CÓMO SE HIZO "RADIO
ENCUBIERTA"
Notas de producción © 2009
Universal Pictures
Después del tremendo éxito
cosechado por su primera película como director, Richard Curtis
empezó a buscar una idea para un nuevo largometraje. Empezó a
recordar las noches que, siendo adolescente, había pasado
escuchando el rock and roll que los pinchadiscos emitían desde
barcos piratas y estructuras marinas ancladas fuera de las aguas
territoriales del Reino Unido en los años sesenta. Estas
emisoras hicieron posible que los entusiastas radioyentes
escucharan a los Beattles, los Rolling Stones y los Kinks, así
como a legendarios músicos y cantantes como Jimi Hendrix, Dusty
Springfield, Janis Joplin y Aretha Franklin. Pero los piratas
eran una espina clavada en el dedo del gobierno, que hacía todo
lo posible para erradicar esas emisoras que llegaban a millones
de hogares británicos. La pasión que el director siente por la
música de esa época se hizo patente en Love Actually, donde se
oían temas de Joni Mitchell, Darlene Love, Paul Anka y
Lennon/McCartney. No parecía nada desencaminado que su siguiente
película se basara en este tipo de música. Decidió que
transcurriría en un barco, sede de una radio pirata, y que sus
temas favoritos estarían incluidos en la banda sonora. “Todos
los de mi generación lo recuerdan”, dice el director. “Te metías
en la cama por la noche con el transistor. Lo encendías y sonaba
una música fantástica que no se oía en ningún otro sitio. Al
rato, tus padres gritaban desde abajo: ‘¡Acuéstate, apaga la
luz, duérmete!’ Creo que mi pasión por el pop se vio reforzada
por esa sensación de ilegalidad, de prohibición”. Richard
Curtis, gran admirador de la ya clásica película de Robert
Altman, M*A*S*H y de la famosa Desmadre a la americana, de John
Landis, se puso como objetivo basarse en la estructura libre de
la primera y los chistes despiadados de la segunda. Estaba
convencido de que varios hombres viviendo en un barco anclado en
pleno mar del Norte debía dar pie a situaciones muy cómicas. El
realizador dice: “Empecé escribiendo unas cuantas escenas acerca
de cosas que podían pasar en un barco con un montón de tíos a
bordo. Lo primero que le viene a la mente a uno es la pregunta:
¿Y las chicas? ¿Van chicas una vez cada quince días para
acostarse con ellos? ¿Qué pasa si uno tiene novia? ¿Cómo te
echas novia a bordo de un barco así?”
Con sus
preguntas y recuerdos, dispuesto a pasar mucho tiempo delante de
la pantalla del ordenador, Richard Curtis empezó a escribir
RADIO ENCUBIERTA, centrando el guión alrededor de Carl, un chico
de 18 años al que han expulsado del instituto y al que su madre
manda pasar una temporada con su padrino Quentin, capitán y
dueño de un barco carente de reglas y leyes anclado en medio del
mar del Norte. El chico, que sigue virgen, busca respuestas a
preguntas vitales, y su madre, una mujer de espíritu libre, cree
que una temporada en el barco le ayudará. Llega, en palabras del
guionista, “a un barco destartalado en medio del mar, habitado
por unos pinchadiscos ególatras, que sólo viven para poner
música 24 horas diarias”.
Una vez
acabado el guión, Richard Curtis se lo dio a leer a dos hombres
con los que lleva mucho tiempo colaborando, Tim Bevan y Eric
Fellner, de Working Title. “La música, la época, la historia,
todo nos interesó”, recuerda Eric Fellner. “Tim y yo, así como
Working Title en general, tenemos mucha suerte de llevar
trabajando 15 años con Richard. Hacer una película con él
siempre aporta algo nuevo. Es una persona carismática y muy
creativa”.
La productora
Hilary Bevan Jones, que había trabajado previamente con el
director en el dramático y premiado telefilm “La chica del
café”, con Bill Nighy y Kelly Macdonald, se unió al equipo de
RADIO ENCUBIERTA. “Leí el guión y me enamoré de la historia”,
recuerda. “Estaba lleno de ingredientes que lo hacían
irresistible. Era divertido, conmovedor y la música era
fantástica. Las películas de Richard siempre tienen mucho
corazón. Desprenden calidez”.
Una vez
aprobada la producción, Working Title empezó a buscar un reparto
y un equipo capaz de volver a llevar el rock and roll de los
años sesenta a sus momentos de mayor gloria.
Ante la doble
responsabilidad como guionista y director, Richard Curtis debió
enfrentarse a una tarea nada fácil. A pesar de tener la
posibilidad de retocar el guión sobre la marcha para adaptarlo a
los actores, reconoce que fue un trabajo complicado tanto desde
el punto de vista del guionista como del director.
“Hasta que
empieza el casting, no se descubre lo que se ha escrito y qué
tipo de película va a ser”, explica. “Durante ese proceso, busco
actores que se sientan cómodos en la informalidad y dispuestos a
llegar al límite de las situaciones cómicas sin que pierdan
realismo. Por ejemplo, hicimos pruebas a 60 actores para
encontrar al que encarnaría a Carl. El único que demostró el
comportamiento despreocupado que buscaba fue Tom Sturridge”.
El actor
londinense de 23 años compara su experiencia en el rodaje a la
de su personaje: “Cuando Carl llega al barco, se queda
boquiabierto ante los disc jockeys. Cuando llegué al plató para
trabajar con actores de la talla de Philip Seymour Hoffman, Bill
Nighy, Rhys Ifans y Nick Frost, me pasó lo mismo. Me sentía
intimidado, pero también estaba entusiasmado, como le ocurre a
Carl delante de los otros personajes”.
Para el actor
que diese vida al Conde, el pinchadiscos cuyo conocimiento del
rock solo se ve mermado por su engreimiento, los cineastas
siempre pensaron en un intérprete estadounidense. “El pincha más
famoso de la época era un americano llamado Emperador Rosko”,
dice Richard Curtis. “Me gustaba mucho la idea de dar el papel a
un estadounidense, y tuvimos la enorme suerte de conseguir al
mejor actor del mundo para hacer de Conde”.
Cuando leyó
el guión, Philip Seymour Hoffman se quedó impresionado por el
empeño de Richard Curtis para que el Conde simbolizara el
espíritu rebelde de la época. Ve a su personaje como “un hombre
que vive donde puede hacer lo que le gusta, pinchar discos, y le
da igual dónde”. El actor también ve al Conde como quien hizo
posible que millones de ingleses escucharan una música que les
comunicaba algo. “Él representa un cierto tipo de música”, sigue
diciendo, “y cree que el rock and roll es la mejor medicina”.
“No me cabe
duda de que Philip es posiblemente el mejor actor del mundo en
este momento”, dice su compañero Bill Nighy. “Ha sido un placer
trabajar con él, nos ha hecho sentir muy cómodos a todos. Es de
esos actores a los que les basta apretar un botón para meterse
en la piel del personaje”.
Bill Nighy,
que ya había trabajado con el director en Love Actually y “La
chica del café”, da vida a Quentin, el capitán del barco pirata,
hogar de Radio Rock. El actor aceptó el papel sin leer el guión:
“Admiro profundamente a Richard, y me encantan sus guiones. Por
eso sabía que iba a estar bien. Y no me equivoqué, el guión es
tremendo”. Y añade, hablando del realizador: “Richard tiene un
don especial para conseguir que se rían cientos de personas a la
vez en la oscuridad de una sala de cine”.
Richard
Curtis reconoce que, al escribir el guión, albergaba la
esperanza de que Bill Nighy estuviera libre para el papel de
Quentin. “Siempre pienso en un par de actores para mis
películas, y Bill es uno de ellos”, dice. “Es sorprendente que
el casting sea algo tan apartado del proceso de escritura, pero
luego es formidable descubrir que, inconscientemente, has
escrito el papel para alguien que te gusta”.
Para el papel
de Gavin, el pincha que regresa a Radio Rock con vistas a
recuperar el trono del mejor DJ de las ondas europeas, los
cineastas se inclinaron por otro de sus favoritos, Rhys Ifans.
El actor trabajó anteriormente con Working Title en Notting
Hill, interpretando a Spike, el compañero de piso de Hugh Grant.
“Para encarnar a Gavin, era necesario encontrar un actor capaz
de rivalizar con quien hiciera de Conde”, dice Hilary Bevan
Jones. “Rhys es perfecto para el papel. Desprende magnetismo a
raudales”.
“Richard fue
muy valiente al darme un papel tan diferente del de Spike”, dice
Rhys Ifans. “Me ofreció algo muy especial. La simpatía de
Richard es palpable en toda la película. Richard cree en el amor
y de eso va la película”.
Para el papel
del carismático disc jockey Dave, se escogió al cómico Nick
Frost, conocido por sus papeles en Arma fatal/Hot Fuzz y en la
com-rom-zom Zombies Party/Una noche de muerte. “Cuando te llaman
para ofrecerte un papel en la siguiente película de Richard
Curtis, habría que estar loco para decir que no”, dice el actor,
riendo. “No creo que haya nadie actualmente capaz de hacer lo
que hace él. Sus películas son geniales, hablan de la amistad y
carecen de cinismo”.
Los otros
pinchas, gracias a los que Radio Rock emitía 24 horas al día 7
días a la semana, están encarnados por un grupo de talentosos
actores. Chris O’Dowd, conocido por su papel en la comedia
televisiva “Los informáticos/The IT Crowd”, es Simon, el in-
creíblemente amable (e ingenuo) D.J. encargado de animar la hora
del desayuno. Ralph Brown, al que conocemos por papeles como
Danny, el camello de Withnail y yo, y el preso de Alien 3, es
Wee Small Hours Bob/Bob de madrugada, “el que camina al
amanecer”. El cómico neozelandés Rhys Darby, conocido por su
papel en la serie cómica de culto “Los Conchords”, es Angus “The
Nut” Nutsford/Angus el plasta. Tom Wisdom, de 300, es Midnight
Mark/Mark a medianoche, capaz de seducir a cualquiera con una
palabra, y Will Adamsdale es John, el hombre de las noticias.
Otros
personajes a bordo están encarnados por Katherine Parkinson, a
la que vimos en “Los informáticos/The IT Crowd”, como Felicity,
la cocinera lesbiana presa de mal de amores. Tom Brooke y Ike
Hamilton son, respectivamente, Thick Kevin/Kevin el corto y el
tímido maquinista Harold. La actriz estadounidense January
Jones, aclamada por su trabajo en “Mad Men”, es Elenore, el gran
amor de Simon. Finalmente, Talulah Riley, de Orgullo y
prejuicio, es la coqueta sobrina de Quentin, por la que Carl
bebe los vientos.
Pero la
historia de Richard Curtis no solo está poblada por los
habitantes del barco pirata. También están los miembros del
gobierno, decididos a impedir que sigan emitiendo. El
equivalente de Quentin en tierra firme es sir Alexander
Dormandy, el ministro que ha hecho suya la misión de destruir
todas las radios piratas e impedir que sigan ensuciando las
ondas británicas. Para encarnar al insoportable Dormandy, un
personaje que la productora asociada Emma Freud describe como
“un villano tridimensional de maravillosa sonrisa”, los
cineastas escogieron al conocido actor Kenneth Branagh. “Fue una
gran suerte que Kenneth quisiera hacer de ministro”, dice la
productora Hilary Bevan Jones. “Está increíble y es muy gracioso
en el papel. Dudo que haya alguien en el mundo capaz de
pronunciar la palabra ‘cloaca’ como él”.
El actor y el
director habían coincidido en varias ocasiones durante los
últimos años, pero nunca habían trabajado juntos. “Recuerdo que
Emma y Richard vinieron al estreno de Mucho ruido y pocas nueces
y Los amigos de Peter. Siempre me felicitaban y me daban ánimos.
Ha sido una alegría para mí poder trabajar juntos por fin”, dice
Kenneth Branagh.
Se quedó
impresionado por la narrativa y el sentido de comedia coral del
guión de Richard Curtis: “Las fuerzas oscuras tienen un papel
preeminente en la historia, además de contener numerosas y
sutiles observaciones sociales acerca de un momento crucial, de
cambio, en la sociedad de la época. Richard ha sabido hacer una
lectura cómica y entretenida a través del impacto de una radio
pirata en la sociedad. Ha sabido plasmar el espíritu de una
deliciosa anarquía cómica, lo que me parece admirable”.
De la misma
forma que Quentin tiene una cierta relación paternalista con
Carl, el ministro Dormandy hace lo propio con su protegido. Jack
Davenport, conocido por su papel en otra aventura marina, las
entregas de Piratas del Caribe, es Twatt, el ayudante de
Dormandy. Sinead Matthews, a la que vimos en Happy: un cuento
sobre la felicidad, de Mike Leigh, es la Srta. C, sufrida
secretaria del ministro.
Una vez
completado el reparto, solo quedaba imaginar cómo sería pasar
una temporada en un barco nada confortable en las heladas aguas
del mar del Norte, y seleccionar las canciones que alegrarían la
vida a actores y equipo.
Mientras
repasaba los papeles que había creado, Richard Curtis empezó a
darse cuenta de la enorme tarea que tenía por delante. Dice:
“Cuando se escribe el guión, solo se piensa en conseguir hacer
la película. Luego, cuando se acaba de escribir, uno vuelve a la
realidad y piensa: ‘Dios, si se hace esta película, habrá que
encontrar un barco adecuado, grande, viejo, y todos los actores
deberán aprender a pinchar… y al final de la película ocurre
algo fantástico’”.
“Y aquí
empieza esa divertida desconexión entre guionista y director”,
sigue diciendo. “El guionista escribe lo que le apetece y el
pobre director se encuentra con el guión. Pero ha sido un rodaje
realmente genial. Hubo que encontrar un barco de verdad y salir
con ese barco cada día para rodar con buen o mal tiempo. Era un
barco muy poblado, 140 personas en total entre maquilladores,
catering, vestuario, actores, equipo de cámara, decoradores,
eléctricos, carpinteros, etcétera. Zarpamos cada día durante
cinco semanas sin tener en cuenta el tiempo en ese viejo barco
que alquilamos en Escocia”.
Con la
intención de preparar a los actores para la vida en Radio Rock,
Richard Curtis les mandó de “campamento” al barco donde tendría
lugar el rodaje. Ensayaban durante el día. Al atardecer jugaban
a los dardos, al futbolín, cenaban y bebían antes de retirarse a
unos camarotes diminutos. “Esos días nos unieron mucho”, dice
Rhys Ifans. “Todos descubrimos enseguida que teníamos unos
magníficos compañeros”.
Para poner a
los actores en ambiente, el director organizó pases de M*A*S*H,
de Robert Altman. “Tuve esta película en mente durante todo el
rodaje”, dice el pincha Bob, alias Ralph Brown. “Hay un
sentimiento comunitario entre los personajes de M*A*S*H parecido
a lo que intentábamos conseguir. Parece que la cámara observa
una acción real, más que una escena ensayada. Y es lo que
Richard quería para esta película”.
Emma Freud y
el asesor técnico JOHN REVELL, DJ profesional, ayudaron a los
actores a convertirse en pinchadiscos creíbles, trabajando con
ellos en un estudio radiofónico de Londres. Se reunieron con el
ex pinchadiscos pirata Johnny Walter y con el pincha Chris Evans
para cotejar diferentes estilos. Al final del cursillo
acelerado, los actores grabaron un programa de una hora que se
usaría posteriormente en la película.
“No es fácil
ser un buen pinchadiscos de radio”, explica la productora
asociada Emma Freud, acostumbrada a trabajar en ese medio. “La
voz debe ser auténtica y honrada, además de interesante,
graciosa y agradable. Fue el doble de difícil para los actores
porque no podían ser ellos mismos, sino sus personajes. Primero
les enseñamos la vertiente técnica, la colocación de los discos,
cómo encontrarlos. Luego, poco a poco, descubrieron su voz
durante los ensayos”.
Debido a
anteriores compromisos profesionales, Philip Seymour Hoffman
llegó varias semanas después del comienzo del rodaje. No tuvo la
oportunidad de ensayar ni de participar en los “cursillos”
radiofónicos. “Cuando llegó, disponía de una hora para aprender
a ser pinchadiscos”, recuerda Emma Freud. “Pero era increíble
delante del micro, parecía que lo hubiera hecho siempre.
Decidimos que su personaje debía ponerse de pie durante un
programa. Su manera de sujetar el micro era genial, le daba un
estilo totalmente diferente al de sus compañeros”.
El rodaje
empezó el 3 de marzo de 2008 y duró un total de 14 semanas, de
las que cinco transcurrieron en Portland Harbour, condado de
Dorset, en un barco llamado Timor Challenge. En cuanto al barco
en cuestión, el diseñador de producción Mark Tildesley recuerda:
“No fue nada fácil encontrar un barco adecuado en el que rodar.
Necesitábamos una nave segura, que pudiera albergar a bastantes
personas entre actores y equipo, y que se adecuara a la época.
Muchos de los barcos que nos gustaban carecían de motores en
condiciones”.
La búsqueda
acabó en Escocia al encontrar el Timor, que empezó su andadura
como barco de arrastre antes de convertirse en un barco hospital
para acabar como barco de rescate en las plataformas
petrolíferas. Para que el Timor pareciera el auténtico hogar de
una radio pirata, se instalaron dos enormes antenas en
cubierta”.
“Las antenas
fueron un problema”, reconoce el diseñador de producción. “Solo
podíamos rodar si el tiempo era apacible. Si la mar se ponía
bravía, debíamos quedarnos en el puerto”. Por suerte, durante
las cinco semanas de rodaje, el tiempo se portó bien, con tan
sólo tres días con fuerte oleaje. Se construyeron dos decorados
en un almacén cercano al puerto, y durante esos días de mal
tiempo el rodaje se trasladó allí.
“En la
industria siempre se dice que es mejor no trabajar con niños,
animales ni agua”, explica Hilary Bevan Jones, riendo. “El agua
es un personaje rebelde. Tardábamos 45 minutos en salir a alta
mar e incluso algo más en regresar. Los días de trabajo eran muy
largos. La corriente y el viento movían el barco y fueron
necesarios varios remolcadores para mantener el Timor Challenge
en la misma posición, para que no se viera la tierra”.
El mar picado
no fue el único obstáculo en los planes trazados por Richard
Curtis y el director de fotografía Danny Cohen. La productora
Hilary Bevan Jones explica que debieron tener en cuenta el
factor mareo en cada paso de la producción: “Ante todo, ni los
actores ni el equipo debía marearse. Todos íbamos cargados de
pastillas antimareo; el barco se movía mucho a veces”.
Algunos
interiores del barco se rodaron en los estudios Shepperton y en
los Pinewood, a las afueras de Londres. Para recrear el
movimiento del mar, los decorados se construyeron sobre un
mecanismo hidráulico que se movía al antojo de los cineastas. El
realizador, el director de fotografía y el diseñador de
producción estaban convencidos de que rodar en pasillos
estrechos y en diminutas habitaciones plantearía dificultades,
pero también añadiría mucho a la situación cómica: grandes egos
atrapados en pequeños espacios.
Por ejemplo,
Dave y Carl hablan un momento en el lavabo acerca de la patética
vida amorosa de este último (antes de que entre la novia de
Dave). La escena se rodó en el espacio más pequeño que Mark
Tildesley pudo diseñar. Richard Curtis recuerda: “Le dije a Mark
que debía ser un lavabo auténtico, pero diminuto, donde apenas
cupieran tres personas. Mark construyó la habitación más pequeña
posible. Efectivamente, cuando ensayamos la escena, casi no
cabían los tres en el lavabo, sobre todo porque uno de ellos era
Nick Frost. Y pensamos: ‘¿Dónde vamos a meter al cámara y al
microfonista?’ Entonces se nos ocurrió quitar una de las
paredes, pero seguían muy apretados”.
El realizador
Richard Curtis sabía que no era posible realizar una filmación
tradicional en un barco con pasillos estrechos y espacios
reducidos. Con el director de fotografía Danny Cohen, decidieron
que lo mejor era “colocar a dos operadores cámara al hombro para
rodar diferentes ángulos y transmitir que RADIO ENCUBIERTA es
una película informal, caótica incluso. No hay panorámicas,
primeros planos ni nada de eso. La cámara se mueve en el espacio
del que dispone”.
Los actores,
a pesar de la falta de espacio que sufrieron en varias
ocasiones, estaban de acuerdo en que era un agradable cambio
dejar los estudios y los platós cerrados por el mar abierto. El
realizador se aseguró de que el rock and roll siempre estuviera
presente durante el rodaje. Además, se oía música de los años
sesenta yendo al barco y volviendo a puerto. Algunos actores y
técnicos incluso encontraron tiempo para pescar durante los
descansos.
El supervisor
musical NICK ANGEL, colaborador habitual de Working Title Films
y de Richard Curtis, trabajó muy de cerca con el realizador para
que lo mejor de los sesenta llenara la gran pantalla en RADIO
ENCUBIERTA. “Richard quería que la música fuera una parte
íntegra de la película”, dice Nick Angel. “Es la música que le
gusta, y mi cometido ha sido conseguir las canciones que quería
incluir en la película”.
El trabajo
empezó hace dos años cuando el director le contó a Nick Angel
que escribía un guión basado en el mundo de las radios piratas
en los años 66 y 67. El supervisor musical, que ya había
colaborado con Richard Curtis en Notting Hill y Love Actually,
se puso inmediatamente manos a la obra, recopilando temas que
podrían servir para la película.
Dice: “Grabé
unos CD para Richard con temas que me gustaban y otros que me
parecían interesantes. Así podría escucharlos mientras
trabajaba. Richard es un apasionado de la música y está claro
que tenía ideas propias, pero aproveché para refrescarle la
memoria”.
Los dos
empezaron a recopilar canciones. Al final, debieron escoger
entre los 200 temas seleccionados. Para ayudar a los actores a
familiarizarse con la música de Chris Farlowe, The Troggs, The
Supremes y The Turtles, el realizador dio iPods a los futuros
pinchas con una selección de temas escogidos por Nick Angel y
él.
Al acercarse
la fecha del rodaje, consiguieron reducir la lista a 70 temas.
Una vez rodada la película, y durante el montaje, Richard Curtis
y el montador de música STEVE PRICE empezaron a armar el
rompecabezas musical, encajando canciones con escenas y
ambientes específicos. Al final, la película contiene 54 temas.
“Son muchas”,
dice el supervisor musical. “Pero se debe tener en cuenta que la
historia transcurre en una radio pirata, y que se oye música
casi todo el tiempo. Es una mezcla genial. Hay temas muy
populares, grandes favoritos, y otros mucho menos conocidos”.
El resultado
es un auténtico banquete musical de los sesenta con The Rolling
Stones (“Jumping Jack Flash” y “Let’s Spend the Night
Together”); The Kinks (“All Day and All of the Night”); The Who
(“My Generation”, “I Can See for Miles” y “Won’t Get Fooled
Again”); Small Faces (“Lazy Sunday Afternoon”); Jimi Hendrix
(“The Wind Cries Mary”); Leonard Cohen (“So Long, Marianne”);
The Supremes (“The Happening”); Otis Redding (“These Arms of
Mine”); The Hollies (“I’m Alive”); Smokey Robinson and The
Miracles (“Ooo Baby Baby”); Sandie Shaw (“Girl Don’t Come”), y
muchos otros.
El álbum de
la banda sonora incluirá 40 de los temas que se oyen en RADIO
ENCUBIERTA. El premiado cantante Duffy ha grabado una versión de
“Stay With Me Baby” para la película. Además, el galardonado
compositor HANS ZIMMER ha compuesto la música original de una
parte clave de la comedia.
“Conseguimos
casi todo lo que queríamos para la película”, dice Nick Angel
con orgullo. “Solo hubo un par de temas que no pudimos incluir
por diversas razones, pero eran alternativos. Estamos realmente
satisfechos con el resultado”.
Una vez
acabado el rodaje, con los actores y los miembros del equipo
finalmente secos y sin síntomas de mareo, el director Richard
Curtis y la montadora Emma Hickox se encerraron en la sala de
montaje, mientras los demás recordaban los buenos momentos
pasados.
“Richard
tiene el don de atraer a un público que no suele ir
habitualmente al cine”, dice el productor Eric Fellner. “No sé
muy bien por qué ocurre, pero creo que sus películas contienen
un elemento mágico que convence al espectador para ir al cine
porque sabe que va a disfrutar de dos horas mágicas”.
Acerca de
rodar una película en la que ha podido combinar su amor por la
música, la comedia y el romance, el realizador dice: “Fue una
época fantástica para la música. Ha sido genial poder rodar una
película con la excusa perfecta para poner música en cada una de
las escenas. Espero que el espectador piense que sería
maravilloso estar entre ese grupo de gente en ese barco
destartalado. Uno de los atractivos de Cuatro bodas y un funeral
era que el público tenía la impresión de que pertenecía al grupo
de amigos. Espero que esta película sea algo parecido a pasar un
fin de semana muy agradable con las personas que mejor nos caen
cuando no discuten”.
Imágenes
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