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JOHN Q.


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Título en México: Situación extrema.
Dirección:
Nick Cassavetes.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 118 min.
Interpretación: Denzel Washington (John Q. Archibald), Robert Duvall (Grimes), James Woods (Dr. Turner), Anne Heche (Rebecca Payne), Eddie Griffin (Lester), Kimberly Elise (Denise Archibald), Shawn Hatosy (Mitch), Ray Liotta (jefe de policía Monro), Daniel E. Smith (Mike Archibald), Ethan Suplee (Max).
Guión: James Kearns.
Producción: Mark Burg y Oren Koules.
Música: Aaron Zigman.
Fotografía:
Rogier Stoffers.
Montaje: Dede Allen.
Diseño de producción: Stefania Cella.
Dirección artística: Thomas Carnegie y Elis Y. Lam.
Vestuario: Beatrix Aruna Pazstor.
Decorados: Clive Thomasson.

 

CRÍTICA

José Luis Santos

Las comparaciones son odiosas. Y más aún lo son cuando están algo traídas por los pelos, pero me van a permitir la frivolidad. Apenas una semana antes del estreno de "John Q." observábamos en televisión, a través de la excelente serie de Benito Zambrano "Padre coraje", con un prisma nítido y cristalino, el dolor de un padre ante la pérdida de un hijo, y la terrible desesperación con que nos empuja a desafiar a la fría lógica de lo posible y lo imposible el sentimiento de atroz injusticia recaída sobre los genes comunes. Pocos días después, también Hollywood nos envía su testimonio pretendidamente desgarrador sobre el sufrimiento paterno ante el acecho de la muerte a la carne de nuestra carne frente a la pasividad de quienes podrían evitarlo, y de nuevo los hechos se nos presentan bajo el esquema mixto del cruce entre drama y suspense. Sin embargo, lo que en "Padre coraje" eran crueles dosis de realidad, inteligencia narrativa y sabia cesión del protagonismo a la suficiente fuerza de la historia sin apenas artificios innecesarios, en "John Q." se convierten tristemente en un carrusel de situaciones forzadas, una insultante simpleza de planteamientos y una interminable colección de los más lamentables tics made in USA.

El tercer trabajo de Nick Cassavetes parte de un punto de reflexión justo y necesario: la aberrante mezquindad de un sistema de Seguridad Social como el estadounidense, en el que se deja algo tan serio como la salud en manos de las poco escrupulosas compañías de seguros, para que gestionen con criterios empresariales y en nombre de la santa eficiencia el comercio de lo que al fin y al cabo, y no conviene olvidarlo, son vidas humanas. Un problema que parece lejano en nuestro país, pero que algunos irresponsables (oh, caprichos del destino, casualmente los mismos que saben que podrán pagar sin problemas las astronómicas facturas) pretenden fijar como meta futura a alcanzar frente al sistema actual.

A pesar de un punto de partida tan jugoso y lleno de buenos propósitos, el guión con encefalograma plano de James Kearns (que formara parte en su día del equipo de guionistas de la celebérrima serie de TV "Autopista hacia el cielo") consigue diluirlo en medio de la nada de un thriller pobre y previsible, en el que cada vez que una escena parece conseguir un mínimo grado de intensidad dramática, la cinta se apresura a destrozarla con una situación, una frase o un personaje patéticos, y en el que el tema principal queda relegado a planteamientos excesivamente obvios y algunos parlamentos demasiado torpes, artificiales y metidos con calzador para resultar creíbles. La dirección de Cassavetes es visualmente correcta, pero en mi opinión denota falta de talla como cronista para que "John Q." pueda tan siquiera aproximarse a películas como la cuando menos interesante "Mad City" de Costa Gavras, a la que parece claramente querer emular, y el producto final es un pastiche que a pesar del caro perfume de los muchos medios empleados no puede esconder un cierto tufillo a telefilme barato que perfectamente encajaría en la sobremesa de Antena 3 o Telecinco tras los culebrones de rigor, y en el que hasta la música compuesta por Aaron Zigman resulta pobre y desacertada.

El despilfarro de temática y medios se prolonga y hace especialmente sangrante con el estupendo reparto infrautilizado de forma bochornosa, por no decir boicoteado por una galería de personajes que no pasan de ser clichés terriblemente simples, especialmente en el caso de los secundarios. El ganador del Oscar© este año por "Training day" (con un papel absolutamente antagónico al que aquí desempeña) Denzel Washington demuestra que es capaz de salir airoso de cualquier reto, por caótico que sea todo lo que le rodea como es el caso. El por muchos considerado como el mejor actor de color actual de Hollywood (con permiso de Morgan Freeman y Samuel L. Jackson) hace un despliegue de recursos y emociones espléndido, y a él se deben los pocos momentos salvables de la cinta, quedándole al espectador la amarga sensación de que en este caso su pólvora se ha ido en salvas, y mejor hubiera sido guardarla para mejores guerras. Junto a él actores de la talla del inconmensurable Robert Duvall o los eficaces James Woods ("Contact", "Vampiros"), Anne Heche ("Volcano","Seis días y siete noches") y Ray Liotta (por Dios, ¿quién le elige las películas a este hombre, Bin Laden?) luchan por evitar el inevitable naufragio de unos personajes insalvables y dibujados no ya con brocha gorda, sino directamente a rodillo.

Según Cassavetes, la razón que le llevó a emprender este proyecto fue que se trataba de un problema que había sufrido en sus carnes, puesto que tiene una hija con una enfermedad cardiaca congénita y la ha visto someterse a cuatro operaciones, y lo que buscaba es mostrar que "en Estados Unidos no tenemos ningún sistema para atender a las personas enfermas que no tienen dinero". Lamentablemente, podemos resumir el resultado final obtenido por "John Q." con una sencilla expresión: el fin es sin duda loable, pero los medios…cinematográficamente hablando…son despreciables.


Imágenes de John Q. - Copyright © 2002 New Line Cinema. Todos los derechos reservados.

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