CRÍTICA
Leandro
Marques
Argentina
Una
vez en la vida

Explotación,
marginación, sueños rotos. Nunca más. Quizás En
la puta vida sea la expresión que mejor se
adecúe a hechos bañados de injusticia, que no
pueden explicarse con palabras y que, pese a
todo, continúan sucediendo. Pero que deben
acabar alguna vez. La directora uruguaya Beatriz
Flores Silva logra graficar, en este
largometraje, justamente de nombre En la puta
vida, su mirada cruda y de denuncia
sobre un acontecimiento social no poco relevante:
el de los cientos de mujeres de Sudamérica (en
este caso uruguayas) que desesperadas exilian a
Europa (en este caso España) para tratar de
encontrar, sin importar el modo de hacerlo, la
manera de salvarse de la angustia económica que
padecen.
El cine
uruguayo ofrece a través del filme de Flores
Silva un retrato simple y sin sutilezas,
pero no por eso envuelto únicamente en lo
trágico, de la historia de una chica como muchas
otras, Elisa, dos hijos pequeños, sin trabajo
fijo, y la instalacion de una peluquería como
gran sueño, a quien su situación en un momento
determinado la lleva a un punto límite. Nada
parece salirle bien, y su proyecto añorado está
cada vez más lejos, cuando conoce a un verdadero
hombre de negocios, Plácido, y su vida parece
renacer.
Plácido es
recio, decidido, seductor. Todo un hombre, para
Elisa. Rápidamente la trama de la película
muestra plasmada en la realidad la atracción
mutua entre los dos personajes. Y de la misma
manera, sin vueltas, Elisa decide partir junto a
su hombre a Barcelona, futuro marido, para hacer
bajo su cuidado la que no hacía mucho tiempo era
su nueva profesión, conocida por ser la más
antigua del mundo. Sus amados hijos la esperaran
en Montevideo no mucho tiempo, y a su regreso con
plata y marido, todos podrán disfrutar de los
beneficios de aquella soñada peluquería ubicada
en una importante avenida frente al río.
Flores
Silva no intenta en su película dar un cuidado
especial a la construcción estética cuadro por
cuadro. Su cámara no busca ángulos
revolucionarios, ni siquiera originales, sólo
trata de ubicarse en el lugar más apto para el
registro de lo que sucede. Sin vueltas, sin
titubeos, ésa es la marca que la directora busca
imprimir en su relato que, vale la pena
mencionar, está basado en un hecho real.
Las cosas
no salen como Elisa lo esperaba: en Barcelona el
mercado de la prostitución es peligroso, hay
mucha competencia. Y pronto todo se convierte
para ella en un nuevo estado de desesperación:
por sobrevivir, por desenmascarar a su ya no tan
querido Plácido, por regresar a Uruguay.
Entonces toma conciencia. El mundo que le
prometieron, que ella misma y su ingenuidad se
metieron en la cabeza, por el que dejó todo de
lado, ahora se le está viniendo encima.
Pese al
intenso peso específico en la historia, ésta se
va desarrollando sin exagerar el tono dramático,
que va aumentando a medida que avanza la trama.
Hay varios pasajes bien logrados de humor, más
algunos guiños románticos, que sirven para
equilibrar el eje narrativo del filme. Por otra
parte, la esencia de En la puta vida es
optimista a la vez que firme: hace hincapié en
la lucha de una mujer contra todas las barreras
que se le presentan, por un sueño, por amor a
sus hijos, por convicciones íntimas, sin dejar
de lado nunca la denuncia a un sistema social
que, como siempre, perjudica a los mas débiles,
que son los que menos tienen. Vale la pena
intentarlo, aunque sea una vez en la ... vida.
Imágenes
de En la puta vida - Copyright © 2001 BFS
Producciones, Saga Film y Avalon Productions.
Todos los derechos reservados.
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