CÓMO SE HIZO "BRÜNO"
Notas de producción © 2009
Sony Pictures Releasing
Siguiendo a
la gran proyección y atención que provocó Borat, el viaje
fílmico por el mundo del especialista en moda más famoso de
Austria (y presentador de Funkyzeit Mit Brüno) comenzó por parte
de los realizadores con una simple pregunta, “¿Podemos volver a
lograrlo?” Esto era posible… si lograban mantener a su estrella
y fuerza creativa fuera de la cárcel y con vida hasta el final
del rodaje. Si algo aprendieron el director Larry Charles y los
productores Sacha Baron Cohen, Dan Mazer, Jay Roach y Monica
Levinson de su tiempo en Borat, fue a vivir con un axioma:
“Conoce y obedece la ley y siempre ten un plan de escape”.
Estaban seguros de que si Baron Cohen era puesto entre rejas o
herido, la producción se tendría que interrumpir y se atrasarían
varias semanas. Esta máxima se llevó a rajatabla en todos los
aspectos de la producción y pudieron ajustarse al plan. Siempre,
salvo en una ocasión. Si bien la mayoría de los rodajes de cine
tienen un estricto plan de rodaje al que atenerse y el equipo
artístico y técnico saben lo que se espera de ellos, el equipo
de BRÜNO no disfrutó de semejante lujo. Todas las tardes antes
del día de producción, el grupo tenía que determinar que se
rodaría al día siguiente. Establecían una línea de acción,
llegaban a la escena y la rodaban a toda velocidad. Luego se
trasladaban a otra localización donde otra vez excedían los
límites pero sin llegar a quebrar la ley. La credibilidad fue
crucial para lograr la comedia extrema de Borat, y el equipo, en
esta oportunidad fue un poco más allá y tuvieron encuentros más
frecuentes y serios con la policía que anteriormente. Pero la
cosa no terminó ahí. El equipo recibió llamadas del FBI
advirtiéndoles de amenazas de muerte, de golpizas, mafias
rabiosas y armas cargadas en todas y cada una de las etapas del
camino. La experiencia en Borat enseñó al equipo técnico y
artístico a que todos tenían que estar en el mismo barco (y
trabajar con la mayor discreción) para asegurarse de que el
estilo de rodaje-guerrilla funcionara. Desde el momento en que
Baron Cohen fue detenido por la policía de Milán después de
rodar una aparición que interrumpió un evento de la diseñadora
Agatha Ruiz De La Prada, para luego ser interrogado, desnudado y
registrado por los oficiales, lo cierto es que no hubo un solo
momento de aburrimiento en este itinerante rodaje.
Una vez que los escenarios
iniciales (por ejemplo: Brüno siendo expulsado de un gran evento
de moda; flirtear con avergonzados sujetos; y entrevistar a
celebridades en referencia a sus esfuerzos humanitarios) fueron
acordados entre Baron Cohen y sus compañeros guionistas, comenzó
la investigación para hallar los mejores locales para visitar y
la gente con la que se quería contar. Los resultados obtenidos
en película sería lo que determinaría los siguientes pasos.
Después de más de 19
semanas no consecutivas a lo largo de todo un año de “bien
aceitado y completamente desorganizado engranaje”, se obtuvo el
material necesario. Gracias a la escala reducida a la que se
atuvieron, a ser furtivos y al apoyo del talento y la
confidencialidad de un grupo de personas, fueron capaces de
capturar lo que jamás se ha visto en la pantalla.
Viajando en cinco
vehículos (tres furgonetas, una furgoneta de escape y una
caravana que servía tanto para producción como para vestuario),
el equipo técnico y artístico recorrió Estados Unidos, Europa y
el Oriente Medio. Mantuvieron un agotador plan de rodaje al
tiempo que atravesaron en Estados Unidos, Los Ángeles, Nueva
York y Washington DC hasta Kansas, Texas, Alabama y Arkansas;
Londres, Berlín, París y Milán en Europa; y Jordania e Israel en
el Oriente Medio. Lo que sigue a continuación es un ejemplo de
sus extravagantes anécdotas.
Cuando Baron Cohen y sus
compañeros de guión imaginaron que Brüno cubriera como reportero
la semana de la moda europea, donde conocería su derrota final;
exploraron varios eventos a los que podía asistir durante el
lapso de tiempo en el que estaba programado el rodaje. Los
realizadores no querían apostar todo a una localización por lo
que se desplazaron a Nueva York, París y Milán y se acreditaron
para diversos eventos en las respectivas semanas de la moda de
cada ciudad.
El equipo llegó a la
Semana de la Moda de Milán a fines de septiembre de 2008.
Imaginaron un gag en el que Baron Cohen como Brüno vestiría un
traje hecho por completo de velcro, saldría del coche y se
abriría paso hacia la pasarela; el director Charles y el equipo
de cámara lo registrarían todo en película. Los primeros
intentos de entrar a los desfiles fueron fallidos porque la
gente de seguridad reconoció y prohibió la entrada a todos los
personajes claves de la producción. Los oficiales llamaron a la
policía y entregaron al equipo de Brüno acusándolos de robar
ropa.
Brüno había sido proscrito
de la Semana de la Moda de Milán. La Cámara de la Moda Italiana
lanzó un comunicado de prensa a todos los diseñadores
advirtiendo la posibilidad de que Baron Cohen tratara de
irrumpir en sus eventos; la cámara vetó el acceso de Brüno y de
su compañía de producción a todas las fiestas y desfiles. Con la
imagen de Baron Cohen en todas las emisoras de televisión y en
Internet, este se convirtió en el hombre más buscado. Por su
parte, la policía milanesa había declarado que sería arrestado
en cuanto apareciera. Todos intentaban aplastar al fabuloso
presentador con desesperada saña. A pesar de que todo indicaba
que no obtendrían resultado si se presentaban en algún desfile,
el equipo no estaba dispuesto a tirar la toalla. ¿La solución?
Baron Cohen insistió en que todos cambiaran su apariencia y que
crearan un equipo completamente nuevo. El director Charles se
afeitó la barba y se cambió el pelo; el productor Mazer,
igualmente se cortó el pelo así como otros miembros del equipo
de cámara milanés. Todos aquellos que aparecían en el último
acto cambiaron de vestuario.
Completaron el efecto con
pañuelos de alta costura y gafas de moda y se convirtieron en un
equipo totalmente nuevo de profesionales de la moda para poder
mezclarse entre los demás. Esta sería la última oportunidad del
equipo de obtener la escena del velcro que los guionistas habían
planificado cuidadosamente. ¿Qué se interponía entre ellos y el
gran acto? Numerosos policías extras y mayor cantidad de
miembros de seguridad con el objetivo de buscar a Brüno.
La oportunidad se presentó
30 minutos antes de que comenzara el show de la diseñadora de
moda Agatha Ruiz De La Prada, y el hombre que había creado a
Brüno supo lo que tenía que hacer. El equipo le proporcionó la
acreditación oportuna y pudo entrar… no como el presentador de
Funkyzeit Mit Brüno, sino disfrazado como un fotógrafo italiano
con un traje fabuloso.
Acompañado por su
estilista y su maquillador y el guionista Hines, Baron Cohen
encontró un lugar escondido entre bastidores donde se pudo
transformar en Brüno. Baron tuvo que contener su rápida
respiración porque a pocos centímetros pasaban las modelos y los
efectivos de seguridad. El artista sabía que si era descubierto
sería la última oportunidad del equipo de capturar esta crítica
escena. Pocos minutos después de que el desfile comenzara, vio
su oportunidad. Salió rápidamente de su escondite entre
bambalinas y pasó raudo frente a las desconcertadas modelos
mientras que los guardias de seguridad se abalanzaban contra él.
Los productores se
sintieron eufóricos cuando Baron Cohen (como Brüno en un traje
de velcro cubierto de ropa) cayó sobre la pasarela. La multitud
se enfureció mientras las cámaras seguían rodando. Justo en el
momento en que el equipo había rodado lo necesario, seguridad
cortó la luz y Baron Cohen fue sacado a rastras del escenario.
La policía lo esposó y lo arrastraron hasta la cárcel, al tiempo
que los miembros del equipo lo siguieron hasta allí. A pesar de
que Baron Cohen reconoció que había cometido un error inocente
(simplemente se había puesto un traje de velcro y había entrado)
lo desnudaron y registraron y fue interrogado por siete
oficiales de policía.
Impertérrito, el equipo
continuó con su siguiente aventura. No habían pasado ni un par
de días cuando Baron Cohen preguntó lo siguiente: “¿Podemos ir a
la semana de la moda de París la semana próxima?” La respuesta
de los productores fue: “Bien… ¡vamos a París!” Rodaron durante
dos días en octubre y aterrizaron en las mejores butacas de los
muy deseados desfiles de la línea de Stella McCartney y de
Jean-Charles de Castelbajac. Brüno ataviado con otro escandaloso
traje no dejaba de hacer comentarios mientras las cámaras
rodaban.
Esta no sería la última
oportunidad en la que los muy respetados, entre ellos,
profesionales de la moda verían a Brüno. A pesar de que la
secuencia no fue utilizada en el montaje final de la película,
la producción rodó una escena en una discoteca de Berlín donde
Brüno se despedía del mundo de la moda. En medio de una fiesta
rave que duraba toda la noche, Brüno irrumpió en la cabina del
DJ, apagó la música y dio un discurso de diez minutos a los
apabullados clientes.
Según el demente de la
moda, el público fue receptor del “discurso más inspirador desde
el ‘Tengo un sueño’ que pronunciara Martin Luther King”. No hay
necesidad de aclarar que los hiperquinéticos discotequeros no se
tomaron muy bien el corte de la música y empezaron a mofarse del
extraño hombre que les había dado el indeseado discurso.
Botellas y copas fueron derramadas sobre Brüno. Al tiempo que
los musculosos hombres de seguridad de la discoteca arrojaron a
Baron Cohen del club y los clientes borrachos se abalanzaron
sobre el hombre que había interrumpido su fiesta. Durante la
revuelta, uno de los asaltantes hirió al artista en el cuello
mientras que otros despedazaban su ropa. Brüno estaba
oficialmente fuera.
Cuando los guionistas
estaban dando forma a la aventura de Brüno, se dieron cuenta de
que necesitaba a un socio en el crimen para el presentador en su
viaje por el mundo. Para elegir a quien interpretara al segundo
asistente de Brüno, el inicialmente sumiso (y enamorado sin
remedio de su jefe) Lutz, la producción buscó exhaustivamente;
se hicieron pruebas de casting en Estados Unidos, Alemania y
Londres, entre muchos otros sitios. Lutz tenía que ser el
“hetero” perfecto para Brüno, quien lo apoyara en sus absurdas
ideas como birlarle un bebé a una tribu africana y tratar de
convertirse en heterosexual. Y todo esto en nombre del amor.
Durante las pruebas, el
productor Dan Mazer recordó a un actor de uno de sus filmes
favoritos, una comedia sueca del guionista y director Lukas
Moodysson, titulada Juntos (Tillsammans). Le había impresionado
la actuación de Gustaf Hammarsten e insistió al equipo en
llamarlo para que hiciera una prueba para el papel. Cuando el
actor leyó su parte en la prueba, supieron que habían encontrado
a su Lutz.
Junto con la estrella del
filme, Hammarsten se arriesgó en numerosas ocasiones a lo largo
del rodaje y fue un personaje imperturbable del grupo. Desde ser
maniatado a Baron Cohen en una habitación de hotel hasta
intercambiar golpes en una pelea en jaulas en Arkansas, el actor
fue increíblemente versátil y valiente. Y tal como Baron Cohen,
Hammarsten estudió alemán en el colegio y sabía lo suficiente
como para seguir una conversación con Brüno en ese idioma.
En la búsqueda de súper
famosos de Brüno, encontró algunos sujetos curiosos para sus
entrevistas. De todas maneras, nadie es más fascinante que
aquellos que tienen el mayor desparpajo ante los medios: las
celebridades. Desde Paula Abdul y La Toya Jackson a Brittny
Gastineau y Ron Paul, Baron Cohen se las arregló para que
cantantes, estrellas de los realities y políticos dijeran a
cámara cosas que jamás nadie imaginaría.
Uno de los experimentos
sociales más sorprendentes fue el uso de “La silla de
mexicanos”. El equipo puso en escena un irreverente gag en el
que Brüno se da cuenta de que no tiene sillas donde sentar a sus
entrevistados. ¿Qué se podía utilizar como sillas y bancos?
Jardineros latinos, desde luego. Por supuesto, no pensaron que
nadie se iba a sentar en realidad sobre los hombres (los cuales
eran todos dobles y actores) a menos que se los presionara
seriamente. Pero resultó asombrosamente fácil obtener la
conformidad de las estrellas. Todas las celebridades se sentaron
sin titubeos.
La juez de American Idol,
Paula Abdul y la hermana del tristemente célebre Jackson, La
Toya Jackson estuvieron de acuerdo en ser entrevistadas por Herr
Brüno y sentarse sobre el “servicio”. Ambas se apuntaron y se
apoltronaron sobre las espaldas de los supuestos trabajadores.
¿Difícil de entender? El director Charles tiene una explicación;
él cree que es parte de la naturaleza humana el querer alimentar
nuestros egos y perdonarnos las “pequeñas” transgresiones que
hacemos en el proceso.
De su trabajo en filmes
como Borat y Religulous, Charles se ha dado cuenta, en dos
palabras, de que la gente quiere ser entrevistada. Los artistas
del momento, creen que es parte de su trabajo promocionar sus
proyectos y ni ellos ni su equipo de publicistas son demasiado
quisquillosos acerca de los detalles.
Para la gente corriente se
aplica la regla de “todo el mundo quiere su segundo de fama”.
Con muchos sujetos, si pones una cámara y un micrófono frente a
ellos, dirán cualquier cosa que estén pensando por la
posibilidad de quince minutos de atención.
Al mismo tiempo que Abdul,
Jackson y Gastineau fueron entrevistados en Los Ángeles, el
equipo estaba en Washington DC esperando, para intentar pillar
las palabras de un determinado político. En ese momento se
presentaba a las elecciones para optar a ser presidente de
Estados Unidos. Ron Paul fue entrevistado para el filme.
Fue un plan elaborado y
arriesgado para el equipo de BRÜNO obtener esta entrevista.
Tuvieron que lidiar con la policía del Capitolio y los Servicios
Secretos, por no mencionar el ejército de gente que trabajaba
con Paul. En cuanto la entrevista finalizó (y Paul abandonó
indignado el set), se llevaron a Baron Cohen a toda prisa en una
falsa patrulla de policía a coger un avión a Nueva York.
La ardua tarea de rodar
BRÜNO, finalmente pasó su factura. El artista pilló una fuerte
gripe y tuvo que guardar reposo y no se le permitió volar. La
producción tuvo que interrumpirse durante dos días. A pesar de
no estar completamente recuperado, con ayuda, pudo rodar la
parte de la “silla mexicana”, luego voló a Kansas para la
secuencia en la que maniatado junto a Gustaf Hammarsten se abre
paso a través del hotel y del centro comercial.
Durante la secuencia de la
habitación del hotel en la cual están encadenados juntos a la
cama, se les informó de que la policía estaba en la entrada del
hotel. Al tiempo que los ilustres policías de la ciudad de
Kansas subían en el ascensor, ambos hombres escaparon hacia
abajo por la escalera de emergencia. Para su sorpresa,
descubrieron que la escalera se terminaba en la segunda planta.
Estaban atrapados.
Había que elegir entre
enfrentarse a la policía (que significaba: posible arresto y
deportación de los europeos) o saltar cuatro metros y medio y
ser libres. Los artistas se arriesgaron y llegaron hasta el
vehículo de escape.
Baron Cohen oficialmente
había sido derribado. Los antibióticos le habían provocado
aftas, la crema depilatoria que utilizaba le había dado una
fuerte reacción, aún así, haciendo un gran esfuerzo para
recuperarse de la infección en el pecho, Brüno volvió a la
acción; hasta que su álter ego se rompió un tobillo por culpa de
unas botas de plataforma durante una escena en el Oriente Medio
y entonces la producción tuvo que interrumpirse por otras siete
semanas.
Si bien el director
Charles y los otros productores habían aprendido que no había
nada que no se pudiera esperar de Sacha Baron Cohen, hubo una
cosa para la que no estuvieron preparados y eran las intenciones
del actor de que Brüno ayudara en las negociaciones de paz de
Oriente Medio.
La política general de las
entrevistas es que Baron Cohen permite que los sujetos continúen
hasta obtener la respuesta más honesta posible a la escena que
previamente habían creado con sus guionistas. A pesar de ello,
frente a la sugerencia de que el equipo se mezclara con
terroristas, la reacción de los habitualmente valientes
integrantes del equipo fue: “¿Cómo vamos a hacer eso sin que nos
maten a todos?” Eran conscientes de que no podían ir
tranquilamente a Jordania, Israel o Cisjordania y poner en
marcha esa forma de trabajo. Al menos eso fue lo que pensaron.
Antes de embarcarse en el periplo, el equipo se entrevistó con
expertos en Medio Oriente para conocer cuáles eran los límites
que jamás se podían sobrepasar; y se comprometieron a ayudar a
los asesores claves palestinos, jordanos e israelíes y entender
los tácitos códigos de conducta. Si los siguieron o no, esa fue
otra historia.
La región fue, sin lugar a
dudas, la más intimidante y peligrosa en la que el equipo había
rodado. Después de convencer al anterior primer ministro jordano
para que participara en una entrevista en su casa de 90 minutos,
Baron Cohen necesitó entrevistarse con la familia real del país
para suavizar las cosas. Y si eso, junto a las conversaciones
con algunos miembros del Mossad y otros políticos
fundamentalistas de la región, no fue suficiente, Baron Cohen en
el papel de Brüno se dirigió hacia un área de Cisjordania (zona
C) que no está bajo el control de los israelíes. Si algo salía
mal, no contarían con la ayuda del ejército israelí. Los
realizadores realmente estaban a su suerte.
Sorprendentemente, la
cabeza de la unidad de Belén de la brigada del grupo terrorista
al-Aqsa Martyrs estuvo de acuerdo con encontrarse con un
corresponsal. El líder de la secta conocida por sus atentados
suicidas se sentó con Brüno mientras un ayudante traducía las
curiosas y altamente ofensivas declaraciones del entrevistador.
Mientras la entrevista era llevada a cabo, estaban rodeados por
los guardaespaldas de los terroristas… que a cada minuto estaban
más agitados.
Una vez que Baron Cohen y
Charles llegaron a una localización secreta en Cisjordania,
fueron informados de que la inteligencia palestina sabía que
estaban allí y que los tenía vigilados. Sin tiempo que perder,
el equipo juntó todo el material que necesitaba y rápidamente se
dirigió hacia territorio protegido.
¿Qué proceso de paz
estaría completo sin tener la opinión del otro bando? Uno de los
experimentos más rápidos de la producción fue el cruce ostentoso
de Brüno a través de la frontera judía de Israel. Dentro de esta
sociedad conservadora, los hombres y las mujeres tienen
prohibido mostrar la piel (incluyendo la de las piernas y los
brazos), por lo que cuando Brüno salió a pasear en pantalones
muy cortos y ajustados y un sombrero al estilo Little Debbie ,
la multitud persiguió a Baron Cohen como represalia por sus
ofensas.
La muchedumbre clamaba por
sangre. Un gran número de enfadados judíos ortodoxos comenzaron
a rodear a Baron Cohen con la intención de castigarlo por sus
acciones. El artista se vio forzado a esconderse en el negocio
de un compasivo vendedor hasta que llegó la furgoneta y le
permitió huir del lugar. Solo entonces se calmó la situación y
se evitó el creciente riesgo de disturbios, cuando agazapado en
el suelo del vehículo escapó a toda prisa.
Cuando volvieron a Estados
Unidos, el equipo de producción asumió que entonces estarían a
salvo. Estaban equivocados. El equipo entró en contacto con un
terrorista doméstico igual de peligroso que al que habían
entrevistado al otro lado del mundo. A pesar de que las
secuencias no fueron utilizadas en el montaje final de BRÜNO, el
equipo rodó en la casa de un partidario de la supremacía blanca.
El hombre que había pasado una década en prisión por violenta
propagación del odio no se tomó muy bien cuando Brüno le
presentó a su entonces amante gay, Diesel. El supremacista cerró
su puño y se abalanzó sobre Baron Cohen, quien fue capaz de
evitar el puñetazo y salir a salvo de la casa.
Otro punto de interés para
el equipo fue la fascinación mundial en torno a la vida de las
celebridades y los confusos mensajes que los artistas ofrecen
cuando exhiben a sus familias ante el ansioso público. El equipo
creativo cayó en la cuenta de que si Brüno trataba de parecer un
abnegado y adorable padre, podría (al menos en su mente) dar un
salto dentro de la comunidad de famosos.
Naturalmente, tendría que
adoptar un niño. ¿Y qué más podría hacerlo parecer más cariñoso
que ser un famoso padre que lleva a un bebé africano de una
ínfima aldea a su poco ortodoxo hogar? Si Madonna y Angelina
pudieron hacerlo, también podía Brüno.
De la misma forma que se
luce un accesorio, Brüno acarrearía a su hijo adoptado
(interpretado por unos gemelos) a todos los sitios a los que
fuera… desde pruebas de casting, bodas improvisadas en
California a programas de entrevistas en Texas. Por supuesto,
los padres de los niños y un trabajador social se convirtieron
en parte del equipo y proporcionaron el apoyo necesario a los
gemelos durante todo el proceso.
Sin embargo, en ningún
sitio la sorpresa fue mayor que en el aeropuerto internacional
Dallas-Fort Worth. Al tiempo que el director Charles rodó la
escena con las reacciones de los pasajeros, Brüno y su asistente
pretendieron coger a su bebé recién llegado, de la cinta de
equipaje. El personaje de alta sociedad acababa de volver de un
safari en África y el niño era su más valioso y fantástico
souvenir.
Aunque Brüno no era el
único que quería ser una superestrella. Pocos encuentran el
camino de la fama tan tentador como algunos padres de niños
aspirantes a actores. Los realizadores quisieron que Baron Cohen
como Brüno examinara a los protagonistas de ese mundo, para lo
que se organizaron una serie de múltiples pruebas de casting con
los cuidadores de los niños “aspirantes” a actores en Sherman
Oaks, California, en febrero de 2008. Se les comunicó a los
entrevistados que sus niños serían considerados para una sesión
de fotos con el niño del presentador. Para todos aquellos que
formaban parte de la producción, fue asombroso escuchar las
extrañas y peligrosas cosas a las que los padres estaban
dispuestos a llegar para que sus niños se convirtieran en parte
del ojo público.
Cuando fue el momento de
que Brüno se pusiera frente a la cámara, Baron Cohen planteó las
preguntas más exageradas posibles para saber hasta qué punto los
padres de estos niños permitirían que se pusiera en peligro a
sus hijos. En el momento en que el presentador finalizó con las
últimas pruebas, el equipo estaba tan preocupado con las
extrañas reacciones de los padres frente a los cada vez más
espeluznantes escenarios que se les había planteado que
quisieron asegurarse de que los padres no los pusieran en
práctica. Los miembros del equipo llamaron a los dispuestos
papás y mamás para advertirles de que no deberían actuar como si
su niño hubiera sido elegido para el papel; porque en ese caso
no serían parte de la sesión de fotos.
Cuando comenzó con la
producción de Da Ali G Show, hace ya varios años, Sacha Baron
Cohen creía que debía utilizar sus habilidades de improvisador
para llevar a la gente por el camino que él quería y obtener sus
reacciones frente a la cámara. Parece ser que estaba equivocado.
Gran parte de ese acoso y antagonismo no era en absoluto
necesario. Descubrió que una vez que los entrevistados tenían
una cámara frente a ellos y eran provocados con situaciones
incómodas, estos reaccionaban con increíble honestidad. La gente
no dice ni hace cosas frente a la cámara que en realidad no
quiere.
De la misma manera, el
director Charles y los productores estuvieron fascinados cuando
se dieron cuenta del nivel de agresión que producía en algunos
sujetos al ser confrontados con la homosexualidad de Brüno. Un
acto tan simple como un beso entre hombres podía sacar de quicio
a cierta gente, y esas reacciones fueron captadas en cámara. En
algunos momentos, llegaron a estar tan fuera de sí que quisieron
agredir físicamente a Baron Cohen.
Este sin duda fue el caso
en Alabama cuando viajó con cuatro cazadores. Los hombres
estuvieron de acuerdo en ser acompañados por el corresponsal
extranjero y su equipo mientras iban de caza, aunque bajo
ninguna circunstancia dejarían sus armas. El equipo intentó que
los hombres dejaran a un lado los rifles durante el rodaje, pero
no fue tan fácil como suena. De hecho, en cuanto se caldeó el
ambiente, las desenfundaron.
Una vez que los cazadores
se dieron cuenta de que Brüno era gay y creyeron que le estaba
echando los tejos a uno de ellos, cargaron sus rifles. La
producción se encontró en un punto muerto, en medio de la
oscuridad con hombres armados y cada vez más nerviosos con las
bromas de Baron Cohen. Para el momento en que el equipo levantó
campamento, los cazadores echaban chispas e instantes después
sus reacciones llegaron al punto de ebullición. Durante una
discusión, uno de los hombres apuntó con un arma a uno de los
integrantes del equipo. Era el momento de partir, antes de que
la situación se saliera de control.
Después de que Brüno
decide que para alcanzar la fama tiene que convertirse en
heterosexual, se embarca en un viaje a través del país para
erradicar cualquier pista de su homosexualidad. ¿La parada
lógica para lograr algo tan complicado? Los cuarteles de la
Guardia Nacional del Ejército de los Estados Unidos en Anniston,
Alabama, a unos 100km de Birmingham. Desafortunadamente, esa
unidad de la Guardia Nacional no fue capaz de proteger su propia
base de un astuto infiltrado británico.
La producción consiguió el
escenario propicio cuando preguntaron a un contacto en la
Guardia Nacional si el equipo de producción podía introducirse
por un día en la base para grabar un programa. Explicaron que el
propósito de la visita era contar al público cómo vive y trabaja
un candidato a oficial en la escuela de entrenamiento. Por su
parte, Baron Cohen, una vez infiltrado como recluta, se vistió
con lo último de la moda militar (es decir, Dolce & Gabbana) y
dejó perplejos a sus compañeros soldados con sus proezas.
No fue uno de los mejores
días de la defensa nacional. Cuando la furgoneta de la
producción llegó al campo de entrenamiento nadie pidió ninguna
identificación. Los jóvenes reclutas no podían hablar con
libertad a menos que tuvieran una orden directa de su
comandante, y esta regla, extrañamente, fue lo que el equipo
necesitaba para que no se desvelara el incógnito; si a los
soldados de entre 20 y 22 años se les hubiera permitido hablar,
los miembros superiores se hubieran enterado de lo que mucho de
ellos ya sabían: que el hombre detrás de Borat estaba entre
ellos.
Una vez que el equipo oyó
el rumor de que los jóvenes sospechaban que Baron Cohen estaba
allí, juntaron todas sus cosas y salieron de allí a toda
velocidad. En el momento en que subían al artista a la
furgoneta, los guardias les gritaron que se detuvieran y
comenzaron a cerrar las puertas. Pero eso ocurrió diez segundos
tarde, Brüno (y la cantidad precisa de material grabado de su
actuación en la escuela de entrenamiento) ya estaban del otro
lado de la puerta. Si el equipo se hubiera demorado un instante
más en la huida, la Guardia Nacional habría confiscado las
cintas y estas jamás hubieran visto la luz del día.
Cuando los reclutas fueron
confrontados con la pregunta “¿Sabíais quién era el recluta?”,
ellos respondieron con un firme: “¡Sí, señor! ¡Sacha Baron
Cohen, señor!”
Además de entrevistar a un
líder terrorista en el Oriente Medio, una de las cosas más
arriesgadas a las que se enfrentó la producción fue cuando en
una pelea de jaulas Brüno se da cuenta de que el amor de su vida
está en el ring, frente a él. Tal y como lo hicieron con el
resto de las tomas para el filme, Charles y los productores
tenían reservada otra localización para el supuesto caso de no
obtener el material deseado en el primer día de rodaje. Y si era
necesario, más tarde poder intercalar material y así salvar la
escena. Ellos sabían que una vez que se supiera que la
producción estaba en la ciudad la noticia se extendería como la
pólvora; tenían que tomarle la delantera al público.
En ningún otro sitio el
rodaje se tornó tan peligroso como cuando los entrevistados y
otros sujetos del filme vieron cómo se desenvolvía la relación
entre Brüno y su compañero de viaje, Lutz.
A principios de junio de
2008, la producción trabajó en un local en Texarkana, Arkansas,
y presentó la noche de “Blue Collar Brawlin” en la que el
público podía ver lucha libre y conseguir cerveza barata. Brüno,
transformado después de varios duros meses en las carreteras
americanas aprendiendo a ser heterosexual, se enfrentaría a
cualquiera que desafiara al “macho” en el que se había
convertido. Este punto de partida significaba poner los
estrictos códigos morales locales al límite.
Era de vital importancia
para la producción evitar cualquier ruptura de leyes y
estatutos, y en todo momento se aseguraron de estar dentro de la
legalidad. Por otro lado, el equipo no quería vérselas con
oficiales de policía enfurecidos y realizaron todos los
esfuerzos posibles para que las fuerzas del orden estuvieran de
su parte. Tampoco estaba demás, saber que estaban lo
suficientemente cerca de otros dos estados en el caso de que
tuvieran que escapar de Texarkana.
La primera noche en el
local de Southwestern Arkansas solo les enviaron policías para
que actuaran como guardias de seguridad. Pero una vez que la
producción informó a los oficiales de que el público podía
llegar a ponerse nervioso cuando –durante el curso del evento de
la noche- dos hombres se besaran, la policía les contestó que en
ese caso ellos no cubrirían el evento. Sin embargo volverían si
algún miembro del público llamaba quejándose o si se presentaba
algún problema. Si es que volvían. El equipo artístico y técnico
estaba a su suerte. Como productor, guionista, creador y
protagonista de la comedia, Baron Cohen sabía que sería
imposible para él interpretar su personaje si estaba preocupado
por la seguridad de su equipo. Momentos antes del primer abrazo
entre los hombres, la multitud empezó a arrojar sillas y un
luchador que estaba entre el público trepó hasta la jaula y
desafió a Baron Cohen a pelear. Charles, el director, no obtuvo
nada del material que necesitaba, pero Baron Cohen y su equipo
escaparon justo a tiempo. La policía jamás volvió al lugar.
De un día para otro,
movieron toda la operación unas cuantas horas al norte, hacia
Fort Smith, Arkansas. Una vez allí, el equipo de BRÜNO fue
contactado por la policía local en relación a lo ocurrido en
Texarkana; los oficiales eran renuentes a cubrir el evento. Como
la policía era la única seguridad certificada por el centro de
convenciones, la producción pensó que estaban pasando una racha
de mala suerte. Afortunadamente, los productores se reunieron
con el jefe de policía y algunos otros oficiales para obtener
los permisos necesarios. Dejaron la reunión armados con una
lista de ordenanzas que eran aún más estrictas que las leyes del
estado de Arkansas.
Habían aprendido la
lección, para el evento en Fort Smith, el equipo se aseguró de
que no hubiera botellas de vidrio que pudieran ser utilizadas
como proyectiles y unieron con cables todas las sillas para que
los asistentes no pudieran lanzarlas al ring.
Segundos después del beso,
el público se enfureció. Poco después uno de la multitud desató
una de las sillas y la lanzó contra la cabeza de Baron Cohen.
Llegados a este punto del disturbio los artistas fueron sacados
de las instalaciones. Los miembros del público y otros
luchadores gritaban epítetos y rodeaban al equipo y la
furgoneta. Todo terminó después de varias horas rodeados cuando
40 oficiales de policía de Fort Smith ayudaron a rescatar al
equipo y acallar a la airada muchedumbre.
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