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ESCALOFRÍO
(Frailty)


cartel Dirección: Bill Paxton.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 100 min.
Interpretación: Bill Paxton ('Dad' Meiks), Matthew McConaughey (Fenton Meiks), Powers Boothe (Agente Wesley Doyle), Matthew O'Leary (joven 'Fenton' Meiks), Jeremy Sumpter (joven Adam Meiks), Luke Askew (Sheriff Smalls), Derk Cheetwood (Agente Griffin Hull), Missy Crider (Becky), Alan Davidson (Brad White), Cynthia Ettinger (Cynthia Harbridge), Vincent Chase (Edward March), Levi Kreis (Adam Meiks).
Guión: Brent Hanley.
Producción: David Blocker, David Kirschner y Corey Sienega.
Música: Brian Tyler.
Fotografía:
Bill Butler.
Montaje: Arnold Glassman.
Diseño de producción: Nelson Coates.
Dirección artística: Nelson Coates, Kevin Cozen y David Crvelin.
Vestuario: April Ferry.
Decorados: Linda Lee Sutton.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Valoración:

Los asesinatos de papá

Sin fanfarrias ni revuelos mediáticos, nos llegó recientemente esta cinta titulada Escalofrío, cuyo sigiloso paso por las carteleras es-pañolas no se corresponde con la atención que merecía habérsele prestado. Escalofrío representa el regreso a la dirección de Bill Paxton –tras una primera y mínima incursión con Fish heads en 1982–, un secundario inevitable y hasta imprescindible en una serie de obtusas producciones, que decidió ponerse nuevamente tras la cámara para desarrollar y también protagonizar su propio proyecto, un thriller personal e intimista que ofrece una singular relec-tura del terror psicológico. Con su sobria puesta en escena y unos sencillos planteamientos, Paxton se desmarca de los cáno-nes reinantes en taquilla y perfila, con aplomo y desenvoltura, una pieza de autor que ha sido concebida para paladares selectos, capaces de apostar por una filosofía del miedo en el polo opuesto del fast food del susto fácil y el peligro evidente.

Y es así como Paxton se sube al ca-rro de la dirección, no para exhibir rui-dosos despliegues de dudoso talento, ni para copiar fórmulas ni formalismos de un género tan trasnochado como es el thriller de terror. Paxton viene para enseñarnos que el miedo no son adolescentes que nos llaman desde su teléfono móvil en plena noche, que el pánico no tiene nada que ver con el sobresalto inesperado, y que la angustia no necesita de municiones extras de sangre y vísceras para provocar una reacción en el espectador. Paxton llega para demostrarnos que la elipsis bien dosificada, el tiempo pausado y una exposición de los hechos despojada de cualquier exceso, son suficientes para crear la atmósfera propicia y evocar la desazón. No se trata, en cualquier caso, de una película redonda, ni diré que sus pequeñas imperfecciones –a modo de desconcertantes salidas de tono– son las que le otorgan la perfección, pero sí la dotan de una intensa y sugerente personalidad.

Escalofrío no es otra serial killer movie más, a pesar de seguir la historia paralela –aunque no en el tiempo– de dos "asesinos en serie". Aquí no vamos a encontrarnos truculencias al uso, ni exqui-sitos cuerpos sin vida esperando a que un sagaz detective halle en ellos la clave para atrapar al criminal. Este es un film que ahonda en sus personajes con gran lucidez, que sitúa en el punto de mira la alienación que sufre un padre de familia de la Norteamérica pro-funda, iluminado por designios celestiales, para abrir paso a la in-certudimbre.

El film recupera, a través de un prolongado flashback, la antigua tradición de los cuentos de terror, de las espeluznantes historias coti-dianas que ponen la piel de galli-na. "Érase una vez un padre que vivía con sus dos hijos en una casa a la que se accedía atravesando un jardín de rosas. Vivían felizmente en ausencia de una madre, que falleció al nacer uno de los niños, hasta que una noche, aquel hombre pacífico y anodino que trabajaba como mecánico, tuvo una revela-ción divina..." El relato continúa, y en él van a aparecer un hacha, un sótano oscuro, y unas cuantas tumbas, siguiendo la línea de los mejores clásicos en que se inspira la película.

El cuentacuentos es, en esta ocasión, un joven que en una desa-pacible noche visita al inspector de policía encargado del caso de La Mano de Dios, apodo con el que se autodenomina un criminal que se ha cobrado varias víctimas entre la población. El chico ase-gura conocer la identidad del asesino: su propio hermano, y es entonces cuando introduce la historia de una infancia que trans-currió en la década de los setenta y estuvo marcada irreversi-blemente por una muy peculiar forma de "maltrato" psicológico, a base de amor, cariño y buenas intenciones. ¿Hay algo más sobrecogedor que la existencia de unos niños cuyo padre, de la noche a la mañana, se vuelve chiflado y empieza a matar a sus convecinos, creyendo que son "demonios", porque así se lo ha indicado Dios?

Paxton pone en tela de juicio la barrera que separa la razón de la locura, narrándonos, con toda la na-turalidad del mundo, el caso de este hombre, sin profundas convicciones religiosas, que de repente cree haber sido elegido por Dios para cumplir una misión en la Tierra: eliminar a los "de-monios" que nos rodean bajo la falsa apariencia de personas nor-males y corrientes. Es Dios quien le muestra dónde encontrar las "armas mágicas" que le servirán para llevar a cabo su cometido, y es Dios quien le señalará los nombres de los elegidos, una larga lista de objetivos que debe apartar de la circulación. Y este padre afectuoso, humilde, comienza a realizar la tarea encomendada, obligando a sus hijos a ser cómplices de las muertes y el entierro de los cadáveres, absolutamente convencido de la bondad de sus actos y lejos de considerarlos como meros asesinatos. El menor de los niños pronto se verá contagiado por las ideas de su padre, mientras el mayor asiste, horrorizado e impotente, a esta repentina transformación que sufre la familia.

Tramposa en todo momento, Escalofrío siembra así una duda que traspasa al espectador en su atropellado y turbador final. Un último remate que se desata sin proporción, sorpresa tras sorpresa, rizando el rizo, y que resulta incómodo e inquietante, buscando perversamente la complicidad del público.

Magníficamente interpretada gracias a la contención y la credibi-lidad que arrojan Matthew McConaughey, el adolescente Matt O'Leary y el propio Bill Paxton, Escalofrío huye de todo tópico e invita a la reflexión. Prometedora vuelta de Bill Paxton a la reali-zación, y el descubrimiento de una voz sin complejos, capaz de hacer surgir a un inquisitorial ángel de los bajos de un automóvil.


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Imágenes de Escalofrío - Copyright © 2001 Filmax. Todos los derechos reservados.

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