CÓMO SE HIZO "EL ALBERGUE
ROJO"
Notas de producción © 2009
Filmax
EL ALBERGUE ROJO es el
remake de la película del mismo título de Claude Autant-Lara
estrenada en 1951, que a su vez se inspiró en un suceso
auténtico y horrible ocurrido en el departamento de Ardèche en
1833. Pierre y Marie Martin, dos granjeros convertidos a
propietarios de la Posada de Peyrebeille, fueron acusados y
condenados por haber asesinado y robado a los viajeros que
tuvieron el infortunio de llamar a su puerta. Fueron
guillotinados en el patio de la posada, frente a una muchedumbre
de cerca de 30.000 personas. Antes de servir de inspiración para
la película de Claude Autant-Lara, y ahora de Gérard Krawczyk,
el asunto dio a Honoré de Balzac suficiente material para una
novela publicada en 1831, que a su vez fue el origen de una
película muda rodada por Jean Epstein en 1923. Nada se pierde,
nada se crea, todo se transforma. Hacía tiempo que Christian
Clavier, actor y coguionista de esta nueva versión, tenía en
mente volver al clásico de Claude Autant-Lara: “Se me ocurrió
cuando trabajé con Jean-Marie Poiré”, reconoce el actor. “Vi la
película de Autant-Lara siendo niño y me impresionó mucho. Era a
la vez un cuento, con Carette y Françoise Rosay que daban mucho
miedo, y una comedia gracias a Fernandel. La mezcla de las dos
cosas la hacía muy interesante, una película diferente”. Hace
dos años, Christian Clavier decidió tirarse a la piscina de
cabeza: “Estaba en la FNAC, echando una ojeada, y encontré el
DVD de la película”, dice. “Llamé a mi amigo Christian Fechner
para ver qué pensaba de un remake. La idea le cautivó
inmediatamente”. En efecto, unos años antes, el productor y su
socio Hervé Truffaut, habían pensado en hacer una nueva versión
de la película de Autant-Lara, algo que Clavier ignoraba: “Fue
un presagio afortunado”, comenta Christian Fechner. A partir de
ese momento, Christian Clavier y Michel Delgado, su cómplice de
“El archivo corso”, se dedicaron a escribir el guión de la nueva
versión de EL ALBERGUE ROJO. “Lo escribimos enseguida”, explica.
“Cuando eso ocurre, creo en el proyecto”.
"El problema con los
remakes”, comenta Christian Clavier, “es que si se hace lo mismo
que en el original no tiene gran interés. Hay que saber ser
infiel a la vez que se respeta lo que confiere fuerza al
original”. De hecho, Clavier y Delgado han conservado la
propuesta principal de Jean Aurenche y Pierre Bost, los
guionistas de la primera, esa genial idea de que el asesino se
lo cuenta todo a la víctima, pero es sacerdote y está ligado al
secreto de confesión. Se enfrenta a un terrible dilema: no decir
nada y dejar que asesinen a los clientes del albergue, o
avisarles del peligro que corren aunque Dios se enfade con él.
A partir de este sabroso
postulado, Clavier y Delgado han conseguido apropiarse
totalmente de la película. “Han realizado una fuerte
remodelación”, dice Gérard Jugnot, que sustituye a Fernandel en
el papel del abate. “Han sabido conservar el humor cáustico que
Aurenche y Bost insuflaron a la historia, pero han dado más
consistencia a los personajes de los viajeros. Sobre todo, el
sacerdote tiene un papel más activo. En la película original,
Fernandel se movía únicamente por miedo, mientras que en esta,
el padre Carnus intentará fastidiar a los asesinos”.
La película de Autant-Lara
se reveló como abiertamente anticlerical, pero esta se inclina
más del lado de la comedia. Una comedia social, digamos:
transcurre en 1830, durante el periodo de la Restauración
francesa. “Una época en que las relaciones sociales entre
burgueses, nobles y gente del pueblo eran desastrosas”, observa
el realizador Gérard Krawczyk. Los viajeros que se detienen en
el albergue son aristócratas y muy engreídos, no esconden su
desprecio por “la Francia de abajo”. En definitiva, los
mesoneros asesinos son mucho más simpáticos que las personas a
las que han decidido matar. “Obviamente, no se trata de excusar
sus actos”, explica Christian Clavier. “Rose, Martin y sus
hijos, Mathilde y Violet, son auténticos crápulas, pero crápulas
atractivos. Se les quiere porque forman una familia unida,
cariñosa. Salvando las distancias, es un poco como en Los
miserables, de Victor Hugo: los personajes se comportan a veces
de un modo horrendo, pero todos son tremendamente humanos”.
Reducidos a meras siluetas
en la película de Autant-Lara, los clientes de EL ALBERGUE ROJO
han ganado importancia. En el centro del grupo se encuentra la
odiosa condesa de Marcillac (Sylvie Joly), que trata a su hijo
Philippe (Urbain Cancelier) sin miramientos y siente un profundo
desprecio por su nuera, la inocente Marie-Odile (Anne Girouard),
y por el mundo en general. De hecho, no se rebaja nunca a hablar
con la gente y usa al pobre Philippe de mensajero. Después del
sabroso trío, encontramos al esnobísimo Simon Barbeuf.
Comerciante de encajes, es aún más altivo que las personas a las
que vende. Es el tipo de hombre del que los maridos, muy
equivocados, no se preocupan, pues debajo de un aspecto
afeminado, “Encajes” esconde una naturaleza depredadora… Entre
los clientes del albergue también está el notario con migraña,
interpretado por Jean-Christophe Bouvet; el buen cochero, al que
da vida Olivier Saladin; el incansable leñador, encarnado por
Laurent Gamelon, y el joven Octave (Jean-Baptiste Maunier),
exaltado discípulo del abate Carnus que se apartará del camino
(religioso) por culpa de la exquisita Mathilde (Juliette
Lamboley), la hija de los posaderos: unos gramos de ternura en
un mundo poblado por brutos.
En el centro de la
película, el trío formado por Christian Clavier, Josiane Balasko
y Gérard Jugnot. Es la undécima vez que trabajan juntos: “Pensé
enseguida en Josiane para el papel de Rose”, dice Clavier.
“Nunca habíamos interpretado a una pareja, y me pareció que
podría ser gracioso. Josiane tuvo la idea de dar el papel del
sacerdote a Gérard (Jugnot)”. Alrededor de los tres acólitos del
Splendid se mueven payasos de diversas edades y cometidos:
François-Xavier Demaison, cuyo espectáculo en solitario fue
nominado a los Premios Molière 2007; Anne Girouard, la genial
Ginebra de la serie “Kaamelott”; Olivier Saladin, de la compañía
Deschiens; Laurent Gamelon, al que vimos en “Salir del armario”
y “El juego de los idiotas”, y la formidable Sylvie Joly.
“Formamos una tropa”, explica Christian Clavier. “Todos
defendían sus réplicas para que dieran en el blanco”.
Unidad en el tiempo,
unidad en el lugar: aunque “oreado” regularmente por escenas en
exteriores rodadas en los agrestes paisajes pirenaicos, la
mayoría de la acción transcurre en el interior o en los
alrededores del albergue, y durante una sola noche. Consciente
de la crucial importancia de los decorados, Gérard Krawczyk
confió su construcción al famoso jefe decorador Jacques Bufnoir.
La posada se edificó en el gran plató de los Estudios Eclair, en
Epinay: “No se trata meramente de una fachada”, explica el
realizador, “sino de un albergue de verdad donde pueden rodarse
interiores con absoluta comodidad”. Bufnoir añade: “He rodado
más de 70 largometrajes, pero solo en contadas ocasiones he
debido construir un decorado tan importante, tan funcional”. ¿El
albergue rojo debía ser de color rojo? “No tenía por qué”,
explica el decorador. “Al principio debía ser de un blanco
sucio, pero se me ocurrió pintarlo de rojo. Se lo comenté a
Gérard, pero dudamos, el rojo siempre es un riesgo. Por otro
lado, me parecía interesante poner una mancha roja en medio de
los pinos verdes; reforzaba el aspecto dramático de la posada”.
Bufnoir y su equipo de artesanos realizaron un importante
trabajo de pátina tanto en el exterior como en el interior del
albergue: se quemó la madera superficialmente, se cepilló con
púas metálicas, se pintó y se decapó para que no pareciera
nueva. Por otro lado, las paredes de la posada se construyeron
ligeramente al bies para aumentar la sensación de opresión que
desprende el lugar.
Para vestir a los
intérpretes, Gérard Krawczyk recurrió al diseñador de vestuario
Olivier Bériot, con quien ya había trabajado en “FanFan la
Tulipe”. “Al igual que pasó con Fanfan, esta es una película de
trajes divertidos, desplazados”, dice Bériot. “La historia
transcurre en 1830, en plena Restauración. Nunca había tocado
esa época en el cine. Empecé por estudiar las caricaturas de
Daumier, su trabajo ha sido una inspiración”. Después de
alquilar trajes para hacer pruebas con los actores, se lanzó a
diseñar y realizar trajes originales. “Queríamos que el
vestuario contribuyese a definir aún más a los personajes”,
explica el diseñador. “Me pidieron que fuera a por todas. No
hizo falta repetírmelo”. Como lo demuestra el extravagante traje
de Simon Barbeuf “Encajes”, “al que me describieron como una
especie de dandy vestido por el Christian Lacroix de la época”,
dice Bériot. “François-Xavier Demaison no dudó ni un instante en
ponerse la ropa de ‘Encajes’”. Josiane Balasko, a la que Bériot
había vestido en “El libertino”, también le siguió la corriente.
Al final de la película, cuando “su” Mathilde se casa con
Octave, aparece con un traje de boda de color rosa. “Se nota que
está hecho con todas las cosas bonitas que ha robado”, dice el
diseñador de vestuario. “Parece Mae West”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "El Albergue Rojo" - Copyright © 2007 Films Christian
Fechner, TF1 Films Production y Fechner Productions. Fotos por
Jean Marie Leroy. Distribuida
en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
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