SOBRE
LA PRODUCCIÓN
© 2001 New Line Cinema
Hacía
mucho tiempo que los guionistas y directores
Brian Koppelman y David Levien, amigos íntimos
de los catorce años, querían hacer una
película basada en los diversos "hijos de
mafiosos" a los que habían visto crecer.
Después del estreno del éxito de culto Rounders
decidieron recuperar la idea y el resultado fue
Ajuste de cuentas, una película sobre la
familia, los amigos y, en última instancia, la
libertad.
«Los
personajes de esta película han tenido infancias
privilegiadas, los negocios familiares de sus
padres cubrían todas sus necesidades y todos sus
caprichos», explica Levien. «Ahora que ya han
dejado atrás los veinte años quieren
arreglárselas por su cuenta. Pero se dan cuenta
de que no es fácil escapar de la sombra de sus
padres».
«Sus
infames apellidos son un lastre», añade
Koppelman. «Cuando piden trabajo la gente se
asusta de ellos. No quieren contratarles. En este
momento de la historia de este país, la mafia
está descomponiéndose, y para sus jóvenes no
hay muchas opciones. Lo que pretendemos
transmitir es que la idea puede aplicarse
también a la gente joven en general y a sus
opciones de vida».
Admiradores
de siempre de clásicos de su infancia como El
padrino y Uno de los nuestros, los directores no
sabían cómo hacer su propia película de
gángsters hasta que decidieron sacar a los
protagonistas de su propio entorno. El resultado
es una historia de "expatriación" en
la que los chicos tienen que responsabilizarse de
sus propias vidas ajustándose a las reglas del
viejo Oeste. Una vez situados los protagonistas
neoyorquinos en un pueblo de Montana donde nadie
sabe cómo se llaman, los directores descubrieron
toda una gama de posibilidades y el guión
empezó a tomar forma rápidamente. El producto
final es, para los autores, una mezcla de sus
géneros favoritos.
«En cierto
sentido, esto es tanto un western como una
película de gángsters», reconoce Koppelman.
«Es decir, estos chicos acaban aterrizando en el
Oeste americano. Y el duelo final ocurre en el
Oeste americano y hay un pueblo de Montana con un
sheriff muy alto. En ese sentido es un híbrido
de géneros».
En muchos
sentidos, las reglas del crimen podrían
considerarse el equivalente moderno del las
antiguas leyes del Viejo Oeste. Ambos cógidos se
centran en personajes desarraigados que no se
integran en la sociedad donde habitan y que viven
la vida según sus propias reglas. Las peleas
suelen girar en torno a bolsas de dinero y son
ambientes donde las lealtades y el honor de las
personas son puestos en duda constantemente. Y
casi todos los personajes viven o mueren bajo la
ley de las pistolas.
Fue
precisamente esta brillante idea de mezclar
géneros lo que atrajo al productor Lawrence
Bender, conocido por su participación en éxitos
mayoritarios y minoritarios como Pulp Fiction, El
indomableWill Hunding y Reservoir Dogs.
«Me gustó
la originalidad de su visión del género»,
explica Bender. «Los chicos de la película no
son lo bastante duros para triunfar en la
familia. Pero sus apellidos los persiguen y no
les permiten trabajar en el mundo real. Por eso
se quedan atrapados entre los dos mundos».
Koppelman y
Levien se toparon por primera vez con el término
"knockaround guys" [mafiosos] durante
las reuniones que mantuvieron con miembros
subalternos del mundo del crimen para su
investigación de Rounders. Ambos colaboradores
participaron en el proyecto desde la
preproducción hasta la posproducción y
estuvieron presentes en todo el rodaje,
colaborando con los actores. Pero comprendieron
que, aunque la experiencia fue estupenda, aquello
fue algo excepcional.
«Como
guionistas sólo podríamos volver a aproximarnos
tanto si a la siguiente participábamos también
como directores», explica Levien. «Y Lawrence
es, sencillamente, el mejor productor de Estados
Unidos para este tipo de película. Sabe
conseguir los mejores artistas, el mejor
material, consigue que sus películas salgan
adelante y sabe cómo generar muchísimo interés
en Hollywood».
Bender se
unió al proyecto en la primavera de 1999, a
sugerencia de los directores, que habían vendido
su guión al mejor postor, New Line Cinema, con
la condición de que que ellos se encargarían de
la dirección. New Line Cinema aprobó la
producción del proyecto y el productor ejecutivo
Stan Wlodkowski (American Beauty) se incorporó a
la empresa atraído por las posibilidades de la
historia y por las ideas de los directores sobre
lo que querían plasmar en pantalla.
«Después
de American Beauty yo andaba buscando otro
proyecto igualmente estimulante», explica
Wlodkowski. «Este reunía una buena historia,
con personajes reales, y una pareja de directores
que tienen una estupenda visión del proyecto».
El
siguiente paso era reunir el reparto, y los
directores supieron de inmediato qué actor
querían para el crucial papel del tío de Matty,
Teddy Deserve. Con John Malkovich ya habían
trabajado en Rounders , fue entonces cuando el
actor les dijo que quería participar en su
siguiente proyecto. Le llamaron a Europa, donde
vive el actor, le enviaron el guión y él
aceptó sin tardanza.
«Acepté
enseguida, sin más», explica Malkovich. «El
guión de Rounders me había gustado mucho. Y de
éste me gustaba la historia, me gustaban los
personajes y creo que también tiene su parte
divertida. Son muy buenos narradores, Brian y
David. Muy sencillos, muy claros. Y luego me
apetecía mucho participar en la primera
película que iban a dirigir».
Los
directores sabían que no sería fácil encontrar
a cuatro actores jóvenes que pudieran
interpretar sus papeles individuales con
verosimilitud y al mismo tiempo hacer creer que
los cuatro eran amigos de toda la vida. Para
tomar estas decisiones optaron por profesionales
que en su opinión fueran capaces de perderse en
sus personajes y al mismo tiempo contectar bien
con el resto de los actores en cualquier
situación.
«Probar
actores y reunir un reparto coral es un proceso
muy interesante, porque ahí no se trata sólo de
cada actor en particular, sino de la química que
hay entre ellos», cuenta Bender. «Cada vez que
agregábamos un elemento nos preguntábamos cómo
conectaría con los demás. No tomamos ninguna
decisión definitiva hasta que no tuvimos los
cuatro actores determinados en nuestras
cabezas».
Barry
Pepper (Salvar al soldado Ryan) obtuvo el
difícil papel de Matty Demaret. El personaje era
especialmente espinoso, porque los directores
pensaban en un chico que es honrado y decente
pero que al mismo tiempo anhela probar su
eficacia al otro lado de la ley. El actor
comprendió enseguida que lo único que tiene
sentido para Matty en una vida que se desmorona
es su lealtad hacia sus amigos, a quienes él
trata como hermanos, y hacia su padre. «La
amistad, la lealtad y la hermandad son temas muy
importantes en la película», explica Pepper.
«[Matty] es amigo de estos chicos desde que eran
pequeños y son como sus hermanos. Por eso,
aunque no seamos hermanos de sangre, todos
haríamos cualquier cosa por los demás».
Vin Diesel,
que se crió en Manhattan y ya había trabajado
con Pepper en Salvar al soldado Ryan, interpreta
el papel de Taylor, el amigo más bestia de Matty
y su gran confidente. Como el personaje debía
ser un alma atormentada, pero un alma «de
guerrero», según Levien, no fue fácil
asignarlo. Pero la gran presencia física de
Diesel, aunada a su fuerza e inteligencia como
actor, acabaron por convencer a los directores.
«Lo mejor
de este filme es que no nos lo tomamos como una
película de acción. Más bien nos lo tomamos
como una película de personajes», dice el
actor. «Es muy contemporánea y eso determina el
vestuario y el habla y el estilo y los ademanes
de los personajes. Yo me críe en Manhattan y,
vamos, estos chicos son los típicos que uno
vería por Manhattan, de esos que viven en
Brooklyn pero salen por Manhattan. Estos chicos
escuchan música hip-hop. No escuchan a Frank
Sinatra».
Para el
papel de Johnny Marbles, los directores eligieron
a Seth Green, actor habitual de la serie de la
Warner "Buffy la cazavampiros", pero
conocido para el público cinematográfico por
sus humorísticas intervenciones en la saga
Austin Powers. Green, un actor tan dotado para la
comedia como para el drama, era por tanto el más
indicado para interpretar a un personaje que
tiene que dar la impresión de estar capacitado
para pilotar un avión sin dejar de ser un
neurótico capaz de cometer un grave error de
juicio. El actor observa así: «Este personaje
es muy distinto de todo lo que he hecho hasta
ahora, y el contenido de la historia es distinto.
Yo estoy acostumbrado a hacer películas sobre
extraterrestres y cosas así. Y de repente me
encuentro haciendo algo digno, con personajes de
verdad, sin desnudos. Para mí ha sido un cambio
estupendo». «El público sabe del talento
humorístico de Seth, pero en este papel
conocerán sus dotes interpretativas a un nivel
más profundo», añade Levien.
Andrew
Davoli asume su papel más largo hasta la fecha,
el de Chris Scarpa, un personaje que a los
directores les parecía el más fácil de asignar
porque en esencia se trataba de un apuesto
casanova con su lado misterioso. Probaron a
numerosos actores, pero no consiguieron que nadie
les diera la chulería neoyorquina propia del
personaje hasta que vieron a Davoli. «Para
nosotros es muy interesante contar con alguien
que acaba de empezar, porque cuando no has visto
a un actor en tu vida es más fácil creerte que
eso es lo que son», dice Koppelman. En cuanto a
Davoli, reconoce que pasó horas sin cuento
leyendo libros sobre la mafia para componer su
personaje con todo el realismo posible. «A Chris
se le dan bien las mujeres, lleva buena ropa y
tiene mucho dinero, pero está intentando
encontrar su camino, sus propias huellas, por
decirlo de alguna manera», comenta Davoli. «No
quiere seguir los pasos de su padre. Ninguno de
ellos sabe lo que quiere realmente. Piensan que
ellos no son sus padres, que no tienen hambre de
calle como sus padres. Y por eso intentan
labrarse su propio camino».
El elenco
de protagonistas se completa con Dennis Hopper,
que da vida a Benny Chains. A Hopper,
protagonista de clásicos como Rebelde sin causa
o Easy Rider, o algunos más recientes como
Hoosiers y Terciopelo azul, lo miraban sus
compañeros como una especie de ídolo. Pero a
Hopper lo que le impulsó a aceptar el proyecto
fue simplemente el guión. «Creo que lo
maravilloso es que los personajes no son
caricaturas», dice el actor. «Se habla de la
familia, de las relaciones íntimas, de la
confianza y de la lealtad. Yo he hecho
muchísimos mafiosos en películas de todo tipo,
y la mayor parte son caricaturas. Pero éste
estaba muy bien escrito. Y estoy seguro de que
John Malkovich también lo hace por eso».
El rodaje
de primera unidad comenzó el otoño pasado en
las cercanías de Drumheller (Alberta, Canadá),
que está a un par de horas de distancia de
Calgary por carretera. Un pueblo cercano llamado
Delia figuró como Wibaux (Montana), y el
desierto de los alrededores de Drumheller
representó el parque de Makoshika, en Montana.
Al cabo de tres semanas, el equipo se trasladó a
Brooklyn y a Coney Island para rodar exteriores
durante varios días, y luego volvieron a Toronto
y alrededores para las últimas sesiones de
rodaje.
Levien y
Koppelman fueron conscientes en todo momento de
que su labor como directores era un trabajo a
dúo, una situación no sin precedentes pero sí
muy especial. Como observa John Malkovich, «lo
hacen los hermanos Taviani, y Joel y Ethan Coen
también. Quiero decir que lo han hecho muchos.
Pero Brian y David tenían las ideas muy claras
sobre lo que querían hacer, lo que querían ver,
cómo querían que fuera la apariencia de la
película, cómo querían que sonra y cómo
querían que se sintiera. Y tienen un entusiasmo
tremendo, lo cual es maravilloso. Porque hay
mucha gente que no es tan entusiasta».
Los
directores, por su parte, se enfrentaron a su
trabajo en común como se enfrentan a su amistad
o a su relación como coguionistas. Trabajaron en
estrecha colaboración. «No somos como algunas
parejas de guionistas que escriben distintas
escenas o distintos guiones por separado»,
cuenta Levien. «Lo vemos todo juntos, de
principio a fin. Por eso, cuando empezamos a
dirigir esta película, seguimos el mismo
procedimiento. No nos repartimos las tareas.
Damos cada paso juntos y tomamos las decisiones
juntos».
«En cierto
sentido no somos los directores», añade
Koppelman. «Somos el director».
La semana
antes de que empezara el rodaje, los actores
empezaron a preparar sus papeles de maneras
diversas. Seth Green aprendió a llevar una
avioneta por una pista de aterrizaje; Barry
Pepper preparó la transición entre un
cazador-recolector de hace tres mil años, su
último personaje, y un joven italoneoyorquino;
Andrew Davoli terminaba de leer la historia de la
Mafia y la biografía de Frank Sinatra; y Vin
Diesel estudiaba diversos métodos de combate
para incrementar su agresividad.
El equipo
técnico tampoco estaba de brazos cruzados.
Lester Cohen, diseñador de producción, deseaba
ilustrar por medios visuales la idea de que estos
mafiosillos de Nueva York han caído en un mundo
completamente extraño a ellos mostrando la
ciudad como un lugar más sombrío, más húmedo,
lleno de superficies reflectantes y colores
oscuros. El pueblo llamado Delia (Wibaux) ocupaba
una posición tan elevada sobre la pradera que
daba la impresión de ser, según el diseñador,
«una isla desierta con espacios infinitos que al
tiempo da sensación de enjaulamiento», explica
el diseñador.
El piloto
Paul Clark enseñó a Seth Green a poner en
marcha y desconectar un avión y a manejar
algunos mandos. Para mayor seguridad, Clark se
sentó en el asiento contiguo al de Green e,
inclinado, fuera del cuadro de la cámara,
manejó los mandos y lo controló todo mientras
Green conducía el avión por la pista.
«Estuve a
punto de provocar un accidente, por supuesto»,
ríe Green al recordar que oprimió los pedales
antes de tiempo y el aparato empezó a colear por
la pista. «Esos aparatos son para pilotarlos por
el aire, no por tierra».
La misión
de Tom Richmond, director de fotografía,
consistió en imprimir un aire neoyorquino a una
ciudad del Oeste y en demostrar que el desierto
de Montana puede desbaratar el mundo de un
forastero de Nueva York. Richmond, que describe
la película y el estilo visual que ha deseado
imprimirle como un cruce entre Uno de los
nuestros , de Scorsese, y Sin perdón, de Clint
Eastwood, observa que la ocasión de rodar en
pantalla panorámica fue un aliciente más para
él.
La
figurinista Beth Pasternak empezó a investigar
allí donde todo empezó: los restaurantes de la
Mafia de Nueva York. Antes de que empezara el
rodaje, la diseñadora de Nueva York pasó una
semana en Brooklyn y demás barrios, donde los
directores la llevaron a los restaurantes «donde
los guardaespaldas son camareros y los clientes
acaban de salir de la cárcel». Un cliente en
particular influyó especialmente en el aspecto
que Pasternak dio al personaje Benny Chains.
«Fuimos a
las fuentes originales», recuerda Pasternak.
«Los mandamases suelen llevar camisetas sin
marca. No hacen ostentación de riqueza. Pero
ésta no es una película de trajes elegantes y
corbatas. Es una película de cuellos de camisa.
Los mafiosos suelen llevar unos cuellos
enormes».
Fuente:
Aurum
Imágenes
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en España: Aurum. Todos los derechos reservados.
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