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WATCHMEN


cartel
Dirección: Zack Snyder.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 163 min.
Género: Acción, fantástico, ciencia-ficción.
Interpretación: Malin Akerman (Laurie Jupiter/Espectro de Seda II), Billy Crudup (Jon Osterman/Dr. Manhattan), Matthew Goode (Adrian Veidt/Ozymandias), Carla Gugino (Sally Jupiter/Espectro de Seda), Jackie Earle Haley (Walter Kovacs/Rorschach), Jeffrey Dean Morgan (Edward Blake/El Comediante), Patrick Wilson (Dan Dreiberg/Búho Nocturno II).
Guión: David Hayter y Alex Tse; basado en la novela gráfica co-creada e ilustrada por Dave Gibbons.
Producción: Lawrence Gordon, Lloyd Levin y Deborah Snyder.
Música: Tyler Bates.
Fotografía:
Larry Fong.
Montaje: William Hoy.
Diseño de producción: Alex McDowell.
Vestuario: Michael Wilkinson.
Estreno en USA: 6 Marzo 2009.
Estreno en España: 6 Marzo 2009.

CÓMO SE HIZO "WATCHMEN"
Notas de producción © 2009 Paramount Pictures Spain

2. El reparto

  ‘Watchmen’ se desarrolla en un mundo al borde la guerra, en el que los superhéroes disfrazados, llamados Máscaras, han sido ilegalizados, condenados a la clandestinidad por una sociedad que antaño les reverenciaba pero que luego llegó a temerles y despreciarles. Lo excepcional del proyecto atrajo a mucha gente con talento. “Probamos a muchos actores para la película”, dice Levin. “El reparto que surgió al final era gente con talento, por supuesto, pero que también creían completamente en las palabras que decían y en los personajes que interpretaban”. “’Watchmen’ estudia las creencias políticas de estos personajes, su sexualidad y su filosofía, sus desviaciones y carencias”, dice Patrick Wilson, que interpreta a Búho Nocturno II. “Es algo que se no había visto nunca en este género”. Carla Gugino, la Sally Júpiter de la película, observa que la perspectiva de encarnar a los personajes de lo que ella llama “el ‘Ciudadano Kane’ de las novelas gráficas” era a la vez imponente y estimulante. “Había una gran responsabilidad hacia el hecho de hacerle justicia”, dice. “No había nadie que sintiera la necesidad de brillar más que el resto. Fue un reparto maravillosamente conjuntado”. Elegido para interpretar a Rorschach, a Jackie Earle Haley le sedujo la posibilidad de interpretar “al ser humano que hay tras la máscara”, y añade: “Investiga lo que el mundo podría ser si la gente realmente se disfrazara y se pusiera a hacer de vigilante. ¿Cuáles serían sus debilidades, su moralidad, las creencias que motivan sus comportamientos?” Pronto descubrieron también que el entusiasmo de Snyder era contagioso. “Nunca en mi vida he visto a alguien tan apasionado con un proyecto”, dice Jeffrey Dean Morgan, que interpreta a El Comediante. “Ver lo apasionado que estaba con la novela y con conseguir que la película le fuese fiel era algo impresionante y que alentaba a todo el mundo”. Antes incluso de que Snyder hubiese elegido el reparto, los fans ya estaban intentado elegirlo por él. “Hace unos tres años”, recuerda Haley, “había gente en Internet proponiéndome para el papel de Rorschach. En aquella época yo no conocía la novela. Le eché un vistazo y me fascinó. Así que cuando me enteré de que se estaba preparando la película, me entró una gran agitación y luché a muerte para conseguir el papel”.

 

  Único enmascarado que desafía abiertamente la Ley Keene, que ilegalizó a los superhéroes enmascarados, Rorschach permanece vigilante, continuando el patrullaje de las cloacas de Nueva York, cazando a los “gusanos” de la sociedad… siendo su máscara lo último que ven antes de sentarse ante un juez. La brújula moral de Rorschach sólo tiene dos direcciones: bueno o malo.

  “Vivimos en un mundo lleno de complicados matices, pero para Rorschach el mundo es en blanco y negro”, dice Haley. “Para él, la complejidad no tiene sentido. La complejidad simplemente justifica la victimización de sí mismo y de todos los que padecen por culpa de los intereses concretos de alguien”.

  Tanto la psicología como el sentido del honor de Rorschach se reflejan en la máscara que lleva puesta, con un diseño de imágenes simétricas en blanco y negro como las manchas de tinta del test de Rorschach. “Rorschach tiene un toque ‘negro”, dice Snyder. “Es el detective de la historia, pero al mismo tiempo es casi un psicópata en su insobornable búsqueda de justicia. Es un personaje muy fascinante. Proviene de una familia rota y se crió en los barrios bajos, y gradualmente, mediante sucesos tanto dentro como fuera de la máscara, se convirtió en Rorschach”.

  El misterio comienza cuando Rorschach descubre que Edward Blake, también conocido como El Comediante, ha sido asesinado, arrojado por la ventana de su apartamento en el piso 30. El Comediante, una máquina de matar desencantada que ha estado muchos años haciendo trabajos sucios para el gobierno tanto en tiempo de guerra como de paz, ve el mundo como un sitio lúgubre en donde apenas hay diferencia, o no la hay en absoluto, entre los pequeños actos de heroísmo o de brutalidad.

  “El Comediante es norteamericano a tope, pero es también la cara oscura de lo que EEUU podría llegar a ser”, subraya el director. “Bordea ese límite, siempre está haciendo algún trabajo siniestro para el gobierno, pero lo hace como lo haría un superhéroe”.

  Para Rorschach no es sino un superpatriota, un héroe norteamericano que murió en acto de servicio a su país. Hoy, un comediante ha muerto en Nueva York, anota Rorschach en su diario. Alguien sabe por qué.

  Rorschach cree que alguien quiere acabar con los héroes disfrazados, de los que el Comediante es sólo el primero. Sale a advertir a los otros miembros del grupo interconectado que en el pasado lucharon a su lado: seis espíritus unidos por el destino y el deseo de ejecutar su propia clase de justicia. Su primera visita es a Dan Dreiberg, quien, como Búho Nocturno II, fue su compañero en los días de gloria de las Máscaras.

  “Dan era probablemente el amigo más íntimo que Rorschach haya tenido en el mundo”, dice Haley. “A la policía no le gusta Rorschach. A los ciudadanos no les gusta. A ninguna de las otras Máscaras les gusta. Cuando se tropieza con este asesinato, va a seguir el rastro hasta el final. Pero también creo que hay una parte de él que considera el asesinato como una razón para que los enmascarados se reúnan de nuevo”.

  Sin embargo Dan, al contrario que Rorschach, ha cambiado. Antes de asumir la identidad de Búho Nocturno, Dreiberg había sido “rico y aburrido, con la fantasía romántica de combatir la delincuencia, de ser un superhéroe, de salvar a la chica y quedarse con ella”, dice Patrick Wilson. “Tiene un sistema de valores anticuado. Ve la parte buena de la gente. Cuando salió a combatir la delincuencia, fue por justicia y por ayudar a la gente”.

  Dan ahora lleva una vida tranquila y hace visitas semanales a su predecesor, el Búho Nocturno original, Hollis Mason (Stephen McHattie), para recordar los viejos tiempos tomando una cerveza. “Dan se ha ablandado físicamente, políticamente, sexualmente…”, observa Wilson. “Sin llevar puesto el disfraz, no tiene una identidad. No tiene sitio en la sociedad y se siente impotente ante sus problemas. Le da pánico ponerse el disfraz, pero también se nota que no puede vivir sin ser Búho Nocturno”.

  “Es al enfrentarse al misterio que se plantea (sus compañeros están siendo asesinados) cuando empieza a darse cuenta del potencial de volverse a poner el viejo disfraz”, añade Snyder. “Una vez que se pone de nuevo el disfraz, se da cuenta de que ése es quien él es en realidad. Es esa clase de hombre corriente que se siente perdido hasta que redescubre su objetivo”.

  Adrian Veidt, alias Ozymandias, ya se ha fijado un nuevo objetivo más allá de su anterior vida como Máscara. Veidt, el hombre más elegante del mundo y también uno de los más ricos, se retiró antes de la Ley Keene e hizo una fortuna explotando la época de los vigilantes enmascarados en forma de muñecos articulados, dibujos animados, perfumes, libros y películas. No obstante, él piensa que tiene un destino aún más elevado. Obsesionado por las hazañas de Alejandro Magno y el faraón egipcio Ramsés II (Ozymandias es el nombre griego de Ramsés II), Veidt busca perfeccionar la condición humana.

  Mientras que Rorschach busca castigar a los culpables, Veidt piensa que esos esfuerzos son inútiles cuando todo lo que conocen podría ser destruido en un minuto. “Adrian tiene un poco de complejo de dios”, explica Matthew Goode, quien interpreta al magnate multimillonario. “Tiene la sensación de que hay que arreglar el mundo porque la humanidad parece haberse roto. Estamos constantemente guerreando entre nosotros, y cree que ningún precio es lo bastante alto cuando se trata de conseguir que el mundo se una y sea fraterno”.

  “Esa filosofía es en muchos sentidos la columna vertebral de la película”, afirma Snyder. “¿Cómo reorganizar a la humanidad y volverla pacífica? ¿Realmente alguien puede tener esa clase de control?”

  “En cierto modo, son todos unos fundamentalistas”, dice Billy Crudup, que interpreta al Doctor Manhattan, la única Máscara que tiene superpoderes de verdad. “Ven un mundo amenazador en el que su único recurso es resolver los asuntos con sus propias manos, y su deseo de poner orden en un mundo desordenado sobrepasa a la moral. Pero Jon cree en la bondad de su país, en seguir los designios de sus líderes”.

  Antes del accidente en un laboratorio nuclear, que trastocaría su vida para siempre, el Doctor Manhattan era Jon Osterman, hijo de un relojero, físico brillante y “quintaesencia del varón de los años 50”, dice Crudup, el actor que hay detrás de la luz azulada que emana del cuerpo del Doctor Manhattan.

  Aunque Manhattan decidió unirse al grupo informal de Máscaras, los otros son, en comparación, “gente que juega a disfrazarse”, afirma Crudup. “Son unos vigilantes. No creen en la estabilidad del gobierno. No creen en la capacidad de la sociedad para cuidar de sí misma. Osterman era exactamente lo contrario: alguien que cree a pies juntillas en la estabilidad de su país y en la moralidad de su gobierno. Hacía cualquier cosa que quisieran. Y al principio de convertirse en el Doctor Manhattan, sigue haciéndolo”.

  El accidente transformó a Jon Osterman en un ser superior, que experimenta a la vez el pasado, el presente y el futuro, y tiene el poder de controlar la propia materia. “No se reconstruyó en forma de mortal, se reconstruyó en forma de dios”, dice Crudup.

  Comparando al Doctor Manhattan con la existencia de una bomba nuclear, Snyder subraya: “Se convirtió en una fuerza en sí mismo, en el sentido de que su existencia cambió el modo en que veíamos todo. Creo que en cierto sentido eso es lo que representa Manhattan: esa capacidad para destruirnos o salvarnos al mismo tiempo. Las implicaciones de este nuevo poder son tremendas: ¿Está realmente de nuestro lado? ¿Qué pasaría si el poder se le escapase o se volviese contra nosotros? ¿Cómo relacionarse con eso como persona? Plantea muchas cuestiones acerca de nuestra propia manera de pensar”.

  A medida que el Doctor Manhattan se va adentrando más y más en las infinitas dimensiones del tiempo y la materia, comienza a desconectarse gradualmente de la humanidad y a sentir ambivalencia respecto de su existencia. “Siente apatía por casi todo, excepto por el funcionamiento interno de los átomos”, asevera Crudup. “Puede ver cómo funciona el universo. La humanidad tiene una variable que los físicos no parecen captar. La física es un mundo ordenado que hay que descubrir. Y la interacción humana es un mundo caótico que se aprende mediante la cruda experiencia. Se convierte en algo frustrante y pesado hasta el punto de que creo que deja de importarle”.

  “En cierto sentido anhela una relación, pero al mismo tiempo, conectar con los humanos está fuera de su alcance”, explica Snyder. “Puede ver tus partículas subatómicas, por tanto uno se convierte en una abstracción para él, y es difícil relacionarse con esa abstracción”.

  “¿Qué te haría eso como persona?”, se pregunta Snyder. “¿Qué le hace eso a tus relaciones con otras personas, con la humanidad?”

  El único ser humano con una auténtica conexión con el Doctor Manhattan es Laurie Júpiter, alias Espectro de Seda II, que se enamoró del Doctor Manhattan siendo una adolescente. Laurie es interpretada por Malin Akerman, quien opina: “Laurie estaba locamente enamorada de él, pero a medida que él se va volviendo más y más distante, no queda nada para ella en la relación. Para ella, el trabajo es para él más importante que ella. Siente como él se desenamora, y cuanto más se aleja, más pierde ella su identidad”.

  Después del asesinato de El Comediante, Laurie retoma el contacto con Dan Dreiberg, quien comparte su incipiente sensación de pérdida. “Volver a retomar el contacto con Dan le devuelve a Laurie la sensación de ser una mujer”, afirma Akerman. “Alguien la ve, por primera vez en Dios sabe cuanto tiempo, como un ser humano ve a otro. Esa nueva toma de contacto vuelve a reactivar el fuego que solía sentir cuando era Espectro de Seda, la necesidad de un subidón de adrenalina”.

  “El vínculo que los une es que tienen los mismos recuerdos de cuando luchaban contra la delincuencia”, añade Wilson. “Desde entonces, se han convertido en personas normales que intentan simplemente ir tirando en la vida sin ningún poder especial, ninguna certeza moral ni ninguna brillantez sobrehumana. Laurie predispone a Dan a ponerse de nuevo el disfraz. Es lo que más terror le da, y lo que más desea en el mundo. Sólo necesitaba que alguien le mirase a los ojos y le dijese: ‘Hagámoslo’”.

  Laurie había sido empujada cuando era una adolescente al papel de superhéroe por su madre, Sally Júpiter, quien había sido la primera Espectro de Seda. “Como Espectro de Seda II, Laurie aprendió a luchar como un hombre”, dice Akerman. “Era una mujer fuerte y poderosa, y pese a su resistencia a ser una Máscara, algo en su interior se sentía feliz”.

  La exuberante Sally Júpiter ahora vive en una finca de retiro en California, y pasa el tiempo rememorando la popularidad que disfrutó siendo una luchadora excepcional contra la delincuencia. “Sally es de la vieja escuela de los superhéroes, de la misma que el Comediante”, dice Snyder. “Para mí, representa la época dorada de los superhéroes. Entonces eran casi como estrellas de cine. Así que, en muchos sentidos, es como una estrella de cine en decadencia que nunca fue capaz de volver a disfrutar de la misma gloria y popularidad que tuvo en sus días de esplendor”.

  Carla Gugino describe a su personaje como alguien a quien “le gusta considerarse algo más refinada de lo que es en realidad. Sally ciertamente quería luchar contra la delincuencia, pero también quería llamar la atención. Cuando fue envejeciendo, se lo endilgó a su hija. Sally es un personaje muy complejo que ha pasado por muchas cosas, pero la mayor parte de su drama estaba causado por ella misma. Es una mujer que, en el fondo de su corazón, está enamorada de el Comediante, incluso aunque nunca consiguieran estar juntos”.

  Sally y Edward Blake, alias el Comediante, se sintieron intensamente atraídos el uno por el otro durante los años dorados de los Minutemen, el grupo original de superhéroes. Pero su relación se frustró irreparablemente por un encuentro que cambió sus vidas. “Ese fue el momento en que todo cambió para Edward Blake”, afirma Jeffrey Dean Morgan, quien interpreta al personaje. “Ahí fue donde apareció el auténtico lobo solitario. Se dio cuenta de que no tenía la capacidad de transmitir sus emociones, por el contrario, hiere los sentimientos de la mujer a la que ama. Después de eso, pasa su vida prácticamente solo. No sé qué clase de existencia sería esa para cualquier persona. Creo que hay algo increíblemente triste en el Comediante. Creo que espera lograr en su vida mucho más de lo que puede conseguir. Es un espíritu perdido. Los únicos momentos en que no está solo son cuando está en medio de la guerra, con sus camaradas detrás de él. Se ríe de lo peor de ello porque las cosas pequeñas no le importan. Ni siquiera la muerte le importa, hasta el momento en que se da cuenta de lo que está pasando”.

  Morgan aportó a la vez el carisma y la brutalidad del personaje. “Siempre hay una dualidad en todos los papeles, pero sobre todo en el Comediante”, dice Deborah Snyder. Cuando está disparando contra una multitud durante unos disturbios, hace que uno se pregunte: ‘¿Qué es peor, la multitud enfurecida o el Comediante?’. Por la forma en que Jeffrey lo interpreta, a uno no debería gustarle ese personaje, y sin embargo a uno le gusta”.

  Desde Nueva York hasta Marte, se desarrollan complots y conspiraciones con el destino de la humanidad pendiente de las manos de unos pocos. A medida que el Reloj del Fin del Mundo avanza hacia la medianoche y la humanidad se sumerge en su sombra, los héroes enmascarados (solitarios o megalomaníacos, compasivos o perturbados, amorosos o marginados) deberán decidir si pueden variar algo, si pueden rehacer el mundo o si, al final, su destino será sencillamente encontrar alivio en su misión o en los otros como pedazos de historia encajados en torno suyo.

  “¿Quién hace al mundo?”, observa divertido Dave Gibbons. “Supongo que la gente que vive en él. Es cuestión de planificación, porque la gente no hace nada sin planificación. Pero al fin y al cabo, creo que la pura suerte y la casualidad son factores mucho más importantes de lo que pensamos. Están entremezclados con el tejido de la realidad. Da igual lo cuidadosamente que se planee algo o lo mucho que la gente quiera algo, eso no quiere decir que vaya a suceder. Creo que al final, hay que inclinarse ante las grandes fuerzas del universo”.

3. El diseño >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "Watchmen" - Copyright © 2009 Warner Bros. Pictures, Paramount Pictures, Legendary Pictures, DC Comics, Lawrence Gordon/Lloyd Levin Productions. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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