CRÍTICA
por José
Luis Santos
No se puede
burlar al destino. Esta premisa fue explotada con
escaso acierto hace bien poco por James Wong en
la casi ridícula "Destino final", pero
semejante tentativa de presunta originalidad fue
superada con creces ya por Herbert
George Wells nada más y nada menos que en 1895,
cuando escribió su primera novela, "La
máquina de explorar el tiempo". Más de un
siglo después, y según los productores por mera
casualidad (¿por qué me cuesta tanto creerlo?)
es su biznieto, Simon Wells, el
elegido para plasmar en pantalla grande el
ansiado reto de viajar por el tiempo desde la
confesa referencia a la adaptación que en 1960
hiciera George Pal con "El
tiempo en sus manos", a la que
incluso el director ha querido incluir algún
homenaje (por ejemplo con la aparición en un
pequeño papel de su protagonista, la
utilización de algún elemento de vestuario
empleado en ella, o conservando ciertas
similitudes en la recreación de la máquina).
Una vez
más, Hollywood (en este caso la Dreamworks de
Spielberg) trata de explotar el a priori
fácil filón de la superproducción efectista
tintada de cine de aventuras para fijar sus
objetivos en el público más consumista,
por otra parte el mercado más amplio. Sin
embargo, el primer trabajo "de carne y
hueso" de Simon Wells, hasta ahora
realizador de la industria de la animación (cuyo
principal logro es la co-dirección de "El
príncipe de Egipto", también
con Dreamworks) se muestra en mi opinión
claramente fallido al no encontrar en ningún
momento un punto sólido de equilibrio, dando la
impresión de navegar a la deriva desde un
romanticismo inicial insuflado artificialmente a
la novela original (en un ejemplo más de la
permanente obsesión del reciente cine comercial
norteamericano de vertebrar cualquier historia a
contar a partir de una historia de amor esbozada
torpemente, sea el acontecimiento narrado el
hundimiento del Titanic, el bombardeo de Pearl
Harbor o la invención de una máquina del
tiempo) y la evolución a través de un carrusel
de aventuras no especialmente interesante hasta
un cierto existencialismo pobremente expresado,
argumentado y resuelto.
Con un
inicio excesivamente dulzón aunque
espléndidamente ambientado, el film hace
concebir al espectador ciertas esperanzas de que
lo mejor está aún por venir a través de los
que sin duda son sus instantes más interesantes:
la recreación de los viajes por el tiempo, con
unas espléndidas representaciones de la máquina
y la evolución de los elementos indicativos de
la variación temporal (edificios, árboles,
escaparates de las tiendas, orografía...). Sin
embargo, este buen trabajo se ve malogrado por una
narración plana, que busca mantener un ritmo
frenético pero se ve herida de muerte por su
continua irregularidad y constantes altibajos motivados
por algunos pasajes de dudoso interés y
discutible resolución, y por una manifiesta
incapacidad para conseguir que la película en su
conjunto cobre sentido y funcione como un todo.
A ello
ayudan poco unos diálogos míseramente
desnatados y unos personajes encorsetados en una
pobre expresividad que reducen al mínimo el
margen de maniobra de los actores. Guy Pierce ("L.A.
Confidential", "Memento") hace un
buen trabajo, pero éste se ve deslucido por la
simpleza con la que está escrito un personaje
que pudiera haber dado para mucho más. La
cantante irlandesa debutante en las lides
cinematográficas Samantha Mumba (por cierto
acompañada en la aventura por su verdadero
hermano pequeño) evidencia a mi modo de ver que
en el intento de diversificar sus actividades
quizás la dirección correcta hubiera sido la de
las pasarelas, puesto que se limita a hacer un
continuo pase de modelos en el que pasea sus
rasgos exóticos como únicas e insuficientes
credenciales. Tras ellos, entre los secundarios
llama la atención especialmente la estruendosa
infrautilización de un actor tan convincente
como Mark Addy ("Full
Monthy"), el lastre que para la cinta
supone al menos en mi opinión el personaje de Orlando
Jones (hace apenas un año el payaso
principal del impresentable circo de Ivan
Reitman "Evolution") y la casi
innecesaria presencia en los títulos de crédito
de Jeremy Irons (por el
tiempo que permanece en pantalla y las toneladas
de maquillaje hubiera dado igual que fuera él o
el mismísimo Michael Jackson de hecho a
Jackson casi no hubiera sido necesario
maquillarle). En resumen, de no ser
por los abundantes medios y los estimables
efectos especiales en los viajes por el tiempo,
la rigidez de los actores y la torpeza del guión
le harían pensar a uno que está viendo uno de
los pretenciosamente llamados "Grandes
Relatos" de Tele 5, que en el fondo
no dejan de ser producciones de serie B
únicamente para televisión, y eso es ni más ni
menos lo que parece esta "La máqina del
tiempo".
H.G. Wells
demostró con obras como "El hombe
invisible", "La guerra de los
mundos" y "Las cosas del futuro"
que tenía inquietudes anticipadas al tiempo que
le tocó vivir (de hecho con su obra posterior,
más encuadrada en la filosofía y la política,
en la que también viajó al futuro, aunque esta
vez ideológica y socialmente, defendió los
derechos de las mujeres, atacó al capitalismo
irresponsable, criticó la guerra, y sobre todo
se preocupó siempre por la supervivencia de la
sociedad contemporánea), y ya desde "La
máquina de explorar el tiempo" evidenció
su facilidad para sacar conclusiones acertadas,
obteniendo como resultado de su viaje (respetado
en la película, aunque expuesto de manera torpe)
que "nuestra máquina para viajar al pasado
son los recuerdos, y para viajar al futuro son
los sueños". Seamos medianamente benévolos
y quedémonos con el aspecto de mediocre recuerdo
de Simon Wells a su bisabuelo, porque a nivel de
sueños
la verdad, su algo más que libre
revisión de "La máquina del
tiempo"aporta más bien poco.
Imágenes
de La máquina del tiempo - Copyright © 2002
DreamWorks SKG y Warner Bros. Pictures.
Distribuidora en España: Warner Sogefilms. Todos
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