CÓMO SE HIZO "GOOD"
Notas de producción © 2008
Flat Cinema
La productora Miriam Segal
estaba decidida a llevar la obra de C.P. Taylor a la gran
pantalla desde que la vio en los ochenta, siendo aún
universitaria. Considerada como una de “Las 100 mejores obras
del siglo” por la National Review, “Good” se estrenó en Londres,
en el Donmar Warehouse, en septiembre de 1981. Con Alan Howard
en el papel protagonista, la producción fue muy aclamada por la
crítica. El Daily Telegraph la calificó de “obra profunda que
implica al espectador obligándole a reflexionar sobre cuál
habría sido su reacción si hubiese vivido en la Alemania de los
años treinta”. La obra se estrenó en Broadway en 1982, y Frank
Rich, el crítico del New York Times, escribió que era “sin duda
una obra provocativa… escrita con inteligencia y con una
ligereza muy imaginativa”. Clive Barnes, del New York Post, dijo
que era “triunfal, maravillosa e incandescente”. A pesar de las
alabanzas, nadie se atrevía a llevar la obra de C.P. Taylor a la
gran pantalla. El dramaturgo nació en Glasgow en 1929 y fue una
de las figuras que encabezó el movimiento artístico-social
londinense en los años sesenta y setenta. “Good” fue la última
de sus casi setenta obras producidas, justo antes de su
fallecimiento a los 52 años, una semana después de su estreno en
el Donmar Warehouse. La revista Time Magazine no se equivocó en
cuanto al contenido estilístico y temático de la obra al decir
que “la historia es la pesadilla de un antihéroe sonámbulo”. El
autor no intentaba disfrazar la gravedad de su trabajo: “Los
temas que escojo tienen que ver con los conflictos entre los
ideales humanos y sus limitaciones”, dijo en una ocasión. Miriam
Segal recuerda: “La obra me cautivó, y supe inmediatamente que
haría todo lo posible para producir la adaptación
cinematográfica”. Cuando consiguió los derechos, en 2003, habían
transcurrido algo más de veinte años desde su estreno. A
continuación, hubo que guiar el proyecto a través de muchas
manos durante varios años hasta que, en 2007, coincidieron las
personas adecuadas y todos los elementos necesarios. “Siempre
sentí una tremenda responsabilidad”, reconoce la productora, “y
eso me ayudó a perseverar hasta conseguirlo”.
Un antiguo compañero de
universidad de Miriam Segal, el actor Jason Isaacs, compartía su
misma pasión por GOOD, y hace años que se había comprometido
verbalmente con el proyecto. Explica las razones por las que
deseaba llevarlo adelante: “Se obtiene una mayor perspectiva al
observar los tiempos modernos a través del prisma de la
historia. Por ejemplo, la película El crisol/The Crucible lo
demuestra claramente en relación con la era McCarthy”. Jason
Isaacs apoyó a la productora en todo momento, hasta el punto de
convertirse en uno de los productores ejecutivos de la película.
Pero el hecho de que Viggo
Mortensen aceptara trabajar en GOOD dio un enorme impulso al
proyecto. Nominado a un Oscar por su brillante retrato de un
mafioso ruso en Promesas del Este, de David Cronenberg, también
había sido muy aclamado un año antes por su interpretación en
Una historia de violencia. El solicitado actor aceptó el papel
de John Halder, aunque este intelectual no podía estar más lejos
de los lacónicos héroes de acción a los que nos tiene
acostumbrados. Pero él también sentía algo especial por la obra
de C.P. Taylor. “Hace 25 años, al principio de mi carrera
profesional, estaba en Londres para hacer una prueba y conseguir
lo que debía ser mi segundo papel”, recuerda. “No me lo dieron,
pero aproveché para ver una obra de teatro, era ‘Good’, con Alan
Howard, y me impresionó mucho. Cuando tuve la oportunidad de
interpretar el papel en el cine, me pareció interesante cerrar
el círculo abierto hacía un cuarto de siglo”.
A pesar de que la obra le
había gustado, le atrajo sobre todo el guión de John Wrathall.
Dice: “Es un guión muy poderoso, muy bien escrito y
perfectamente estructurado, anclado en la vida diaria de la
gente y no tanto en los acontecimientos de la época”. Todo un
cumplido teniendo en cuenta que la obra de Taylor es una
compleja mezcla de instrumentos dramáticos con tonos muy
diferentes, y que su adaptación cinematográfica fue bastante
difícil. “Vi la obra en Londres”, recuerda el guionista. “Era
muy teatral, usaba todos los recursos que ofrece un escenario.
Los actores se ponían a cantar de golpe y había grandes saltos
en el tiempo”. En la producción teatral, John Halder se dirigía
al público, haciendo uso de otra estrategia narrativa disponible
en un escenario. En la adaptación cinematográfica, un medio
intrínsicamente más realista (o menos artificial) que el teatro,
John Wrathall debió extraer la historia de los numerosos
conceptos formales del dramaturgo, sin cerrar la puerta a la
ornamentación estilística que permitiera al público penetrar en
la cabeza de John Halder.
“El reto consistía en
dramatizar lo que ocurre dentro de la cabeza del personaje sin
que este se dirigiera directamente al espectador”, explica el
guionista. Miriam Segal quería conservar los interludios
musicales y la desestructuración temporal. “No vivimos de una
forma lineal”, explica la productora. Aparte de eso, John
Wrathall tenía plena libertad para dar una nueva perspectiva al
material. Y añade: “John quería proteger la obra, pero hizo lo
que hace todo buen guionista con el material del que dispone. Lo
cambió siempre que fue necesario”. Salpimentó el guión con
elementos típicos de un thriller y mantuvo el estilo británico
de los personajes para dejar claro que la historia no solo se
refiere al pueblo alemán, sino a cualquiera.
Aunque más realista que la
obra, GOOD se apoya en elementos estilísticos. La historia de
John Halder es una metáfora del viaje moral realizado por el
pueblo alemán, por lo que tiene una estructura muy deliberada,
parecida a las clásicas obras moralistas en las que cada escena
lleva al protagonista un paso más adelante en su evolución
ética. El realizador Vicente Amorim reconoce que GOOD está
influida por las películas El conformista, de Bernardo
Bertolucci, y la oscarizada Mephisto, de István Szabó. Al igual
que estos largometrajes, el suyo es la historia de un hombre tan
decidido a tener éxito en una sociedad corrupta, que acaba
atrapado por la corrupción. Siguiendo el ejemplo de estas dos
películas, el director enfatiza los elementos visuales,
decorados, vestuario e iluminación, para subrayar que se trata
de una historia simbólica, una parábola acerca de la conciencia,
los actos y sus consecuencias. Él mismo lo dice: “GOOD es una
mirada muy particular a la vida de un hombre, a través de la que
se cuenta una historia universal”.
Vicente Amorim y el equipo
técnico se esforzaron en dar a GOOD un “look” detallado y
expresivo. El director de fotografía Andrew Dunn explica: “No es
la primera vez que llevo una obra de teatro a la pantalla. Sé
que el proceso puede ser complicado. Nuestro reto era ampliar el
espacio sin por eso abandonar el interior de la cabeza de
Halder”. También evitaron los tonos típicos que suelen usarse en
películas de época. “No hemos intentado transportar al
espectador en el tiempo”, explica el realizador. “Esta historia
podría ocurrir ahora y las referencias exageradas a la época
solo esconderían su relevancia. Además, Alemania en los años
treinta era increíblemente moderna”.
La productora Miriam Segal
está de acuerdo: “Todo lo que aparece en la película pertenece a
la época, pero lo usamos de forma que parezca contemporáneo. La
ropa, la iluminación, el color, todo”. El diseñador de
producción Andrew Laws resume este enfoque de la recreación
histórica al decir: “La película se desentiende de los grandes
acontecimientos para ilustrar lo que hace la gente normal, sus
reacciones. No queremos enseñar el desfile, sino lo que pasa al
lado”.
Y sigue diciendo: “A
través del diseño, del estilo de la película, intentamos apartar
los lugares comunes que suelen atribuirse a este periodo de la
historia. La época posterior a Weimar introdujo una sorprendente
modernidad y esperanza, por eso hemos hecho un poco de trampa.
Por ejemplo, no aparece ni un sombrero, y hemos tenido cuidado
de que no se vean muchos vehículos”. Del mismo modo, la
diseñadora de vestuario Györgyi Szakács, que trabajó con el
director István Szabó en Sunshine/El amanecer de un siglo, nos
comenta que “la ropa corresponde perfectamente a la época, pero
con un toque más actual”.
El resultado de este
enfoque permite al realizador Vicente Amorim evitar la típica
nostalgia que surge cuando se ven objetos e imágenes del pasado.
La nostalgia por la era nazi es lo contrario de lo que los
cineastas quieren evocar. Una vez más, el director se inspiró en
Bernardo Bertolucci. Al igual que en El conformista, que usaba
con brillantez la brutal arquitectura de la era fascista para
describir la dicotomía entre las elevadas ambiciones del
protagonista y su bajeza natural, GOOD se apoya en el gusto de
Hitler por el estilo neoclásico para subrayar la doble
personalidad de toda una sociedad. Las líneas depuradas de las
superficies de mármol y piedra caliza esconden un alma corrupta.
Vicente Amorim es el
primero en reconocer que GOOD es “una historia con mensaje”.
Pero se apresura a añadir que “los personajes son quienes
comunican el mensaje. Son personas llenas de curiosidad,
encantadoras, imperfectas, con las que podemos identificarnos;
acaban aprendiendo que todo lo que se hace en esta vida tiene
consecuencias”. El fin del rodaje de GOOD también fue el fin de
un viaje que Miriam Segal, Jason Isaacs y Viggo Mortensen habían
comenzado 25 años antes, cuando fueron cautivados por la
historia de un hombre sin un atisbo de maldad, cuya vida se
convierte en una tragedia porque no se da cuenta de que su
inesperada buena suerte es, en realidad, mala suerte.
Miriam Segal dice, para
concluir: “C.P. Taylor quería encontrar una metáfora de la
conciencia, e ilustrar la idea de que vivimos sin explorar ni
entender lo que hay a nuestro alrededor. Nos empujan las
necesidades personales. Y, tal como puede verse en GOOD, si nos
apartamos del comportamiento de los demás, creamos una sociedad
sin corazón, sin compasión, en la que pueden hacerse cosas
terribles”.
En lo que respecta a John
Halder, todo empieza con una sencilla petición de un oficial
nazi: “¿Cree que podría escribir algo para nosotros?”
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Good" - Copyright © 2008 Good Film,
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