CÓMO SE HIZO "NEW YORK, I
LOVE YOU"
Notas de producción © 2009
Wide Pictures
En la ciudad
que nunca duerme, nadie deja de soñar en el amor. Esos sueños se
hacen realidad en New York, I Love You, una colaboración
narrativa hecha realidad gracias a algunos de los más
apasionantes artistas de la pantalla grande y a un reparto
repleto de estrellas, quienes unidos han generado una mirada
caleidoscópica sobre las relaciones humanas espontáneas,
sorprendentes y hasta excitantes que gobiernan el latido de la
ciudad. Lo sexy, lo divertido y extraño, lo evocador e
inquietante, y los encuentros reveladores irrumpen a través del
paisaje de Manhattan, desde Tribeca, pasando por Central Park,
hasta Harlem, forjando una gran historia de amor entrelazada tan
variada y cohesionada como el mismo tejido de Nueva York.
Siguiendo los pasos de su predecesora, Paris, je t’aime, tan
reconocida por la crítica, New York, I Love You es la segunda
entrega de una serie de películas que el productor Emmanuel
Benbihy denomina Cities of Love, las cuales llevarán al público
a través de viajes de gran alcance a las ciudades más admiradas
y culturalmente más influyentes del globo por medio del
incontestable poder de las emociones indelebles y honestas. Las
siguientes ciudades, ahora en fase de desarrollo, serán Río y
Shanghai para 2010, y Jerusalén y Bombay en 2011. Si las grandes
ciudades devienen el recipiente de la sociedad para las
historias que no se han contado, Benbihy se ha propuesto, como
el coleccionista de mariposas, acumular esos bellos cuentos
hechos de instantes impregnados de deseo, contacto, y esperanza,
para explorar las cosas que nos unen a todos, sin importar
nuestro origen, nacionalidad o forma de ver la vida. «Mi idea
consistió siempre en la realización de una serie de películas
que ilustraran la idea universal del amor por todo el mundo»
--comenta Benbihy--. «Comencé por París porque yo soy de allí,
pero siempre intenté hacer algo similar con todas las ciudades
míticas, de las que por supuesto Nueva York tenía que formar
parte. Nueva York es una ciudad con el potencial de hacer que
todo aquél que la mire comience a soñar. La primera vez que fui
a Nueva York tenía siete años, en la década de los setenta, y
desde entonces he tenido mi particular idilio romántico con la
ciudad».
Con New York,
I Love You, Benbihy aplica su concepto de película correalizada
por numerosos directores no sólo a los icónicos vecindarios de
Manhattan, desde el Upper West Side al Soho, sino también un
paso más allá, a través de nuevos límites, para adentrarse en lo
que el bautiza como «realización colectiva.» Mientras la
película contiene historias de diferentes realizadores cuyos
orígenes y miradas creativas son del todo distintos, el objetivo
estaba en entretejerlas en una singular narrativa entrelazada
que oficiara como oda al contacto humano fundamental, no
únicamente en substancia sino también en estructura.
«Esta
película no es en absoluto una antología» --afirma Benbihy
categóricamente--. «La ambición de este formato no consiste en
enhebrar un puñado de cortos uno tras otro, sino más bien en
crear una experiencia cinematográfica singular que sencillamente
resulta que la han hecho posible una serie de realizadores
distintos. Queríamos que los personajes no se limitaran a vivir
dentro de sus respectivas historias, sino que se toparan con las
otras, cruzaran senderos, y erigieran una comunidad, de tal
manera que a partir de esa diversidad emanara un sentido
unitario. Este film presenta parecido con otras cintas
realizadas por un único realizador: Crash (Crash, 2004);
Magnolia (Magnolia, 1999); Babel (Babel, 2006); o Vidas cruzadas
(Short Cuts, 1993), películas cuyo argumento ha generado en el
público una reacción muy fuerte; la diferencia está en que
nosotros hemos recurrido a una variedad de directores.»
Benbihy hace
hincapié en que tanto él como el resto de artistas que han
participado en sus filmes todavía se hallan en los primerísimos
estadios de una exploración que ahonda en el máximo potencial
que puede albergar en el futuro la realización colectiva. «Se
trata de un concepto ambicioso para el que en realidad no hay
precedente, y que todavía presenta gran número de obstáculos y
desafíos» --admite el productor--, «sin embargo es algo que se
hizo muy emocionante para los realizadores a quienes recurrimos
y está deviniendo una realidad».
Inicialmente,
la idea despertó la imaginación de la productora Marina Grasic,
quien lleva siendo de hace mucho todo un puntal en el mundo del
cine independiente, ejerciendo como productora ejecutiva de la
oscarizada Crash, quizá la más celebrada entre las películas con
varias historias entrelazadas, por cuya estructura Benbihy
sentía la mayor curiosidad. Cuando ambos se encontraron en el
Festival de cine de Cannes, se asociaron rápidamente.
«Cuando
conocí a Emmanuel, me emocioné al enterarme de que estaba
planeando realizar un film sobre Nueva York en la línea de
Paris, je t’aime» --recuerda Grasic--. «A su vez, creo que se
interesó por mí porque había estado involucrada en cintas que se
sitúan en la vanguardia por lo que se refiere a estructura y
formato. Se trataba de un encuentro que el azar hizo
afortunado.»
Pero tras
intentar arrancar el proyecto desde Los Ángeles, se le aconsejó
enfervorizadamente a Benbihy que incrementara la intensidad de
su enfoque al estilo de Nueva York. «Anthony Minghella me llamó
y me dijo ‘Estoy en Nueva York, ¿dónde estás?’ Si quieres hacer
una película en Nueva York, tendrías que estar aquí; y si
quieres trabajar conmigo, deberíamos encontrarnos.» Así que
recogió todo lo suyo y se trasladó a Nueva York al día siguiente
para estar en pleno meollo de la cuestión, lo cual era cuanto
necesitaba para inspirarse y hacer que todo se moviera
rápidamente. «Le debo mucho a Anthony» --admite Benbihy.
Asimismo,
empezó a buscar la combinación química adecuada de realizadores
emergentes. «No deseba recurrir a los neoyorquinos de siempre,
de Spike Lee a Martin Scorsese, pasando por Woody Allen, pues
todos conocemos ya su modo tan íntimo de ver y entender Nueva
York. En lugar de eso, buscaba directores que percibieran la
ciudad de maneras aún no vistas» --explica.
«Conscientemente, opté por jóvenes y recientes profesionales de
todo el mundo, directores que fueran innovadores en su modo de
mirar, que forzaran los límites de lo cinematográfico, que
pudieran ver Nueva York no como solía ser sino como realmente es
hoy, justo en este preciso instante. En algunos casos, esta
película significaba una primera tentativa de rodar en Nueva
York por parte de ciertos directores. Para otros, era la ocasión
de revisitar la ciudad desde una perspectiva distinta. El grupo
resultante presentaba una gran diversidad, una colección de
hombres y mujeres con estilos y modos de entender las relaciones
bien distintos, sin embargo, lo que todos tenían en común era la
posesión de una mirada original con que percibir el amor, la
vida y Nueva York».
Benbihy se
sentía gratificado por el hecho de que los realizadores a los
que recurrió le respondieran con entusiasmo apasionado. Nos
comenta: «Creo que se vieron atraídos por la sensación de
libertad, algo muy escaso actualmente en el mundo de la
realización cinematográfica, por el hecho de intentar algo nuevo
a muy distintos niveles, por trabajar con actores con quienes
siempre habían soñado trabajar, por estar involucrados en una
producción que estaba absolutamente abierta a sus deseos y
fantasías personales y, por encima de todo, por ofrecer al
público experiencias que probablemente no había tenido
anteriormente».
Con miras a
activar el proceso intensamente creativo, por no mencionar la
narrativa tremendamente dinámica, en la realización de New York,
I Love You, a cada uno de los once realizadores se le proveyó
inicialmente de un puñado de normas sencillas pero
inquebrantables para sus guiones; entre ellas, las siguientes:
- Cada historia
tenía que identificarse visualmente con uno o más barrios de
Nueva York.
-Cada historia debía contener algún tipo de encuentro amoroso
definido en líneas generales.
-No habría fundidos en negro al final o al inicio de cada
segmento.
Pronto se vio Benbihy desarrollando simultáneamente once historias
increíblemente complejas. Aunque cada segmento iba a durar unos
ocho minutos, cada uno de ellos contenía gran cantidad de
revelaciones e ideas imponentes que merecían dedicarles largas
conversaciones y debates con sus apasionados creadores.
Una vez que
los guiones se acabaron, hubo un nuevo paquete de normas de
rodaje que atender:
-Cada realizador, junto con el director de fotografía y reparto
de su elección, rodaría únicamente durante dos días y dos
noches.
-A continuación, ese realizador se dirigiría a las instalaciones
de montaje junto con el montador de su elección durante siete
días, mientras un nuevo director y su reparto comenzarían a
rodar.
-Los diseñadores de producción y vestuario y todo el equipo
técnico de base permanecerían en la producción a lo largo de
todas las agotadoras aunque excitantes ocho semanas de rodaje.
«Rodábamos
sin parar desde el primer día, sin respiro, yendo directamente
de un director a otro» –explica Benbihy--. «La organización
necesaria para la consecución de todo eso devino extremadamente
desafiante y muy concreta. Lo que ocurría es que no existía una
estructura en la realización cinematográfica para la consecución
de un film con más de dos directores, de tal modo que tuvo su
propio proceso. Esto implicaba que había de existir una
comunicación realmente excepcional entre todos para esta nueva
forma de producción».
A la vez, el
modo de abordar la producción estaba siempre abierto a los
accidentes creativos y al fruto de la colaboración. Grasic
comenta: «Fuimos muy afortunados al trabajar desde un edificio
del West Village donde pudimos disponer de la oficina de
producción en una planta y la sala de montaje en otra. De tal
modo que teníamos a un director dispuesto para rodar mientras
que otro montaba, todo lo cual ayudaba a generar un entorno
verdaderamente creativo e inspirador. Teníamos a todos esos
artistas haciéndose visitas mutuas e interactuando de un modo
que no hacía sino contribuir más a la cohesión y al sentido de
comunidad que queríamos en esta cinta. Aquello casi se parecía a
un taller de cine.»
En
determinado momento, por ejemplo, el director germanoturco Fatih
Akin estaba trabajando al lado de su largamente admirado
director norteamericano, Allen Hughes. «Se hacía realmente
emocionante incluso acercarse a pedirle algo de leche para el
café» --ríe Akin.
Mientras
tanto, el equipo también estaba rodando las secuencias de
transición que debían unir las historias individuales del film,
por medio de la historia de una operadora de cámara de vídeo
neoyorquina que va de barrio en barrio (encarnada por la actriz
fracoamericana Emilie Ohana [Vatel (Vatel, 2000)]) en lo que es
una experiencia singular. Esas transiciones las ha dirigido
Randy Balsmeyer, más conocido por sus colaboraciones con
profesionales como Spike Lee, los hermanos Coen, David
Cronenberg y Robert Altman, creando inolvidables secuencias de
títulos.
«Las
transiciones devinieron un modo interesante de atraer al público
y de retarles con nueva información sobre los personajes que han
conocido así como también para presentarles un grupo que
denominamos ‘personajes de la comunidad’» --precisa Benbihy--.
«Una de las ideas maravillosas que Randy Balsmeyer nos aportó
fue esa del uso de una operadora de video, una artista cuyo
trabajo une a la gente en torno a ella, con miras a unir
nuestras historias.»
La producción
en las desenfrenadas y vigorosas calles de Nueva York siempre
resulta un desafío estimulante, pero con New York, I Love You,
ese reto se vio intensificado en varias magnitudes a medida que
los directores colectivamente atravesaban centímetro a
centímetro la ciudad, rodando en exteriores e interiores, en las
esquinas de las calles, en bares y apartamentos, entrando en
contacto con cada obstáculo y situación concebible, mientras
trataban de completar sus respectivos segmentos en las 48 horas
concedidas.
Afortunadamente, de principio a fin, la ciudad de Nueva York en
sí misma permaneció tras el proyecto. Grasic remarca: «Había la
convicción plena de que esta película era una carta de amor a la
ciudad y la infraestructura de la City fue muy generosa con su
apoyo. Eso significó mucho para nosotros porque esta producción
no fue nada si no presentó verdaderos problemas de logística.
Sólo el transporte ¡ya era alucinante! Teníamos a directores y
actores entrando y saliendo del país en avión constantemente, y
había problemas con inmigración, y problemas con los hoteles, y
lo sorprendente era que, por desalentador que todo aquéllo
fuera, todo resultó tan bien como quizá hubiéramos podido
esperar. Nueva York fue absolutamente acogedor y, por supuesto,
siempre inspirador.»
Por mucho que
se hubiera estudiado la estrategia de esta espectacular
producción, Benbihy y Grasic eran conscientes de que con tantos
factores creativos en juego y al mismo tiempo tendrían que
evolucionar encajando la impredecible naturaleza de la empresa.
Benbihy
resume: «Cuando haces una película como ésta, las cosas están
evolucionando y cambiando constantemente, y la clave reside en
estar siempre a punto para la ocasión de abrir la puerta que
lleva a algo más. Finalmente, el film acabado es el resultado de
un equilibrio entre los muchos elementos en juego: la mezcla de
lo divertido y lo optimista con lo novedoso y poético. Se trata
de un viaje a Nueva York diferente de lo que el público está
acostumbrado a ver, pero lleno de entusiasmo por el amor y las
toneladas de aire fresco.»
Aunque cada
episodio de New York, I Love You podría funcionar por separado
con toda probabilidad, han sido unidos dando forma a un único
largometraje por medio de una serie de elementos de transición
cuidadosamente coreografiados, que son los que unen los
segmentos en un único film. Como las piezas cortas en sí mismas,
esas transiciones cumplen con las normas de un orden narrativo
bien definido que busca la construcción del drama y la emoción.
Emmanuel
Benbihy nos explica: «Para toda la serie Cities We Love, nuestra
esperanza está en optimizar los elementos temáticos, dramáticos
y emocionales de cada segmento sin por ello dejar de prestar la
misma atención a la progresión de la película como un todo. Con
New York, I Love You, los segmentos se han fusionado mediante la
puesta en práctica de unas transiciones que nos permiten crear
una unidad sólida, un ‘montaje’ más harmonioso, cohesivo y
pulido. Las escenas de transición se han diseñado para
transportar al público de un mundo a otro, de una localización a
otra, de un punto de vista a otro, posibilitando que cada
segmento fluya dentro del siguiente.»
Esas
transiciones intersticiales han sido dirigidas por el onceavo
director de New York, I Love You, Randy Balsmeyer. Balsmeyer ha
empleado tanto a los personajes creados y llevados a la vida de
la mano de los directores de los segmentos, como a un personaje
especialmente creado para las transiciones, conocido como
«personaje recurrente.» Interpretado por la actriz
francoamericana Emilie Ohana (Vatel (Vatel, 2000)) como sagaz
operadora de videocámara neoyorquina, el «personaje recurrente»
puede hallarse en cualquier parte de la ciudad y en cualquier
momento, y siempre con un buen motivo por el que conectar o
interactuar con cualquiera de los personajes de los segmentos,
entretejiendo así todas las hebras de la película para
confeccionar el singular tejido.
Benbihy
resume: «Las transiciones, y la ausencia de créditos dentro del
film son esenciales para la unidad y la fluidez de la
experiencia global. En nuestra escena final, un epílogo narrado
permite al público ver de nuevo a algunos de los personajes de
los distintos segmentos del film, en un sencillo momento
unificador».
Imágenes y notas
de cómo se hizo "New York, I love you" - Copyright © 2009 Vivendi
International, Palm Pictures, Sherazade Films, Grosvenor Park
Media, Ever So Close, Visitor Pictures, Plum Pictures, 2008NY5 y
Grand Army Entertainment. Distribuida en España por Wide
Pictures y Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.
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