CÓMO SE HIZO "NOCHE EN EL
MUSEO 2"
Notas de producción © 2009
Hispano Foxfilm
1. El proyecto
La película "Noche en el
Museo" planteó una pregunta candente que a todos los que han
visitado uno les ha venido a la cabeza: ¿Qué les sucede a todas
las piezas del museo cuando se apagan las luces y los visitantes
se van a casa? La deliciosamente imaginativa respuesta dio vida
a una tropa de personajes irreverentemente divertidos,
simpáticos e inteligentes sacados directamente de la historia,
incorporándolos a una aventura en la que intervenían hombres de
Neandertal, vaqueros, presidentes de los EE.UU., dinosaurios e
ídolos de la Isla de Pascua. Todos se unieron a un guarda
nocturno que fue capaz de triunfar por primera vez en su vida
después de haber descubierto el poder del conocimiento y el
placer de la amistad inesperada. Pero, ¿cuál podría ser el
siguiente paso de Larry Daley? Los realizadores de Noche en el
Museo sabían que si Larry iba a emprender otra asombrosa odisea,
ésta tenía que ser un tinglado de primera –en cuanto a tamaño,
aventuras y lo que Larry se jugaría. ¿Cómo lograr algo de
proporciones aún más ciclópeas que el Museo de Historia Natural
de Nueva York? ¿Dónde podría hallarse un museo aún más grande,
rebosante de una colección de piezas incluso más pasmosa –desde
criaturas prehistóricas hasta cohetes de la Era del Espacio,
pasando por obras de arte medievales- y donde las posibilidades
de emociones, situaciones cómicas y la prueba definitiva de la
lealtad y el valor de Larry superaran todo lo conocido si todo
cobrase vida repentinamente? Sólo había una respuesta. Y condujo
directamente a la capital de los Estados Unidos y al único museo
financiado por nosotros, los contribuyentes: la magnífica
Institución Smithsonian. “Queríamos que todo cuanto hicimos en
la primera película fuera no sólo mayor sino mejor en la
segunda”, explica el director Shawn Levy, que repite en el
puesto. “Queríamos que la odisea de Larry resultara aún más
cautivadora, que le ayudase a encontrar el camino que le
devolviera a lo mejor de su personalidad, de lo que tuvo un
atisbo en Noche en el Museo. Ben Stiller y yo siempre estuvimos
de acuerdo en que no habría más entregas de este relato a no ser
que tuviéramos un excelente nuevo argumento –de modo que cuando
surgió la idea de trasladar a Larry y a sus amigos al
Smithsonian, sabíamos que habíamos dado con lo que queríamos. La
idea no podía habernos entusiasmado más”.
El Smithsonian incrementó
la escala de la producción, siendo la suya propia tan
maravillosamente enorme. Considerado un faro de la cultura, la
educación y la exploración en todo el mundo, el Smithsonian fue
fundado en 1846 con un misterioso legado de medio millón de
dólares donados por el científico británico James Smithson,
quien, aunque nunca pisó los Estados Unidos, quiso que el país
dispusiera de un lugar especial dedicado al “aumento y la
difusión del conocimiento”. Más de ciento cincuenta años
después, la Institución Smithsonian es uno de los ejes de
nuestra capital nacional, el complejo museístico más grande del
planeta y un depósito de todo: huesos antiguos, documentos
históricos fundamentales de los EE.UU. y artefactos culturales
como la silla de Archie Bunker. Cada año, unos veinticinco
millones de visitantes se sienten deslumbrados y entusiasmados
por todo cuanto se encuentra en su interior, desde los
imponentes cuadros de la Galería Nacional a los aviones clásicos
del Museo Nacional del Aire y el Espacio.
Para los realizadores, la
misma idea de utilizar el Smithsonian no sólo como telón de
fondo sino también como el mismo núcleo de una gran aventura
cómica, fue como soltar en una pastelería a un grupo de niños
con un hambre canina. Reavivó la pasión colectiva de todo el
equipo original, incluidos los guionistas Thomas Lennon y Robert
Ben Garant, que adaptaron una obra favorita de la literatura
infantil, original de Milan Trenc, infundiéndole su propio y
brioso sentido del humor para crear la primera Noche en el
Museo.
Por lo que respectaba a
Lennon y Garant, cuanto más grande fuera el museo, mayores
serían las oportunidades de que se produjeran encuentros mágicos
y combates sorpresa, y de que la narración resultara
irresistible. “A diferencia del Museo de Historia Natural, todo
el cual está bajo el mismo techo, el Smithsonian se extiende a
lo largo del todo el Bulevar Nacional”, reflexiona Garant. “Nos
enfrentamos al extraordinario reto de resolver el problema de
cómo contar una historia que se desarrollara en todo el complejo
sin que resultase una persecución sin pausa”.
Al cabo, la pareja de
guionistas limitó el grueso de la acción del relato a unas pocas
de las zonas más atrayentes del complejo museístico del
Smithsonian: El Museo del Aire y del Espacio (el más visitado
del mundo), el Castillo Smithsonian y el Monumento a Lincoln.
Pero, ¿qué es lo que
podría hacer que Larry, neoyorquino hasta la médula, viajase
hasta el Distrito de Columbia? La última vez que Lennon y Garant
habían visto a Larry, éste se hallaba satisfecho de haber
logrado, por fin, ser algo importante en la vida –un guarda
nocturno con un conocimiento del Museo de Historia Natural que
superaba cuanto cualquiera pudiese imaginar. Pero cuando se
plantearon qué podría haberle ocurrido desde entonces,
imaginaron que habría aspirado a lograr un éxito mayor. Larry,
que es el inventor que está detrás de Daley Devices, se
encuentra ahora más perdido que nunca, habiendo buscado fama y
dinero a la vez que habiendo dejado atrás la amistad, la
diversión y una meta en la vida. Del mismo modo, las piezas que
abandonó en el museo también han sufrido un revés en su fortuna.
Anteriormente adorados por niños de todo el mundo, han caído en
desgracia en esta época de hologramas de alta tecnología, y,
según descubre Larry, ahora están encajonados para ser enviados
y almacenados en los recovecos más hondos de los depósitos del
Smithsonian.
Esta situación fue el
punto de partida del argumento. A continuación, los dos
escribidores dejaron que el mismo Smithsonian, por el que
vagaron día tras día, sala tras sala, como turistas obsesionados
con los detalles, fuera el inspirador de la acción. Lennon
observa que “cuando escribimos Noche en el Museo, todo en lo que
pensábamos era en escribir una película divertida y rebosante de
acción que gustase a todo el mundo. Ése fue precisamente nuestro
enfoque sobre cómo utilizar el Smithsonian como escenario”.
Algunos de los temas más
populares del Smithsonian despertaron la imaginación de los
autores, llevándolos en una dirección completamente nueva. El
tributo que el Museo del Aire y del Espacio rinde a la
aventurera aviadora Amelia Earhart, y el avión Lockheed Vega de
color rojo cereza (en el que atravesó el Atlántico rompiendo
records) transportaron a los guionistas –y posteriormente a
Larry- a un idilio imprevisto. Cuando la estatua de Amelia cobra
vida, se convierte no sólo en la espabilada compañera de Larry
sino también en el inesperado complemento romántico que le
permite volver a apreciar el lado divertido de las cosas. “Desde
el mismo momento en que vimos la exhibición de Amelia Earhart en
el Museo del Aire y el Espacio, supimos que sería el personaje
femenino que ayudaría a Larry a reencontrar su rumbo, literal y
metafóricamente”, afirma Lennon.
Garant y Lennon se
divirtieron de lo lindo con las arrolladoras bromas de Amelia,
marcadas por una añeja afición a expresiones con chispa,
salpicadas de expresiones como “soberbio”, “zarandajas” y “date
el bote”. “Imaginamos que hablaría de forma parecida a la de
Katharine Hepburn en una película de Howard Hawks”, explica
Garant. “Fue muy divertido escribir diálogos de esa clase
sacados de las grandes películas de la época”.
Amelia se convierte en
seguida en el eje del relato, causando, en una única e
inolvidable noche, un gran impacto en la futura dirección de la
vida de Larry, aunque, por desgracia, la noche que tanto los
aproxima no puede durar eternamente. El director/productor Shawn
Levy observa: “Al desarrollar el nuevo argumento, creo que
sacamos muchos de los rasgos que le encantaron al público en la
primera película- es divertida, afectuosa y llena de
espectáculo. Pero no nos detuvimos en ello, sino que buscamos
algo nuevo. Esta vez no se trata sólo de un individuo que huye
de las piezas que han cobrado vida. Es algo emocionalmente más
interesante porque la historia de amor de Larry y Amelia se
convierte en el núcleo de la película. Nuestro objetivo era que
la secuela fuese más pasmosa y aventurera, pero también ahondar
en los temas y las relaciones, y este guión lo consigue. Amelia
es una auténtica fiera y ella y Larry viven un idilio tan
maravilloso como agridulce porque saben que, al llegar el día,
ella volverá a ser de cera”.
No menos divertida para
los realizadores fue la oportunidad de reunir a algunas de las
mentes más grandes y a varios de los aventureros más valientes.
“Es asombroso lograr que los Aviadores de Tuskegee, de tanta
importancia en la historia norteamericana, tengan la ocasión de
agradecer a Amelia Earhart que despejara el camino permitiendo
derribar las barreras de los prejuicios en la aviación”, afirma
Levy. “Estas conversaciones nunca habrían tenido lugar en la
vida real pero encierran grandes posibilidades cómicas amén de
un poco de inspiración histórica”.
Larry necesita sin duda un
socio que tenga un cierto dominio de la navegación cuando se
encuentra en un mundo en el que cualquier cosa –y cualquiera-
puede cobrar vida, y lo hace, cada vez que dobla una esquina.
Claro que Larry ha visto andar a las estatuas y moverse a los
modelos, pero nunca se ha encontrado dentro de la acción de
algunos de los cuadros y fotografías más famosos del mundo. “El
nuevo elemento, consistente en que el arte cobre vida en la
galería, fue especialmente emocionante para mí como aficionado
al arte”, asegura Levy. “Tenemos todo; desde el paisaje de
tierras de labranza propio del Gótico Norteamericano, los
‘Halcones de la Noche’ de Edward Hopper, y la foto del Día de la
Victoria sobre el Japón de [Alfred] Eisenstaedt. Fue emocionante
abandonar el mundo real y adentrarse en estos mundos virtuales,
en el interior de algunas de mis obras de arte favoritas.
También hacemos que adquieran vida esculturas famosas, como ‘El
Pensador’ de Rodin, una bailarina de Degas y otras muchas
criaturas, incluido un enorme cefalópodo”.
Estimulados por las nuevas
piezas de Washington, conocemos a muchos personajes nuevos, a
los que se incorporan nuestros favoritos de la primera película,
en su ‘Batalla por el Smithsonian’. Destaca entre todos el
villano más nefando con el que Larry se ha tropezado en su vida:
el faraón egipcio revivido Kahmunrah (Hank Azaria), el hermano
más pequeño, y más mezquino, del Ahkmenrah de la primera
película. El diabólico faraón pretende convertir el Smithsonian
en el lugar en el que su Ejército del Mundo de los Muertos se
apodere del mundo, reclutando a su propio y plurigeneracional
“eje del mal” para que ponga sitio al museo. Los malhechores
cuyo concurso obtiene incluyen a Iván el Terrible, el
tristemente célebre zar ruso que se cree terriblemente
incomprendido; el genio militar francés Napoleón Bonaparte, que
sigue padeciendo por culpa de una ligera cuestión de altura; y
un juvenil gángster americano con gran inclinación a darle gusto
al gatillo, llamado Al Capone.
Otra reciente
incorporación que desempeña un papel clave es el general Custer,
el malhadado jefe militar de la Guerra del Secesión. Derrotado
en la batalla de Little Big Horn, aparentemente ha sido víctima
desde entonces de su escasa autoestima. “Elegimos a Custer
porque sabíamos que queríamos contar con el anti-Teddy
Roosevelt”, afirma Lennon, “alguien que dio unos malísimos
consejos y que, a pesar de sus excelentes intenciones, ¡no ayudó
lo más mínimo!”
Pudiendo jugar con tan
carismáticos hombres de acción y con las salas del Smithsonian,
Garant, Lennon y Levy se sintieron libres para imaginar números
más alocados y audaces. “Con todas las ideas que salen del
Smithsonian, no es posible conseguir una diversión mucho mayor”,
asegura Levy. “Tenemos el Museo del Aire y del Espacio, en el
que cada aeroplano, cada modelo y cada cohete cobra vida y
quiere salir pitando del museo. Tenemos una secuencia de
persecución dentro de una fotografía. Tenemos una escena en la
que Amelia Earhart roba el aeroplano de los hermanos Wright, se
escapa del Museo del Aire y del Espacio y realiza un aterrizaje
forzoso en el Castillo Smithsonian. Y luego, tenemos la batalla
campal, que es el combate culminante por el Smithsonian, en el
que todos los personajes que conocemos y a los que adoramos
–nuestro ejército de los buenos, formado por Larry, Amelia,
Atila, el rey de los hunos, Sacajawea, el Pensador, Venus, el
general Custer y los aviadores de Tuskegee- se enfrentan a
Kahmunrah, Iván, Napoleón, Capone y el ejército de los
desalmados en una épica batalla decisiva”.
Levy concluye con estas
palabras: “Este era el tipo de argumento que tanto Ben como yo
teníamos en mente cuando hablábamos de a dónde iríamos después
con Larry Daley. Estaba lleno de comedia inteligente y
perspicaz; de acción escandalosa y de mucho corazón –y luego
conseguimos a un excepcional reparto que estuviera a la altura.
Desde el primer día, a Ben y a mí nos unía la misma ansia
devoradora de unir a los mejores actores y a los mejores
técnicos para contar el relato. Si además de Ben uno cuenta no
sólo con Amy Adams sino también con gente como Owen Wilson,
Robin Williams, Hank Azaria, Christopher Guest, Bill Hader y
Ricky Gervais, -todos ellos brillantes improvisadores,
excelentes escritores cómicos por méritos propios, todos los
cuales saben cómo adentrarse en lo desconocido de forma
sorprendente- la calidad artística del elenco que se pone
delante de la cámara es tan grande como la creatividad que
impera en el equipo técnico, y eso es lo que convierte a esta
película en algo tan especial”.
2.
Los personajes
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Imágenes y notas
de cómo se hizo "Noche en el museo 2" - Copyright © 2009 20th Century
Fox, 21 Laps y 1492 Pictures. Distribuida en España por Hispano
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