CÓMO SE HIZO "PRESENCIAS
EXTRAÑAS"
Notas de producción © 2009
Paramount Pictures Spain
En 2002, los
productores Walter F. Parkes y Laurie MacDonald produjeron el
trhiller de terror de gran éxito “La señal”, un innovador remake
de la película japonesa “Ringu”, que marcó el principio de una
nueva tendencia en las películas de género: el thriller que hace
pensar. Posteriormente, produjeron la exitosa secuela de la
película, “La señal 2”, en 2005. Desde que comenzaron este nuevo
ciclo de adaptación de películas de terror asiáticas, Parkes y
MacDonald andaban buscando un proyecto que les pareciera tan
ingeniosamente concebido y realizado como “La señal”, y
finalmente lo encontraron cuando el productor Roy Lee llamó su
atención sobre la película coreana original, de gran éxito, en
la que se ha basado “Presencias extrañas”. “Era una historia muy
intrigante que tenía, en su médula, algo que estaba maduro para
ser traducido”, recuerda Parkes. “Lo mejor es que estas
películas se parecen a los cuentos de hadas en que hay un
marcado trasfondo moral, lo que supone un punto de partida
magnífico para elaborar una historia de terror. Mira “La
profecía”, en la que el hijo de Gregory Peck muere al nacer y él
roba otro bebé y no se lo dice a su mujer. La película coreana
original que inspiró “Presencias extrañas” posee también la
interesante y clásicamente primordial historia de una
adolescente que, habiendo pasado diez meses en una clínica
mental tras sufrir una crisis nerviosa debido a la muerte de su
madre, regresa para descubrir que la mujer que cuidaba de su
madre está viviendo ahora con su padre. Aquí hay un fuerte
sentido de trasgresión moral. Los adolescentes, a pesar de toda
su rebeldía, son seres muy morales. Yo tengo dos hijos
adolescentes, y tienen un fuerte sentido de la familia y de sus
tradiciones. El sentido de pertenencia a un pasado colectivo es
muy importante, y su moralidad proviene de ello. Algo se desboca
en un adolescente cuando se rompe una promesa familiar”. Tras
conseguir los derechos, Parkes y MacDonald comenzaron el proceso
de lo que Parkes califica como “traducción”. “Utilizo la palabra
‘traducción’ por una razón”, insiste Parkes. “No se trata
simplemente de imitar. Se trata de entender lo que algo
significa allí, y convertirlo en algo que tenga sentido aquí.
Traducir no sólo el idioma, sino también el contexto, el entorno
social, y la manera en que el público percibe las historias, que
es diferente de la forma en que lo hace el público coreano.
Parte de nuestro trabajo consistía en clarificar sustancialmente
la narrativa para que fuera comprensible, pero conservando a la
vez ese matiz de ambigüedad que vuelve tan fascinante al cine
asiático. Necesitábamos comprender cuáles eran los valores de
esta película dentro de su cultura, y ser tan disciplinados como
fuera posible al traducirlos a la nuestra”.
Para Parkes,
‘traducir’ significaba también trasponer la sensibilidad de la
historia para darle un aspecto casi clásico. “En Hollywood, el
terror ha tendido a refugiarse principalmente en el mundo de las
películas de bajo presupuesto”, explica Parkes. “Pero hubo una
época en que los mejores directores, actores y escritores hacían
películas de terror: “La guarida” de Robert Wise, “La semilla
del diablo” de Roman Polanski, “El exorcista” de William
Friedkin, y “Carrie” de Brian De Palma. “A eso le siguió una
época en la que el terror se convirtió en el tema de películas
de cuchilladas, como “Pesadilla en Elm Street” y “Halloween”.
Luego, comenzando con películas como “El sexto sentido”, las
películas de terror volvieron a llegar al gran público.
Realmente, nos han hecho volver a las películas que nos gustaban
cuando éramos unos chavales. Y están atrayendo a los cineastas
por una razón concreta: es el único género que provoca un alto
nivel de reacción visceral, emocional y física en el espectador.
En el material subyacente de “Presencias extrañas”, vimos otra
oportunidad para hacer este tipo de películas”.
“Presencias
extrañas” se inspira en, y rinde homenaje a, esas películas de
terror clásicas, revela Parkes. “Como en la película de
Hitchcock “La sombra de una duda”, existe la sensación de que un
miembro de la familia puede que tenga un pasado que no es
exactamente como se cree. Y, en una película más reciente como
‘Lo que la verdad esconde’, existe la sensación de que algo va
mal en un entorno aparentemente hermoso. Gran parte de
“Presencias extrañas” trata de la memoria, y de cómo nos
implicamos emocionalmente con los lugares donde crecimos. Cada
pequeño rincón parece tener una gran importancia para Anna. Y
luego, cuando alcanzamos la madurez, lo vemos todo desde un
ángulo distinto, y comenzamos a preguntarnos: ¿qué sucedió
realmente todos esos años?”
Parkes y
MacDonald se pusieron entonces a buscar el director adecuado, o
en este caso, los directores. En el proceso de selección, los
hermanos Guard, noveles realizadores británicos conocidos por su
trabajo en publicidad, destacaron pese a su falta de experiencia
en largometrajes. Parkes y MacDonald vieron en ellos un talento
similar al de Gore Verbinski, quien dirigió “La señal”. “Es raro
que los directores de anuncios tengan ese fuerte sentido de la
historia”, dice Parkes. “Tom y Charlie Guard hicieron un anuncio
de 60 segundos para una marca francesa de cerveza, y contenía
una historia competa: planteamiento, nudo y desenlace, un
sentimiento de lugar, un sentimiento de pérdida. Quedé muy
impresionado por su trabajo”.
Además, las
conversaciones con los hermanos revelaron que eran dos almas
gemelas. “Con Tom y Charlie, lo primero que vimos fue que eran
muy reales, frescos y con estilo en su enfoque”, dice Parkes.
“Eso parecía muy apropiado para esta película porque no se
quería que la técnica se superpusiera a la historia. Pero lo que
resultó definitivo de verdad para nosotros fue que no hablaran
de las expectativas del público. No hablaban para nada de
sustos. Hablaban de Freud, acerca del caso de una joven y de
cómo reaccionaría ante el hecho de que su padre tuviera un
romance. El hecho de que llegaran hasta el concepto emocional me
hizo sentir seguro de que serían sensibles hacia lo que era más
importante para nosotros: la historia. Fue impresionante el
hecho de que Freud les proporcionara un contexto para lo que
querían hacer. Sentí que compartíamos un lenguaje común”.
Charles Guard
recuerda aquella conversación. “El material de terror nos atrae
en un sentido psicológico. ‘La semilla del diablo’, ‘Los otros’,
‘El sexto sentido’, son thrillers psicológicos a la vez que
películas de terror. Lo que nos atrajo de este proyecto fue que
borraba las fronteras entre los géneros, lo que nos pareció
emocionante. Nuestro gusto se ha orientado siempre hacia lo más
clásico de la gama”.
“El cine de
terror asiático nos ha influido mucho”, añade Tom Guard, porque
todo se sugiere. Gran parte de ello estriba en las expresiones
de los personajes y en la expectación. El cine asiático es mucho
más libre con la narrativa que el cine occidental. Pensamos que
el guión (traducido) era buena fusión de ambos porque contaba
con escenas muy fuertes estilo película del Oeste, pero luego
tenía esos huecos entre medias, que es donde se produce el
terror. Ésos eran los momentos que más nos gustaban porque eran
más sueltos, los más callados, trataban acerca del modo en que
las personas ven las cosas o creen que lo han hecho. Así que
esperamos que esta película sea un puente entre la sensibilidad
occidental y la oriental”.
Arielle
Kebbel, que interpreta a Alex y es una gran fan de la película
coreana original, dice que los hermanos Guard han conseguido
captar con éxito en su adaptación la maestría cinematográfica
del original. “En la película original, me cautivó su brillante
coloración, porque hacía que todo fuera dramático y como de
cuento de hadas. Yo no tenía un sentido de lo que era real y lo
que no, así que me veía obligada a dejarme llevar. Creo que Tom
y Charlie hicieron un magnífico trabajo al incorporar esa
sensación misteriosa en la película porque fueron capaces de
realizar una hermosa película que a la vez resulta terrorífica
de ver. Lo que hace que una historia sea de terror no son las
vísceras, sino lo que ocurre cuando personas reales son puestas
en situaciones tan sombrías que hacen cosas que normalmente no
harían”.
Kebbel, por
supuesto, forma parte del sobresaliente elenco de actores
atraídos por la película, entre los que están David Strathairn y
Elizabeth Banks, ninguno de los cuales había aparecido antes en
este género de películas. “El thriller psicológico era un género
en el que nunca había participado, así que era algo curiosos
para mí”, dice Strathairn. ¿Cómo contar esta historia cuando el
golpe de efecto definitivo está sujeto a engaño y misterio y
confusión acerca de lo que está pasando realmente? Pero entonces
Tom y Charlie esbozaron algunos interesantes esquemas acerca de
cómo querían investigar el viaje de esta chica a través del,
¿cómo llamarlo, ‘estrés pos-traumático’?, y como afectaría a los
otros personajes. Parecía una historia muy atractiva de contar”.
En cuanto a
Banks, que interpreta al amor de Strathairn y es famosa por su
trabajo en comedias, le atrajo la idea de interpretar por fin a
la mala, alguien “un poco más inquietante, cuya sexualidad salta
a la vista, mujeres como Rebeca De Mornay en “La mano que mece
la cuna”, Sharon Stone en “Instinto básico”, o Glenn Close en
“Atracción fatal”. Fueron malas estupendas. Me encantan esas
películas y esas interpretaciones”.
Banks
confiesa también que ha sido fan de Strathairn desde su época de
estudiante de arte dramático, y eso acrecentó su interés por el
proyecto. “Conocí a David hace mucho tiempo, cuando yo estudiaba
arte dramático. Hizo una lectura de la obra de un amigo en Nueva
York, y me pareció muy enrollado que ese actor tan astuto y
experimentado leyese la obra de un tipo joven. Alguien como
David todavía tiene la oportunidad de encontrar un público nuevo
en cada esquina, y a ese público le va a encantar. Es
simplemente magnífico: serio y gracioso, tiene don
interpretativo.
La alusión de
Banks a De Mornay es acertada, afirma la co-protagonista Kebbel.
“Elizabeth bordó el papel. Después de la primera lectura pensé:
‘No me meteré con ella’. Una de mis películas de terror
favoritas de todos los tiempos es “La mano que mece la cuna”. La
vi cuando era una niña y desde entonces me he sentido perturbada
y asustada por Rebecca De Mornay. Elizabeth me recordaba mucho a
De Mornay. No podía creer en donde me había metido: mi peor
pesadilla se había convertido en realidad”, dice riendo. “Hizo
un trabajo fabuloso”.
Pese a la
presencia de un reparto tan sólido, la selección de Anna
demostró ser el elemento más crucial. La fuerza de la historia y
su demoledor final depende de la credibilidad del actor que
interprete al protagonista. El papel fue para Emily Browning en
su primera película desde que alcanzase la fama con “Una serie
de catastróficas desdichas de Lemony Snicket”. “Al hacer el
casting de esta película, hay que empezar por Anna porque vemos
la historia a través de sus ojos”, explica Parkes. “Laurie y yo
habíamos producido ‘Lemony Snicket’, que fue el debut
cinematográfico de Emily. Y ya entonces (creo que estaba a punto
de cumplir los 14 durante el rodaje) Emily tenía las cualidades
excepcionales de algunas de nuestras estrellas auténticamente
grandes. En primer lugar, uno puede verla no hacer nada, y
sentirse intrigado. Hay algún aspecto de ella que mantiene
oculto para los demás. Hacia el final del rodaje de ‘Lemony
Snicket’, nos dijimos: ‘esta chica debería hacer un thriller’.
Dos años y medio después, cuando supimos de la película coreana
y decidimos adquirirla, ya teníamos a Emily en mente. Fue una de
esas felices vicisitudes en las que nuestro conocimiento de lo
que ella podía hacer y el material encajaban perfectamente”.
“Emily tiene
una cualidad intemporal”, continúa Parkes. “Es alguien a quien
se podría encontrar en 1.900 pero es también muy contemporánea.
Realmente uno no puede situarla, y eso es muy importante en este
género, esa sensación de misterio es esencial. Conocemos un
montón de actrices jóvenes que están llenas de cultura
contemporánea, pero eso le alejaría a uno de la historia. Le
alejaría a uno del personaje que ha estado 10 meses apartado de
la vida cotidiana”.
Banks, que
pasó la mejor parte de su papel en escenas junto a Browning,
está de acuerdo con Parkes. “Emily tiene un talento fabuloso y
es muy profesional y encantadora. Y es muy ingeniosa, lo que me
parece fabuloso en alguien tan joven. Me sentí muy
impresionada”.
Pese a todos
los cumplidos, Browning dice que se siente muy agradecida de
volver a hacer películas con un proyecto tan magnífico. “Es la
primera gran película norteamericana que hago desde ‘Lemony
Snicket’, hace tres años. Quería terminar el instituto”, explica
Browning, “así que dejé de actuar por un tiempo. Medité mucho en
lo que debería ser mi primera película cuando empezase a actuar
de nuevo. Había unas cuantas cosas entre las que elegir, pero me
encantó este guión porque no veía venir los giros de la trama.
Eso es realmente asombroso porque, por lo general, cuando estoy
leyendo un guión, me lo puedo figurar en seguida. Me sorprendió
de verdad el final, que era muy guay”.
La inclusión
de Kebbel y Browning en el reparto condujo a una rápida amistad,
pese a un incómodo comienzo, lo que refleja en muchos sentidos
la progresión de la historia. “Nos conocimos en una de las
audiciones”, recuerda Browning. “Yo tenía jet lag y estaba muy
cansada, así que estaba muy callada. Arielle estaba nerviosa y
daba voces”.
“En un
momento dado, se suponía que yo tenía que enfadarme mucho con mi
padre y salir de la habitación dando voces”, interviene Kebbel,
“pero no había mucho espacio en la sala de audiciones. Así que,
en vez de salir dando gritos, golpeé la pared. Emily se
sobresaltó y le dijo después a su manager que yo le daba mucho
miedo”.
“Arielle
Kebbel y yo nos conocimos en una de las audiciones”, recuerda
Browning. “Arielle parecía nerviosa, pero también muy enérgica y
segura. Yo tenía jet lag y estaba cansada, así que estaba muy
callada. Arielle debió pensar que yo era bastante tímida. Pero
luego, cuando nos encontramos en Vancouver, en donde estábamos
rodando, me invitó a salir a cenar y no podíamos parar de
hablar, nos divertimos muchísimo. Es curioso lo que te puede
hacer el jet lag”.
Esa facilidad
para bromear, las constantes exclamaciones, y la costumbre de
acabar una las frases de la otra reflejaban la relación en la
pantalla entre Anna y Alex. “Arielle y Emily aportaron muchísima
energía en el plató y a sus personajes”, dice Banks. “Tenían una
relación fantástica. Fue una mezcla realmente estupenda. Uno
creía completamente que eran hermanas”.
Para Browning
y Kebbel, trabajar con los hermanos Guard reveló un interesante
paralelismo. “Era la historia de dos hermanos dirigiendo una
película”, dice Kebbel riendo. “Tienen una comprensión total de
esta historia porque son dos hermanos haciendo una película
acerca de los lazos fraternales. Se acababan mutuamente las
frases igual que Emily y yo, y como lo harían Anna y Alex”.
“La suya es
una verdadera compenetración”, interviene el productor Walter
Parkes. “Y eso era muy fácil para mí porque yo estoy
compenetrado con mi mujer, y muy a menudo, soy secretamente
aconsejado acerca de todo. Son como una sola mente. Nunca les he
visto discutir. Hay una dinámica ahí que me parece muy
saludable”.
“Y fue un
placer tratar con directores que, debido a su propia relación,
sabían cómo colaborar. Rara vez me he sentido tan bienvenido al
sentarme al monitor, y no creo que eso tuviera nada que ver con
Laurie ni conmigo. Creo que están acostumbrados a compartir sus
opiniones porque comparten muchas cosas el uno con el otro. Eso
creaba un ambiente muy abierto en el plató”.
Dos hermanas,
dos directores y, por si fuera poco, dos historias que contar.
“Fue divertido y difícil”, dice Browning sobre el hecho de
interpretar las dos historias paralelas de la película sin
desvelar el juego. “Había muchas veces en que teníamos que tener
más cuidado con los más pequeños detalles de la historia de lo
que suele ser habitual al hacer un drama normal, porque teníamos
que asegurarnos de no desvelar nada. Teníamos que mantener cosas
en secreto para el público, pero a la vez tenía que tener
sentido si lo veían otra vez. Las pistas tenían que estar ahí
todo el tiempo. Era realmente delicado”.
“Se trataba
de asegurarnos de que cualquier cosa que interpretásemos se
pudiera entender de dos formas”, añade Banks. “Como cuando estoy
trinchando el asado: el cuchillo y la forma en que trincho
podrían parecerle a alguien muy amenazadoras, o bien yo podría
estar simplemente trinchando un asado. Se trataba de hacer las
cosas un poco ambiguas para que se pudiesen interpretar de dos
maneras. Anna ve una cosa, pero visto por otros, podrían ver
algo completamente diferente”.
“Era una
narrativa bastante complicada, y contarla eficazmente suponía un
auténtico reto”, concluye el director Charles Guard. “Así que
fue increíblemente útil contar con unos actores tan inteligentes
y brillantes. Nos ayudaron realmente a meternos en la piel de
los personajes, y a explorar la narrativa de la forma más
completa posible”.
La mayor
parte de “Presencias extrañas” se rodó en un sola localización,
una asombrosa finca al borde del mar en Bowen Island, en la
Columbia Británica, a un corto paseo en barco hacia el oeste
desde Vancouver en el continente. El ochenta por ciento de la
historia tiene lugar en la casa, así que no podíamos hacer la
película sin tener una adecuada”, dice Parkes. “No podía ser más
importante. Buscamos en Luisiana, un entorno que es a la vez
hermoso y ligeramente amenazador. Encontramos dos casas que eran
unas opciones estupendas, pero ambas fallaron. Lo pasamos mal
para encontrar algo que tuviera tanto conexión con la historia
como las posibilidades logísticas adecuadas”.
“Pero luego
tuvimos la suerte de encontrar en Canadá un lugar que parecía
haber sido construido para la película”, continúa. “Era
perfectamente evocador y sugerente para una familia que es a la
vez acogedora e imponente. El hecho de que la casa estuviera a
45 kilómetros de Vancouver suponía un aliciente mayor que la
desventaja de tener que llevar a todo el mundo en barco hasta
allí, pues los taxis acuáticos y los ferries allí son una forma
de vida. De hecho, no recuerdo haber pasado un tiempo tan
agradable en ninguna otra localización. Montarse en un barco y
tomar una taza de café y después subir a ese pequeño muelle que
construimos y las escaleras, eso nos centraba. Estábamos
aislados con una cosa en mente, que era hacer esta película. Fue
estupendo”.
Bueno, casi
todo el tiempo. El aislamiento sí que tenía una desventaja: los
cambios de último momento no siempre se podían acomodar. “Había
un problema de logística”, recuerda el diseñador de producción
Andrew Menzies. “La cobertura del móvil allí era mala, lo que
suponía un estorbo para hacer nuestro trabajo. Pero también
había que asumir eso porque siempre había en el plató lo que
llamamos fuegos, para los que se necesitaban cosas, emergencias,
y si no se podía hacer había que trabajar con lo que se tenía.
Así pues, había una creatividad que surgía de esas opciones
limitadas”.
Los
directores, por su parte, no se sintieron limitados por la
localización de la película. Para cuando comenzó el rodaje,
observa Charles Guard, su hermano y él llevaban trabajando “más
de un año en el proyecto, así que estábamos bastante bien
preparados. Incluso cuando las cosas cambiaban en el último
momento, seguíamos contando con la ventaja de esa preparación y
éramos capaces de trabajar sobre ella”.
Además, dice
Menzies, la casa poseía un bonito ambiente encantado cuando la
encontraron. “Cuando vinimos por primera vez era a finales el
invierno, y tenía mucho encanto gracias a la iluminación
sesgada. Las nubes se apiñaban sobre la costa, y no se veía el
continente. Daba una sensación claustrofóbica por las nieblas y
las nubes y las tormentas acercándose”.
Para los
interiores, sin embargo, “Queríamos construir una casa
romántica, una sensación de calidez e historia y tradición donde
pudiera vivir una familia feliz y cultivada”, continúa.
“Esperábamos que eso enfatizara para el público la sensación de
que se trataba de una familia muy unida que ahora está siendo
violentada por Rachel (Elizabeth Banks), ese elemento exterior”.
La aparente
contradicción del ambiente encajaba perfectamente con las líneas
argumentales paralelas. La primera es la historia de un escritor
rico y famoso que se ha vuelto a enamorar y vuelve a sentirse
optimista tras una terrible tragedia. Vive en una hermosa casa
con un entorno sugerente. Pero la historia de Anna es una
historia de confusión y falsedad al encontrarse a sí misma de
regreso en una casa encantada emplazada en un paisaje imponente
cargado de ansiedad, secretos y peligro. Así que el tiempo
revuelto de un verano inusualmente húmedo en Vancouver resultó
ser casi perfecto para todos los implicados.
Casi
perfecto, sí, pero no del todo. La casa, una mansión de ensueño
de muchos millones de dólares construida hace seis o siete años,
era un poco demasiado nueva y a la moda como para sugerir la
casa más vieja de la película, con su historia y su potencial de
peligro. “Los propietarios tienen un gusto increíble”, dice
Parkes, “así que tuvimos que quitar parte de lo que fuera chic.
Nuestro diseñador de producción, Andy Menzies, y todo el equipo
de dirección artística eran unos fenómenos. Contamos con unos
decoradores muy sólidos para darle a la casa su carácter
particular. Cosas como el linóleo que pusimos en el suelo de la
cocina. Y había también una isla de trabajo central que le
habría encantado a cualquier cocinero, pero lo quitamos en favor
de algo más rústico. Quitamos todos los muebles y trajimos los
nuestros. Pusimos una alfombra en la escalera y luego la
desgastamos para sugerir que las niñas la habían pateado para
arriba y para abajo durante los 15 últimos años. Los pequeños
detalles son muy importantes, sobre todo cuando se trabaja en un
marco pequeño como éste en el que no se puede enfatizar
demasiado la atención al detalle”.
Además, el
diseño diáfano de la casa carecía de la sensación de
claustrofobia necesaria para muchas de las escenas. Hubo que
añadir paredes y puertas pero encajándolas a presión en vez de
atornillándolas para no estropear la casa. “Puesto que es una
casa nueva y muy cara, no se nos permitía hacer muchas cosas. No
podíamos hacer nada que no fuera reversible”, dice Menzies.
“Pero hicimos lo que pudimos a nivel superficial para quitarle
ese aspecto de casa nueva”.
Sin embargo,
un elemento que requirió algo más que una alteración superficial
fue la escalera principal. “Éste fue un detalle de nuestra
pre-producción que ejemplifica por qué acertamos al elegir a los
hermanos Guard”, dice Parkes. “Tom y Charlie decían que una de
las imágenes icónicas de las películas de terror son las
escaleras. Hay algo en ellas que se graba en nuestra mente.
Teníamos una escalera genial pero las barandillas tenían anchas
tablas de madera con sólo unas pequeñas rendijas. Hubiéramos
obtenido un efecto estrosboscópico al rodar a través de ellas. Y
los chicos decían, ‘Bueno, tenemos la mejor localización del
mundo, ¿qué quieres, que quitemos la barandilla?’ Así que lo
hicimos”.
Lo hicieron,
completamente preparados para restaurarla, respetando su deseo
de mantener la integridad de la arquitectura de la casa.
“Creamos una nueva barandilla para acomodar ciertos planos”,
continúa Parkes. “Los directores tenían razón: se convirtió en
una parte realmente importante del rodaje. Admiro de verdad a
esos dos tipos que, teniendo en cuenta que era su primera
película, fueron tan concretos acerca de las necesidades del
género y presionaron hasta obtener algo como esto”.
Por suerte,
dice Andrew Menzies, el propietario de la casa “ya había tenido
equipos de rodaje allí antes, sabía que habría roces y roturas
pero que se podrían reparar. Hicimos venir a un constructor
cuando sacamos los tornillos de la escalera, lo que fue una idea
estupenda. Y concertamos que arreglase la escalera cuando nos
marchásemos, de manera que el propietario encontrase exactamente
la misma casa al regresar”.
Y había algo
crucial: la casa carecía de un elemento muy importante, un
embarcadero. Sin ninguna finca adecuada que tuviera uno, los
productores decidieron construir uno partiendo de cero. Era un
hermoso añadido a la propiedad, diseñado para encajar como si
hubiera sido parte del diseño original. A cualquier propietario
le habría encantado que se quedase. Pero eso no podía ser, pues
la historia exigía su destrucción cuando la memoria de Anna
retrocede mediante flash-backs hasta la trágica noche del
incendio. El rodaje de la furiosa explosión cumplió las
expectativas de todos, con las llamas tiñendo de un vívido
naranja la oscura superficie del lago. “Fue un momento
magnífico”, exclama Parkes.
No importa si
el espectador detecta las pistas visuales del diseño del
decorado la primera vez que ve la película, porque su visionado
repetido ofrece información sobre cómo se construyó la película
y cómo va a terminar. “Es muy complicado”, dice Parkes, “porque,
en cierto modo, cada escena son dos escenas. Está la escena que
el público está viendo, que tiene que tener su propia realidad
emocional, que tiene que ser legítima y parecer que conduce la
historia hacia lo que el público está completamente seguro que
es el objetivo de la película. Pero luego tenía que estar esa
otra escena, que es lo que está pasando en realidad. Y, si
hicimos bien nuestro trabajo, ambas realidades coexistirán en
todo momento en la película”.
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Presencias extrañas" - Copyright © 2009
DreamWorks Pictures, Cold Spring Pictures, Parkes/MacDonald
Productions, Montecito Picture Company y Vertigo Entertainment.
Fotos por Kimberley French. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos
reservados.
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