CRÍTICA
Rubén
Corral
Jules,
Jim y otro más
Títulos
como el de "En tu cama o en la nuestra"
(Whipped, Peter M. Cohen, 2001) incitan,
con razón, a huir de las salas de cine como de
la peste. Siempre es agradable corroborar una
hipótesis personal acerca del parentesco
intelectual entre los responsables de escribir
los guiones y títulos de películas nuestras
como "¡Qué gozada de
divorcio!" (Mariano
Ozores, 1981) o "Ya no
soy virgen, ole, ya no soy virgen" (Justo
Pastor, 1982) y los que se dedican al
innoble arte de transmutar los nombres de obras
sobre las que -supongo- debe de haber derechos de
propiedad intelectual.
Sin
embargo, llamará la atención del espectador
atento que esta película de execrable título
venga escrita, producida y dirigida por la misma
persona. No es algo habitual en comedietas
norteamericanas para adolescentes en estado de
celo, porque esos subproductos son urdidos por
auténticos sanedrines de especialistas en
marketing, chistes chuscos y monótonos canales
monográficos de televisión que, más tarde, se
reparten cargos secundarios como
"director", "guionista" o
"productor". Frente a esto, y no voy a
afirmar que con "En tu cama o en la
nuestra" nos encontremos ante una gran
película, Peter M. Cohen se
esfuerza en recoger todos y cada uno de los
abundantes tópicos de los subproductos arriba
mencionados para, al final, tratar de
desbaratarlos. Su grado de éxito se me escapa,
porque no conozco sus intenciones. En cualquier
caso, el hecho de dejar al espectador la libertad
para que decida si lo que ha presenciado es el
último exponente en comedia burda o una
inteligente vuelta de tuerca al manoseado género
al estilo de Neil LaBute siempre
habla bien de Cohen.
La
película arranca, y continúa en esa línea
hasta bien avanzada, con la presentación de unos
personajes que basculan entre lo premeditadamente
vomitivo y lo cínicamente tópico. Ni
los cuatro maromos ni la chica perfecta con que
se topan los tres solteros de este particular
clan de trogloditas suburbanos tienen el menor
interés. Las situaciones que describen no hacen
más que provocar el aburrimiento del espectador
cuando no el arrepentimiento por el pago del
precio de la entrada o la desesperación de
comprobar que el espécimen humano descrito por
las películas estadounidenses se repite tanto
que quizá obedezca a razones de existencia real.
Y entre bostezos, náuseas y oraciones llega, a
los tres cuartos de metraje, un giro muy
inesperado. Se pasa de la insustancial,
esclerotizada situación de tres hombres que
comparten el "amor" de una mujer (una
perversión de "Jules y Jim" ampliado)
a la visión de esa misma situación de
poliandria por parte de la mujer.
La
propuesta deja al descubierto que, por una parte,
se daba por sentado que la visión aburrida,
deslavazada y pueril que se estaba ofreciendo era
la de un pestilente machismo que resulta gracioso
para cierta parte de un público que llega a las
salas de cine (puerilmente) atraído por títulos
tan repelentes como "En tu cama o en la
nuestra". Por otro lado se ofrece la
descorazonadora sensación de que, de igual
manera que algunos nos resistimos a creer que
personajes tan penosos como los hombres de la
película existan en la realidad, no nos queremos
creer que las mujeres representadas son ni como
las muestran películas como "American
Pie" (Paul Weitz, 2000) ni
como queda finalmente descrita la Mia (Amanda Peet) que
manipula a tres hombres simultáneamente.
Además, si
bien se agradece enseñar con esa mirada
"inversa" las miserias de la clase
acomodada yanqui que impone una subcultura que se
ha aupado hasta alcanzar niveles de dominación
inmisericorde, al espectador le queda la duda de
si, simplemente cambiando el sexo del
manipulador, se llega mucho más lejos en lo que
a los resultados de esa crítica se trata; si, al
final, para este viaje no hacían falta alforjas.
Imágenes
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