CRÍTICA
Rubén
Corral
Polar
, cuatro años después
Georges
Simenon escribió En cas
de malheur en 1956, y Claude
Autant-Lara dirigió su primera adaptación a
la gran pantalla con Jean Gabin y Brigitte
Bardot en los principales papeles, con el
mismo título en 1958. No hay que volver sobre la
mala fama que pesa sobre Autant-Lara por
pertenecer a la generación criticada por los
padres de la "Nouvelle Vague": un grupo
liderado por él mismo, Henri-Georges
Clouzot o Jean Delannoy. Aquéllos
eran directores a los que se achacaba su ausencia
de intereses puramente cinematográficos,
ilustradores de grandes -o no tanto- textos
procedentes de la literatura. A mí siempre me ha
chocado que el gurú de aquellos Cahiers du
Cinéma de los primeros tiempos, André
Bazin, alabara hasta la extenuación el
estilo puro, cristalino e invisible de un
cineasta al que tantas similitudes con estos
derrocados pudieran encontrarse: William
Wyler.
En el grupo
de esos cineastas artesanos, en el que por el
lado estadounidense podría incluirse al propio
director de Vacaciones en Roma, pero
visto hoy en día tiene buena cabida Pierre
Jolivet, director de Decreto de
inocencia (En plein coeur, 1998),
segunda y hasta la fecha última adaptación de
la novela de Simenon. De Jolivet se había
estrenado en España, hace dos años y con paso
fugaz por cartelera, Mi pequeño negocio
(Ma petite entreprise, 1999),
una película protagonizada por el buen
comediante Vincent Lindon que venía
apadrinada nada menos que por el nombre de Bertrand
Tavernier. Su escasa incidencia puede
compararse con la de Decreto de inocencia,
film heredero de esa tradición del polar galo,
pero cuyos resultados están a la altura de la
labor premeditadamente funcional de Jolivet.
Azares de la distribución añadidos
al hecho de que los dos protagonistas de Decreto
de inocencia gozan de una relativa fama en
los círculos de conocedores de la
cinematografía francesa actual han hecho que,
tras cuatro años de espera, esta película bien
conducida por el trabajo en escena de Gérard
Lanvin (el guardaespaldas enemigo de las drogas
blandas de Para
todos los gustos) y la aquí todavía
jovencísima (21 años) Virginie
Ledoyen, la
Jeanne de Jeanne et le garçon
formidable,
llegue a la cartelera española sin hacer
demasiado ruido.
Jolivet
libera su película de ínfulas evidentes y
permite que los contenidos de un guión que goza
de interesantes arrugas e imperfecciones
evolucione con unos personajes con la talla
humana que son capaces de conferirles actores tan
solventes como Carole Bouquet o Denis Podalydès.
De este modo, sotto voce, se deja caer la
frustración de un marido que ha logrado un
clamoroso éxito profesional pero que no ha
podido tener hijos, una crisis de cuarentón que
lleva al abogado Farnese a cambiar una vida
confortable pero rutinaria por una mujer que no
sabe si lo quiere, de escaso bagaje cultural y
que se le ofrece sexualmente a cambio de que la
libere de un cargo de robo.
Por suerte,
no hay ni atisbos de ingenio ni codazos por que
se vea que hay un director con letras mayúsculas
tras las cámaras. Y así, de igual modo, que me
siguen pareciendo entretenidas pero ausentes de
trascendencia películas como Gigante o El
coleccionista, películas como Decreto
de inocencia tan alejadas de la frialdad,
exquisita negritud del polar con
mayúsculas de Jean-Pierre Melville, pero que
no supongan una pérdida de tiempo para el
espectador.
Imágenes
de Decreto inocencia - Copyright © 1998 France 2
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