CRÍTICA
por Leandro
Marques
Festival de Mar de Plata (Argentina)
The
Majestic, cine del malo

Hegemonía:
proceso dinámico a través del cual un grupo
social de élite genera por consenso la
aceptación -de gran parte de la sociedad- de una
mirada del mundo y de la vida que hace
únicamente al beneficio de sus particulares
intereses. Este concepto, desarrollado
originalmente por el pensador italiano Antonio
Gramsci, pone énfasis en una palabra, la de
consenso. Porque la hegemonía no tiene lugar
gracias a la fuerza física y militar, para
gobernar, sino que es más sutil, casi
imperceptible, y requiere de la aceptación
general para poder manifestarse y mantenerse.
The
Majestic, la película de Frank
Darabont protagonizada por Jim Carrey, es un
gráfico ejemplo de los métodos que utilizan
esos pocos dueños del poder para que muchos
consensúen su mirada del mundo. Hollywood,
además de ser gracias a sus producciones una de
las industrias más lucrativas de Estados Unidos,
también tiene a su cargo otra función: la
redundancia de la difusión de su ideología
dominante y tendiente a la homogeneización de
las mentes de los individuos, en pos de su más
sencillo control.
Toda esta
introducción, larga y tediosa seguramente, tiene
una explicación. Porque no es nuevo que la cosa
funciona así. El mundo lo sabe. Incluso los
propios norteamericanos, que tuvieron desde hace
unos años que acudir a mayores esfuerzos
creativos para no dejar tan a la vista los fines
propagandísticos de sus filmes. Por eso
sorprende The Majestic, que sin
escrúpulos ni sutilezas, arroja casi
violentamente un sermón político
en el que tampoco falta el himno nacional
estadounidense que ya nadie debería ser
capaz de digerir (cosa que por otra parte
comprobó este cronista a la salida de la
función al público en la que se proyectó la
película).
Jim Carrey
es Peter. Trabaja como escritor de un importante
estudio cinematográfico en Hollywood, durante la
década del sesenta. Tiempos de guerra fría, si
hace falta aclarar. Su carrera está empezando a
encumbrarse, cuando lo acusan de haber formado
parte del Partido Comunista durante su juventud.
Obviamente, eso pone en la cornisa toda su vida y
sus sueños de formar parte del gran mundo del
cine.
Derrumbado,
desesperado y borracho parte en auto hacia
cualquier lugar. Pero un tremendo choque y un
golpe furibundo en la cabeza lo depositan, sin
memoria, en un pequeño pueblo. Allí lo tratan
bien, lo cuidan, hasta que Harry lo ve y lo
reconoce: Peter ya no es Peter, es Luke, su hijo,
que milagrosamente regresó a su hogar cuando
todos lo daban muerto en la guerra. Peter no sabe
quién es, no puede recordarlo, pero Harry y el
resto del sufrido pueblo lo hacen Luke, y como
Luke comienza a vivir una nueva vida, sin
historia, en donde aprenderá los verdaderos
principios morales que deben regir a un
hombre en esta tierra.
No vale la
pena detenerse a describir en detalle el
trasfondo ético y moral que intenta traslucir la
historia. Éso es tarea del espectador. Tampoco
corresponde analizar con profundidad los
realmente buenos trabajos de fotografía,
cámara, ambientación e interpretaciones que
transmiten las imágenes. Aunque ésa sea la
tarea del crítico.
Es verdad
que nada se puede objetar cuando los recursos
técnicos con los que cuenta un realizador están
puestos en función de la trama, y ayudan en la
construcción de un mensaje que la trasciende.
Pero en este caso, todo está mostrado de
manera tan poco elaborada, tan previsible y
burdamente, que muchas veces la impresión es que
se subestima la capacidad del espectador
para realizar la lectura de un mensaje.
Encima, no
puede obviarse que el filme dura más de dos
horas y media. Los primeros dos tercios, hay que
reconocer, son entretenidos, sirven como ablande,
como distracción. Pero la hora final realmente
abruma, pues resulta casi increíble la falta de
tacto narrativo que se evidencia con la
evolución de la historia; que en lugar de abrir
puertas al espectador, arrojarle indicios que lo
lleven a sacar sus propias conclusiones, lo
asfixian y aturden con sermones acerca de qué
está bien y qué está mal. Ésa es la huella de
la hegemonía.
Imágenes
de The Majestic - Copyright © 2001 Warner Bros.
y Castle Rock Entertainment. Distribuidora en
España: Warner Sogefilms. Fotos por Ralph
Nelson. Todos los derechos reservados.
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