CRÍTICA
por
Josep Alemany
SIN FIN Y SIN
MÚSICA
En la
última escena de Vete a saber (Va savoir, 2001),
cuando oímos la canción Senza Fine, interpretada por
Peggy Lee, nos da-mos cuenta de
que durante casi dos horas y media nos ha sido concedido el raro
privilegio de poder paladear intensamente una pe-lícula sin
música en la banda sonora (digo «privilegio» porque,
des-graciadamente, en el cine actual la música suele ser una
intromi-sión o una estridencia). Senza Fine, por otra
parte, alude a una de las tendencias esenciales del cine de
Jacques Rivette: a sus películas
les gustaría continuar, no tener fin, de ahí su larga duración
(el récord lo posee Out 1: doce horas y media). La
can-ción de Peggy Lee, además, con su alternancia de italiano e
inglés («senza fine [...] without end») revela una
característica particular de Vete a saber: la
coexistencia de dos idiomas, el francés y el ita-liano. Este
último en la representación, muy artificiosa, de Come tu mi
vuoi, de Pirandello. Como es habitual en Rivette, el teatro
se inserta en el dispositivo del cine.
Una compañía italiana representa en París la citada obra de
Pirandello. La protagonista principal, Camille (Jeanne
Balibar), se siente agobiada, porque ese retorno a
París conlleva enfrentarse con su pasado y con su ex compañero
Pierre (Jac-ques Bonnaffé),
profesor de filosofía. Ugo (Sergio
Castellitto), la pareja actual de Camille y director
de la compañía de teatro, se dedica a buscar una obra perdida de
Goldoni, Il destino veneziano. En sus exploraciones por
las bibliotecas (a Rivette no sólo le fascina el mundo del
teatro, sino también el de los libros), Ugo conocerá a Do (Hélène
de Fougerolles). A partir de ahí, las relaciones
entre los personajes chocan, se desvían, se invierten, se
pierden o se en-cuentran, tejiendo los incidentes narrativos.
En
cuanto a las inversiones, cabe mencionar los desencuentros entre
Ugo y Do. A pesar de sus respectivas estrategias de seduc-ción,
cuando uno está dispuesto, la otra se muestra refractaria, y
viceversa.
EL GENIO DE
HOWARD HAWKS
Vete
a saber pertenece al género de
la comedia, incluso roza el burlesco cuando los dos rivales se
encuentran en la pasarela del teatro para un duelo a muerte.
Pero ese aspecto de comedia no debe hacernos olvidar el carácter
dramático de Vete a saber. Rive-tte mezcla ambos géneros,
como su admirado Howard Hawks, cu-yo genio fue de los primeros
en saludar cuando, en los años cin-cuenta, ejercía de crítico de
cine.
Rivette afirma tranquilamente (Libé-ration, 3 de mayo de
2002): «Cada vez que empiezo un proyecto, espero poder ceñirme a
una hora y media.» Sin embargo, una vez iniciado el roda-je,
director y actores entran en trance y, trabajando con gran
libertad, dan cuerpo a una obra donde proliferan situaciones y
coincidencias inespera-das, donde se entrecruzan enredos e
intrigas. Se trata de una puesta en escena improvisada y, al
mismo tiempo, rigurosa. Huel-ga decir que todo el tinglado se
sustenta en la interpretación de los actores. Jeanne Balibar y
Sergio Castellitto nunca habían actuado tan bien. Mención
especial merece Jacques Bonna-ffé, en un papel algo ingrato.
Presentada en el festival de Cannes de 2001, Vete a saber
se ha estrenado entre nosotros, tras varias dilaciones, en la
versión de dos horas y media, por las mismas fechas que en
Francia salía el montaje completo de tres horas y cuarenta
minutos (Va savoir +). ¿Tendremos algún día la
oportunidad de ver en nuestro país la versión larga o bien los
distribuidores nos seguirán considerando espectadores de poca
monta?
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de "Vete a saber" - Copyright © 2001 Golem
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