CÓMO SE HIZO "SLUMDOG
MILLIONAIRE"
Notas de producción © 2008
Filmax
1. El proyecto
La génesis de Slumdog
Millionaire tiene su inicio cuando la jefa de Cine y Arte
Dramático del Channel 4, Tessa Ross, recibió una llamada de la
ojeadora literaria de Film4, Kate Sinclair, quien le contó que
acababa de leer el manuscrito de una historia extraordinaria. A
pesar de que todavía no se había publicado, en cuanto Sinclair
puso aquella historia en el punto de mira, Ross se la tomó
inmediatamente como una opción con serias posibilidades de salir
adelante. “Organicé una cena para guionistas, directores y
productores, y pude conversar con Simon Beaufoy, a quien ya
conocía desde hacía tiempo porque habíamos trabajado juntos. No
pude evitar hablarle del ‘proyecto ganador’”, recuerda Ross. “La
idea le entusiasmó inmediatamente y se sumó al equipo
enseguida”. Ross sugirió que, aunque era un libro difícil de
convertir en guión, sintió que Beaufoy tenía las aptitudes y la
experiencia para hacerlo. Beaufoy tenía la convicción de que la
mayoría de espectadores occidentales no conocían el aspecto de
India que explora la novela de Swarup. “Es como una ciudad que
pasa a cámara rápida”, comenta. “Es el Londres de Dickens en el
siglo XXI. Está en constante desarrollo. Los pobres son más
pobres que nunca y los ricos más ricos que nunca. Y existe una
masa de población entre esos dos estratos que luchan para
mantenerse a flote”. La simple premisa de la novela de Swarup
permitió a Beaufoy concentrarse en dos elementos clave a la hora
de adaptar la historia a la gran pantalla. En primer lugar, el
obvio cuento de hadas del pobre que se enriquece de la noche a
la mañana, donde el héroe supera enormes obstáculos para
alcanzar una conclusión positiva. En segundo lugar, el
extraordinario trasfondo sobre el que transcurre la historia. No
obstante, los contratiempos técnicos que surgieron no fueron
pocos. Para un guionista, la adaptación de un libro a un guión
cinematográfico requiere de un enfoque muy distinto a la
producción de un texto original. El reto para Beaufoy fue
conservar el alma de la novela trasladando a la vez los mismos
personajes al celuloide.
“El principal
problema de convertir el libro en película fue que en realidad,
éste se componía de una serie de historias, 12 relatos”, explica
Beaufoy. “Algunos de ellos no mantenían vínculo alguno entre
ellos. No había ningún hilo conductor. No tomaba a un personaje
y le seguía desde que nacía. Más bien carecía de articulación.
Incluso algunas historias eran pequeños cuentos discretos que ni
siquiera hacían referencia a los personajes principales. Es muy
diferente de comenzar con una idea propia y desarrollarla. Al
realizar una adaptación tienes muchas más responsabilidades con
el libro original. Es como recibir en casa un paquete con un
traje con unas partes que se ajustan y otras que no. Es como
hacer la maleta de otro. Pero de algún modo tienes que
convertirla en tu propia maleta”.
Beaufoy tomó
su propio camino a través de las narrativas para confeccionar
una historia que llevaría al espectador de A a B. “Mi trabajo
consistía en encontrar esa narrativa, trazar una historia que
transcurriera seguida pero que fuera capaz de retroceder durante
el interrogatorio policial y volver ‘¿Quién quiere ser
millonario’. Ese era mi reto particular”.
El productor
Christian Colson opina que la elección de Beaufoy como guionista
fue del todo acertada. “Simon tiene un estilo cálido y
particular que encaja especialmente en el proyecto”, comenta
Colson. “Escribió un borrador del guión para Tessa en primera
instancia y luego me vinieron a ver”.
“Simon
apareció con el nuevo título de "Slumdog millionaire" (Callejero
millonario), que nos convenció a todos. Creo que, en términos
clásicos, lo primero que transmite es un movimiento del caos a
la armonía. Es una comedia, aunque también, a veces, adquiere la
forma de un horrible drama, con momentos de gran sufrimiento. Es
un cuento de hadas, y como los buenos cuentos, tiene instantes
verdaderamente oscuros y atemorizantes. Existe una gran mezcla
de elementos que verdaderamente te hacen reír, llorar e incluso
tragar saliva.
Beaufoy
considera que tener a Jamal en el programa de TV e ir saltando a
flashbacks de su vida permite a los segmentos ofrecer una
mezcla de géneros. “Puedes disparar en varios sentidos
diferentes. Puedes añadir algo de romanticismo, un poco de
comedia o elementos de gánsteres y encapsularlos para formar
parte de un todo que sigue una única línea, lo cual me parece
apasionante. Le confiere a la película una gran variedad, porque
no se encasilla en un solo género”.
Cuando el
guión adquirió la forma lo suficientemente definitiva para
hacerla llegar a un director, la primera elección del equipo de
guionistas fue Danny Boyle. “Nos sentamos alrededor de una mesa
y nos preguntamos cuál sería el mejor director para el material
que teníamos, y todos exclamamos: ‘¡Danny Boyle!’”, recuerda
Colson. “Fue así de fácil”.
Beaufoy quedó
impresionado por el respeto que mostró Boyle hacia el guión, así
como el enfoque que aportó sobre el material. A pesar de que
muchos consideran al director de estilo inconfundible y
particular, su actitud hacia cada una de las escenas era la de
mantener los diálogos tal como estaban escritos. “Él entiende el
ritmo de cada escena. Desea mantenerlo tal cual y aun así es
capaz de aportar y plasmar su visión única. Es innegable que se
trata de una película de Danny Boyle, y lo mejor es que
prácticamente todas las palabras que escribí en el guión están
ahí. Es increíblemente respetuoso con el guión y sería incapaz
de modificar un diálogo sin una meticulosa consulta previa con
el guionista”.
De la misma
forma, Boyle considera el guión de Beaufoy como una luz guía a
través del proceso de realización de la película. En medio del
rodaje, con todas las limitaciones de tiempo y condiciones
desafiantes, Boyle explica que era coherente mantenerse todo lo
fiel posible al trabajo de Beaufoy. “Simon vino a India para
presenciar algunos ensayos y a partir de ahí efectuamos algunos
ajustes. Pero la mayor parte del tiempo quisimos ajustarnos al
guión al máximo”, comenta Boyle. “Me refiero a que las cosas
evolucionan y cambian inevitablemente, pero el guión es como un
túnel por el que pasas y, cuanto menos te desvíes, mejor. Lo
haces tan intenso como puedes, y también todo lo complejo y
excitante posible, pero también tienes que estar al servicio de
la narrativa”.
En el mundo
del desarrollo cinematográfico, donde hay que luchar duramente
para llevar adelante un proyecto y someterse a reescrituras,
nuevos guionistas, interminables notas y retrasos de la
producción, el proceso de desarrollo de Slumdog millionaire fue
realmente rápido. “Fue como una bola de nieve que baja por una
ladera y va creciendo”, apunta Ross. “Nada nos interfirió en el
camino. La bola de nieve tenía ante sí un camino liso y directo
y se aceleró todavía más gracias a Danny. Conseguimos
desarrollar y financiar el filme con Celador, lo que significa
que pudimos tomar todas las decisiones financieras y creativas
con suma rapidez”.
Pero, ¿qué
puede aportar una producción occidental a una historia
esencialmente india? Colson sugiere que la perspectiva del
foráneo ofrece impactantes elementos visuales a la película, así
como la narrativa de una historia que un guionista o un director
local podrían obviar o simplemente pasar por alto. “Es la misma
perspectiva extranjera que Sam Mendes puso en el retrato de la
Norteamérica residencial en American Beauty o que Ang Lee aplicó
en la inglesa Sentido y sensibilidad de Jane Austen. Creo que es
una mirada fresca que se interesa por darle color a la historia
y la hace única y vibrante de un modo que ninguno de los
cineastas de nuestra cultura podría conseguir. Hay un aura en la
película que llama la atención al extranjero. Creo que nos
volvemos cada vez más insensibles ante los lugares en que
vivimos y a veces no los miramos con la proximidad que
deberíamos. Y los que vienen de fuera lo ven con otros ojos”.
La llegada
del equipo de la película a India no causó ningún impacto en los
lugareños, aunque sí significó un choque cultural para los que
hacíamos el filme, quienes todavía teníamos que experimentar la
locura y la energía de Bombay. “Nunca había estado en India”,
explica Boyle. “Mi padre estuvo allí en la guerra y me había
hablado infinitamente sobre sus vivencias, con lo que siempre
había tenido ganas de ir. Creía que era un lugar extraordinario
en cuanto a las situaciones extremas que allí se pueden
experimentar. Pero, lo que es más importante, los retos que te
encuentras cuando pisas aquella tierra van más allá de todo lo
imaginable”, comenta el director.
Boyle
considera que la mayoría de experiencias cinematográficas se
centran en el concepto de control, en la idea de que un director
y su equipo pueden manipular el entorno para obtener exactamente
las imágenes o el tono visual que necesitan para transmitir lo
que el filme pretende. Pero en India no se pueden aplicar estas
reglas. “Sencillamente, en India no se tiene tal control. Si
buscas tenerlo te puedes volver loco. En una semana te habrás
tirado de un acantilado. No tienes más remedio que dejarte
llevar y a ver qué pasa. Algunos días piensas ‘No vamos a sacar
nada bueno de esto. Nada’. Y de repente, a las cuatro de la
tarde, todo empieza a salir. El lugar te compensa de forma
natural si confías en él, y de repente todo cobra sentido”.
Beaufoy había
viajado por toda la India cuando tenía 18 años. Sin embargo,
notó enormes cambios al regresar 20 años después. “India ha
cambiado masivamente desde entonces, así que mi investigación se
basó en pasear por allí recogiendo todo tipo de historias y de
recortes de periódico. Las más tétricas y dramáticas saltaban
automáticamente de la terna. Las que leía y me parecían
interesantes las estudiaba más a fondo visitando los lugares en
que se produjeron, me empapaba de la atmósfera y recababa todos
los detalles posibles”.
“Cuando te
encuentras en medio de algo no siempre lo encuentras
extraordinario. Solamente cuando sales de ahí y lo miras con
perspectiva puedes verlo realmente extraordinario. No creo que
la gente que vive en Bombay vea la ciudad como se ve desde
fuera. Cuando volamos de Gran Bretaña y vemos la ciudad la
encontramos absolutamente increíble y creo que eso es
precisamente lo que Dany y Christian aportan como foráneos, un
sobrecogimiento que deja poco menos que boquiabierto”.
El equipo de
producción acordó adoptar una estrategia pre-rodaje que les
permitió comenzar a filmar por la ciudad antes de la fecha
oficial de inicio. Mientras los distintos departamentos se
preparaban para rodar, Boyle y su ejército de esqueletos
comenzaron a rodar ensayos como verdaderas “tomas”, a fin de
maximizar el tiempo de rodaje de que dispusieron en India.
Boyle sugirió
que en lugar de ensayar en un espacio abierto sin relación con
la película, viajarían a las localizaciones seleccionadas y
grabarían los ensayos, con la esperanza de que alguna de
aquellas tomas tuviera un lugar en el montaje final. “Fue una
forma genial de introducirse en la película”, confiesa Colson.
“Eso quiere decir que comenzamos a rodar dos semanas antes de lo
previsto. Todo el mundo, incluidos los equipamientos, estaban
allí. Estábamos en un lugar próximo a las localizaciones, así
que comenzamos a grabar”. Aquello dio a los departamentos de
producción la oportunidad de solventar cualquier problema
logístico o creativo en una fase muy temprana de la agenda de
rodaje, lo cual no sólo consiguió que todavía se aprovechara más
el tiempo durante el periodo oficial de filmación sino que
además permitió disponer del tiempo para rodar todos los
materiales adicionales que fueron necesarios.
“Naturalmente, esto nos ayudó a todos”, comenta Colson.
“Demasiado a menudo sucede que la primera semana de rodaje sirve
para que todos nos acordemos de cómo se hace una película. Ha
pasado mucho tiempo desde la última y todos están algo oxidados.
La gran ventaja de este proceso es que, si algo no ha
funcionado, no está todo perdido, y si todo ha ido bien, salimos
tranquilos de haber podido hacer todo el trabajo. Fue una
decisión muy inteligente de Danny”.
Boyle también
pensó que el protagonista, Dev Patel, se beneficiaría mucho de
pasar un tiempo en Bombay antes de situarse ante las cámaras e
invitó al joven actor a pasarse por varias localizaciones
previas a su participación. Para Patel, la experiencia le ayudó
a construirse un perfil de su personaje con más información de
la que proporcionaba el guión. También le sirvió para refinar su
acento.
“Yo estaba
deseando interpretar una secuencia que transcurriera en las
profundidades, en los barrios bajos, sumergido en aquel
ambiente”, admite Patel. “Estar en las localizaciones me ayudó a
construir un trasfondo para mi personaje y ver dónde había
crecido. En una de las localizaciones, Danny vio a unos niños
tocando unos tambores por la calle. Se estaban preparando para
el Festival Ganesha. Danny me dijo que me pusiera la camiseta
del revés –porque llevaba un logo demasiado visible¬– y me dijo
‘¡Únete a ellos!’. Y yo: ‘¿Qué?’, e insistió ‘¡Que vayas y te
pongas a tocar con ellos!’”. El grupo me aceptó. Vino un
traductor conmigo, me dieron un tambor y me puse a tocar. Y
Anthony, el cámara, se acercó a mí con una pequeña DigiCam y me
empezó a filmar disimuladamente, casi sin que se notara”.
Cerca del
lugar de producción se encontraba The Tulip Star, un hotel de
cinco estrellas abandonado de Bombay –“Un sitio fantasmagórico”,
según Colson. Boyle sugirió que los actores podrían ir a rodar
una escena allí. “El guión no decía que el hotel tenía que estar
vacío. Hablaba de un hotel en pleno funcionamiento”, explica.
“Aquello le dio a las escenas un punto adicional de intensidad.
Así pues, entramos y pudimos ahorrarnos dos días de rodaje que
luego utilizamos para grabar otros materiales”.
Cuando Boyle
llegó por primera vez a Bombay, la mezcla de pobreza extrema y
el asombroso avance tecnológico del país le fascinó. “Había
estado anteriormente en barrios de chabolas en otros lugares del
mundo, como Kibera (Kenia), pero aquello era como… aquel olor
que notas al principio de todo… esa mezcla increíble de nuestros
excrementos (de todos nosotros) y luego el aroma del azafrán. Es
esa combinación de dulzura y amargura a la vez”, explica. “Lo
más extraordinario de India es que está entre las seis u ocho
primeras potencias nucleares. Tienen armas nucleares. Pero por
otro lado, no tienen lavabos públicos”.
El equipo
rodó en el suburbio más extenso de India (Dharavi) y también en
uno de los más vibrantes (Juhu), situado al lado del aeropuerto,
al oeste de la ciudad y claramente visible por cualquiera que
vaya en avión a Bombay. Se calcula que aquella área sola tiene
alrededor de un millón de habitantes. La población metropolitana
de Bombay es de 22 millones (incluyendo las afueras) y se
expande a un ritmo alarmante que hace indicar que en 2020 serán
20 millones más. El equipo de rodaje estuvo filmando por las
áreas de Dharavi y cerca del arroyo de Mahim, alimentado por un
gran colector que pasa por el centro de la zona de barracas.
“Pusimos a
todos los habitantes reales de las chabolas que pudimos”, afirma
Boyle. “Es como una minimetrópolis vibrante y en constante
ebullición. Ahora, de hecho lo que ha sucedido –porque India es
una democracia– es que los barrios bajos se han convertido en
unos lugares de enorme peso político dada la abundante población
que los ocupa. Son pequeñas áreas con muchos miles de votos. Así
que, paradójicamente, son unos reductos sumamente poderosos y
por eso mucha gente no quiere que limpien todos esos suburbios.
Tienen sospechas más que fundadas de todo lo que esos lugares
les proporcionan.
“Dada la
escasez de terreno en Bombay, probablemente los trasladarán
contra su voluntad a lo que se ha denominado Nueva Bombay, a
varios kilómetros de distancia de la urbe. Lo más importante
para ellos no es conseguir una vida más sofisticada, sino la
sensación de comunidad. Ellos viven juntos y se dan apoyo mutuo.
Son familias extensas de primos y tíos… Así que es un verdadero
reto para sus políticos tratar de encontrar una forma de
actualizar sus estándares de vida conservando la demanda de los
habitantes de seguir estando en comunidades cerradas”.
Técnicamente,
las localizaciones y la logística asociadas a cada área visitada
por el equipo de producción significaban que Boyle y su
departamento de cámaras, incluyendo el galardonado director de
fotografía Anthony Dod Mantle, tenían que considerar diversas
opciones de cámara y de rodaje. El equipo planeaba en un
principio grabar varias escenas con unas cámaras digitales
avanzadas SI-2K y filmar el resto en película, pero Boyle se
decantó por no llevar grandes y pesadas cámaras de 35 mm a unas
zonas tan concurridas como aquellas. Las cámaras digitales, más
pequeñas y versátiles, les permitían grabar rápidamente
estorbando mucho menos en la vida cotidiana de la comunidad.
Boyle fue
encontrando el proceso correcto de rodaje a base de probar y
equivocarse. “Comenzamos con cámaras clásicas de película y no
me gustó. Quería verme realmente inmerso en la ciudad. No me
conformaba con quedarme mirándola, examinándola. Quería
sumergirme en el caos todo lo que fuera posible. Hay una franja
horaria, entre las 2 y las 4 de la madrugada, en que todo se
detiene y solo los perros circulan por la calle. Fuera de esas
horas, el lugar es una marea de humanidad”.
Las
secuencias de persecución del principio de la película se
rodaron de forma incremental, construidas como un montaje a lo
largo de un periodo de tiempo. Siempre que era posible, el
equipo de rodaje se trasladaba a la localización y filmaba otra
sección de la persecución. “Anthony fue capaz de ir grabando
cámara en mano [con las SI-2K]. Aunque tenía un giroscopio que
le podía estabilizar las imágenes, prefería llevarlas en mano y
tener más agilidad para grabar en áreas pequeñas y estrechas,
que en definitiva es lo que hay en los barrios de chabolas como
aquellos. Puedes capturar una parte de la vida que te rodea sin
que la gente se percate. También utilizamos una ‘CanonCam’, una
cámara de fotos que puede grabar a 12 fotogramas por segundo. Si
la gente ve una cámara de fotos, nunca pensarán que están
grabando video. Así que grabamos imágenes de este tipo, y
ocasionalmente recurrimos también a la cámara tradicional. El
resultado final es una película hecha con una mezcla de
tecnologías”.
“Quien fuera
que operara la cámara llevaba un disco duro pegado a la espalda
para grabar las imágenes que tomaba la cámara de mano. Anthony
parecía un turista danés que paseaba por entre las barracas”,
bromea Boyle. “Pero en realidad lo que hacía era rodar la
película”.
“Allí donde
podíamos rodábamos lo que figuraba en el guión en localizaciones
reales, y los complejos requisitos del guión nos llevaban a
menudo a un fabuloso espectro de lugares muy diversos entre
ellos”, comenta Colson. “La cinta es como un cuento de hadas, y
como todo cuento de hadas, tiene sus luces y sus sombras. De
modo que, unas veces te encontrabas en el Taj Majal, uno de los
lugares más bellos que puedas imaginarte, y al cabo de unas
horas podías estar en lugares de pobreza extrema. Era una
verdadera odisea”.
Victoria
Terminus, en el centro de Bombay, es una de las huellas más
visibles que dejó el Imperio Británico. Allí el equipo rodó la
escena del baile que aparece en los créditos. “La red
ferroviaria es como la sangre que da vida a la India”, explica
Boyle. “Existe un ingente número de personas que mueren a diario
en las vías porque se caen de un tren abarrotado. También hay
mucha gente que vive y trabaja cerca de las vías. Además, tienen
una forma muy peculiar de secar la ropa que lavan. Extienden la
ropa entre las vías y la fijan con pesadas piedras. Cuando pasa
el tren por encima, el aire caliente que desprende la deja seca
en cinco minutos. Pero es una actividad muy peligrosa. Los
trenes pasan muy cerca y a gran velocidad”.
Una de las
escenas más difíciles de rodar fue aquella en la que unos niños
saltaban de un tren. “Aquello fue muy, muy duro. Teníamos a un
especialista muy bueno que se encargó de la acción. Las vidas de
esos chicos estaban en sus manos. Realmente hizo un trabajo
brillante, aunque fue algo muy duro para todos”.
Encontrar las
localizaciones y obtener los permisos fue todo un reto para los
encargados de buscar los lugares de rodaje, y el apoyo de las
conexiones que teníamos en India fue vital. Una productora
local, India Take One, aportó su conocimiento a la producción,
lo que permitió al equipo planificar rápidamente cuáles serían
sus movimientos de una a otra localización. Sin embargo, la
distancia no siempre es el mayor problema en la India. Con todos
los millones de automóviles, coches tirados por hombres y taxis
circulando caóticamente por la ciudad, los atascos han pasado a
formar parte de la vida cotidiana, casi tanto como el comer o el
dormir.
“Uno de
nuestros principales obstáculos, del todo imprevisto, fue que
estudiábamos el mapa antes de salir y pensábamos ‘estaremos en
tal hotel y rodaremos en tal localización. Sólo está a tres o
cuatro kilómetros’. Y podíamos tardar hasta dos horas en
recorrer esos tres o cuatro kilómetros”, recuerda Colson. “La
ciudad estaba tan congestionada que me recordaba a Nueva York en
sus peores momentos”.
En términos
generales, los sistemas de soporte a la filmación en Bombay
estaban mucho más avanzados de lo que la gente creía en un
principio. Aunque eran caóticos hasta extremos insospechados,
Colson confiesa que tuvieron a su disposición instalaciones y
facilidades en todos los aspectos del proceso de producción.
“Bombay es un centro mundial de producción cinematográfica. Las
instalaciones son de primera. Hay equipos humanos fantásticos,
estudios espaciosos, salas de telecine, etc. Allí tienen de todo
y, en ese sentido, hay que admitir que desde que llegamos se
pudo trabajar sin que faltara de nada.
“Creo que
alguno de los obstáculos específicos que nos encontramos nos los
pusimos nosotros mismos, en el aspecto en que fuimos nosotros
quienes decidimos rodar la mayoría de secuencias en
localizaciones reales, en las calles de una de las ciudades más
caóticas y densamente pobladas del mundo. Tuvimos algunos
problemas en Agra, donde unos chicos locales que venden
productos a los turistas temían que diéramos mala imagen de
ellos. Así que nos disculpamos y nos fuimos a otra ubicación”.
Los
cambiantes paisajes urbanos de Bombay también pusieron alguna
que otra traba. Las localizaciones, que se habían fijado con
meses de antelación, habían cambiado drásticamente en muchos
casos y se tuvieron que buscar lugares de rodaje alternativos.
Las primeras
visitas de Beaufoy para inspeccionar el terreno le permitieron
encontrar localizaciones clave en los alrededores de la ciudad.
“Yo pensaba: ‘¡Bien, ahí hay una fantástica localización!’, y a
los seis meses volvía con Danny y le decía ‘Mira qué fantástica…
¡Oh, ya no está!’ Aquí en el Reino Unido no podríamos conseguir
que nos repararan una escalera mecánica del metro en seis meses.
Allí, en ese tiempo, construyen ciudades enteras. Nosotros
quisimos capturar esa sensación de ciudad que se construye a sí
misma con energía, gente, dinero, polvo y suciedad, y, por
encima de todo, movimiento de gente”.
Los centros
de atención telefónica indios han sido objeto de una inmensa
cobertura mediática a lo largo de los últimos años y se han
convertido en sinónimo de sistemas de atención al cliente, la
línea más frecuente de comunicación entre la marca y el
consumidor. Pero en Slumdog millionaire, Beaufoy y Boyle han
usado el call-center para conducir una línea argumental
muy importante, la que lleva a Jamal de Chai-wallah (el chico de
los cafés/té) a participante en el concurso de televisión.
Boyle
explica: “Jamal va por el call-center sirviendo tés y,
por supuesto, como es brillante, se queda con todas las
informaciones que va escuchando. Se da cuenta de que el tipo que
instaló el sistema (de contestadores telefónicos) de ‘¿Quién
quiere ser millonario?’ es el mismo que instaló el centro de
atención telefónica donde él trabajaba. Entonces se hace amigo
de él y descubre la forma de llamar y conseguir que la máquina
te elija para participar en el concurso. Así consiguió llegar a
concursar. En la película lo contamos de forma muy sutil”.
Tuvimos mucha
suerte de contar con la estrella Mia Arulpragasam (MIA), cuya
canción Paper planes aparece en el filme. También accedió a
grabar una canción para nosotros con el compositor A. R. Rahman.
Poco después vio la película y me dijo ‘Me encanta, pero cómo
llega Jamal a participar en el concurso?’ Habíamos eliminado
esas secuencias, y por eso la cantante nos lo preguntó. Así que
volvimos a incluirlas. A veces puedes tomar buena nota de los
comentarios que hacen las personas que no han formado parte
directamente del proyecto. Se les proyecta la cinta, te comentan
algo y es entonces cuando piensas ‘¡Vaya, es cierto! ¡No me
había dado cuenta de eso!’ o ‘Ahí he rizado demasiado el rizo’”.
2.
El reparto y los personajes
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