CRÍTICA
Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
5.5 /10
Banda Sonora Original: *****
Lo bueno de
una secuela es que, en teoría, uno no tiene que
perder el tiempo en describir la personalidad de
los personajes que ya intervinieron en el inicio
de la saga. Sin embargo, cuando matas a uno de
ellos en el antecedente, has de gastar energías
en explicar cómo es posible que ahora pueda
aparecer en la continuación. Eso es precisamente
lo que sucede en Blade II con Whistler,
encarnado en el filme por Kris
Kristofferson. Viendo semejante
comienzo, trillado, innecesario y falso,
cualquiera se da cuenta enseguida de que el
argumento de la película no nos va a deparar
grandes genialidades. La verdadera
estrella de la función son las piruetas del
héroe, las palizas que les propina a sus
enemigos y, por qué no, las consabidas frases
provocativas que suelta por su boca. En
definitiva, tan sólo se busca divertir al
personal y alejarse por completo de cualquier
tipo de pretensión.
La trama de
esta producción de la New Line se desarrolla a
través de previsibles traiciones, y sus pasajes
de acción siguen el conocido esque-ma de la saga
Alien. Es más, si quie-ren pueden sustituir a
los Reapers por viscosos alienígenas, pues se
multi-plican por decenas y son tan escu-rridizos
como una babosa espacial. Blade II se
aleja, por tanto, de su precedente: cierto que es
más espectacular que la cinta de Stephen
Norrington, pero ni por asomo su historia
posee el carisma de la obra original (de hecho,
se echa de menos un malo tan contundente como
Deacon, interpretado con convicción en su día
por Stephen Dorff). Guillermo
del Toro añade aquéllo en lo que es un
auténtico maestro: ciertas dosis de terror (no
hay duda de que consigue inquietarnos con algunas
de sus visiones) y divertidas muestras de
casquería que se ejemplifican sobre todo en la
brutal boca de los vampiros que atacan a los de
su propia especie. Por lo demás, la
estética del filme no aporta nada nuevo, siendo
los efectos especiales muy cercanos a los de un
videojuego y las coreografías llamativas pero
sin demasiada sustancia. Sobresale, eso
sí, el primer encuentro de Nyssa con Blade,
probablemente el mejor combate de toda la
película.
Wesley
Snipes sabe lo que tiene que hacer para
dar vida a tan peculiar héroe. Así, mantiene su
mirada imper-turbable y habla cuanto menos mejor,
dejándolo todo, pues, en manos de su habilidoso
físico. Kristofferson es consciente de su papel
secundario, y tanto da verlo aquí que en En el
Pla-neta de los Simios; en
realidad, parece que siempre esté interpre-tando
al mismo sujeto. El verdadero hallazgo de
Blade II
es Leonor Varela, aunque
bien es cierto que Nyssa es un personaje
apetitoso (al final me remito). Norman
Reedus y Ron Perlman están un
tanto cargantes, e incluso este último podría
haber sido sacado directamente de la última
entrega de Alien. Santiago Segura hace una
breve aparición, jocosa pero completamente
anecdótica.
Marco
Beltrami no se ha esforzado
demasiado a la hora de componer la banda sonora
de la película. Su música se centra en
la creación de ambientes, cometido en el que
resulta eficaz, pero para nada destaca, sobre
todo si tenemos en cuenta los sólidos
antecedentes que encontramos en la filmografía
de este autor. El resto, un cúmulo de
atronadores incisos orquestales y una sucesión
de ritmos machacones que, de tan conocidos,
cansan incluso a los más discotequeros.
Imágenes
de Blade II - Copyright © 2002 New Line Cinema.
Fotos por Bruce Talamon. Distribuidora en
España: TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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