CRÍTICA
Rubén
Corral
Hijos
de Damaskinos

Secuela de
una adaptación de los comics de la Marvel muy
mal recibida por la crítica y aclamada en
taquilla, "Blade 2" se deshace de un
tal Stephen Norrington como
director y ficha a Guillermo del Toro, director
bifronte, aunque siempre encuadrado en el
territorio del fantastique, que compagina
con naturalidad propuestas revestidas de un aura
de trascententalidad con otras premeditadamente
triviales. Tras haber transitado de los
trabajosos ambientes góticos de "Cronos" (1993) a
la estética B-Series de "Mimic" (1997), se
descologó con un frío e insatisfactorio
experimento casi melodramático cofinanciado por
Almodóvar (Agustín), rodado en España y con un
reparto mayoritariamente español, preparado para
su estreno internacional (inesperado y relativo
fracaso), titulado "El espinazo
del diablo" (2000).
Para sorpresa de entomólogos y cinéfilos
comodones Del Toro aceptó hacerse cargo de la
secuela de "Blade" (Stephen
Norrington, 1998), una opción de indudable
riesgo de la que el director no ha salido
incólume.
La empresa
de resucitar a este cazador de vampiros encarnado
por Wesley Snipes se
presentaba como un trabajo kamikaze, sólo
explicable desde postulados económicos. La
adaptación previa tampoco había satisfecho a
los seguidores del comic de la Marvel, y Del Toro
parece optar por la vía de desconectar lo más
posible no sólo de la película precedente, sino
también del guión de esta, que firma el mismo
que escribió la primera parte. De esta manera, el
grueso de la película es un desfile de peleas al
ritmo violento de las canciones de Roni Size, Groove
Armada, Ice Cube o Cypress
Hill. Y por mucho que el director se
esfuerce en intentar dotarlas de su personalidad,
las extremas limitaciones que imponen las nuevas
tecnologías (no hay más que ver los títulos de
crédito finales para ver qué apartado de la
elaboración del film ha convocado a más
personas) terminan arruinando buena parte de las
intenciones de Del Toro. No obstante, el
realizador mexicano ofrece soluciones de puesta
en escena, no diré que brillantes, pero sí por
encima de los estándares de mediocridad a los
que tienen que enfrentarse los
"directores" que lidian con un género
tan desagradecido (para el artista) como este.
El
guión emerge en el último ter-cio del film,
tras haber pasado de-sapercibido hasta entonces,
limi-tándose a acumular fórmulas tan ma-nidas
como la contratación del héroe, el pacto con el
mecenas y el en-frentamiento con el villano. No
es que se nos oculte información a lo largo de
esta primera hora, es que no se nos da ninguna.
El nivel de abstracción alcanza cotas que logran
que, en el caso de que alguien que no conozca los
vericuetos biográficos de la vida de Blade
(aunque durante los genéricos se ofrezca un
sucinto resumen) se enfrente a esta secuela, el
espectador pueda prescindir absolutamente de la
comprensión (argumental) de la película. Porque
no le quede más remedio.
Pero, tras
una parte principal dedica-da a los clichés, a
la admiración ante el trabajo de unos
decoradores que jamás pasarán por los Oscars©, a unos
efectos especiales carentes de credibilidad y a
la presentación de un saco de músculos llamado
Blade con posibilidades de enamorarse de una
vampiresa llamada Nyssa (Leonor
Varela), el guión pone en marcha sus
oxidados mecanismos. Es entonces cuando se
agolpan las referencias literarias y visuales,
cristalizando en una curiosa combinación del
mito de Edipo y del doctor Frankenstein, cuando
tienen lugar algunas de las secuencias más
bellas del film (el desenlace argumental
es, por encima de que el producto disguste a la
amplia mayoría de la legión cinéfila,
hermosísimo, y su plasmación en
imágenes muy por encima de la factura industrial
de la que no logra huir el resto de la película)
y cuando un espectador de cine descubre que lo
que había visto hasta entonces no era cine. Era
otra cosa. Y, por contraste, toda esa belleza
venida de una vez deja una gran amargura, porque
se tiene la sensación de haber estado perdiendo
el tiempo ante una pantalla durante mucho tiempo.
Imágenes
de Blade II - Copyright © 2002 New Line Cinema.
Fotos por Bruce Talamon. Distribuidora en
España: TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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II"
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