CRÍTICA
Pedro
Luis Pascual Lacal
Soldados
de barro

La guerra mata. Afirmación que
puede parecer absurda pero que tiene un sentido
propio en este film. Mata por dentro a cualquier
persona que viva los horrores de un conflicto
bélico. Guerreros es una
cinta onírica que nos muestra el lado oscuro del
ser humano y que nos traza la senda de una
historia perfectamente trazada por su joven
director Daniel Calparsoro.
Quien vaya
al cine a ver un film bélico, descubrirá con
agrado que Guerreros es una de esas
películas de guerra que van más allá de lo
sangriento y que sacan a flote aspectos que dejan
consternados al espectador. Los soldados de
Calparsoro no son Rambos ni
Terminators, son seres humanos que se
encuentran en una situación que los sobrepasa y
ante ella dejan al descubierto su personalidad
oculta.
Para hacer más creíble la acción
de estos zapadores españoles en Kosovo el equipo
de la película se desplazó hasta esa región,
encrucijada natural entre Serbia y Albania, un
hervidero de sentimientos nacionalistas tanto en
un sentido como en otro. Una guerra que, aunque
acabada, tenía zonas donde el peligro de fuerzas
paramilitares se hacía patente. En una de esas
zonas (llamada zona de sombra) los miembros del
ejército español conocen de cerca lo que es una
guerra, sus consecuencias, la muerte...
La muerte y
su alargada sombra es dentro de la película un
protagonista más. Aparte de vísceras, piernas
amputadas y demás imágenes que harían apartar
la vista a cualquiera, la última
compañera de cualquier ser vivo se
presenta con mayor fuerza a medida que avanza el
metraje y es la que canaliza la animalidad propia
de los personajes del realizador vasco.
Especial atención merece el
personaje de Eloy
Azorín. Este
excepcional actor que ya hemos visto en otros
filmes como Todo sobre
mi madre o Juana la
Loca sin duda realiza con una
maestría impropia de su edad un papel lleno de
complejidad, fuerza e intensidad dramática. Su
mirada perdida da verdadero pavor... Una sorpresa
muy agradable la que nos brinda el que puede
convertirse en breve en una de las
realidades del cine español. Sus
compañeros de reparto están un escalón por
debajo suyo, ninguno de ellos (ni siquiera Eduardo
Noriega) llega a la altura interpretativa
de Azorín. Quizá Carla Pérez en su
papel de Balbuena, pero poco más.
Destaca
igualmente sobremanera la banda sonora de Najwajean
(Najwa Nimri y Carlos Jean). Decora
con gran viveza la rudeza de los planos-secuencia
del film e impacta como un soplo de aire fresco
en la cara de los espectadores.
Con todo,
Guerreros no ha tenido el éxito que
mereciera en el box español. Prueba
una vez más que es difícil ser profeta en
tierra propia, y seguro que Calparsoro ve con
pena cómo filmes tan vacíos como No es otra
estúpida película americana o La máquina
del tiempo le
arrebatan un puesto más alto (y merecido) en la
taquilla de nuestro país. Como
reflexión de esto, pensad si la hubiera dirigido
Ridley Scott y protagonizado Leo DiCaprio, o que
algún chauvinista francés la hubiera realizado
tal y como lo ha hecho el director de Asfalto. Con
perdón, la veríamos anunciada hasta en las
puertas de las iglesias. Así que defendamos un
poco más el cine español de calidad, como esta
metáfora de la guerra que nos ha transmitido con
brillantez Daniel Calparsoro.
Imágenes
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