CÓMO SE HIZO "THE READER
(EL LECTOR)"
Notas de producción © 2008
On Pictures
La historia de THE READER
toca, en muchos sentidos, los temas de la profunda fuerza
transformadora de las palabras y del analfabetismo. Tal es así
que parece apropiado que el origen de la película sea un libro
de un lirismo sencillo pero emocionalmente devastador, —“una
novela formalmente hermosa y perturbadora y, finalmente,
moralmente devastadora,” según Los Angeles Times. Este trabajo
semi-autobiográfico del profesor de derecho y escritor de
novelas de misterio, el berlinés Bernhard Schlink, se publicó en
1955 y posteriormente fue traducido a 40 idiomas. Fue la primera
novela alemana en ocupar el primer puesto en la lista de éxitos
de ventas de The New York Times y suscitó un interés
generalizado en 1999 cuando Oprah Winfrey eligió el título para
su popular club de lectura. “¿Quién habría imaginado que un
libro de tan solo 218 páginas podría despertar tantas
emociones?” comentó Winfrey, que además apuntó que había sido el
libro más leído de todas sus selecciones entre el público
masculino antes de que se discutiera en su programa. “Es una
historia sobre lo que nosotros llamamos “segunda generación,’”
dice Schlink, refiriéndose a “aquellos afortunados que nacieron
más tarde”, a los niños de los años de la posguerra. “Tuvimos
una infancia ingenua—hasta que, en un momento dado, nos dimos
cuenta de lo que nuestros padres, pastores y maestros habían
hecho. Cuando amas a alguien que ha participado en algo
terrible, se produce un conflicto…” En Alemania, el movimiento
que intentó comprender la Guerra llegó a necesitar incluso de su
propio término sicológico—Vergangenheitsbewältigung –es decir
“la lucha por aceptar el pasado”. La importancia de la novela es
tal a la hora de entender la historia de un país que ha sido
utilizada como libro de texto en las escuelas alemanas.
Harvey
Weinstein y Miramax Films adquirieron los derechos de El Lector
en 1996. A instancias de Weinstein, Anthony Minghella y su socio
de producción, Sydney Pollack, se embarcaron en el proyecto, y
en un principio, Minghella escribiría el guión y dirigiría la
película. Pero el dramaturgo Sir David Hare, que más adelante
sería nominado a los Oscar por su adaptación al cine de LAS
HORAS, también había leído el libro de Schlink y ansiaba
ocuparse de la adaptación. Dado que Minghella acababa de arrasar
en la ceremonia de los Oscar con EL PACIENTE INGLÉS y que el
director estaba rumiando varios proyectos de gran importancia,
Hare intentó convencerle para que le cediera la adaptación de
THE READER, pero Minghella se mantuvo firme en su propósito de
realizar él mismo el guión.
Casi una
década después, y todavía sin un guión, Daldry—que había
estudiado alemán de niño y vivido en Berlín—le comentó a
Minghella la posibilidad de dirigir THE READER. Minghella se dio
cuenta de que aún pasaría algún tiempo para que él se pudiera
ocupar personalmente de la producción y accedió a la propuesta
de Daldry con la condición de que fuera el próximo proyecto del
director y de que él y Pollack permanecieran a bordo como
productores. En cuanto al guión, Daldry pensó inmediatamente en
Hare. “Hemos hecho juntos LAS HORAS, de manera que esta es la
segunda película difícil y enormemente ambiciosa que hacemos
juntos,” dice Hare. “Tenemos un vínculo muy profundo, es un poco
como la relación entre soldados que han combatido juntos en una
guerra –conocemos las virtudes y los defectos de cada uno”.
La película
se aparta de la novela de Schlink, que se desarrolla
cronológicamente en tres distintos segmentos, mientras que la
versión cinematográfica de El Lector “salta en el tiempo”, en
palabras de Hare, mediante una estructura que transporta al
espectador al interior de la vida del personaje principal en
varios momentos diferentes de su vida, durante la década de
1950, durante la década de los noventa y una vez más, al pasado.
Hare es un dramaturgo y director de grandísimo talento que huye
de la obediencia a la tradición y lucha por rebelarse en sus
trabajos originales, de manera que planeó un enfoque excitante y
novedoso de su adaptación sin recurrir a “las consabidas y
monótonas voces en off” que a menudo acompañan a las narrativas
en primera persona.
“Cuando voy
al cine, me aburro de muerte con películas cuya estructura y
personajes puedo predecir en cuanto entro en el cine”, afirma el
escritor, añadiendo que estaba dispuesto a liberar a THE READER
de la tradición establecida por las anteriores películas de la
posguerra mundial cuya trama giraba entorno a los campos de
concentración, las angustias de la posguerra y la complicidad
individual en los crímenes cometidos por el estado. “A mí solo
me interesan las cosas que no pertenecen a ningún género” afirma
y añade “esto, ciertamente, no es lo que podría llamarse “una
película sobre el Holocausto”.
“Se han hecho
252 películas sobre el Holocausto,” dice Daldry, “y espero que
se hagan por lo menos el doble más”. Pero THE READER es otra
cosa y la llama “una pieza atípica” que sobrepasa las
expectativas. Yendo a contracorriente de las historias de
supervivientes previas, un personaje que aparece al final de la
película, una superviviente de los campos, es representada como
ejemplo de moral y fuerza intelectual y no como una víctima
debilitada.
Pese a que
Hare, Daldry, Minghella y Pollack entendían el valor de la
innovación y experimentación cinematográfica, siempre se
mantuvieron fieles a un aspecto del proyecto—respetar y honrar a
las víctimas de los crímenes de guerra del nazismo. Los
artífices acordaron que el término “perdón” no se mencionaría
jamás –la película, de hecho, evita cualquier alusión al tema de
la redención o del perdón pero, en cambio, trata el verdadero
problema de cómo puede una nueva generación aceptar su negro
pasado.
Con este fin,
el guionista y el director viajaron a Alemania con el escritor,
Schlink, para discutir el tema de la culpa en las generaciones
de la posguerra y la polémica que su novela suscitó. “El libro
es de una enorme importancia histórica en Alemania”, dice
Daldry. “Es la única novela que lidia con el problema de “cómo
continuamos viviendo después de lo que hemos hecho”.
“Produjo los
elogios más extraordinarios y los ataques más violentos” añade
Hare. “Intentar explorar y comprender los crímenes de los Nazis
es un asunto peligroso y explosivo –uno puede sin querer cruzar
una línea que no quería cruzar.”
Decidido a explicar “cómo los hijos de una generación criminal
vivieron las consecuencias” de los delitos de sus padres, Daldry
se negó a hacer concesiones. “La película aborda los crímenes de
Guerra frontalmente”, comenta el director, que se cuidó mucho de
no describir a los guardias de los campos de concentración como
ogros horrendos o extravagantes villanos sino, más bien, como
trabajadores normales y vecinos del lugar. “Expone a gente
ordinaria que comete estos crímenes –la banalidad del mal”.
Al contrario
de lo que sucede con muchos guionistas, cuya aportación termina
cuando entregan la versión final de su guión, Daldry invitó una
vez más a Hare a participar en el proceso de filmación, como
había hecho antes con LAS HORAS.
“Stephen me
permite colaborar desde el principio del rodaje hasta el final
del montaje” dice el dramaturgo. “No quiere trabajar con gente
que no se comprometa a ese nivel. En ese sentido, se parece más
a la manera de trabajar del teatro. Es el director más
concienzudo con quien he trabajado nunca –nada pasa por la lente
por casualidad”.
En cuanto al
escritor de la obra original, Schlink, también participó de una
manera impensable –incluso apareció de extra en la escena de una
terraza de un bar en el que los infortunados amantes, Hanna y
Michael, almuerzan durante una excursión en bicicleta. Ahí pudo
comprobar la obsesión de Daldry por cuidar la exactitud y la
veracidad hasta último y más mínimo detalle, ya fuera en
relación a un accesorio de atrezzo o a una rápida mirada de uno
de los actores. “Stephen tiene una gran sensibilidad para las
cosas más pequeñas y sutiles y eso es algo que admiro
enormemente”.
Desde el
comienzo, el novelista Schlink había imaginado a la actriz Kate
Winslet en el papel principal de Hanna Schmitz, un conductora de
tranvía de 36 años que mantiene un romance ilícito con un
adolescente que se revela más tarde como antigua guardiana de un
campo de concentración, que además, oculta otro terrible
secreto. “Kate Winslet fue siempre mi primera elección,” dice
Schlink. “Es una mujer sensual, directa, exactamente como
Hanna”.
Winslet
explica “Leo con relativa lentitud pero no pude dejarlo y me lo
terminé en un día” recuerda. En ese momento, sin embargo,
Winslet tenía solo 27años y se sentía demasiado joven para
interpretar ese papel. Cuando el director Daldry volvió a hablar
con ella a principios de 2007, la actriz había madurado lo
suficiente para poder abordar un papel con grandes exigencias
físicas, ya que el personaje debe envejecer y pasar de ser una
mujer fuerte y sexual de treinta y tantos años a una matrona
desaliñada de casi setenta.
Para Winslet,
trabajar con Daldry fue muy emocionante y describe su “relación
de colaboración” casi como si “fuéramos de la misma tribu”. La
actriz añade, “tiene una energía imparable y un amor
profundísimo por la historia. Además, tiene una idea muy clara
de cómo quiere que se cuente la historia, le encanta compartir
las ideas de los demás y descubrir qué es lo mejor para la
escena”.
Para el papel
de Michael Berg, el joven cuya vida se ve marcada para siempre
por su relación con Hanna, Daldry seleccionó a dos actores para
cubrir la dramática evolución de treinta años por la que pasa el
personaje: David Kross, un actor relativamente desconocido y el
veterano Ralph Fiennes.
THE READER
supone la tercera película del actor alemán Kross y su primer
papel en inglés, un idioma que perfeccionó durante el rodaje.
Daldry estaba empeñado en encontrar un joven alemán para el
papel de Michael y Kross tuvo que hacer varias audiciones para
convencer al director de que era la elección perfecta para el
personaje. Inicialmente, la madre de Kross pensó que el trabajo
interferiría con los estudios de su hijo, pero le dejó aceptar
el papel con la promesa de que sacara buenas notas a final de
curso. Kross estudió con ahínco, aprobó todo con muy buenas
notas y finalmente consiguió el papel.
Kross trabajó
hasta siete horas diarias con el profesor de dicción William
Conacher no solo para aprender el diálogo de su personaje, sino
también para poder leer a Horacio en latín, a Safo en griego, y
otros libros que recita en la película. “El reto para mí, como
profesor de dicción, era encontrar la manera de que un actor
alemán hablara en inglés como si fuera su lengua materna y luego
encontrar el modo de encajar a Kate Winslet y Ralph Fiennes,”
recuerda Conacher.
Dado que el
guión describe la relación sexual entre Hanna y Michael, el
calendario de rodaje tuvo que estructurarse de manera que las
escenas de dormitorio se rodaran cuando Kross, que en el momento
del casting tenía 15 años, hubiera cumplido ya los dieciocho
años.
La diferencia
de edad entre la madura Hanna y el joven Michael era uno de los
aspectos más controvertidos de la novela, sin embargo, la
historia no funcionaría de otra manera. “Hanna y Michael tienen
36 y 15 años respectivamente, de manera que pertenecen de verdad
a dos generaciones,” explica Daldry. “Una diferencia de edad
menor cambiaría todo eso”.
Efectivamente, durante el debate televisado de El Lector en su
club del libro, Oprah Winfrey directamente abordó el tema de la
diferencia de edad entre los personajes y su importancia para la
historia. “En muchos libros que leo y que considero parte del
panorama literario, pasan cosas horrendas, pero no reniego de
ellos ni los aplaudo porque no esté de acuerdo con sus
historias” Winfrey dijo. “Te puede encantar el libro sin que te
guste la relación que hay entre ellos. No estoy aprobando su
conducta… ¿Por qué no puede ser el niño mayor? Bueno, sería una
historia completamente diferente”.
Fiennes
interpreta al Michael Berg adulto que, después de muchos años
aún sigue intentando aceptar el idilio de su niñez. El actor se
sintió desde el principio atraido por THE READER ya que el guión
baraja problemas emocionales complejos. “Las cuestiones que
trata sobre la culpa, los juicios de valor, la responsabilidad,
el amor y la sexualidad son bastante complicadas, pero al final
es una historia muy humana,” dice el actor. “A menudo, un buen
guión de cine se distingue por su aparente sencillez, pero las
escenas simples incluyen cosas enormes. La belleza de este guión
es que, en frases que parecen conversaciones ordinarias, el
trasfondo está lleno de significados y lecturas”.
Los tres
actores rara vez coincidieron, ya que Kross y Fiennes
interpretaban al mismo personaje en tiempos diferentes y Fiennes
y Winslet compartían solo una escena.
Winslet opina
que Kross era “perfecto” para el papel del joven que madura ante
nuestros ojos. “David es extraordinariamente parecido a Michael
Berg –es una persona muy seria, increíblemente profesional y
sensible. Está dispuesto a probar cosas y quiere aprender y
mejorar”. Fiennes también alabó al actor que interpreta una
versión más joven de su personaje. “No nos parecemos mucho
físicamente, pero tengo entendido que tenemos cualidades
similares como actores, así que, puedo ver por qué Stephen nos
ha emparejado” explica Fiennes. “Es muy natural, es inteligente
y despierto, tiene un sentido del humor discreto que parece
flotar bajo la superficie”.
Ambos actores
disfrutaron muchísimo trabajando con Winslet también. “La verdad
es que no sabía nada de ella”, admite Kross, que solo había
visto a la actriz en TITANIC antes de THE READER. Pero “trabajar
con ella no es que estuviera bien, es que estuvo genial,” y
añade que, al igual que él, Winslet empezó con la interpretación
cuando era bastante joven. “Es muy campechana y muy
experimentada.” Fiennes coincide en que “Kate es una actriz
fantástica. Todo su trabajo es redondo y rico. Aporta su
inteligencia y plantea cuestiones y preguntas.- Es magnifica”.
Los papeles
secundarios y las intervenciones menores, aunque vitales para la
producción, estuvieron a cargo de los mayores talentos que ha
producido el cine alemán. “Uno de los elencos más grandes de
actores alemanes de los últimos tiempos,” dice Daldry orgulloso.
Los amantes del cine norteamericano probablemente reconocerán a
Bruno Ganz (EL CIELO SOBRE BERLÍN) en el papel del profesor de
derecho de Michael, Rohl, y a Mattias Habich (MEMORIAS DE
ÁFRICA, EL HUNDIMIENTO) como el padre de Michael. Otros actores
alemanes de primera incluyen a Susanne Lothar, en el papel de la
madre de Michael, Karoline Herfurth, como la novia de
universidad de Michael, Alexandra Maria Lara, como Iliana, la
joven superviviente del Holocausto, Volker Bruch, un compañero
de universidad, y Burghart Klaussner, uno de los jueces de los
crímenes de guerra. También aparecen en la película Martin
Brambach, Marie Gruber, Margarita Broich, Carmen-Maja Antoni y
Hannah Herzsprung.
Aunque
algunos exteriores fueron rodados en Nueva York, THE READER se
filmó principalmente en varias ciudades alemanas incluidas
Berlín, Gorlitz y Colonia, con algunas secuencias campestres
rodadas en la zona limítrofe entre Alemania y la República
Checa. Daldry explica que “la única manera de hacer esta
película era rodarla en Alemania y con un equipo de rodaje
alemán”.
Completan el
resto del equipo creativo de THE READER, una serie de
profesionales premiados por la Academia, desde el director de
fotografía, Chris Menges (LA MISIÓN y LOS GRITOS DEL SILENCIO),
la editora Claire Simpson (PLATOON), la diseñadora de vestuario
Ann Roth (EL PACIENTE INGLÉS) hasta la diseñadora de producción
Brigitte Broch (MOULIN ROUGE).
Para Brigitte
Broch, la diseñadora de producción, trabajar en la película
supuso el despertar de algunos recuerdos dormidos. Broch, una
alemana de nacimiento que se trasladó a México hace cuatro
décadas, se considera parte de esa “segunda generación” que
llegó a odiar a sus padres y su silencio por lo que había
ocurrido durante la guerra. THE READER le obligó a enfrentarse a
su propia sociedad de un modo que nunca había hecho antes. “Era,
de hecho, la primera vez que me atrevía personalmente a
enfrentarme a ello y decir, “de acuerdo, basta de miedos, basta
de sentimientos de culpa, tengo que asumirlo””. “Fue duro
emocionalmente; como sumergirse en las profundidades y conseguir
salir al otro lado”.
Los actores
también encontraron ciertos elementos de la historia sumamente
difíciles de soportar. “Normalmente me gusta preparar el
personaje,” dice Winslet. “Es muy importante haberte preparado
antes para que luego todo fluya. Pero para Hanna tuve que leer
tanto material y ver tantos documentales sobre los campos de
concentración que, en un momento dado, no pude aguantarlo más.
Hay muchísimas imágenes que sé que nunca olvidaré por mucho que
lo intente”.
El hecho de
que el personaje de Winslet tenga que envejecer más de treinta
años durante la historia introdujo a la actriz en otro aspecto
de la cinematografía, facilitado en parte por las pelucas y el
maquillaje de la diseñadora Ivana Primorac ( nominada a un BAFTA
por su trabajo en SWEENEY TODDT y EXPIACIÓN: MÁS ALLÁ DE LA
PASIÓN). “Para retratar a la versión anciana de Hanna tenía que
someterme a horas de maquillaje y colocación de prótesis
corporales,” recuerda Winslet, que tuvo que calzarse un cuerpo
de látex para caracterizar a la anciana de cuerpo flácido en
lugar de usar rellenos debajo de la ropa, más sencillo pero
menos eficaz. “Mi lenguaje corporal cambió por completo”, dice y
apunta que todo el mundo parecía impactado por su apariencia
cuando se paseaba por el plató. “No me importó mirarme en el
espejo y verme como una vieja bruja,” dice entre carcajadas. “Le
confirió una dimensión extra al personaje”.
Fiennes
explica el proceso de preparación del personaje con el director
Daldry. “Siempre estaba haciendo preguntas, lo cual es genial,”
recuerda el actor. “¿Qué piensa Michael en realidad de Hanna?
¿Cómo condenas a alguien con quien has tenido una relación
íntima? ¿Sigues recordando con cariño esa intimidad? Eran
preguntas que circulaban constantemente y fue crucial, porque en
realidad no hay una sola respuesta. Pero incluso a pesar de
todas estas preguntas, el trabajo de Stephen fue muy
enriquecedor. Deja que te tomes tu tiempo descubriendo una
escena, y tiene la confianza suficiente como para permitir
cambios durante el día o incluso durante el rodaje de una
escena. Es una forma ideal para trabajar porque da libertad a
los actores”.
El proceso de
preparación de su personaje fue una nueva experiencia para el
joven actor David Kross. “Es la primera vez que he aprendido a
documentarme para un personaje,” dice. “Stephen me llevó al
Museo Judío de Berlín. Y me compró cinco bolsas de libros para
que estudiara. Fue entonces cuando me di cuenta de lo poco que
sabía sobre el Tercer Reich”.
En su
búsqueda del realismo, Daldry y su equipo encontraron una enorme
ayuda en el Instituto Fritz Bauer de Frankfurt, un importante
archivo de material relacionado con los crímenes de guerra
nazis. Los investigadores del Instituto, encabezados por Werner
Renz, proporcionaron al departamento artístico de la película
fotos, transcripciones y otros materiales que resultaron ser
invaluables para los detalles que dan autenticidad al tribunal
de crímenes de guerra que aparece en la película.
La mayoría de
las escenas de juicio de THE READER estuvieron basadas en los
procesos Frankfurt-Auschwitz que se celebraron entre 1963 y
1965, en los cuales se enjuició a 22 funcionarios de media y
baja categoría que trabajaron en el complejo de campos de
concentración Auschwitz-Birkenau. En un marcado contraste con
los juicios de Núremberg, anteriores y tristemente más célebres,
en los que se procesaron a altos oficiales de las SS, jefes de
la Gestapo y otros funcionarios, en los juicios de Frankfurt se
juzgó a personas con distinto grado de participación y
responsabilidad en el Holocausto.
De hecho,
muchos abogados reales y magistrados jubilados de esa época
aparecen en la película interpretando a abogados y jueces,
incluidos Thomas Borchardt, Thomas Paritschke, Burglinde Kinz,
Stefan Weichbrodt y Kark Heinz Oplustiel. Otros eruditos en
leyes, como el fiscal de Auschwitz, Gerhard Wiese y el juez
Gregor Herb, sirvieron de asesores.
En un deseo
por perseguir la autenticidad, Kross y un pequeño equipo de
rodaje pasaron un día y una noche entera rodando una secuencia
en el campo de concentración de Stutthof, en Polonia, por el que
Michael deambula imaginando los horrores de las pasadas décadas.
“Fue uno de los días más extraordinarios de mi vida” dice Daldry
en relación a la toma, la cual no estuvo exenta de dificultades
logísticas ya que el director se vio obligado a filmar alrededor
de un grupo de judíos israelitas que habían venido a visitar la
zona y que se quedaron sorprendidos al ver un equipo de rodaje
alemán.
Más
problemáticos fueron los momentos íntimos y emotivos entre Hanna
y el personaje de Kross, que se filmaron después de unas
vacaciones para que coincidieran con el décimo octavo cumpleaños
del actor. “En esta película he hecho mis primeras escenas de
sexo” admite Kross con timidez. “Stephen da instrucciones muy
sencillas, lo cual es muy bueno para un actor. La parte más
difícil fue la preparación, estudiar la historia, ensayar con
los otros actores y hablar de sentimientos. Cuando al final nos
pusimos a rodar, fue divertido”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "The reader (El lector)" - Copyright © 2008 The Weinstein
Company, Mirage Enterprises y Neunte Babelsberg Film. Fotos por
Melinda Sue Gordon. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos
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