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cartel |
Dirección: Kevin
Reynolds.
Países: Reino Unido, USA.
Año: 2002.
Duración: 131 min.
Interpretación: James
Caviezel (Edmond Dantés / Conde de Montecristo),
Guy Pearce (Fernando Mondego, Conde de Morcert),
Richard Harris (Abate Faria), James Frain
(Monsieur de Villefort), Dagmara Dominczyk
(Mercedes Iguanada), Luis Guzmán (Jacopo),
Michael Wincott (Dorléac), Albie Woodingston
(Danglar), Henry Cavill (Alberto Mondego), Alex
Norton (Napoleón Bonaparte), Christopher Adamson
(Maurice).
Guión: Jay
Wolpert; basado en la novela "El Conde de
Montecristo" de Alejandro Dumas.
Producción: Roger
Birnbaum, Gary Barber y Jonathan Glickman.
Música: Edward
Shearmur.
Fotografía: Andrew Dunn.
Montaje: Stephen
Semel y Chris Womack.
Diseño de producción: Mark
Geraghty.
Dirección artística: Conor
Devlin y Terry Pritchard.
Vestuario: Tom
Rand.
Decorados: Johnny
Byrne. |
CRÍTICA
José
Luis Santos
Si hay
algún autor literario al que pueda considerarse
puro cine y cuyas obras parezcan predestinadas a
la gran pantalla, en mi humilde opinión ése es Alejandro
Dumas. Y debo admitirlo: una de sus
historias que desde siempre me ha fascinado es la
del Conde de Montecristo, entendida como la
esencia más pura de la tan amarga como
abrasadora sed de venganza que resulta inherente
a la naturaleza humana y que a nivel colectivo
explica un porcentaje más que respetable de la
mayoría de los pasajes de nuestra historia. Ante
esto, son numerosas las adaptaciones que de los
avatares de Edmundo Dantés se han hecho tanto en
cine como en televisión (unas veces con mayor
acierto que otras) y ésa ha sido la apuesta
elegida por Kevin Reynolds para
intentar salir del ostracismo al que le condenó
el absoluto naufragio que su sociedad con el
errático Kevin Costner sufrió en los
desbordados océanos de "Waterworld", y para
salir del cual ha preferido "jugar en
casa" y abordar el género de aventuras, en
el que ya demostró en "Robin
Hood, príncipe de los ladrones" que se
mueve con cierta eficacia.
La
adaptación es muy libre: simplifica, reescribe,
modela y reinventa en algunos casos a su gusto
trama, personajes, escenarios y situaciones. Todo
esto con un única misión: centrar su esfuerzo
en hacer una película lo más pura posible de
aventuras, con un corte casi clásico y
fórmulas exentas de cualquier otra pretensión
que no sea un entretenimiento simple pero sin
trampa, exento de aditamentos ni estridencias
innecesarios, lo cual se convierte en su
principal virtud y defecto a la vez.
Virtud
porque Reynolds sabe moverse en el género con
eficacia y dota a su película de un ritmo y una
escritura cinematográfica que consiguen un
producto entretenido sin necesidad de recurrir a
efectos de pirotecnia visual, huyendo de los
alardes de espectacularidad que salpicaban
algunos momentos de"Robin Hood"
(recordemos: tomas que siguen el recorrido de una
flecha, planos forzados...) y ganando así en
cercanía al espectador y credibilidad, al margen
de algunos excesos de puesta en escena en las
presentaciones del conde en sociedad que parecen
más propios del "Moulin
Rouge" de Luhrmann que del resto
del film. Defecto, porque al conjunto
realización-guión le falta un ápice de
química que deja a la cinta huérfana de
verdadera emoción, resultando eficaz y
entretenida pero sin conseguir remover
sentimientos como posiblemente la historia
exigiría. A ello contribuye quizás un
final algo embarullado, estático en su
definición y excesivamente teatralizado (en la
escena a priori más intensa de la película los
actores van incorporándose de la nada a la
pantalla como si de un escenario de teatro se
tratara, con poses corporales que resultan
demasiado rígidas para aportar credibilidad) que
tiene como colofón una lucha definitiva cuyo
desenlace resulta demasiado tópico y fantasma y
que deja al espectador algo frío.
En cuanto
al reparto, lo más destacable no lo encontramos
en su protagonista, James Caviezel (al que
recordarán como el soldado Witt de "La delgada
línea roja" o el hijo
de Dennis Quaid en el futuro en "Frequency"), que
está simplemente correcto, sino en un Guy Pierce
absolutamente de moda ("L.A.
Confidential", "Memento","La máquina
del tiempo") que
ejerce de forma estimable de villano, y en el
lujo de contar con un secundario de la solidez de
Richard Harris, capaz de
pasar de encarnar un Emperador Marco Aurelio que
se erige en lo mejor de "Gladiator" a ser a
continuación el maestro de "Harry
Potter" sin perder un ápice de
credibilidad.
Hace una
semana hablábamos de "La máquina del
tiempo", una película que abordaba el cine
de aventuras desaprovechando una buena historia
al reescribirla con torpeza y escenificarla de
forma anodina y basada únicamente en unos buenos
efectos especiales. Ahora nos encontramos con
otra que si bien igualmente transforma la novela
en guión de forma bastante libre y
simplificadora, mantiene en él un buen pulso
narrativo y ofrece una realización que
sin ser perfecta demuestra oficio para hacer al
espectador pasar un buen rato y no mirar el reloj
a lo largo de sus 131 minutos. Si este
fin de semana buscan mera diversión en el cine y
están dispuestos a disfrutar con un producto no
redondo pero sí digno, mi consejo es: vista la
cartelera, huyan de los morlocks cambiándolos
por la bella Mercedes y sigan a Edmundo Dantés
hasta el Castillo de If. No se arrepentirán.
Imágenes
de producción de La venganza del Conde de
Montecristo - Copyright © 2002 Spyglass
Entertainment, Touchstone Pictures y Buena Vista.
Todos los derechos reservados.
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