de vivir con la novedad de su independencia y capacidad de elección, de poder dar forma a su propia vida – es algo que encuentro muy conmovedor”.

  A través de los viajes de Benjamin en el remolcador, la propia trayectoria de Daisy la lleva a Nueva York, donde se une a una compañía de baile en la flor de su juventud, llenándola de emociones y traspasando las fronteras. “No se trata de un canto a la ‘dependencia’ del tipo ‘No puedo vivir sin ti’”, explica Fincher. “No se están esperando. Son los dos sexualmente activos. Son dos personas completas que deciden estar juntas durante un tiempo, incluso aunque no sea el camino más fácil”.

  Sus caminos se separan y convergen varias veces durante su vida, hasta que llegan a lo que Fincher denomina el “punto dulce” en la mitad, cuando están destinados a permanecer juntos. “El universo conspira para convertirlos en lo que son en el momento adecuado”, comenta. “Es como si se sintieran aliviados cuando están juntos porque ahora puede ocurrir justo como se suponía que tenía que ser”.

  Daisy, y todas las personas que pueblan el mundo de Benjamin, tienen su propio desarrollo vital a lo largo de la historia. Sus historias, juntas o desenfocadas, son hilos imprescindibles dentro del tapiz que supone la película.

  “Creo que David tiene el sentido de un artista de manejar el material fílmico real con sus propias manos”, comenta Swinton. “Se arremanga. Percibe tanto las tradiciones del cine de Hollywood como lo que considera sus posibilidades casi ilimitadas, todo ello con la actitud de un verdadero pionero. Es como un niño en un arenero. Es como si las imágenes que construye con sus colegas están sencillamente descargadas desde una película que ya existe, totalmente formada, en su cabeza. Es como si estuviera integrando su idea de la película en un juego elaborado: es como si estuviera recordando un sueño. El asombro no parece terminar de abandonarle nunca”.

  Pitt está de acuerdo y señala: “David es como un hombre poseído. Tiene muy buen ojo para el cine y el equilibro y el baile de los movimientos de la cámara que sabe hacer de forma soberbia. La gran recompensa es que al final se consigue una obra de arte de factura muy fina, es un verdadero escultor”.

  “Da la vuelta a una idea, a un momento, a una imagen, a un personaje o a una escena, mirándolo desde todos los ángulos y, allí donde otras personas se dan por satisfechas con la visión tridimensional de una idea, David sigue investigando hasta que tiene seis o siete dimensiones”, añade Blanchett. “Allí donde otros dirían: ‘Déjalo David, es imposible’, él se siente espoleado. No creo que haya muchos directores capaces de haber llegado a los lugares increíbles a los que David trasladó esta historia (junto con nosotros)”.

  “El Curioso Caso de Benjamin Button” se rodó en distintas localizaciones, incluido Montreal y el Caribe, y la ciudad natal del personaje es Nueva Orleans, que se estaba recuperando tras el devastador huracán Katrina cuando llegó el equipo de producción. “Habíamos organizado el rodaje en Nueva Orleans antes del Katrina y, por supuesto, hubo un período de cierta incertidumbre sobre si íbamos a poder rodar tras el desastre”, recuerda Kennedy. “Sin embargo, nos llamaron de la ciudad dos días después del desastre, animándonos activamente a seguir con nuestros planes”.

  Trabajar en una zona que acaba de sufrir graves daños emocionales y físicos planteó ciertos retos logísticos. “Con el increíble apoyo de la ciudad y el gran talento de nuestro equipo y elenco, al final fueron complicaciones menores”, recuerda Marshall. “Todos los días se planificaron y ensayaron con gran atención, y el liderazgo de David en todas las áreas nos permitió a todos tener una idea clara de lo que podíamos esperar por lo que, en general, el rodaje fue muy bien”.

  El equipo pronto descubrió que los problemas no habían socavado el espíritu de la población de la ciudad. “Creo que Fincher y yo fuimos muy afortunados de poder trabajar con personas que estaban ahí porque querían estar ahí”, comenta Chaffin. “En esta película, recibimos una extraordinaria cantidad de ‘Sí, nos encantaría contar con vosotros’, especialmente en Louisiana. Todos los que leían el guión se sentían conmovidos por alguna parte de él, y eso variaba de una persona a otra. Creo que les recordaba a algo de sus propias vidas y que por eso querían participar en el proyecto”.

  La intemporalidad de la ciudad encajaba a la perfección con la sucesión de distintas épocas de la película de Fincher. “Era importante delinear claramente cada era sin anunciar abiertamente el paso del tiempo”, explica el diseñador de producción Donald Graham Burt. “Lo más importante era crear cierta sensación de paso natural del tiempo dentro de los escenarios de la película. [El decorador de escenarios] Victor J. Zolfo y yo discutimos qué elementos pensábamos que debían cambiar y cuáles deberían quedar suspendidos en el tiempo. Era importante que todos los elementos tuvieran una finalidad y un sentido, y que no se usaran solamente para rellenar un vacío o se cambiaran por cambiar”.

  Fincher trabajó con el equipo de diseño de producción para crear en los escenarios la sensación de estar pasando las hojas de un viejo álbum de fotos lleno de retratos de personas sencillas viviendo vidas normales. “Creamos nuestras propias ‘historias de vida’ para cada uno de los decorados, en especial para Nolan House y el Winter Palace Hotel de Murmansk [donde Benjamin conoce a Elizabeth] –, lugares donde se producen los principales acontecimientos de la vida de Benjamin”, comenta Zolfo.

  El objetivo a todos los niveles de la producción era crear un realismo creíble que inculcara las verdades esenciales en el corazón de la historia. “A pesar de que había muchos elementos de fábula en la historia, quería que por otra parte resultara lo más realista posible”, explica Fincher. “No quería crear ese efecto de ‘Érase una vez’. No quería sacar a los actores del atolladero. No quería sacar al público del atolladero. Todo tenía que pertenecer a su período; el aspecto de los lugares, la ropa de la gente, el tipo de gafas o audífonos que usaban...”

  Los trajes eran de época, pero estilizados. La diseñadora de vestuario Jacqueline West se reunió con Burt y Zolfo muy pronto para garantizar la simetría de su trabajo. “David compone como un pintor”, comenta West. “Cuando llegué al escenario del remolcador, parecía como un cuadro de Caillebotte. Así que recurrí a Caillebotte y los otros primeros impresionistas (Edouard Manet, Toulouse Lautrec, Courbet...) para inspirarme. Lo único que sabía era que cuando me hubiera empapado de la hermosa sensibilidad de Don Burt, fuera lo que fuera lo que plasmara luego con mi propia paleta, que era bastante oscura y turbia, funcionaría”.

  West recurrió a los fotógrafos de WPA y FSA durante la época de la Gran Depresión, especialmente para inspirarse para la ropa de Queenie durante los primeros años de vida de Benjamin Button. “Queenie es una mujer pobre con mucho carácter, por lo que quería que su armario reflejara su personalidad”, explica. “También me imaginé que la mayoría de sus prendas serían heredadas de las ancianas que habían vivido y fallecido en Nolan House. Probablemente tuvieran ya 20 años de antigüedad, por lo que me retrotraje un poco más”.

  Por el contrario, Daisy estaría vestida siempre a la última moda y con las ropas típicas de una bailarina de la época. Para Daisy, West recurrió al coreógrafo pionero George Balanchine y su esposa y musa, Tanaquil LeClercq, una inspiración que la propia Blanchett había explorado. “Me fijé en los movimientos de baile que habían influido en la juventud de Daisy”, explica Blanchett. “George Balanchine y Tanaquil LeClercq me resultaron especialmente interesantes”.

  Blanchett, comenta West, “se convirtió en bailarina gracias a lo accesorio. Me recuerda mucho a las imágenes que había visto de LeClercq: el lenguaje corporal, las maneras y el conflicto interior”.

  LeClercq era aficionada a los diseños de Claire McCardell, una de las principales diseñadoras estadounidenses en los años 40 y 50 del siglo pasado, y a la que se considera creadora del look USA. West recurrió a McCardell para uno de los trajes más memorables de Daisy: el vestido vaporoso rojo que lleva en su cita con Benjamin. “Jackie fue sin duda mi cómplice”, afirma Blanchett. “Me encantó cada puntada, cada botón. Me dio a conocer a Claire McCardell y los accesorios de los trajes fueron toda una revelación. Tuve mucha suerte”.

  Para vestir a Benjamin Button durante toda su vida, West se remitió a los iconos del cine del siglo XX. “Recurrí a Gary Cooper en los años 40, a Marlon Brando en los 50 y a Steve McQueen en los 60. Fueron una estupenda inspiración, y Brad tiene ese mismo carisma, por lo que ya sabía que podría llevar las prendas”, confiesa.

  Otro elemento físico para Pitt fueron las técnicas digitales que facilitarían su interpretación de Benjamin desde la juventud hasta la ancianidad. El supervisor de efectos visuales Eric Barba, colaborador de Fincher desde hace mucho tiempo, afirma: “David me dijo al principio, ‘Brad tiene que interpretar el personaje de principio a fin.’ Benjamin es el núcleo emocional de la película, incluso aunque parezca imposible. Ese fue nuestro reto en cuanto a los efectos”. Barba trabajó en colaboración con el oscarizado diseñador de maquillaje Greg Cannom, quien creó prótesis para mejorar el envejecimiento y rejuvenecimiento a lo largo de todo el film.

  La sutil aunque meticulosa atención al detalle sobre un gran lienzo llevó a la incorporación de las técnicas de cine digital a la película. “El estilo de rodaje de David aporta el sentido de lo que David Lean ejemplificó con tomas de barridos épicos que capturan la sensación de tiempo y espacio”, comenta Marshall. “El atractivo emocional de la película alcanza toda su potencia gracias al uso que David hace de la cámara como observador. Quiere que te impliques en el estudio del personaje, por lo que el trabajo de cámara se vuelve más estudiado y tranquilo. No se trata de una película con cortes rápidos y movimientos de cámara frenéticos y viscerales”.

  “Queríamos algo lo más naturalista posible”, declara el director de fotografía Claudio Miranda. “Tratamos de saber cuál iba a ser el origen de la iluminación, y luego tratamos de plegarnos a ello o representarlo. Hicimos algunas tomas en las que simplemente usamos bombillas para iluminar la escena. Normalmente esto se oculta encendiendo una luz y atenuándola poco a poco para crear luego otra fuente de luz desenfocada. Me ha encantado estar ahí”.

  El origen de la iluminación cambia a medida que las épocas se van superponiendo. “Existe una progresión en la tecnología, desde las velas y las lámparas de gas hasta las bombillas incandescentes y las fluorescentes”, explica Fincher. “Hay algunas luces de cine, pero no muchas. En su mayoría, se filmó digitalmente para poder utilizar ese tipo de orígenes de la iluminación y poder movernos también rápidamente”.

  Ocasionalmente, las tomas se presentaron orgánicamente, como en la elegante toma libre de Blanchett bailando en el cenador durante su cita con Benjamín en Nueva York. “Esa toma fue muy sencilla. Lo vimos y dijimos: ‘Tenemos que rodar ahí’, recuerda Fincher. “Discutimos un poco sobre cuál debía ser el fondo y dije: ‘Bueno, lo que hay ahí es una ciénaga, así que vamos a crear vapor o humo, iluminar esos árboles y representarla a ella como una silueta.’ Estamos buscando un estilo del viejo Hollywood clásico, muy sencillo. Parecía como una caja de música”.

  La sensibilidad y atención al detalle de Fincher resultó el complemento ideal a su profunda comprensión de las verdades subyacentes en la historia de Benjamin. “Considerando el ámbito épico de la historia y las profundas evoluciones emocionales, cada decisión que tomó fue perfecta, y fue muy gratificante para nosotros formar parte de ello”, concluye Kennedy.


Imágenes y notas de cómo se hizo "El curioso caso de Benjamin Button" - Copyright © 2008 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures y Kennedy/Marshall Productions. Fotos por Merrick Morton. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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