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THE MAJESTIC


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Dirección y producción: Frank Darabont.
País:
USA.
Año: 2001.
Duración: 152 min.
Interpretación: Jim Carrey (Peter Appleton / Luke Trimble), Martin Landau (Harry Trimble), Laurie Holden (Adele Stanton), Allen Garfield (Leo Kubelsky), Amanda Detmer (Sandra Sinclair), Bob Balaban (Alcalde Elvin Clyde), Brent Briscoe (Sheriff Cecil Coleman), Jeffrey DeMunn (Ernie Cole), Hal Holbrook (Congresista Doyle), Ron Rifkin (Kevin Bannerman), David Ogden Stiers (Doc Stanton), James Whitmore (Stan Keller).
Guión: Michael Sloane.
Música: Mark Isham.
Fotografía:
David Tattersall.
Montaje: Jim Page.
Diseño de producción: Gregory Melton.
Dirección artística: Erik Carlson y Tom walsh.
Vestuario: Karyn Wagner.
Decorados: Natalie Kendrick Pope.

 

CRÍTICA
por Leandro Marques
Festival de Mar de Plata (Argentina)

The Majestic, cine del malo

Hegemonía: proceso dinámico a través del cual un grupo social de élite genera por consenso la aceptación -de gran parte de la sociedad- de una mirada del mundo y de la vida que hace únicamente al beneficio de sus particulares intereses. Este concepto, desarrollado originalmente por el pensador italiano Antonio Gramsci, pone énfasis en una palabra, la de consenso. Porque la hegemonía no tiene lugar gracias a la fuerza física y militar, para gobernar, sino que es más sutil, casi imperceptible, y requiere de la aceptación general para poder manifestarse y mantenerse.

The Majestic, la película de Frank Darabont protagonizada por Jim Carrey, es un gráfico ejemplo de los métodos que utilizan esos pocos dueños del poder para que muchos consensúen su mirada del mundo. Hollywood, además de ser gracias a sus producciones una de las industrias más lucrativas de Estados Unidos, también tiene a su cargo otra función: la redundancia de la difusión de su ideología dominante y tendiente a la homogeneización de las mentes de los individuos, en pos de su más sencillo control.

Toda esta introducción, larga y tediosa seguramente, tiene una explicación. Porque no es nuevo que la cosa funciona así. El mundo lo sabe. Incluso los propios norteamericanos, que tuvieron desde hace unos años que acudir a mayores esfuerzos creativos para no dejar tan a la vista los fines propagandísticos de sus filmes. Por eso sorprende The Majestic, que sin escrúpulos ni sutilezas, arroja casi violentamente un sermón político –en el que tampoco falta el himno nacional estadounidense– que ya nadie debería ser capaz de digerir (cosa que por otra parte comprobó este cronista a la salida de la función al público en la que se proyectó la película).

Jim Carrey es Peter. Trabaja como escritor de un importante estudio cinematográfico en Hollywood, durante la década del sesenta. Tiempos de guerra fría, si hace falta aclarar. Su carrera está empezando a encumbrarse, cuando lo acusan de haber formado parte del Partido Comunista durante su juventud. Obviamente, eso pone en la cornisa toda su vida y sus sueños de formar parte del gran mundo del cine.

Derrumbado, desesperado y borracho parte en auto hacia cualquier lugar. Pero un tremendo choque y un golpe furibundo en la cabeza lo depositan, sin memoria, en un pequeño pueblo. Allí lo tratan bien, lo cuidan, hasta que Harry lo ve y lo reconoce: Peter ya no es Peter, es Luke, su hijo, que milagrosamente regresó a su hogar cuando todos lo daban muerto en la guerra. Peter no sabe quién es, no puede recordarlo, pero Harry y el resto del sufrido pueblo lo hacen Luke, y como Luke comienza a vivir una nueva vida, sin historia, en donde aprenderá los verdaderos principios morales que deben regir a un hombre en esta tierra.

No vale la pena detenerse a describir en detalle el trasfondo ético y moral que intenta traslucir la historia. Éso es tarea del espectador. Tampoco corresponde analizar con profundidad los realmente buenos trabajos de fotografía, cámara, ambientación e interpretaciones que transmiten las imágenes. Aunque ésa sea la tarea del crítico.

Es verdad que nada se puede objetar cuando los recursos técnicos con los que cuenta un realizador están puestos en función de la trama, y ayudan en la construcción de un mensaje que la trasciende. Pero en este caso, todo está mostrado de manera tan poco elaborada, tan previsible y burdamente, que muchas veces la impresión es que se subestima la capacidad del espectador para realizar la lectura de un mensaje.

Encima, no puede obviarse que el filme dura más de dos horas y media. Los primeros dos tercios, hay que reconocer, son entretenidos, sirven como ablande, como distracción. Pero la hora final realmente abruma, pues resulta casi increíble la falta de tacto narrativo que se evidencia con la evolución de la historia; que en lugar de abrir puertas al espectador, arrojarle indicios que lo lleven a sacar sus propias conclusiones, lo asfixian y aturden con sermones acerca de qué está bien y qué está mal. Ésa es la huella de la hegemonía.


Imágenes de The Majestic - Copyright © 2001 Warner Bros. y Castle Rock Entertainment. Distribuidora en España: Warner Sogefilms. Fotos por Ralph Nelson. Todos los derechos reservados.

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