CRÍTICA
José
Luis Santos
Todo iba
bien. Tras unos espléndidos títulos de crédito
que ya casi justificaban el precio de la entrada,
teníamos todos los ingredientes: una casa de
proporciones tan desme-suradas como
fantasmagóricas, una inquietante habitación
"antipánico", una actriz excelente
como Jodie Foster recostada
en su cama en los brazos del imprescindible
sueño inquieto característico de cualquier
protagonista del género que se precie, unos
ambientes tiznados de estudiados tonos fríos y
sumidos en calculadas penumbras, una atmósfera
que parecía inspirada a partes iguales en los
relatos de Poe y de Kafka, unos larguísimos
movimientos de cámara que impregnaban al especta-dor
de las sensaciones destiladas por la casa y del
sentimiento de amenaza ante la presencia de
extraños que la asediaban... Debo confesar que
mantengo una extraña relación de amor/odio con David
Fincher. Si bien me sobrecogí como todos
con la rupturista "Seven", y "The
game" adhirió de forma irremediable a la
butaca mi malformado trasero como si hubiera
creado vacío bajo él durante todo su metraje,
viajé por el politraumático carrusel de "El club de la lucha" tan
aburrido, desinteresado, adormilado y hastiado/
hostiado que su probablemente impactante final me
importó un ca-rajo. Pero esta vez,
afortunadamente, Fincher se mostraba mucho más
cercano a su buen trabajo en las dos primeras que
a la irritante pretenciosidad vacua de la
tercera, de forma que los resultados estaban
siendo muy prometedores. Y como les decía, todo
iba bien. Yo aún diría más...todo
iba..."de cine".
Pero
entonces empezó a ocurrir. El guión de David
Koepp (un curioso personaje capaz de escribir el
guión de la estupenda "Carlito's
way" de Brian de Palma y firmar después
con la misma mano el coñazo de "Parque
Jurásico" o la por estrenar
adaptación de "Spiderman", cuyo tráiler
al menos da auténtica grima) empezó a echar
abajo sistemáticamente el buen trabajo de
Fincher tras la cámara sin ninguna piedad ni
pudor. Quizás les parezca a ustedes demasiado
fundamentalista (y probablemente tengan razón)
pero nunca he soportado la mezcla entre terror y
humor en el cine si no venía de la mano de
parodias declaradas del género. Creo hablar en
nombre de los adictos al desasosiego, el miedo y
la taquicardia cuando digo que nos salimos de
nuestras casillas cuando en medio del clímax de
una película de terror uno de los personajes
"exabrupta" (disculpen el palabro
inexistente, pero que mi machacona y enfermiza
conciencia me obliga a semejante conjugación
para definirlo) una sandez pretendidamente
cómica que dinamita cualquier resquicio de
tensión además de para colmo no implicar
maldita la gracia. Y en "La habitación del
pánico", además de esta aberrante manía,
nos encontramos con una sucesión de
situaciones interesantes y ambientaciones bien
trabajadas dilapidadas bochorno-samente por unos
personajes planos, incluso caricaturescos
algunos (los asaltantes casi recuerdan a los de "Solo
en casa"), unos diálogos
paupérrimos (tampoco se exige mucho a los
diálogos de una película de terror, simplemente
que no te saquen de la película, por favor...) y
un hilo narrativo que superado su brillante
arranque va moviéndose por cauces previsibles y
perdiendo irremediablemente fuerza y pretensiones
hasta quedar reducido a un mero entretenimiento
sin ambición alguna en el que los recursos de
Fincher van quedando perdidos en medio de la
nada. Así, el trimestre pasado, y con una
temática que jugaba con instintos similares en
su argumento, incluso la semiadolescente "The hole" ofrecía
mayores destellos de inteligencia y mala leche
que este producto carente de doblez alguno.
Al golpe de
gracia para este desin-flamiento progresivo
contribuye ade-más el reparto: no se le puede
poner ni un pero a Jodie Foster (tras "El
silencio de los corderos"
resultaría una obviedad estúpida pretender des-cubrir
ahora su talento para el thriller, que confirma
una vez más) ni a la joven Kristen
Stewart, pero a partir de ahí el
carrusel de secundarios resulta penoso sin
paliativos, pudiendo salvarse parcialmente de la
quema únicamente a Forest
Whitaker ("Phenomenon"), que hace
lo que puede por sacar adelante un personaje que,
como todos los del guión, carece de nada que no
sea un compendio de topicazos baratos y mal
perfilados.
En resumen,
podía haber sido peor, sí, pero también podía
haber sido mucho mejor. Y el cine vuelve a
perder. Una vez más, sentimiento de "quiero
y no puedo", de oportunidad desa-provechada.
Una vez más, sensación de "coitus
interruptus", de cohecho comercialoide y
malversación de medios cinemato-gráficos no
exentos de talento para servir a intereses
carentes de interés no expresable mediante TAE.
Una vez más, Yanquilandia es incapaz de contener
sus tics más impresentables y de nuevo se
muestra totalmente incompetente para evitar
convertir lo que podía haber sido una buena
película en un producto mediocre con olor a
palomitas rancias y la sensación de tener
chicles casi decimonóni-cos pegados bajo el
asiento. Lástima. Empiezo a pensar que, como
dijo el maestro Serrat, "Entre estos tipos y
yo hay algo personal".
Imágenes
de La habitación del pánico- Copyright © 2002
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