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AJUSTE DE CUENTAS
(Knockaround guys)


cartel Dirección y guión: Brian Koppelman & David Levien.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 93 min.
Interpretación: Barry Pepper (Matt Demaret), Vin Diesel (Taylor Reese), Seth Green (Johnny Marbles), Andrew Davoli (Scarpa), Dennis Hopper (Benny 'Chains' Demaret), John Malkovich (Teddy Deserve), Tom Noonan (Sheriff), Jennifer Baxter (Teri), Ceciley Jenkins (Claire).
Producción: Lawrence Bender, Brian Koppelman y David Levien.
Música: Clint Mansell.
Fotografía:
Tom Richmond.
Montaje: David Moritz.
Diseño de producción: Lester Cohen.
Dirección artística: Kei Ng.
Vestuario: Beth Pasternak.
Decorados: Carolyn Loucks.

 

SOBRE LA PRODUCCIÓN
© 2001 New Line Cinema

Hacía mucho tiempo que los guionistas y directores Brian Koppelman y David Levien, amigos íntimos de los catorce años, querían hacer una película basada en los diversos "hijos de mafiosos" a los que habían visto crecer. Después del estreno del éxito de culto Rounders decidieron recuperar la idea y el resultado fue Ajuste de cuentas, una película sobre la familia, los amigos y, en última instancia, la libertad.

«Los personajes de esta película han tenido infancias privilegiadas, los negocios familiares de sus padres cubrían todas sus necesidades y todos sus caprichos», explica Levien. «Ahora que ya han dejado atrás los veinte años quieren arreglárselas por su cuenta. Pero se dan cuenta de que no es fácil escapar de la sombra de sus padres».

«Sus infames apellidos son un lastre», añade Koppelman. «Cuando piden trabajo la gente se asusta de ellos. No quieren contratarles. En este momento de la historia de este país, la mafia está descomponiéndose, y para sus jóvenes no hay muchas opciones. Lo que pretendemos transmitir es que la idea puede aplicarse también a la gente joven en general y a sus opciones de vida».

Admiradores de siempre de clásicos de su infancia como El padrino y Uno de los nuestros, los directores no sabían cómo hacer su propia película de gángsters hasta que decidieron sacar a los protagonistas de su propio entorno. El resultado es una historia de "expatriación" en la que los chicos tienen que responsabilizarse de sus propias vidas ajustándose a las reglas del viejo Oeste. Una vez situados los protagonistas neoyorquinos en un pueblo de Montana donde nadie sabe cómo se llaman, los directores descubrieron toda una gama de posibilidades y el guión empezó a tomar forma rápidamente. El producto final es, para los autores, una mezcla de sus géneros favoritos.

«En cierto sentido, esto es tanto un western como una película de gángsters», reconoce Koppelman. «Es decir, estos chicos acaban aterrizando en el Oeste americano. Y el duelo final ocurre en el Oeste americano y hay un pueblo de Montana con un sheriff muy alto. En ese sentido es un híbrido de géneros».

En muchos sentidos, las reglas del crimen podrían considerarse el equivalente moderno del las antiguas leyes del Viejo Oeste. Ambos cógidos se centran en personajes desarraigados que no se integran en la sociedad donde habitan y que viven la vida según sus propias reglas. Las peleas suelen girar en torno a bolsas de dinero y son ambientes donde las lealtades y el honor de las personas son puestos en duda constantemente. Y casi todos los personajes viven o mueren bajo la ley de las pistolas.

Fue precisamente esta brillante idea de mezclar géneros lo que atrajo al productor Lawrence Bender, conocido por su participación en éxitos mayoritarios y minoritarios como Pulp Fiction, El indomableWill Hunding y Reservoir Dogs.

«Me gustó la originalidad de su visión del género», explica Bender. «Los chicos de la película no son lo bastante duros para triunfar en la familia. Pero sus apellidos los persiguen y no les permiten trabajar en el mundo real. Por eso se quedan atrapados entre los dos mundos».

Koppelman y Levien se toparon por primera vez con el término "knockaround guys" [mafiosos] durante las reuniones que mantuvieron con miembros subalternos del mundo del crimen para su investigación de Rounders. Ambos colaboradores participaron en el proyecto desde la preproducción hasta la posproducción y estuvieron presentes en todo el rodaje, colaborando con los actores. Pero comprendieron que, aunque la experiencia fue estupenda, aquello fue algo excepcional.

«Como guionistas sólo podríamos volver a aproximarnos tanto si a la siguiente participábamos también como directores», explica Levien. «Y Lawrence es, sencillamente, el mejor productor de Estados Unidos para este tipo de película. Sabe conseguir los mejores artistas, el mejor material, consigue que sus películas salgan adelante y sabe cómo generar muchísimo interés en Hollywood».

Bender se unió al proyecto en la primavera de 1999, a sugerencia de los directores, que habían vendido su guión al mejor postor, New Line Cinema, con la condición de que que ellos se encargarían de la dirección. New Line Cinema aprobó la producción del proyecto y el productor ejecutivo Stan Wlodkowski (American Beauty) se incorporó a la empresa atraído por las posibilidades de la historia y por las ideas de los directores sobre lo que querían plasmar en pantalla.

«Después de American Beauty yo andaba buscando otro proyecto igualmente estimulante», explica Wlodkowski. «Este reunía una buena historia, con personajes reales, y una pareja de directores que tienen una estupenda visión del proyecto».

El siguiente paso era reunir el reparto, y los directores supieron de inmediato qué actor querían para el crucial papel del tío de Matty, Teddy Deserve. Con John Malkovich ya habían trabajado en Rounders , fue entonces cuando el actor les dijo que quería participar en su siguiente proyecto. Le llamaron a Europa, donde vive el actor, le enviaron el guión y él aceptó sin tardanza.

«Acepté enseguida, sin más», explica Malkovich. «El guión de Rounders me había gustado mucho. Y de éste me gustaba la historia, me gustaban los personajes y creo que también tiene su parte divertida. Son muy buenos narradores, Brian y David. Muy sencillos, muy claros. Y luego me apetecía mucho participar en la primera película que iban a dirigir».

Los directores sabían que no sería fácil encontrar a cuatro actores jóvenes que pudieran interpretar sus papeles individuales con verosimilitud y al mismo tiempo hacer creer que los cuatro eran amigos de toda la vida. Para tomar estas decisiones optaron por profesionales que en su opinión fueran capaces de perderse en sus personajes y al mismo tiempo contectar bien con el resto de los actores en cualquier situación.

«Probar actores y reunir un reparto coral es un proceso muy interesante, porque ahí no se trata sólo de cada actor en particular, sino de la química que hay entre ellos», cuenta Bender. «Cada vez que agregábamos un elemento nos preguntábamos cómo conectaría con los demás. No tomamos ninguna decisión definitiva hasta que no tuvimos los cuatro actores determinados en nuestras cabezas».

Barry Pepper (Salvar al soldado Ryan) obtuvo el difícil papel de Matty Demaret. El personaje era especialmente espinoso, porque los directores pensaban en un chico que es honrado y decente pero que al mismo tiempo anhela probar su eficacia al otro lado de la ley. El actor comprendió enseguida que lo único que tiene sentido para Matty en una vida que se desmorona es su lealtad hacia sus amigos, a quienes él trata como hermanos, y hacia su padre. «La amistad, la lealtad y la hermandad son temas muy importantes en la película», explica Pepper. «[Matty] es amigo de estos chicos desde que eran pequeños y son como sus hermanos. Por eso, aunque no seamos hermanos de sangre, todos haríamos cualquier cosa por los demás».

Vin Diesel, que se crió en Manhattan y ya había trabajado con Pepper en Salvar al soldado Ryan, interpreta el papel de Taylor, el amigo más bestia de Matty y su gran confidente. Como el personaje debía ser un alma atormentada, pero un alma «de guerrero», según Levien, no fue fácil asignarlo. Pero la gran presencia física de Diesel, aunada a su fuerza e inteligencia como actor, acabaron por convencer a los directores.

«Lo mejor de este filme es que no nos lo tomamos como una película de acción. Más bien nos lo tomamos como una película de personajes», dice el actor. «Es muy contemporánea y eso determina el vestuario y el habla y el estilo y los ademanes de los personajes. Yo me críe en Manhattan y, vamos, estos chicos son los típicos que uno vería por Manhattan, de esos que viven en Brooklyn pero salen por Manhattan. Estos chicos escuchan música hip-hop. No escuchan a Frank Sinatra».

Para el papel de Johnny Marbles, los directores eligieron a Seth Green, actor habitual de la serie de la Warner "Buffy la cazavampiros", pero conocido para el público cinematográfico por sus humorísticas intervenciones en la saga Austin Powers. Green, un actor tan dotado para la comedia como para el drama, era por tanto el más indicado para interpretar a un personaje que tiene que dar la impresión de estar capacitado para pilotar un avión sin dejar de ser un neurótico capaz de cometer un grave error de juicio. El actor observa así: «Este personaje es muy distinto de todo lo que he hecho hasta ahora, y el contenido de la historia es distinto. Yo estoy acostumbrado a hacer películas sobre extraterrestres y cosas así. Y de repente me encuentro haciendo algo digno, con personajes de verdad, sin desnudos. Para mí ha sido un cambio estupendo». «El público sabe del talento humorístico de Seth, pero en este papel conocerán sus dotes interpretativas a un nivel más profundo», añade Levien.

Andrew Davoli asume su papel más largo hasta la fecha, el de Chris Scarpa, un personaje que a los directores les parecía el más fácil de asignar porque en esencia se trataba de un apuesto casanova con su lado misterioso. Probaron a numerosos actores, pero no consiguieron que nadie les diera la chulería neoyorquina propia del personaje hasta que vieron a Davoli. «Para nosotros es muy interesante contar con alguien que acaba de empezar, porque cuando no has visto a un actor en tu vida es más fácil creerte que eso es lo que son», dice Koppelman. En cuanto a Davoli, reconoce que pasó horas sin cuento leyendo libros sobre la mafia para componer su personaje con todo el realismo posible. «A Chris se le dan bien las mujeres, lleva buena ropa y tiene mucho dinero, pero está intentando encontrar su camino, sus propias huellas, por decirlo de alguna manera», comenta Davoli. «No quiere seguir los pasos de su padre. Ninguno de ellos sabe lo que quiere realmente. Piensan que ellos no son sus padres, que no tienen hambre de calle como sus padres. Y por eso intentan labrarse su propio camino».

El elenco de protagonistas se completa con Dennis Hopper, que da vida a Benny Chains. A Hopper, protagonista de clásicos como Rebelde sin causa o Easy Rider, o algunos más recientes como Hoosiers y Terciopelo azul, lo miraban sus compañeros como una especie de ídolo. Pero a Hopper lo que le impulsó a aceptar el proyecto fue simplemente el guión. «Creo que lo maravilloso es que los personajes no son caricaturas», dice el actor. «Se habla de la familia, de las relaciones íntimas, de la confianza y de la lealtad. Yo he hecho muchísimos mafiosos en películas de todo tipo, y la mayor parte son caricaturas. Pero éste estaba muy bien escrito. Y estoy seguro de que John Malkovich también lo hace por eso».

El rodaje de primera unidad comenzó el otoño pasado en las cercanías de Drumheller (Alberta, Canadá), que está a un par de horas de distancia de Calgary por carretera. Un pueblo cercano llamado Delia figuró como Wibaux (Montana), y el desierto de los alrededores de Drumheller representó el parque de Makoshika, en Montana. Al cabo de tres semanas, el equipo se trasladó a Brooklyn y a Coney Island para rodar exteriores durante varios días, y luego volvieron a Toronto y alrededores para las últimas sesiones de rodaje.

Levien y Koppelman fueron conscientes en todo momento de que su labor como directores era un trabajo a dúo, una situación no sin precedentes pero sí muy especial. Como observa John Malkovich, «lo hacen los hermanos Taviani, y Joel y Ethan Coen también. Quiero decir que lo han hecho muchos. Pero Brian y David tenían las ideas muy claras sobre lo que querían hacer, lo que querían ver, cómo querían que fuera la apariencia de la película, cómo querían que sonra y cómo querían que se sintiera. Y tienen un entusiasmo tremendo, lo cual es maravilloso. Porque hay mucha gente que no es tan entusiasta».

Los directores, por su parte, se enfrentaron a su trabajo en común como se enfrentan a su amistad o a su relación como coguionistas. Trabajaron en estrecha colaboración. «No somos como algunas parejas de guionistas que escriben distintas escenas o distintos guiones por separado», cuenta Levien. «Lo vemos todo juntos, de principio a fin. Por eso, cuando empezamos a dirigir esta película, seguimos el mismo procedimiento. No nos repartimos las tareas. Damos cada paso juntos y tomamos las decisiones juntos».

«En cierto sentido no somos los directores», añade Koppelman. «Somos el director».

La semana antes de que empezara el rodaje, los actores empezaron a preparar sus papeles de maneras diversas. Seth Green aprendió a llevar una avioneta por una pista de aterrizaje; Barry Pepper preparó la transición entre un cazador-recolector de hace tres mil años, su último personaje, y un joven italoneoyorquino; Andrew Davoli terminaba de leer la historia de la Mafia y la biografía de Frank Sinatra; y Vin Diesel estudiaba diversos métodos de combate para incrementar su agresividad.

El equipo técnico tampoco estaba de brazos cruzados. Lester Cohen, diseñador de producción, deseaba ilustrar por medios visuales la idea de que estos mafiosillos de Nueva York han caído en un mundo completamente extraño a ellos mostrando la ciudad como un lugar más sombrío, más húmedo, lleno de superficies reflectantes y colores oscuros. El pueblo llamado Delia (Wibaux) ocupaba una posición tan elevada sobre la pradera que daba la impresión de ser, según el diseñador, «una isla desierta con espacios infinitos que al tiempo da sensación de enjaulamiento», explica el diseñador.

El piloto Paul Clark enseñó a Seth Green a poner en marcha y desconectar un avión y a manejar algunos mandos. Para mayor seguridad, Clark se sentó en el asiento contiguo al de Green e, inclinado, fuera del cuadro de la cámara, manejó los mandos y lo controló todo mientras Green conducía el avión por la pista.

«Estuve a punto de provocar un accidente, por supuesto», ríe Green al recordar que oprimió los pedales antes de tiempo y el aparato empezó a colear por la pista. «Esos aparatos son para pilotarlos por el aire, no por tierra».

La misión de Tom Richmond, director de fotografía, consistió en imprimir un aire neoyorquino a una ciudad del Oeste y en demostrar que el desierto de Montana puede desbaratar el mundo de un forastero de Nueva York. Richmond, que describe la película y el estilo visual que ha deseado imprimirle como un cruce entre Uno de los nuestros , de Scorsese, y Sin perdón, de Clint Eastwood, observa que la ocasión de rodar en pantalla panorámica fue un aliciente más para él.

La figurinista Beth Pasternak empezó a investigar allí donde todo empezó: los restaurantes de la Mafia de Nueva York. Antes de que empezara el rodaje, la diseñadora de Nueva York pasó una semana en Brooklyn y demás barrios, donde los directores la llevaron a los restaurantes «donde los guardaespaldas son camareros y los clientes acaban de salir de la cárcel». Un cliente en particular influyó especialmente en el aspecto que Pasternak dio al personaje Benny Chains.

«Fuimos a las fuentes originales», recuerda Pasternak. «Los mandamases suelen llevar camisetas sin marca. No hacen ostentación de riqueza. Pero ésta no es una película de trajes elegantes y corbatas. Es una película de cuellos de camisa. Los mafiosos suelen llevar unos cuellos enormes».

Fuente: Aurum


Imágenes y notas de producción de Ajuste de cuentas - Copyright © 2001 New Line Cinema. Distribuidora en España: Aurum. Todos los derechos reservados.

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