CÓMO SE HIZO "EL MILAGRO
DE HENRY POOLE"
Notas de producción © 2009
Filmax
Cuando el
director Mark Pellington leyó por primera vez el guión de El
milagro de Henry Poole le intrigó inmediatamente el tema de la
esperanza. “Es la historia de un hombre sin fe que encuentra la
fe y de un desesperanzado que halla la esperanza”, sintetiza
Pellington. “Lo vi algo estrafalario, divertido y extremadamente
humano”. El drama conmovedor e inspirador supuso un alto en el
camino para Pellington, un hombre que se ha construido una
sólida carrera dirigiendo tráileres como Arlington Road e
innovadoras producciones musicales como la reciente U2 3D. El
guión original de Albert Torres capturaba la imaginación de
Pellington con su entrañable humor y su personal apuesta por la
fe, de modo que le propuso seguir trabajando en un guión
definitivo. “El esquema inicial era muy bueno, muy original”,
recuerda el director. “Por eso contacté con Albert y le dije
‘Esto es lo que me interesa hacer en este momento. Es el tema
que más me atrae, así que si te apetece seguir colaborando,
¡vamos allá!’ Desarrollar el guión juntos fue un proceso
realmente entrañable”. Torres se inspiró en su infancia de
formación católica, durante la cual, según explica, no eran
infrecuentes las apariciones en las patatas fritas o en las
tortillas. “Intenté imaginar quién sería la persona más
apropiada a la que le podría suceder esto”, añade. “Y parecía
obvio que esa persona tendría que ser alguien con absoluta
ausencia de fe y esperanza en su vida. Y ése era Henry Poole”.
Pellington leyó por primera vez el guión a finales de otoño de
2003. Poco después, en verano de 2004, su esposa murió, una
tragedia que le arrastró a lo que él describe como un “agujero
negro”. “Un trauma de este tipo te cambia para siempre”,
prosigue. “Pero debes ir hacia lo más oscuro para poder salir.
Cuando te toca tan de cerca una muerte repentina lo empiezas a
cuestionar todo. Y cuando me puse a reexaminar el material que
estaba desarrollando y me planteé qué tipo de artista quería
ser, tuve una actitud totalmente distinta al respecto, porque
estaba saliendo de un lugar en el que deseaba la esperanza,
buscaba la curación”. Fue una curiosa coincidencia que Torres
escribiera El milagro de Henry Poole como antídoto para su
propia crisis de fe, una duda de su capacidad para desenvolverse
como guionista frente al feroz sistema de la industria de
Hollywood.
“Había dejado
de escribir”, admite. “Estaba desilusionado con el proceso y en
consecuencia, desmoralizado porque no escribía nada. Entonces
decidí que escribiría el guión de la película que a mí me
apetecería ver, sin aspirar siquiera a que algún día llegara a
rodarse. Era la primera vez que me ponía a escribir sin esbozar
un perfil previo. Sabía cómo quería acabarla, pero no qué pasos
me llevarían al final. Tenía que tener paciencia conmigo mismo,
lo cual es una gran lección sobre la escritura en sí”.
El guionista
y el director pasaron los dos siguientes años reformulando y
puliendo el guión. “Pasamos por un proceso realmente bello de
desarrollo del guión, hasta llevarlo a un punto en que ambos
creímos que era la versión definitiva”, dice Pellington.
“Entonces llevamos a cabo una lectura y nos dimos cuenta de que
faltaba algo: la transformación de Henry. Y en seguida nos
pusimos a trabajar en ello”.
En un inicio,
el actor y cómico Jim Carrey estaba interesado en interpretar a
Henry, explica Pellington. “A Jim le encantaba el papel por
muchos motivos. Además, tuvo varias ideas que ayudaron a saltar
a un tercer acto, acerca de la relación de Henry con las mujeres
y con la pared. Su contribución ayudó realmente a subir el
nivel”.
Carrey no
pudo protagonizar la película por problemas de agenda, aunque en
aquel punto Lakeshore Entertainment se implicó en la producción
de la película y el proyecto cobró un nuevo impulso. Los altos
cargos de Lakeshore se comprometieron a plasmar en la pantalla
la visión genuina de Torres y Pellington. “Era el primer guión
que escribía Albert, y tiene una calidad realmente literaria”,
comenta Richard Wright, uno de los productores. “A menudo echas
un vistazo al guión y es como una diapositiva de la película, y
no como el elemento importante que es en sí mismo. Pero éste era
un placer leerlo. Y con un guión así ¿cómo no íbamos a hacer la
película?”
En el set de
rodaje, Pellington puso toda la carne en el asador para
conseguir el máximo resultado de su material único. “Este hombre
no bebe”, dijo Wright, “¡bebe combustible de cohete!”
Tras cuatro
películas rodadas con el director, Wright confía en el método de
realización poco convencional de Pellington. “Básicamente
enciende la cámara al principio de la jornada y la apaga al
terminar el día”, explica el productor. “Para los actores es una
experiencia muy distinta a la de ‘Motor, cámara, ¡acción!’. Les
da toda la libertad para simplemente ponerse en escena, mientras
el equipo captura el momento de la forma menos intrusiva
posible.
“En absoluto
es un rodaje robótico”, añade Wright. “Es algo orgánico. Es más
caótico y difícil de controlar, pero la producción no es siempre
intentar ahorrar hasta el último dólar. A veces es cuestión de
esperar el momento agraciado para conseguir algo mágico”.
Pellington
reconoce que sus emociones juegan un gran papel en su método de
trabajo. “Soy un hombre de nervio. Muy apasionado en lo que
hago. No me considero un gritón, pero tampoco me importa tener
que darle un empujón a alguien. Cuando diriges una película, a
unos les tienes que mimar, a otros darles patadas en el culo y a
otros hay que educarles. A veces debes reconocer tus propios
errores y confiar en otros. Éste fue el gran cambio que
experimenté tanto en mi vida personal como en relación con el
resto de películas que he dirigido. Ahora soy capaz de decir ‘no
lo sé’”.
El
coproductor David Kern afirma que Pellington tenía una singular
visión del filme, aunque siempre permaneció abierto a cualquier
colaboración. “Esta historia tenía un gran significado personal
para él”, recuerda. “Quería hacerla durante un par de años, si
no más. Mark siempre era respetuoso con los actores y con el
equipo técnico. Mark es de los que me vienen y me preguntan
‘¿Cómo crees que quedará esto?’, y se acerca al cámara de la
grúa y le pregunta ‘¿Qué te parece aquello?’ Escucha las ideas
de todos. Cualquier aportación que fuera buena para la historia
era buena para él”.
El guionista
Albert Torres añade: “Mark es una de las personas más creativas
y generosas que he conocido. Abraza a todos los que le rodean,
como si fueran de su familia. Desea escuchar las ideas de todos,
desde los que traen el cátering hasta los chicos de iluminación,
pasando por los cámaras. Le gusta escuchar, y muchas veces
consigue materializar ideas extraordinarias”.
La presencia
del guionista en un set de Hollywood es otra indicación del
enfoque iconoclasta de Pellington sobre la realización de cine.
Saltándose la norma tácita que dice que cuando un guionista
entrega el guión no se le vuelve a llamar para nada más, el
director le pidió a Torres que formara parte de la película.
“Participé en el proceso desde los mismos ensayos, ayudando a
encontrar el espíritu de cada escena”, dice Torres. “Sé de
guionistas a los que no les gusta que les toquen una coma de su
trabajo, como si fuera un texto sagrado, pero me parece una
actitud estúpida. Con tantas mentes reunidas poniendo en común
su visión se consigue una mejor película”.
“Tampoco
habríamos podido echarle del plató aunque hubiésemos querido”,
bromea Wright. “Y a Mark le gustaba la idea de tenerle cerca.
Muchos directores quieren fingir que la película es de ellos y
que la han creado solos. Y eso es injusto para los guionistas,
así que Mark no piensas de ese modo. Mark y Albert trabajaron al
menos dos años para tener el guión a punto. Para Albert habría
sido un crimen no haber formado parte del proceso”.
Pellington
coincide. “Lo dijo él, y yo confío siempre en lo que él dice. Le
aprecio como persona, como guionista y como colaborador.
Habíamos desarrollado todo esto juntos, así que ¿por qué
excluirle ahora? No hubo ninguna situación de poder que se
entrometiera. Incluso tuvimos varias reuniones previas con Luke
Wilson, el guionista, el ejecutor de la visión y del personaje
principal. Con esto quiero decir que desde el principio hubo
quórum en el enfoque de la película”.
Pellington
describe la producción como “un duro rodaje de 30 días”, aunque
el ágil ritmo de trabajo le facilitó las cosas. “Me gusta
moverme rápido. Me gusta divertirme y todo tiene que ser lo más
fluido posible, todo muy intuitivo. Mi director de fotografía
Eric y yo habíamos trabajado juntos previamente y ya conocíamos
nuestros métodos. Podía ser algo así como ‘¡Bum! Esto va aquí’,
y uno ya sabía el lenguaje y la emoción que el otro estaba
buscando. Eso lo hacía todo mucho más fácil”.
Una película,
según Pellington, es un rompecabezas con numerosas piezas que
deben ponerse en su sitio. Y es su trabajo encontrar las piezas
clave que hagan que el resto se pongan solas. “Cuando le hago
fotos a mi hija, quizá disparo 30 veces para obtener tres
imágenes brillantes. Un director tiene que ser diligente y
responsable para con su visión. No necesito ponerme a hacer una
película sólo por hacerla y basta. Tiene que ser un producto
bueno, y nadie luchará más por defenderlo y protegerlo que yo. Y
si eso significa ‘Oh, eso necesita una toma más’, o ‘Oh, Dios,
has rodado 60 fotogramas en esa cámara lenta’, pues que así sea,
así está previsto en mi cabeza. Mi primera responsabilidad es la
intención artística. Y no digo que todas las películas sean
obras de arte, pero sí que el director debe cuidar las palabras,
las imágenes y la narración”.
Cuando llegó
la hora de seleccionar el reparto de El milagro de Henry Poole,
los ejecutivos de Lakeshore Entertainment sugirieron a Luke
Wilson para el papel protagonista. Aunque el actor es quizá más
conocido por su trabajo en comedias como Una rubia muy legal o
Aquellas juergas universitarias, Pellington quedó impresionado
con el trabajo de Wilson en La joya de la familia, y
especialmente con la conmovedora escena entre el actor y Craig
T. Nelson, quien interpretaba a su padre. El cineasta afirma que
Wilson desprendía las tres cualidades importantes que buscaba
para el personaje de Henry: “Estaba el aspecto romántico de su
relación con Dawn, estaban los puntos cómicos –sin ser
exagerados, al estilo de James Stewart, que podía hacer comedia
y drama–, y estaba su vida interior. A los cinco segundos de
conocer a un actor puedo decir si cumple los requisitos. Y con
Luke fue así, ‘Ya lo tenemos’”.
El productor
Richard Wright observa que la selección de Wilson permitió a los
realizadores aprovechar al máximo el humor negro que contenía el
guión. “Luke lo hizo. Tiene la capacidad de realizar una comedia
silenciosa, sin palabras, a la vez que respeta el drama
inherente. Y siempre que se mezcla la comedia y el drama de
forma eficaz, el resultado es poderoso”.
Wilson
confiesa que se sintió atraído por el mensaje simple del guión.
“El final no se echaba atrás ni quedaba ambiguo. Es todo muy
claro y no pasa nada por alto”.
“Luke conectó
con Henry de forma muy profunda”, afirma Pellington. “Le
proporcionó su calidez y sensibilidad, y una vez seleccionas a
alguien como él, tienes que dejarle trabajar a sus anchas.
Confías en él y le diriges. Nunca había participado en una
película como ésta y no había tenido que equilibrar esa mezcla
de comedia y drama, pero parecía que lo hubiera estado haciendo
toda la vida. Su interpretación conmoverá a los espectadores”.
Adriana
Barraza, una solvente estrella del cine y de la televisión en su
México natal, fue la elección de Torres para el papel de
Esperanza, mucho antes de que el guionista tuviera confirmada la
oportunidad de llevar la historia a la gran pantalla. “Adriana
estuvo espléndida en Babel”, recuerda. “Vi en ella una
honestidad que pocos actores tienen. Cuando la vi, salí del
cine, llamé a Mark y le dije ‘Si la película sale adelante, ésta
es la mujer de la que te hablé’. No había lugar a duda”.
Trabajar con
Barraza, nominada al Oscar® a la mejor actriz secundaria en 2007
por su espléndido papel en Babel, fue uno de los puntos que
Wilson más apreció del rodaje. “Adriana es una especialista en
hacerte sentir el sentimiento adecuado en el momento oportuno
del rodaje”, afirma. “Tiene las mismas cualidades que Ben
Kingsley o Gene Hackman. Puedes estar más relajado delante de la
cámara porque ella te lleva siempre por el buen camino. Fue una
de las mejores experiencias profesionales que he tenido.
“Su personaje
no hace más que chinchar a Henry Poole”, prosigue el actor.
“Cada vez que se giraba, ahí la tenía, ‘Señor Poole, Señor
Poole’, volviéndole loco, al pobre. Ella es como esa lucecita
que no cesa de empujarle, de llevarle comida y de abrazarle”.
Barraza
estaba entusiasmada con su segunda experiencia en Hollywood.
“Estoy muy orgullosa por el hecho de que me hayan ofrecido la
película”, admite. “Hace 37 años que soy actriz y acumulo una
larga trayectoria artística en mi país. Cuando leí el guión de
El milagro de Henry Poole vi un pequeño hilo del que tirar, una
pequeña oportunidad de aportar algo único a los productores, a
los actores y, por supuesto, al público”.
Ella estaba
familiarizada con el trabajo de Wilson, principalmente por las
comedias que había interpretado. “Mi inglés no es en absoluto
fluido, pero nos comunicábamos sin problemas”, dice la actriz.
“Luke te habla mirándote a los ojos. Habla de una forma muy
profunda, pero a la vez es de lo más sencillo. Por corta que
fuera la escena que rodáramos, siempre era capaz de sacar de su
interior la emoción más adecuada para el momento”.
Radha
Mitchell da vida a Dawn, una madre soltera que vive su propia
tragedia, añade que Barraza “está llena de energía positiva. Le
aporta una inocencia a Esperanza que te obliga a perdonarla por
todo lo que hace. Y creo que ésa es Adriana”.
Pellington se
fijó en Mitchell en el año 2000, en la película Un grito en la
noche, y la fue siguiendo en su filmografía. “La gente suele ver
a Radha como una actriz de papeles fríos o algo alejados, pero
en ella hay una calidez y una alegría que hasta ahora no había
tenido al oportunidad de mostrar”.
Richard
Wright apunta que Mitchell tiene la auténtica capacidad de
desaparecer en sus papeles. “No es una actriz que interprete
siempre el mismo papel. Es muy atractiva, pero no se limita al
rol de chica glamurosa. Lo que ella ofrece es una gran
interpretación, no una fachada de estrella del cine, y eso es
fantástico”.
La actriz
describe la interpretación de Wilson como un elemento seco e
inteligente que mantiene la película alejada de cualquier
edulcorante innecesario. “Henry no cree en nada hasta el último
instante del filme. Está cuestionando constantemente si aquello
es real o no, y creo que ése es el humor que subyace a lo largo
de toda la película”.
El cómico
George Lopez ejerce el importante papel de Padre Salazar, el
sacerdote católico que aporta la voz calmada de la razón. “En
realidad interpreta al personaje más serio del largometraje”,
dice Pellington. “Él es el barómetro moral”.
“George fue
una elección inesperada del casting, lo cual fue una gran
noticia para mí”, comenta Wright. “El tenía varios planes por
concretar y no sabía si podría estar en el rodaje o no. Pero
finalmente, ahí estuvo, en una demostración de que siempre
pueden pasar cosas mágicas”.
Lopez,
guionista, productor, director y protagonista de su propia y
rompedora serie cómica en la ABC (2002-2007), reconoce que el
papel se aleja un poco de su línea habitual. Y eso es
precisamente lo que le interesaba. “Es un papel tan distinto a
los que hago habitualmente que era la tarea perfecta para mí,
una vez terminada la serie de televisión”, comenta. “Puedo hacer
algo que la gente no espere de mí. Creo que hay muchos actores
con una gran formación. Yo vengo de una especie de tren de
humanidad, y tengo 46 años, así que difícilmente podría ir a
estudiar arte dramático al instituto Julliard. Por eso me fío de
mis instintos, en mis recuerdos y en mi dolor. Y creo que esto
es lo que da solidez al importante personaje que interpreto en
la película”.
Loipez afirma
que los temas centrales de El milagro de Henry Poole le serán
familiares a cualquier latino que vea la cinta. “Yo crecí en una
casa llena de figuras y agua bendita, y encendíamos velas cuando
alguien se iba. El Papa voló sobre mi casa en el año 87 y mi
abuelo dijo que aquello le arregló hizo que las tuberías de la
casa funcionaran mejor”.
Wilson
confesó que le gustaría volver a trabajar con Lopez,
independientemente de si el proyecto es de comedia o de drama.
“Me refiero a que haría una comedia con él en un minuto, porque
es un tipo realmente gracioso, aunque también es un gran actor.
Los cómicos suelen ser gente muy sensible y muy atenta. Les ves
sentados cerca observando y absorbiéndolo todo, y al cabo de un
rato te vienen con comentarios que ni te esperas”.
Algunos de
los actores encontraron las técnicas de Pellington algo
inusuales. Por ejemplo, la mayoría de directores miran la acción
a través del monitor, lejos de donde físicamente tiene lugar. A
Pellington le gustaba estar cerca de los actores y casi
participar en la escenas, a veces incluso observándolas mediante
un monitor portátil.
Radha
Mitchell fue una de las que encontró aquella proximidad
inspiradora. “Como actriz es formidable sentir que el director
te está mirando a ti directamente y no a través de un monitor a
varios metros”, comenta. “Estaba presente durante todo el
proceso y gracias a ello fue capaz de captar todos los matices
de lo que pasaba en la escena. Y captó detalles que sólo él vio,
de modo que podía haber una aspecto de la escena que nadie
hubiera visto pero que él pudo capturar gracias a su
espontaneidad”.
“Mark era la
fuerza propulsora del filme”, añade la actriz. “Podría haber
interpretado cualquier papel de la película. Se sabía los textos
de todos. Motivaba a todo el equipo técnico y a todos los
actores con su increíble energía”.
La situación
de "El milagro de Henry Poole" en un entorno de barrio
residencial se basa en Downey, California, donde creció el
guionista Albert Torres. Los realizadores estudiaron
localizaciones desde San Fernando Valley hasta la región del
Inland Empire, también en California, en busca de una ciudad que
pudiera pasar por aquella en la que Torres vivió su infancia.
Al final, "El
milagro de Henry Poole" se rodó en La Mirada, un barrio
periférico de Los Angeles fundado a finales del siglo XIX por
Andrew McNally, de la saga de Rand McNally. “La Mirada es una
sólida comunidad de clase media que se mantiene casi intacta”,
afirma David Kern. “Podría ser perfectamente un barrio de los
70, lo cual es muy importante, porque Henry Regresa a su
infancia más sencilla y feliz”.
La producción
necesitaba contar con tres casas seguidas en la misma calle, así
como un patio trasero lo suficientemente grande como para dar
cabida al equipo técnico y también a todos los fieles que se
congregaban para ver la visión.
“Tenía que
haber la profundidad y el ángulo necesarios para darle una
cierta dimensión”, explica el director Mark Pellington. “Y
además, el patio trasero tenía que tener la correcta orientación
lumínica. Fue una búsqueda compleja, pero al final encontramos
el lugar. Supe que era allí en cuanto bajé de la furgoneta”.
Durante cinco
semanas, el equipo del filme se apoderó de tres casas de una
calle tranquila y las transformó en las casas de Henry, Dawn y
Esperanza. Mientras se preparaban para el rodaje, Pellington se
propuso explorar el área personalmente. “Se fue a dar un paseo
por el vecindario”, recuerda Kern. “Se llevó a su hija al parque
de La Mirada en lugar de llevarla al más cercano a su casa.
También fueron a la iglesia del barrio. Durante los rodajes no
dejaba de entretenerse a charlar con la gente de allí, y creo
que eso ayudó”.
Los vecinos
iban a la suya, lo cual propiciaba que el equipo se sintiera
cómodo durante el rodaje. “Aquel vecindario fue una bendición”,
comenta Wright. “Tres cuartas partes de la película se rodaron
allí. La Mirada es un barrio de gente muy próxima, todos se
conocen y saben lo que hace cada uno, para bien o para mal”.
“Nuestros
actores son una gente muy agradable que lleva muy bien la
relación con sus fans”, prosigue el productor. “Los primeros
días que estuvimos allí, George Lopez y Luke Wilson no se
negaron a firmar ningún autógrafo, y fueron muchas las personas
que fueron a darles la bienvenida al vecindario”.
Lopez
recuerda lo que era crecer en San Fernando Valley de niño y que
fuera un equipo de rodaje de una película. “Esta gente sabe todo
lo que he hecho, y no les puedo dejar tirados. Les atiendo
siempre que vienen y me hago fotos con los niños. Esto es lo que
me hubiera gustado que pasara cuando vinieron a rodar a mi
barrio. Estoy agradecido por todo lo que me ha pasado y creo que
ser bueno con los fans es algo que nos tendría que venir a todos
de serie”.
Wilson añade:
“Tenía la sensación de estar viviendo realmente en La Mirada.
Cada mañana pasaba aquel chico paseando al perro y yo le decía
‘Hey, ¿qué tal le va hoy a Spike?’ y me respondía ‘Pues muy
bien, gracias’. No tiene nada que ver con rodar en Manhattan o
en L.A., donde no es ninguna novedad que vayan a tu barrio a
rodar una película. Aquí la gente se entusiasmaba y nos
invitaban a sus casas a tomar una taza de té o nos dejaban sus
plazas de parking. Supongo que los vecinos se habrían acabado
acostumbrando a nosotros, pero lo cierto es que a todas horas
había un montón de gente arropándonos. Nos sentíamos parte del
vecindario”.
Para Torres
era como volver a casa. “Aquel barrio era muy parecido al de mi
infancia y la gente era como la de Downey”, comenta el
guionista. “Fue una bonita sensación, con todos esos niños y
familias que salían a la calle a vernos. Solamente pasear por
aquellas calles ya me emocionaba”.
Mark
Pellington quiere dejar claro que no se propuso hacer de El
milagro de Henry Poole una película sobre religión o sobre Dios.
“La historia tiene que ver con el hogar, con el volver a casa”,
explica. “Todos hemos ido alguna vez a algún viaje donde nos
hemos sentido perdidos. Henry aterriza en un lugar donde cree
que hará una cosa y acaba siendo lo contrario, después de
aprender algo sobre sí mismo y de recibir tan importante
regalo”.
“Cualquiera
debería poder verla y disfrutarla, y entender sobre qué trata
sin necesidad de creer en Dios, Jesucristo o Alá. No importa.
Para mí la película no va de eso, sino de seguridad, de amor, de
fe y de esperanza. Ésos son los cuatro pilares del filme, y los
que lograron convencer a mucha gente para que trabajaran por
unos honorarios muy inferiores a los habituales, simplemente
porque les encantaba el guión, porque les encantaba la pasión y
el espíritu de la película”.
Para Richard
Wright, la mejor manera de juzgar si la película ha cumplido con
su misión es ver si la gente sale del cine discrepando de lo que
ha visto. “Espero que cada espectador salga con una opinión
positiva, aunque no sea necesariamente la misma que la del de la
butaca de al lado. Al menos, creo que esto es lo que provocará
la película. Creo que el público con inclinaciones religiosas
que entre a verla podrá reconocer muchos elementos de la
película, y los que no pertenezcan a ningún credo, también se
reconocerán en algún momento”.
Adriana
Barraza destaca el significado del nombre de su personaje,
Esperanza. “Es una mujer llena de esperanza, una mujer
inagotable en la búsqueda de lo que quiere”, comenta la actriz.
“Yo también soy creyente, no practicante, pero creyente. Creo
plenamente en Dios, en la Virgen y en los ángeles, hoy y cada
día. Y esta película llegará a todos los corazones, hará reír a
la mayoría y cuanto menos incitará a reflexionar sobre el
significado de la fe”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "El milagro de Henry Poole" - Copyright © 2008
Overture Films, Lakeshore Entertainment y Camelot Pictures.
Fotos por Saeed Adyani. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.
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