SOBRE
LA PRODUCCIÓN
© 2002 Niggeman Indie Films
El
guión
¿Por qué
explora el hombre? ¿Qué nos impulsa a
internarnos en lo desconocido, a buscar nuevos
horizontes? En el pasado cruzamos desiertos y
océanos y ahora viajamos a través del espacio
en naves llenas de tecnología, pero con seres
humanos que sienten y viven en su interior. Y esa
es la mayor aventura que podamos concebir.
Los viajes
fantásticos. El interés por lo desconocido, lo
exótico, nos ha acompañado a través de nuestra
historia como especie.
Los relatos
medievales de viajes comparten una
característica con la ciencia ficción: lo real
sirve de base, de punto de apoyo, para saltar a
lo fantástico. El viaje siempre tiene una parte
real, el viaje en sí mismo, y una parte
prodigiosa que es la que excita la imaginación
del lector. Oriente era un inmenso territorio
poblado por fantásticos monstruos y tribus de
demonios. Los audaces viajeros que lograran
atravesar sus inmensas y desoladas llanuras,
encontrarían el Paraíso Terrenal al final de su
camino, rodeado de altas montañas, pobladas de
dragones, demonios y bestias flamígeras, allí
donde comienza el mundo, donde se unen los
confines de la tierra y del cielo. La experiencia
de viajar en un mundo así era en todo similar a
las sensaciones que hoy en día nos provocan los
relatos de ciencia ficción que hablan de
expediciones a mundos remotos.
De esto
quería hablar el guión de Stranded,
de esa locura y ese sentido de la maravilla. De
cinco seres humanos que se enfrentan a la muerte
y a un planeta extraño.
Una
aventura que puede ser real dentro de pocos
años. Pepe Magán, Luna y yo coincidimos
inmediatamente en el tono realista y humano que
debía tener la película.
Mi guión
narra un viaje de exploración a Marte con un
estricto realismo científico y unos personajes
bastante más cuidados de lo que es común en las
producciones americanas. Porque es en eso,
precisamente en lo que podemos competir con el
cine americano. Se ha rodado en Los Ángeles, en
los estudios Panavisión y ha contado con actores
de tanto prestigio como Vincent Gallo, Joaquim de
Almeida y María Medeiros, pero representa el
riesgo de hacer algo por primera vez . Es
difícil porque las películas de ciencia
ficción realizadas hasta ahora en este país han
sido siempre de tono humorístico y sin tomarse
demasiado en serio a sí mismas. «Stranded», en
cambio, pretende emocionar al espectador con una
historia que tiene que resultar creíble y
dramática. Una historia de seres humanos en una
nueva frontera.
El
rodaje
Cuando nos
embarcamos en el proyecto de hacer
"Stranded", nos parecía mucho más
factible la posibilidad de vida alegre en Marte
que la de poder llevar a cabo el rodaje de una
película española de ciencia ficción realista
en Hollywood.
Contábamos
con un director de fotografía genial, Ricardo
Aronovich respaldado por una larga trayectoria
profesional (ganador de un Oscar por Missing).
Con una joven y brillante directora, Luna, que
ponía el contrapunto con su frescura. Con un
reparto fuera de lo común para una producción
española: Vincent Gallo, Joaquim de Almeida,
María de Medeiros, María Lidón, Danel Aser y
Pepe Sancho, y un con muchísimas ganas e
ilusión.
Empezamos a
rodar en los estudios Panavision de Hollywood. Al
principio, las caras de la mayoría reflejaban
como mínimo preocupación, exceptuando la de
Juan Miguel, el guionista, que irradiaba
felicidad absoluta. Poco a poco, fuimos
acoplándonos hasta funcionar con cierta
normalidad. Entonces aparecieron los actores, no
iba a ser todo tan fácil. Para muchos fue una
experiencia nueva saber que, por ejemplo, se
pueden declarar en huelga porque no tienen sus
cereales preferidos, o porque cuando la
encuentras el bol en el que se los ofreces no es
el adecuado.
En el
rodaje se podían escuchar tacos en muchos
idiomas, inglés y portugués de los actores,
castellano del equipo en general, francés del
equipo de cámara y alguno en catalán de los de
sonido, pero pocos porque eran muy pacientes.
Se contó
con la colaboración de Johnny Ramone, de Los
Ramones, a quien Vincent supo sacar la vena
interpretativa. Nos encerramos en el estudio un
grupo mínimo, sentó al cantante/actor en su
puesto de la cabina de mandos y empezaron a leer
el texto. La lectura fue desastrosa, así que
Vincent decidió pasar del texto, eliminar todos
los carteles gigantes escritos y acribillar al
actor con una serie de preguntas y ataques
personales que acabaron poniéndolo en
situación. El resultado fue espectacular y la
actuación estupenda. Creo que al final,
cualquiera de los que estábamos allí habríamos
podido interpretar el papel.
Resultaba
difícil creer que pudiéramos estar en
Hollywood, en los estudios de Panavision (en sus
pasillos puedes cruzarte con David Lynch, tenemos
fotos que lo demuestran), rodando con la misma
nave en que se hizo Space Cowboys de Clint
Eastwood y con los trajes espaciales de Apolo
XIII, una réplica exacta de los de la NASA.
Cuando digo exacta no exagero. Son unos trajes
pesadísimos que nos ocasionaron más de un
problema. María de Medeiros, después de
trabajar un par de días en Lanzarote con ellos,
dijo que no actuaba más, que ella era una actriz
y no una mula de carga. Y eso que para las
escenas más arriesgadas contábamos con unos
dobles estupendos, unos especialistas en escalada
que se paseaban con traje espacial y mochila por
las laderas de Picón Traidor como si nada.
Después de
Los Ángeles, volvimos a Valencia para rodar una
semana en los magníficos túneles que creó el
taller de Manolo Martí. Fueron unos días muy
amenos, en especial el de la invasión de la
prensa. Resultaba imposible distinguir a los
miembros del equipo entre tanta gente. Por
suerte, los actores iban vestidos de astronautas
y su localización resultaba más fácil.
Tras hacer
coincidir como pudimos (mal) las Navidades con
esa semana, nos fuimos a Lanzarote. El lugar no
podría ser más adecuado. Las sensaciones que
suscita la isla son un mundo aparte. Impacta la
carencia de árboles y ríos, si se exceptúan
los de lava, el contraste de la tierra oscura,
negra en muchos casos, con el cielo intenso y
cambiante, y el mar que lo domina todo.
Los
últimos tres días fueron muy emocionantes, el
buen tiempo nos abandonó y empezamos a tener
nubes y claros, con el consiguiente problema de
continuidad de luz y lo que es peor, apareció la
lluvia que imposibilitaba el rodaje. No pudimos
terminar el día previsto. El actor al que le
faltaba rodar, Joaquim, en un gesto poco usual
para el ramo, se ofreció desinteresadamente a
cambiar sus planes y quedarse un día más. Creo
que no fui la única que se pasó gran parte de
la noche mirando el cielo y sus nubes de
tormenta. Amaneció muy cubierto y empezamos a
rodar parte de los planos que faltaban. Estaba
todo el mundo preparado, agazapado entre las
rocas y cubriéndose como podía de los
chaparrones para aprovechar los escasos momentos
en que paraba de llover. Así fue transcurriendo
el día. Sólo nos faltaba un plano muy
arriesgado en el que tres dobles tenían que
subir a la cima del volcán y andar por el borde
del precipicio. Eran ya las cuatro y nos quedaba
menos de una hora de luz. Empezaron la
ascensión, ellos y los voluntarios que les
subían los "ligeros" trajes y
mochilas. Abajo nos quedamos el resto cruzando
los dedos hasta casi anudarlos. Se levantó un
viento fuerte (hasta para los entusiastas) y hubo
que desmontar la cámara de la grúa para ponerla
en un trípode. El grupo formaba una piña
entorno a ella. Los escaladores habían llegado
arriba y estaban vistiéndose, la luz se nos
escapaba por momentos, pero el vendaval había
conseguido despejar las nubes. Teníamos una
oportunidad de rodarlo si no se nos volaban los
dobles. Se colocaron en posición y se escuchó
por los walkies la palabra mágica
"acción". Comenzaron su caminata que
terminó con el último rayo de sol.
"Corten". La alegría nos desbordaba.
Habíamos cumplido.
No sé si a
lo largo del artículo he conseguido reflejar el
buen rollo que había entre el equipo, pero ha
sido una de las cosas más significativas del
rodaje. Tras el susto inicial, el acoplamiento
fue perfecto, y el ambiente de trabajo relajado y
muy, muy agradable. Se notaba que era un proyecto
común, todos lo sentían como propio y aunaron
esfuerzos para que se llevara a cabo. Siempre
encontrabas a alguien que, pasando por alto la
jerarquía y la diferenciación de tareas que
caracterizan al medio, echara una mano con
cualquier cosa que hubiera que hacer (mención
especial a Roberto, gaffer, cuya entrega fue
absoluta). Las reuniones después del rodaje
estaban a la orden del día y, en especial, echo
de menos una en la playa en la que vimos el
eclipse de luna de forma privilegiada.
Fuente:
Dolores Pictures
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