CÓMO SE HIZO "¿HACEMOS UNA
PORNO?"
© 2008
Wide Pictures
y Universal Pictures
No hay muchos actores que
experimenten el hecho de que directores con éxito se sienten
dispuestos a escribir un guión cinematográfico pensando
directamente en ellos para el papel protagonista. Pero Kevin
Smith escribió a Zack a la medida de Seth Rogen. Kevin explica
que cuando vio Virgen a los 40 (The 40-Year Old Virgin, 2005),
se enamoró de Rogen. «Me pareció alguien hilarante» —explica el
director. «Comencé a pensar en él para esta película, pero
durante un tiempo no abordé la escritura del guión. Cuando éste
estuvo acabado, veía el rostro de Rogen en todas partes. Estaba
en las vallas de todo Los Ángeles con el film "Un lío
embarazoso" (Knocked Up, 2007). Me imaginé que jamás se tomaría
en serio mi película». Casualmente, Harvey Weinstein había
presentado el uno al otro un año antes mientras Kevin trabajaba
en Clerks 2 (Clerks II, 2006) y Seth rodaba un cameo en Fanboys
(2008). Kevin se tomó la libertad de enviarle un correo
electrónico informándole del proyecto. Recuerda que Seth le
respondió cinco minutos más tarde. «Aquella respuesta decía: ‘No
me lo estoy inventando: cuando fui a Los Ángeles por primera vez
y un agente me preguntó qué es lo que quería hacer, le dije que
deseaba participar en una película de Kevin Smith. Y eso no ha
cambiado’. Estaba petrificado». En el umbral de la casa de
Rogen, Smith en persona le entregó el guión. El cómico de
cabellos rizados reía a mandíbula batiente y le resultaba
imposible parar. «Casi nunca me pasa esto cuando leo un guión»
—comenta Rogen—. «Sencillamente me encantó. Me pareció
extraordinario; la idea se me antojaba en verdad divertida; era
dulce y el idilio que surge funciona espléndidamente. Luego se
lo pasé a mi compañera para que lo leyera, es un auténtico
barómetro para este tipo de material. Si a ambos nos gusta un
guión, entonces por lo general me parece bueno, pues tenemos una
sensibilidad bastante distinta. Y a ella en verdad que también
le encantó». El simple hecho de que se hubiera pensado en él
hizo que el actor se sintiera halagado. «Es increíble» —confiesa
Rogen—. «Me sentía muy excitado. Siempre he sido un gran
admirador del trabajo de Kevin. Es tremendo que esto haya
sucedido».
«Zack es la
clase de tipo que en realidad no hace mucho tras el instituto»
—explica Rogen—. «Infiero que jamás fue a la universidad, aunque
en realidad nunca se explicita ese extremo, y soy la clase de
actor que no elabora trasfondo alguno por sí mismo. De tal modo
que, previsiblemente, trabaja en una cafetería y vive con su
mejor amiga a quien conoce de toda la vida. No es en absoluto el
tipo más feliz del mundo, pero tampoco es el más desdichado.
Sencillamente, navega por la vida».
Cuando
finalmente Rogen y Smith volvieron a encontrarse en Pittsburgh
para rodar, «nos llevamos muy, pero que muy bien; pensé que
aquél era un tipo con el que pasaría sin problemas dos meses en
Pittsburg» —confiesa Rogen.
«Aunque muy
extraño» —comenta Rogen por cuanto se refiere a su incorporación
en el mundo de Smith—. «Tuve algo así como la sensación de que
había penetrado en otro universo de una manera rara, pero es
hilarante. Jason Mewes hace que me ría, y todos son grandes
actores. Es imponente».
Kevin Smith y
Seth Rogen se cayeron mutuamente tan bien que cuando Rogen
sugirió que Elizabeth Banks resultaría «divertida» en el papel
protagonista femenino de Miri (habiendo trabajado con ella en
Virgen a los 40), Smith respondió: «Hecho.» Banks leyó el guión,
que afirmó «le entusiasmó inmediatamente.» Una semana más tarde,
la valiente actriz rubia estaba a bordo.
Rogen atrajo
también a algunos otros amigos, como Craig Robinson (encarnando
a Delaney), Gerry Bednob (como el despistado Señor Surya,
propietario de una cafetería), y Ricky Mabe (quien da vida a
Barry, una estrella del porno, una máquina sexual).
Rogen también
mencionó, llevando la cosa más allá, lo hilarante que sería que
Brandon Routh y Justin Long conformaran una pareja porno gay.
«Tienen gran parecido, aunque uno es muy alto y el otro bajo»
—dice Rogen. Dos días más tarde, los dos ocupados actores
estaban en Pittsburg dispuestos a rodar.
¿Y por qué
tanto amigo alrededor? «Porque se trataba de la primera ocasión
en que realmente trabajaba fuera de mi grupo de amigos» —admite
Rogen—. «Sentí que tenía que incorporarlos al proyecto para
sentirme cómodo. Básicamente porque soy cobarde. De tal modo que
traté de asegurarme de que me rodearan rostros familiares».
Elizabeth
Banks y Seth Rogen desarrollaron una increíble química tanto
dentro como fuera de los platós. Ambos se impresionaron
mutuamente.
«Creo que una
‘varita mágica,’ como me gusta decir, nos hizo adorables»
—comenta Banks—. «Rebosábamos encanto. Y lindura, existía mucha
lindura entre nosotros, mucho ‘romance simpático y casual,’ como
agrada denominarlo en el mundo de la comedia romántica».
Trabajar con
Seth era una «sorpresa permanente» —opina Banks—. «Y, de hecho,
expreso esto a muchos niveles. Improvisa mucho, de tal manera
que la mitad del tiempo no tengo ni idea de lo que va a salir de
su boca. Pero, a la vez, resulta un actor extraordinario. En
esta película, es un protagonista principal auténticamente
romántico. Creo que es un film emocionante, y va a resultar muy
divertido para el público verle encarnando un papel como éste.
Posee esa especie de esencia a lo bala perdida, como se percibe
en la mayoría de sus otras interpretaciones; pero en ésta, es
realmente un protagonista masculino, y me parece que logra algo
especial».
Antigua
estrella del porno, Traci Lords también se asombró por la
química entre Rogen y Banks. «Me deja estupefacta que sólo esté
en la veintena» —comenta—. «Es muy joven, y ha dado en el clavo
absolutamente, y resulta tremendamente hilarante» —opina la
otrora actriz porno—. «Me he divertido estando frente a él y a
su lado. Posee un timing impecable; es de verdad muy bueno».
Lords
prosigue acerca de su coprotagonista Banks: «Opino que en esta
película está absolutamente encantadora. Digo bien alto que esta
película será la que hará de Elizabeth Banks una gran actriz.
Creo que es muy buena en esto».
Habida cuenta
de su reputación de hombre lascivo, uno pensaría que Rogen se lo
pasa en grande rodando escenas sexuales, pero en realidad la
escena favorita del actor fue una bien sencilla con él y Banks
donde ambos caminan y hablan en la nieve. «También me encantó
rodar la escena en que vamos al reencuentro de antiguos alumnos
en el instituto» —comenta Rogen—. «Esa fue una en la que me
sentí plenamente en sintonía con Elizabeth».
En el plató,
estuvieron incluso demasiado a tono. Los dos se reían sin parar
una vez que las cámaras dejaban de rodar, y hacían que la
energía no dejara de fluir. Estuvieron toda una tarde repasando
cada película de Arnold Schwarzenegger cuyo título pudiera
transformarse en otro pornográfico, como Total Recock o
Kindergarten Cock. O incluso Twins.
Esos pícaros
actores no tenían reparo alguno al hablar sobre su primera
interacción con la pornografía. «Diría que la primerísima vez —y
con ello quiero decir la primera vez que vi fotografías obscenas
como las de Penthouse y Playboy— fue bajo el lecho de mi tío»
—comenta Banks—. «Tenía una cama de agua. Así que mis primos y
yo solíamos meternos debajo, nos deslizábamos bajo la cama. Creo
que éramos unos siete. Y procurábamos hacernos con una página
que arrancábamos con mucho cuidado para que no notara nada».
La primera
experiencia con la pornografía por parte de Rogen no tuvo esas
connotaciones tan pícaras, sino incluso otras más obscenas,
absolutamente. «Creo que tenía once años y estaba ensayando una
pieza de teatro en el barrio chino de Vancouver; mi madre me
dejó allí un tanto temprano, así que di una vuelta por los
alrededores» —nos confiesa—. «Y apelmazadas en la alcantarilla
estaban unas páginas de una revista pornográfica. Estaban hechas
una pelota, y recuerdo pasar de largo, pero las veía, allí, en
la calle. Seguí adelante. Anduve unos tres metros y entonces me
detuve. Estaba como… tenía que volver y hacerme con aquello…
pasé una vez y otra, haciendo círculos durante un tiempo breve
como si fuera un tiburón, y entonces, cuando la costa estuvo
despejada, agarré aquello y lo metí en el bolsillo; estaba todo
húmedo: lo recuerdo porque había estado lloviendo. Empujé
aquellas páginas bolsillo abajo, sin mirarlas. Entré y ensayé la
pieza; estuvieron en el bolsillo todo el tiempo. Luego me fui a
casa y miré el amasijo; recuerdo que tenía un aspecto arrugado,
todo bien apelmazado, y cuando por fin pude mirarlo
detenidamente, la cabeza me estalló».
Rogen devino
coleccionista de revistas pornográficas y, como la mayoría de
los mozalbetes, lentamente comenzó a acumular su propio alijo
privado. «Figuraba entre lo más preciado de mi lista de
prioridades» —comenta. Pero no comerciaba ni efectuaba
intercambios de revistas con los amigos, como se hacía con los
cromos de béisbol—. «No confiaba en los otros cuando se trataba
de mi pornografía» —dice Rogen—. «Quería la mía propia».
Cuando Seth
Rogen estaba en el instituto, recuerda haber estado escuchando
casualmente cómo sus amigos cantaban la «Canción de los
berserkers» y preguntar de dónde procedía aquello. Le dijeron
que habían visto la película Clerks, que era obscena, real, con
tipos que hablaban realmente como ellos, y no con un
americanizado lenguaje falso de suburbio que es un invento. Era
un reflejo preciso de la realidad tal como es.
«Se trata de
la primera película que haya visto realmente todo el mundo con
esas características» —comenta Rogen—. «Es decir, supongo que
películas como Diner (Diner, 1982) iniciaron esa tendencia en
cierto modo, pero Clerks fue la primera en la que los chicos
hablaban realmente como nos hablamos los unos a los otros.
Nosotros mantendríamos una conversación de diez minutes sobre
felaciones. ¿Saben a qué me refiero?»
«Y recuerdo
estar viéndola y pensar: ‘¡Dios! Esto es una locura» —comenta
Rogen—. «Este tipo lo ha hecho realmente. Ha hecho una película
sobre tipos como nosotros.» No sin ironía, Clerks fue la cinta
que inspiró a Rogen para comenzar a escribir el primer borrador
de Supersalidos (Superbad, 2007), parafraseando el estilo de
conversación de Clerks. Sin embargo, una vez en el plató, eso
era otra historia.
Todo un lince
de la improvisación, Seth Rogen está acostumbrado a ejercer la
espontaneidad en las escenas, creando sobre la marcha sin
ajustarse al guión religiosamente, o siquiera memorizando líneas
de diálogo. Así las cosas, trabajar con Smith, un realizador
célebre por ceñirse a su guión, presentaba para Rogen muchos
cambios con respecto a lo que le es habitual.
Siendo un
enorme admirador, Rogen sabía que a Smith no le gustaba la
improvisación, y esa era precisamente la cuestión acerca de la
cual todo el mundo le estaba advirtiendo. De tal modo que, como
dos adultos que son, fue una de las primeras cosas que se
quitaron de encima, y una de las primeras conversaciones que
afrontaron. Se avinieron a hallar un término medio,
prometiéndose abordar un enfoque más flexible.
«El estilo de
Kevin es tremendamente distinto» —comenta Rogen—. «En lo visual,
hay mucho más en juego, por lo que creo que como actor parte de
tu trabajo estriba en entender qué es lo que sirve en un film, y
cómo éste se va a montar.» Smith dejaba a Rogen a su aire en lo
referente a los diálogos, añadiendo pequeños chistes aquí y
allí, pero cuando Rogen se ponía nervioso con respecto a añadir
algo en el guión, éste se lo decía a Smith durante el tiempo de
otros actores sólo con el fin de tantear el terreno y comprobar
si Smith se reía con ello.
«Soy feliz
sea lo que sea lo que esté programado» —dice Rogen—. «Me ha
sorprendido enormemente lo mucho que ha encajado: ese tipo de
pequeñas coletillas que nos inventábamos a lo largo de las
escenas».
La
experiencia de Banks con Smith era nueva para ella. Fue a casa
del director y hablaron, pero nunca hubo ningún proceso de
audición a escala mayor. «Se limitó a decir algo así como:
‘¿Quieres hacer esto?’ No me creía de verdad que estuviera
ofreciéndome el papel en aquel mismo momento. Le dije algo
parecido a ‘¡Claro que quiero hacerlo!.’ Pero, honestamente, no
tenía ni idea de lo que estaba pasando» —comenta Banks—. «Lo
siguiente que supe tuvo carácter oficial. Era Miri».
«Establecimos
una buena comunicación» —comenta Banks—. «Me encantan sus
películas. He leído muchos guiones de comedia, y honestamente
puedo decir que Kevin escribe mejor sobre mujeres hilarantes,
reales, que sobre cualquier otro tipo de personaje. Encuentra
ese equilibrio entre lo escabroso y lo osado aunque femenino y
genuino, lo cual no abunda y es muestra de auténtico talento».
Lords comenzó
a leer el guión y estalló en carcarjadas. «Se trataba del
material más grosero que jamás hubiera leído» —comenta—. «Era
muy divertido. Una de las cosas acerca de la película que creo
es sorprendente, atractiva, y que realmente funciona es que hay
ese diálogo provocativo, muy explícito, como en Supersalidos.
Los personajes, esos jóvenes, dicen unas cosas y lo emiten de
una manera que no puedes evitar la exclamación».
Lords se vio
atrapada, aceptó el trabajo, y enfiló hacia Pittsburgh con su
bebé de cuatro meses y su marido, una empresa muy distinta a
cuanto la otrora fugitiva de 15 años hubiera jamás «hecho antes»
—como ella misma admite.
Smith admite
que «filmar desnudos y sexo simulado hubiera podido devenir
incómodo más allá de lo imaginado, pero como se trataba de gente
como Mewes y Katie, que demuestran estar inmoderamente a gusto
con sus cuerpos, estén o no vestidos, no se trató de ningún
infierno para mi. Daba la impresión de que no les importaba
estar prácticamente desnudos durante las escenas».
«Esta es una
película obscena» —dice Rogen—. «En este film, literalmente, hay
culos. De modo figurado, mucha gente dice que en sus filmes los
hay, refiriéndose a actores o gente del equipo que se comportan
como tontos del… En nuestra película hay un culo de verdad».
«Fue bien
auténtico el día en que fuimos al club de striptease» —comenta
Banks—. «Estando allí sentados, mirando fijamente dentro de
aquel voluptuoso…ehem... de la chica… creo que podíamos verle el
cerebro; ah! y el piercing de su clítoris».
Cierto día,
cuando Lords vino al trabajo, se le dijo que el Señor Smith
quería hablar con ella. El director había decidido que una
escena que había escrito resultaba un tanto repetitiva y deseaba
hacer algo distinto. Le preguntó qué le parecía atar con correa
cierto apéndice y simular montar a Barry (encarnado por Ricky
Mabe).
«No es fácil
que me escandalice» —nos dice—. «Pero estaba desconcertada.
Estaba aturdida, y entonces respondí: ‘¡Sabes qué? Parece
interesante» —sigue Lords— «Pensé: ‘Bueno, puede resultar
divertido si se hace rápidamente. Creo que el modo en que Kevin
lo preparó, el modo en que David Klein lo rodó, y el modo en que
Ricky Mabe reaccionó (estuvo brillante), todo hizo que resultara
de lo más hilarante. De tal modo que estoy satisfecha de haber
sido valiente en aquel momento y de que supiera afrontarlo;
llevo un vestido fabuloso, y me satisface que todo encajara,
porque no hay nada parecido que haya hecho antes en una
película. Finalmente, todo acabó bien.» Pero Rogen no pudo
evitar mortificarse por su amigo.
Elizabeth
Banks disfrutó trabajando con Jason Mewes, quien encarna al
maníaco sexual Lester, mayoritariamente por el hecho de que el
pene de su personaje es un «personaje sorprendente» en el film.
«Quiero decir que parece cobrar vida por sí mismo» —comenta la
actriz—. «Es un falo pequeño, pero hace su trabajo, y Mewes
aporta alma a su papel».
En una escena
del falso film porno titulado “Swallow My Cockaccino,” Mewes
monta a Stacey (encarnada por todo un icono del cine porno como
Katie Morgan), una mujer fácil tras el mostrador de “Ween and
Dong, una falsa cafetería. «¡Dios! fue imponente» —dice Morgan,
quien con este título aparece por primera vez en un film
comercial tras intervenir en más de 200 películas pornográficas.
«¡Vaya! Ni siquiera soy capaz de expresarlo con palabras».
USA Today
publicó un artículo diciendo «¿Irá la gente a ver esta
película?», lo que inició una discusión de tinte conservador
acerca del título y de si las generaciones más jóvenes debieran
acceder a tal material.
«De acuerdo,
la gente parecía abrumada, atónita, furiosa, respecto al título»
—comenta Rogen—. «Me resulta extraño que la gente llegue a
alzarse en armas de esta manera».
Banks admite
haber «hecho cosas peores en otros filmes que en esta película»,
y comenta que en realidad se trató de una experiencia «divertida
y mesurada». Rogen también dice que ha alcanzado a hacer
«material incuestionablemente mucho más gráfico»,
particularmente si lo comparamos con las explícitas escenas de
sexo que afrontó en Un lío embarazoso (Knocked Up, 2007). «Mi
culo ni siquiera está en esta película» —añade—. «Me afeité la
parte de atrás para nada».
«La película
es muy light» —explica—. «¿Hay algo en esta película que no se
haya visto antes en otras? La respuesta es no. Honestamente,
creo que no. ¿Y hay algo en esta película que realmente pueda
dañar a nadie que la vea? Otra vez, la respuesta es,
definitivamente, no. Lo que quiero decir es que resulta mucho
más dañino ver, digamos, una película como Saw (Saw, 2004),
donde alguien está siendo torturado durante cuarenta y cinco
minutos, que lo que pueda dañar ver a gente practicando sexo».
Smith
explica: «Cierto día, rodamos una escena que resultaba de un
dramatismo que jamás antes había afrontado en ninguna de mis
películas. Y Seth se giró en redondo y me dijo literalmente:
‘¿Se trata de la misma película que contiene todo ese otro
material?»
El director
tuvo que afrontar una labor ingente explicando a los demás,
incluso a la Motion Picture Association of America (MPAA), que
la película era relativamente moderada. «No hay nada erótico
acerca del sexo en la película» —añade Smith—. «Satirizamos el
sexo pornográfico, lo cual, para empezar, ya es pasarse de la
raya. Así que tuvimos que ir más allá aún. Pero en nuestra
película, la intención está en la comedia, no busca excitar».
Smith sometió
el film a la MPAA tres veces. En cada ocasión, fue despachada
con un NC-17. No viendo de buen grado tener que cortar más,
decidió apelar en un intento de darle la vuelta a la
clasificación sin tener que eliminar una imagen más. «Ésta era
nuestra tercera apelación» —nos dice Smith refiriéndose a dos
pleitos previos con la MPAA a propósito de Clerks y de Una chica
de Jersey (Jersey Girl, 2004). «Aunque nos salimos con la
nuestra en cuanto a las clasificaciones de nuestros dos primeros
filmes en litigio, tenía la impresión de que en esta apelación
sólo tenía un 50% de posibilidades de ganar, basándome en el
factor piel. Afortunadamente, en la entrevista estuvieron de
acuerdo con que nuestro material no pertenecía al territorio
NC-17, y lo rebajaron a la categoría R».
Se trata de
un típico film de Kevin Smith. Hay mugre, obscenidad y material
sexual explícito, pero todos sus filmes han venido tratando —en
lo más hondo— de las relaciones afectivas, bien sean éstas entre
amigos del alma o con intereses románticos de por medio. En esta
película tenemos de las dos clases: se trata de buenos amigos
cuya relación evoluciona hacia el enamoramiento.
El reparto
confirma que no se trata de otra película pornográfica o de una
película acerca del porno. Esta cinta es divertida y
absolutamente ridícula. Su lenguaje es soez y tiene un corazón
puro.
Con suerte,
al público le parecerá divertido e interesante ver a Brandon
Routh, que encarnó a Superman, a cuyo compañero y estrella porno
gay da vida el actor Justin Long, y contemplar a Jason Mewes,
disfrazado como Lube Skyballer, correteando por ahí con juguetes
sexuales tontorrones y abofeteando con ellos los pómulos de la
gente.
Y además hay
todo un emotivo idilio entre Zack y Miri. «Comparada con cuanto
he realizado en el pasado» —admite Smith—, «probablemente está
más cerca de Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997). Es muy
directa y obscena, pero es muy tierna».
«Es una
historia romántica» —opina Lords sin titubeos—. «Daba la
sensación de que abordar una película cuyo tema principal fuera
pornográfico, con ese lenguaje tan explícito, y sin embargo
presentar unos personajes que devienen tan absolutamente
entrañables, sería como avanzar por la cuerda floja» —opina
Lords—. «Seth y Elizabeth, la manera en que trabajan juntos, sus
vibraciones y química, el modo en que Kevin ha escrito esto, le
ha dado cuerpo y lo ha disfrazado completamente, y tota la gente
yendo a una: les amo a todos. No hay nada asqueroso aquí» —opina
la actriz—. «Existen cosas de la película chocantes, pero yo no
consideraría que hay algo vulgar en esta cinta. Posee una gran
ternura. El alma del film es, de verdad, muy especial».
Katie Morgan
concluye que pese a que la película acarrea la categoría de
porno R, no trata en modo alguno de pornografía. «Se trata de
dos personas que de hecho no se habían dado cuenta de que se
amaban, y entonces lo descubren» —comenta—. «Es una película
feliz, muy buena. Saben, en realidad las tetas sólo son para
mirarlas. Un pequeño extra».
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de cómo se hizo "¿Hacemos una porno?" - Copyright © 2008 The Weinstein
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