CRÍTICA
Leandro
Marques
Argentina
La
magia de Penn y las canciones
Es
importante, antes que cualquier otra cosa, partir
de una breve descripción de la estructura
narrativa de I am Sam. A grandes rasgos,
puede decirse que esta película trata,
lógicamente, de Sam, un deficiente mental, con
la capacidad intelectual de un niño de siete
años, que ve cómo una cruel mujer lo abandona
luego de dar a luz a Lucy, la hija de ambos,
dejándole a su cargo la enorme responsabilidad
de ser padre, soltero.
Como esto
es cine, y la trama tiene que ir presentando
conflictos a medida que va evolucionando, los
conflictos no demoran en aparecer. Sam derrocha
amor y dulzura, pero sus limitaciones mentales
son, de acuerdo a las autoridades escolares de
Lucy, un escollo clave en los progresos
educativos de la niña, que se rehusa a aprender
para no sobrepasar con su inteligencia a la de su
padre. Entonces, entra en escena una trabajadora
social que sugiere a la Justicia separar a la
nena de Sam y colocarla, como si se tratara de un
objeto, en una familia adoptiva. De esta manera,
el asunto se convierte en una cuestión legal.
Una bella, exitosa e inescrupulosa abogada
defenderá los derechos de Sam por un compromiso
con sus apariencias, pero encontrará en la
manera de ser de su cliente el pago que menos
esperaba: un refrescante (y más que previsible,
por cierto) aprendizaje sobre otra manera, mucho
más pura, de vivir la vida.
Detalles
más, detalles menos, éste es el esquema
argumental de la segunda película de Jessie
Nelson, después de la poco trascendente Corrina
Corrina. Está a la vista que esencialmente
no hay nada original en el guión.
Por eso, por tratarse de un tema tan trillado
cinematográficamente, el análisis debe tener en
cuenta principalmente el lugar y la mirada que la
directora escoge para contar la historia, su
habilidad o no para escapar de los clichés
clásicos del género y su capacidad o no para
dejar algo más que el mero intento de conmover y
emocionar al espectador. Sin duda no es tarea
fácil contar un cuento muchas veces contado, y
esta vez el ejemplo de eso es I am Sam, un
irregular trabajo en el que pueden encontrarse
tantos momentos gratos como de los otros.
Sin
embargo, el filme cuenta con dos plus que ayudan
a emparejar los tantos a la hora de los balances
finales. El primero es Sean Penn. Nominado
al Oscar© y gran candidato,
porque usualmente la Academia tiene preferencia
por los personajes con alguna discapacidad
física o mental, el actor es la figura
central a través de la cual gira toda la
película. Sus miradas, gestos, expresiones lucen
naturales y espontáneas, y logran transmitir
todo un abanico de sensaciones, que van desde la
alegría y la ternura hasta la tristeza. El
segundo protagonista en importancia es Rita, la
abogada defensora de Sam, interpretado por la
siempre cautivante Michelle Pfeiffer, que
cumple correctamente con su papel pese a tratarse
el suyo del personaje más estereotipado de la
película.
El otro
gran acierto del filme es su banda de sonido. Las
guionistas (la misma directora Nelson junto a Kristine
Johnson) visitaron varias organizaciones de
discapacitados para reforzar el guión y
encontraron que la gran mayoría de sus alumnos
dijeron que sus músicos favoritos eran los
Beatles. A ellos no sólo les encantaban sus
canciones sino que usaban varios datos
biográficos de la banda inglesa como guía para
la vida práctica. Lucy, la hija de Sam, se llama
así por un tema de los Beatles. Y muchos de los
mejores momentos visuales de la película tienen
como fondo natural las fabulosas canciones del
grupo interpretadas por artistas contemporáneos.
Por otra
parte, puede rescatarse que la historia
es llevadera y en ocasiones entretenida. Pero
muchas veces ese logro es resultado de
situaciones inverosímiles, diálogos poco
creíbles entre padre e hija (si bien se
trata de una chica inteligente, más de una vez
el guión hace notar su existencia con palabras
que difícilmente puedan salir de alguien de su
edad). Y varias otras veces la directora apela a
la búsqueda exagerada de la emoción y de la
lágrima en el espectador para evitar que decaiga
el ritmo de la película. Aunque es justo
reconocer que se percibe el intento de la
realizadora por evadir algunos lugares comunes,
también hay que decir no son muchas las
ocasiones en que consigue hacerlo.
En
definitiva, I am Sam no tiene nada
nuevo para decir, ni un modo demasiado diferente
de hacer lo que ya hicieron muchos. Es, como
tantas otras, una película que busca llegar al
corazón, sin demasiadas sutilezas ni
creatividad. Las características de los
personajes y el hilo de la historia así lo
demuestran. La brillante actuación de Sean Penn,
algunas imágenes y ángulos de cámara bien
logrados, la belleza de Michelle Pfeiffer, la
simpatía y los ojotes de Lucy, y las canciones
de los Beatles amenizan un trayecto que, casi con
seguridad, hubiera sido tedioso transitar.
Imágenes
de Yo soy Sam - Copyright © 2001 New Line
Cinema. Distribuidorta en España: TriPictures.
Todos los derechos reservados.
|