CRÍTICA
José
Luis Santos
Las
comparaciones son odiosas. Y más aún lo son
cuando están algo traídas por los pelos, pero
me van a permitir la frivolidad. Apenas una
semana antes del estreno de "John Q."
observábamos en televisión, a través de la
excelente serie de Benito Zambrano "Padre
coraje", con un prisma nítido y
cristalino, el dolor de un padre ante la pérdida
de un hijo, y la terrible desesperación con que
nos empuja a desafiar a la fría lógica de lo
posible y lo imposible el sentimiento de atroz
injusticia recaída sobre los genes comunes.
Pocos días después, también Hollywood nos
envía su testimonio pretendidamente desgarrador
sobre el sufrimiento paterno ante el acecho de la
muerte a la carne de nuestra carne frente a la
pasividad de quienes podrían evitarlo, y de
nuevo los hechos se nos presentan bajo el esquema
mixto del cruce entre drama y suspense. Sin
embargo, lo que en "Padre coraje" eran
crueles dosis de realidad, inteligencia narrativa
y sabia cesión del protagonismo a la suficiente
fuerza de la historia sin apenas artificios
innecesarios, en "John Q." se
convierten tristemente en un carrusel de
situaciones forzadas, una insultante simpleza de
planteamientos y una interminable colección de
los más lamentables tics
made in USA.
El tercer
trabajo de Nick Cassavetes parte de
un punto de reflexión justo y necesario: la
aberrante mezquindad de un sistema de Seguridad
Social como el estadounidense, en el que se deja
algo tan serio como la salud en manos de las poco
escrupulosas compañías de seguros, para que
gestionen con criterios empresariales y en nombre
de la santa eficiencia el comercio de lo que al
fin y al cabo, y no conviene olvidarlo, son vidas
humanas. Un problema que parece lejano en nuestro
país, pero que algunos irresponsables (oh,
caprichos del destino, casualmente los mismos que
saben que podrán pagar sin problemas las
astronómicas facturas) pretenden fijar como meta
futura a alcanzar frente al sistema actual.
A pesar de
un punto de partida tan jugoso y lleno de buenos
propósitos, el guión con encefalograma plano de
James Kearns (que
formara parte en su día del equipo de guionistas
de la celebérrima serie de TV "Autopista
hacia el cielo") consigue diluirlo en
medio de la nada de un thriller pobre y
previsible, en el que cada vez que una escena
parece conseguir un mínimo grado de intensidad
dramática, la cinta se apresura a destrozarla
con una situación, una frase o un personaje
patéticos, y en el que el tema
principal queda relegado a planteamientos
excesivamente obvios y algunos parlamentos
demasiado torpes, artificiales y metidos con
calzador para resultar creíbles. La dirección
de Cassavetes es visualmente correcta, pero en mi
opinión denota falta de talla como cronista para
que "John Q." pueda tan siquiera
aproximarse a películas como la cuando menos
interesante "Mad City" de Costa
Gavras, a la que parece claramente querer
emular, y el producto final es un pastiche que a
pesar del caro perfume de los muchos medios
empleados no puede esconder un cierto tufillo a
telefilme barato que perfectamente encajaría en
la sobremesa de Antena 3 o Telecinco tras los
culebrones de rigor, y en el que hasta la música
compuesta por Aaron Zigman resulta
pobre y desacertada.
El
despilfarro de temática y medios se prolonga y
hace especialmente sangrante con el estupendo
reparto infrautilizado de forma bochornosa,
por no decir boicoteado por una galería de
personajes que no pasan de ser clichés
terriblemente simples, especialmente en el caso
de los secundarios. El ganador del Oscar© este año
por "Training
day" (con un papel absolutamente
antagónico al que aquí desempeña) Denzel
Washington demuestra que es capaz de salir
airoso de cualquier reto, por caótico que sea
todo lo que le rodea como es el caso. El por
muchos considerado como el mejor actor de color
actual de Hollywood (con permiso de Morgan
Freeman y Samuel L. Jackson) hace un despliegue
de recursos y emociones espléndido, y a él se
deben los pocos momentos salvables de la cinta,
quedándole al espectador la amarga sensación de
que en este caso su pólvora se ha ido en salvas,
y mejor hubiera sido guardarla para mejores
guerras. Junto a él actores de la talla del
inconmensurable Robert Duvall o los
eficaces James Woods
("Contact", "Vampiros"), Anne Heche
("Volcano","Seis días
y siete noches") y Ray Liotta (por Dios,
¿quién le elige las películas a este hombre,
Bin Laden?) luchan por evitar el inevitable
naufragio de unos personajes insalvables y
dibujados no ya con brocha gorda, sino
directamente a rodillo.
Según
Cassavetes, la razón que le llevó a emprender
este proyecto fue que se trataba de un problema
que había sufrido en sus carnes, puesto que
tiene una hija con una enfermedad cardiaca
congénita y la ha visto someterse a cuatro
operaciones, y lo que buscaba es mostrar que
"en Estados Unidos no tenemos ningún
sistema para atender a las personas enfermas que
no tienen dinero". Lamentablemente, podemos
resumir el resultado final obtenido por
"John Q." con una sencilla expresión:
el fin es sin duda loable, pero los
medios
cinematográficamente
hablando
son despreciables.
Imágenes
de John Q. - Copyright © 2002 New Line Cinema.
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