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ESCALOFRÍO
(Frailty)


cartel Dirección: Bill Paxton.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 100 min.
Interpretación: Bill Paxton ('Dad' Meiks), Matthew McConaughey (Fenton Meiks), Powers Boothe (Agente Wesley Doyle), Matthew O'Leary (joven 'Fenton' Meiks), Jeremy Sumpter (joven Adam Meiks), Luke Askew (Sheriff Smalls), Derk Cheetwood (Agente Griffin Hull), Missy Crider (Becky), Alan Davidson (Brad White), Cynthia Ettinger (Cynthia Harbridge), Vincent Chase (Edward March), Levi Kreis (Adam Meiks).
Guión: Brent Hanley.
Producción: David Blocker, David Kirschner y Corey Sienega.
Música: Brian Tyler.
Fotografía:
Bill Butler.
Montaje: Arnold Glassman.
Diseño de producción: Nelson Coates.
Dirección artística: Nelson Coates, Kevin Cozen y David Crvelin.
Vestuario: April Ferry.
Decorados: Linda Lee Sutton.

 

CRÍTICA

José Luis Santos

Que el cine se ha convertido en un carrusel de marketing no es ningún descubrimiento. Tampoco lo es que la repercusión sobre el público y por tanto la recaudación de las películas pocas veces tiene que ver con su calidad, sino más bien suelen ser pro-porcionales a la capacidad de las distribuidoras para conseguir que nos encontremos con los dinosaurios, simios o hobbits hasta en los cerea-les del desayuno, o que incluso los profilácticos de la noche anterior se iluminen en la oscuridad como la espada de Obi Wan Kenobi mientras hacen sonar la marcha imperial en cada apasionado embate en el que "la fuerza nos acompañe". Pero eso no implica obviamente que lo que nos venden en sus irritantemente explícitos trailers vaya a tener después el más mínimo interés, y que no pueda haber mentes lúcidas que sepan ver pequeñas joyas en la sala de al lado, en la que los carteles son más pequeños, la película no venía en la portada del Fotogramas, ni había expositores chisporroteantes sobre ella en la entrada del centro comercial, pero a cambio se cuenta una buena historia de forma eficaz. Por eso tengo la esperanza de que esta vez sea usted esa mente lúcida. Durante bastante tiempo se nos ha anunciado a bombo y platillo como el acabose del cine de terror-suspense el último trabajo de David Fincher, "La habitación del pánico", protagonizada por una estrellona como Jodie Foster y desbordante de medios y alardes. Sin embargo, el resultado fue cuando menos bastante decepcionante, hueco y mediocre. Por contra, recibimos ahora el debut en la dirección del actor Bill Paxton sin apenas estridencias y pasando casi desapercibido, y resulta sorprendente cómo esta ópera prima consigue, con mucho menos ruido, más nueces. Donde Fincher jugaba a ser Hitchcock pero le faltaba talento a la hora de elegir la historia y modestia a la hora de contarla y convertirla en el protagonista de la película (el eterno error de poner todo el énfasis en los medios olvidando el fin), Paxton le supera claramente. Partiendo inicialmente de una estética casi de telefilme, el director novel (que iniciara su carrera cinematográfica como ayudante de dirección de Roger Corman antes de ser actor) sabe medir los tiempos, manejar con habilidad elipsis y flashbacks y crear un escenario propicio para de forma sincera, adecuadamente modesta, ceder el protagonismo a una historia que no necesita aditamentos ni fanfarrias.

A estas alturas de mi vida mis seres más queridos asisten con una mezcla de pesadumbre y resignación al evi-dente hecho de que mi meticulosa educación católica se haya visto irre-mediablemente desarbolada y someti-da por un impepinable agnosticismo que me resulta indisociable del racio-cinio y que sin duda me condenará gozosa y voluntariamente al fuego eterno. En esta tesitura, debo reco-nocerme especialmente abierto a ver-me sobrecogido ante el panorama de que un iluminado con las meninges reblandecidas por el sol sureño se pretenda enviado de Dios a la caza de demonios entre sus semejantes, y se dedique, hacha en mano, a aplicar la ley divina, especialmente si esto se presenta de forma hábil y sin piruetas absurdas. En unos tiempos en los que igual que siempre se sigue matando en nombre de Dios (eso sí, cada uno del suyo), se me escapa por qué no hemos aprendido nada desde las Cruzadas o la "Santa" Inquisición (pocas veces un calificativo resultó tan ridículo). No es explicarlo la misión que se autoimpone "Escalofrío" (una vez más las distribuidoras nos castigan con un título que no se corresponde con el original, "Frailty" –fragilidad–), que no pretende hacer una foto panorámica del tema ni mucho menos, sino más bien una foto de carnet de uno de los presentes en el paisaje. Tampoco pretende explicar razones, ni analizar causas, sino simplemente narrar, de forma sencilla, humilde y clara, mos-trar algunas consecuencias, y tocar colateralmente temas como la inocencia de la niñez y lo surrealista del maniqueísmo religioso, sin pretensiones pero con honradez. Honradez presente también en su reparto, con un Bill Paxton en mi opinión tan lúcido delante como detrás de la cámara, unos Matthew McConaughey ("Amistad","Contact") y Powers Boothe ("Hombres de honor") sólidos, y sobre todo un jovencísimo Matthew O'Leary que es todo un descubrimiento, mostrándose capaz de soportar el peso princi-pal de la trama.

Lástima que todo este esquema se vea trastocado por una parte final tramposa, que se vuelve contra sí misma y niega la mayor, si bien hay que reconocer que a pesar de darme cien patadas consigue cerrar el cír-culo y ser eficaz. Al final, gana el thriller pero pierde el relato. Gana la concesión comercial frente a la inteli-gencia esbozada durante el resto del relato. Predomina el socorrido toque sobrenatural sobre el horror real y humano. Una pequeña derrota que me deja un sabor agridulce, pero que no debe echar por tierra el buen resultado, ni impedir observar con interés un producto distinto, con una mirada y una personalidad propias pero humildemente asequibles, y una tarjeta de presentación que sobre todo prefiero asimilar como una promesa de ofrecer cosas intere-santes en el futuro. Ahora queda lo más difícil: cumplir esas pro-mesas.


Imágenes de Escalofrío - Copyright © 2001 Filmax. Todos los derechos reservados.

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