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LA HABITACIÓN DEL PÁNICO
(Panic room)


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Dirección: David Fincher.
País:
USA.
Año: 2002.
Interpretación: Jodie Foster (Meg Altman), Forest Whitaker (Burnham), Jared Leto (Junior), Kristen Stewart (Sarah Altman), Dwight Yoakam (Raoul), Patrick Bauchau (Stephen), Ian Buchanan (Evan), Ann Magnuson (Lydia Lynch).
Guión: David Koepp.
Producción: Gavin Polone, Judy Hofflund, David Koepp y Cean Chaffin.
Música: Howard Shore.
Fotografía:
Conrad W. Hall y Darius Khondji.
Montaje: James Haygood y Angus Wall.
Diseño de producción: Arthur Max.
Dirección artística: Keith Neely y James E. Tocci.
Vestuario: Michael Kaplan.
Decorados: Jon Danniells y Garrett Lewis.

 

CRÍTICA

José Luis Santos

Todo iba bien. Tras unos espléndidos títulos de crédito que ya casi justificaban el precio de la entrada, teníamos todos los ingredientes: una casa de proporciones tan desme-suradas como fantasmagóricas, una inquietante habitación "antipánico", una actriz excelente como Jodie Foster recostada en su cama en los brazos del imprescindible sueño inquieto característico de cualquier protagonista del género que se precie, unos ambientes tiznados de estudiados tonos fríos y sumidos en calculadas penumbras, una atmósfera que parecía inspirada a partes iguales en los relatos de Poe y de Kafka, unos larguísimos movimientos de cámara que impregnaban al especta-dor de las sensaciones destiladas por la casa y del sentimiento de amenaza ante la presencia de extraños que la asediaban... Debo confesar que mantengo una extraña relación de amor/odio con David Fincher. Si bien me sobrecogí como todos con la rupturista "Seven", y "The game" adhirió de forma irremediable a la butaca mi malformado trasero como si hubiera creado vacío bajo él durante todo su metraje, viajé por el politraumático carrusel de "El club de la lucha" tan aburrido, desinteresado, adormilado y hastiado/ hostiado que su probablemente impactante final me importó un ca-rajo. Pero esta vez, afortunadamente, Fincher se mostraba mucho más cercano a su buen trabajo en las dos primeras que a la irritante pretenciosidad vacua de la tercera, de forma que los resultados estaban siendo muy prometedores. Y como les decía, todo iba bien. Yo aún diría más...todo iba..."de cine".

Pero entonces empezó a ocurrir. El guión de David Koepp (un curioso personaje capaz de escribir el guión de la estupenda "Carlito's way" de Brian de Palma y firmar después con la misma mano el coñazo de "Parque Jurásico" o la por estrenar adaptación de "Spiderman", cuyo tráiler al menos da auténtica grima) empezó a echar abajo sistemáticamente el buen trabajo de Fincher tras la cámara sin ninguna piedad ni pudor. Quizás les parezca a ustedes demasiado fundamentalista (y probablemente tengan razón) pero nunca he soportado la mezcla entre terror y humor en el cine si no venía de la mano de parodias declaradas del género. Creo hablar en nombre de los adictos al desasosiego, el miedo y la taquicardia cuando digo que nos salimos de nuestras casillas cuando en medio del clímax de una película de terror uno de los personajes "exabrupta" (disculpen el palabro inexistente, pero que mi machacona y enfermiza conciencia me obliga a semejante conjugación para definirlo) una sandez pretendidamente cómica que dinamita cualquier resquicio de tensión además de para colmo no implicar maldita la gracia. Y en "La habitación del pánico", además de esta aberrante manía, nos encontramos con una sucesión de situaciones interesantes y ambientaciones bien trabajadas dilapidadas bochorno-samente por unos personajes planos, incluso caricaturescos algunos (los asaltantes casi recuerdan a los de "Solo en casa"), unos diálogos paupérrimos (tampoco se exige mucho a los diálogos de una película de terror, simplemente que no te saquen de la película, por favor...) y un hilo narrativo que superado su brillante arranque va moviéndose por cauces previsibles y perdiendo irremediablemente fuerza y pretensiones hasta quedar reducido a un mero entretenimiento sin ambición alguna en el que los recursos de Fincher van quedando perdidos en medio de la nada. Así, el trimestre pasado, y con una temática que jugaba con instintos similares en su argumento, incluso la semiadolescente "The hole" ofrecía mayores destellos de inteligencia y mala leche que este producto carente de doblez alguno.

Al golpe de gracia para este desin-flamiento progresivo contribuye ade-más el reparto: no se le puede poner ni un pero a Jodie Foster (tras "El silencio de los corderos" resultaría una obviedad estúpida pretender des-cubrir ahora su talento para el thriller, que confirma una vez más) ni a la joven Kristen Stewart, pero a partir de ahí el carrusel de secundarios resulta penoso sin paliativos, pudiendo salvarse parcialmente de la quema únicamente a Forest Whitaker ("Phenomenon"), que hace lo que puede por sacar adelante un personaje que, como todos los del guión, carece de nada que no sea un compendio de topicazos baratos y mal perfilados.

En resumen, podía haber sido peor, sí, pero también podía haber sido mucho mejor. Y el cine vuelve a perder. Una vez más, sentimiento de "quiero y no puedo", de oportunidad desa-provechada. Una vez más, sensación de "coitus interruptus", de cohecho comercialoide y malversación de medios cinemato-gráficos no exentos de talento para servir a intereses carentes de interés no expresable mediante TAE. Una vez más, Yanquilandia es incapaz de contener sus tics más impresentables y de nuevo se muestra totalmente incompetente para evitar convertir lo que podía haber sido una buena película en un producto mediocre con olor a palomitas rancias y la sensación de tener chicles casi decimonóni-cos pegados bajo el asiento. Lástima. Empiezo a pensar que, como dijo el maestro Serrat, "Entre estos tipos y yo hay algo personal".


Imágenes de La habitación del pánico- Copyright © 2002 Columbia TriStar. Todos los derechos reservados.

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