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NEW YORK, I LOVE YOU


cartel
Dirección: Fatih Akin, Natalie Portman, Mira Nair, Yvan Attal, Joshua Marston, Shekhar Kapur, Shunji Iwai, Jiang Wen, Brett Ratner, Allen Hughes y Randy Balsmeyer.
Países:
USA y Francia.
Año: 2009.
Duración: 110 min.
Género: Drama romántico.
Interpretación: Shia LaBeouf (Jacob), Bradley Cooper (Gus), Natalie Portman (Rifka), Justin Bartha (Justin), Blake Lively (ex novia), Orlando Bloom (David), Hayden Christensen (Ben), John Hurt (Bellhop), Christina Ricci (Camille), Andy Garcia (Garry), Rachel Bilson (Molly), Robin Wright Penn (Anna), Ethan Hawke (escritor), Anton Yelchin (chico), Chris Cooper.
Guión: Jiang Wen, Tristan Carné, Hall Powell, Israel Horovitz, James Strouse, Shunji Iwai, Hu Hong, Yao Meng, Scarlett Johansson, Joshua Marston, Xan Cassavetes, Stephen Winter, Jeff Nathanson, Anthony Minghella, Natalie Portman, Fatih Akin, Yvan Attal, Olivier Lécot y Suketu Mehta.
Producción: Emmanuel Benbihy y Marina Grasic.
Música: Tonino Baliardo, Nicholas Britell, Paul Cantelon, Mychael Danna, Ilhan Ersahin, Jack Livesey, Shoji Mitsui, Mark Mothersbaugh, Peter Nashel, Atticus Ross, Leopold Ross, Claudia Sarne y Marcelo Zarvos.
Fotografía:
Benoît Debie, Pawel Edelman, Michael McDonough, Declan Quinn y Mauricio Rubinstein.
Montaje: Jacob Craycroft, Affonso Gonçalves, Mark Helfrich, Allyson Johnson y Craig McKay.
Diseño de producción: Teresa Mastropierro.
Vestuario: Victoria Farrell.
Estreno en USA: 16 Octubre 2009.
Estreno en España: 16 Octubre 2009.

CÓMO SE HIZO "NEW YORK, I LOVE YOU"
Notas de producción © 2009 Wide Pictures

  En la ciudad que nunca duerme, nadie deja de soñar en el amor. Esos sueños se hacen realidad en New York, I Love You, una colaboración narrativa hecha realidad gracias a algunos de los más apasionantes artistas de la pantalla grande y a un reparto repleto de estrellas, quienes unidos han generado una mirada caleidoscópica sobre las relaciones humanas espontáneas, sorprendentes y hasta excitantes que gobiernan el latido de la ciudad. Lo sexy, lo divertido y extraño, lo evocador e inquietante, y los encuentros reveladores irrumpen a través del paisaje de Manhattan, desde Tribeca, pasando por Central Park, hasta Harlem, forjando una gran historia de amor entrelazada tan variada y cohesionada como el mismo tejido de Nueva York. Siguiendo los pasos de su predecesora, Paris, je t’aime, tan reconocida por la crítica, New York, I Love You es la segunda entrega de una serie de películas que el productor Emmanuel Benbihy denomina Cities of Love, las cuales llevarán al público a través de viajes de gran alcance a las ciudades más admiradas y culturalmente más influyentes del globo por medio del incontestable poder de las emociones indelebles y honestas. Las siguientes ciudades, ahora en fase de desarrollo, serán Río y Shanghai para 2010, y Jerusalén y Bombay en 2011. Si las grandes ciudades devienen el recipiente de la sociedad para las historias que no se han contado, Benbihy se ha propuesto, como el coleccionista de mariposas, acumular esos bellos cuentos hechos de instantes impregnados de deseo, contacto, y esperanza, para explorar las cosas que nos unen a todos, sin importar nuestro origen, nacionalidad o forma de ver la vida. «Mi idea consistió siempre en la realización de una serie de películas que ilustraran la idea universal del amor por todo el mundo» --comenta Benbihy--. «Comencé por París porque yo soy de allí, pero siempre intenté hacer algo similar con todas las ciudades míticas, de las que por supuesto Nueva York tenía que formar parte. Nueva York es una ciudad con el potencial de hacer que todo aquél que la mire comience a soñar. La primera vez que fui a Nueva York tenía siete años, en la década de los setenta, y desde entonces he tenido mi particular idilio romántico con la ciudad».

 

  Con New York, I Love You, Benbihy aplica su concepto de película correalizada por numerosos directores no sólo a los icónicos vecindarios de Manhattan, desde el Upper West Side al Soho, sino también un paso más allá, a través de nuevos límites, para adentrarse en lo que el bautiza como «realización colectiva.» Mientras la película contiene historias de diferentes realizadores cuyos orígenes y miradas creativas son del todo distintos, el objetivo estaba en entretejerlas en una singular narrativa entrelazada que oficiara como oda al contacto humano fundamental, no únicamente en substancia sino también en estructura.

  «Esta película no es en absoluto una antología» --afirma Benbihy categóricamente--. «La ambición de este formato no consiste en enhebrar un puñado de cortos uno tras otro, sino más bien en crear una experiencia cinematográfica singular que sencillamente resulta que la han hecho posible una serie de realizadores distintos. Queríamos que los personajes no se limitaran a vivir dentro de sus respectivas historias, sino que se toparan con las otras, cruzaran senderos, y erigieran una comunidad, de tal manera que a partir de esa diversidad emanara un sentido unitario. Este film presenta parecido con otras cintas realizadas por un único realizador: Crash (Crash, 2004); Magnolia (Magnolia, 1999); Babel (Babel, 2006); o Vidas cruzadas (Short Cuts, 1993), películas cuyo argumento ha generado en el público una reacción muy fuerte; la diferencia está en que nosotros hemos recurrido a una variedad de directores.»

  Benbihy hace hincapié en que tanto él como el resto de artistas que han participado en sus filmes todavía se hallan en los primerísimos estadios de una exploración que ahonda en el máximo potencial que puede albergar en el futuro la realización colectiva. «Se trata de un concepto ambicioso para el que en realidad no hay precedente, y que todavía presenta gran número de obstáculos y desafíos» --admite el productor--, «sin embargo es algo que se hizo muy emocionante para los realizadores a quienes recurrimos y está deviniendo una realidad».

  Inicialmente, la idea despertó la imaginación de la productora Marina Grasic, quien lleva siendo de hace mucho todo un puntal en el mundo del cine independiente, ejerciendo como productora ejecutiva de la oscarizada Crash, quizá la más celebrada entre las películas con varias historias entrelazadas, por cuya estructura Benbihy sentía la mayor curiosidad. Cuando ambos se encontraron en el Festival de cine de Cannes, se asociaron rápidamente.

  «Cuando conocí a Emmanuel, me emocioné al enterarme de que estaba planeando realizar un film sobre Nueva York en la línea de Paris, je t’aime» --recuerda Grasic--. «A su vez, creo que se interesó por mí porque había estado involucrada en cintas que se sitúan en la vanguardia por lo que se refiere a estructura y formato. Se trataba de un encuentro que el azar hizo afortunado.»

  Pero tras intentar arrancar el proyecto desde Los Ángeles, se le aconsejó enfervorizadamente a Benbihy que incrementara la intensidad de su enfoque al estilo de Nueva York. «Anthony Minghella me llamó y me dijo ‘Estoy en Nueva York, ¿dónde estás?’ Si quieres hacer una película en Nueva York, tendrías que estar aquí; y si quieres trabajar conmigo, deberíamos encontrarnos.» Así que recogió todo lo suyo y se trasladó a Nueva York al día siguiente para estar en pleno meollo de la cuestión, lo cual era cuanto necesitaba para inspirarse y hacer que todo se moviera rápidamente. «Le debo mucho a Anthony» --admite Benbihy.

  Asimismo, empezó a buscar la combinación química adecuada de realizadores emergentes. «No deseba recurrir a los neoyorquinos de siempre, de Spike Lee a Martin Scorsese, pasando por Woody Allen, pues todos conocemos ya su modo tan íntimo de ver y entender Nueva York. En lugar de eso, buscaba directores que percibieran la ciudad de maneras aún no vistas» --explica.

  «Conscientemente, opté por jóvenes y recientes profesionales de todo el mundo, directores que fueran innovadores en su modo de mirar, que forzaran los límites de lo cinematográfico, que pudieran ver Nueva York no como solía ser sino como realmente es hoy, justo en este preciso instante. En algunos casos, esta película significaba una primera tentativa de rodar en Nueva York por parte de ciertos directores. Para otros, era la ocasión de revisitar la ciudad desde una perspectiva distinta. El grupo resultante presentaba una gran diversidad, una colección de hombres y mujeres con estilos y modos de entender las relaciones bien distintos, sin embargo, lo que todos tenían en común era la posesión de una mirada original con que percibir el amor, la vida y Nueva York».

  Benbihy se sentía gratificado por el hecho de que los realizadores a los que recurrió le respondieran con entusiasmo apasionado. Nos comenta: «Creo que se vieron atraídos por la sensación de libertad, algo muy escaso actualmente en el mundo de la realización cinematográfica, por el hecho de intentar algo nuevo a muy distintos niveles, por trabajar con actores con quienes siempre habían soñado trabajar, por estar involucrados en una producción que estaba absolutamente abierta a sus deseos y fantasías personales y, por encima de todo, por ofrecer al público experiencias que probablemente no había tenido anteriormente».

  Con miras a activar el proceso intensamente creativo, por no mencionar la narrativa tremendamente dinámica, en la realización de New York, I Love You, a cada uno de los once realizadores se le proveyó inicialmente de un puñado de normas sencillas pero inquebrantables para sus guiones; entre ellas, las siguientes:

- Cada historia tenía que identificarse visualmente con uno o más barrios de Nueva York.

-Cada historia debía contener algún tipo de encuentro amoroso definido en líneas generales.

-No habría fundidos en negro al final o al inicio de cada segmento.

  Pronto se vio Benbihy desarrollando simultáneamente once historias increíblemente complejas. Aunque cada segmento iba a durar unos ocho minutos, cada uno de ellos contenía gran cantidad de revelaciones e ideas imponentes que merecían dedicarles largas conversaciones y debates con sus apasionados creadores.

  Una vez que los guiones se acabaron, hubo un nuevo paquete de normas de rodaje que atender:

-Cada realizador, junto con el director de fotografía y reparto de su elección, rodaría únicamente durante dos días y dos noches.

-A continuación, ese realizador se dirigiría a las instalaciones de montaje junto con el montador de su elección durante siete días, mientras un nuevo director y su reparto comenzarían a rodar.

-Los diseñadores de producción y vestuario y todo el equipo técnico de base permanecerían en la producción a lo largo de todas las agotadoras aunque excitantes ocho semanas de rodaje.

  «Rodábamos sin parar desde el primer día, sin respiro, yendo directamente de un director a otro» –explica Benbihy--. «La organización necesaria para la consecución de todo eso devino extremadamente desafiante y muy concreta. Lo que ocurría es que no existía una estructura en la realización cinematográfica para la consecución de un film con más de dos directores, de tal modo que tuvo su propio proceso. Esto implicaba que había de existir una comunicación realmente excepcional entre todos para esta nueva forma de producción».

  A la vez, el modo de abordar la producción estaba siempre abierto a los accidentes creativos y al fruto de la colaboración. Grasic comenta: «Fuimos muy afortunados al trabajar desde un edificio del West Village donde pudimos disponer de la oficina de producción en una planta y la sala de montaje en otra. De tal modo que teníamos a un director dispuesto para rodar mientras que otro montaba, todo lo cual ayudaba a generar un entorno verdaderamente creativo e inspirador. Teníamos a todos esos artistas haciéndose visitas mutuas e interactuando de un modo que no hacía sino contribuir más a la cohesión y al sentido de comunidad que queríamos en esta cinta. Aquello casi se parecía a un taller de cine.»

  En determinado momento, por ejemplo, el director germanoturco Fatih Akin estaba trabajando al lado de su largamente admirado director norteamericano, Allen Hughes. «Se hacía realmente emocionante incluso acercarse a pedirle algo de leche para el café» --ríe Akin.

  Mientras tanto, el equipo también estaba rodando las secuencias de transición que debían unir las historias individuales del film, por medio de la historia de una operadora de cámara de vídeo neoyorquina que va de barrio en barrio (encarnada por la actriz fracoamericana Emilie Ohana [Vatel (Vatel, 2000)]) en lo que es una experiencia singular. Esas transiciones las ha dirigido Randy Balsmeyer, más conocido por sus colaboraciones con profesionales como Spike Lee, los hermanos Coen, David Cronenberg y Robert Altman, creando inolvidables secuencias de títulos.

  «Las transiciones devinieron un modo interesante de atraer al público y de retarles con nueva información sobre los personajes que han conocido así como también para presentarles un grupo que denominamos ‘personajes de la comunidad’» --precisa Benbihy--. «Una de las ideas maravillosas que Randy Balsmeyer nos aportó fue esa del uso de una operadora de video, una artista cuyo trabajo une a la gente en torno a ella, con miras a unir nuestras historias.»

  La producción en las desenfrenadas y vigorosas calles de Nueva York siempre resulta un desafío estimulante, pero con New York, I Love You, ese reto se vio intensificado en varias magnitudes a medida que los directores colectivamente atravesaban centímetro a centímetro la ciudad, rodando en exteriores e interiores, en las esquinas de las calles, en bares y apartamentos, entrando en contacto con cada obstáculo y situación concebible, mientras trataban de completar sus respectivos segmentos en las 48 horas concedidas.

  Afortunadamente, de principio a fin, la ciudad de Nueva York en sí misma permaneció tras el proyecto. Grasic remarca: «Había la convicción plena de que esta película era una carta de amor a la ciudad y la infraestructura de la City fue muy generosa con su apoyo. Eso significó mucho para nosotros porque esta producción no fue nada si no presentó verdaderos problemas de logística. Sólo el transporte ¡ya era alucinante! Teníamos a directores y actores entrando y saliendo del país en avión constantemente, y había problemas con inmigración, y problemas con los hoteles, y lo sorprendente era que, por desalentador que todo aquéllo fuera, todo resultó tan bien como quizá hubiéramos podido esperar. Nueva York fue absolutamente acogedor y, por supuesto, siempre inspirador.»

  Por mucho que se hubiera estudiado la estrategia de esta espectacular producción, Benbihy y Grasic eran conscientes de que con tantos factores creativos en juego y al mismo tiempo tendrían que evolucionar encajando la impredecible naturaleza de la empresa.

  Benbihy resume: «Cuando haces una película como ésta, las cosas están evolucionando y cambiando constantemente, y la clave reside en estar siempre a punto para la ocasión de abrir la puerta que lleva a algo más. Finalmente, el film acabado es el resultado de un equilibrio entre los muchos elementos en juego: la mezcla de lo divertido y lo optimista con lo novedoso y poético. Se trata de un viaje a Nueva York diferente de lo que el público está acostumbrado a ver, pero lleno de entusiasmo por el amor y las toneladas de aire fresco.»

  Aunque cada episodio de New York, I Love You podría funcionar por separado con toda probabilidad, han sido unidos dando forma a un único largometraje por medio de una serie de elementos de transición cuidadosamente coreografiados, que son los que unen los segmentos en un único film. Como las piezas cortas en sí mismas, esas transiciones cumplen con las normas de un orden narrativo bien definido que busca la construcción del drama y la emoción.

  Emmanuel Benbihy nos explica: «Para toda la serie Cities We Love, nuestra esperanza está en optimizar los elementos temáticos, dramáticos y emocionales de cada segmento sin por ello dejar de prestar la misma atención a la progresión de la película como un todo. Con New York, I Love You, los segmentos se han fusionado mediante la puesta en práctica de unas transiciones que nos permiten crear una unidad sólida, un ‘montaje’ más harmonioso, cohesivo y pulido. Las escenas de transición se han diseñado para transportar al público de un mundo a otro, de una localización a otra, de un punto de vista a otro, posibilitando que cada segmento fluya dentro del siguiente.»

  Esas transiciones intersticiales han sido dirigidas por el onceavo director de New York, I Love You, Randy Balsmeyer. Balsmeyer ha empleado tanto a los personajes creados y llevados a la vida de la mano de los directores de los segmentos, como a un personaje especialmente creado para las transiciones, conocido como «personaje recurrente.» Interpretado por la actriz francoamericana Emilie Ohana (Vatel (Vatel, 2000)) como sagaz operadora de videocámara neoyorquina, el «personaje recurrente» puede hallarse en cualquier parte de la ciudad y en cualquier momento, y siempre con un buen motivo por el que conectar o interactuar con cualquiera de los personajes de los segmentos, entretejiendo así todas las hebras de la película para confeccionar el singular tejido.

  Benbihy resume: «Las transiciones, y la ausencia de créditos dentro del film son esenciales para la unidad y la fluidez de la experiencia global. En nuestra escena final, un epílogo narrado permite al público ver de nuevo a algunos de los personajes de los distintos segmentos del film, en un sencillo momento unificador».


Imágenes y notas de cómo se hizo "New York, I love you" - Copyright © 2009 Vivendi International, Palm Pictures, Sherazade Films, Grosvenor Park Media, Ever So Close, Visitor Pictures, Plum Pictures, 2008NY5 y Grand Army Entertainment. Distribuida en España por Wide Pictures y Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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