CRÍTICA
por Miguel
Á. Refoyo
Hermoso
y sencillo poema al mundo femenino
El debut de Rodrigo
García es un intenso drama coral que
profundiza en la infelicidad y los sueños de la
mujer moderna.
Rotundo,
intenso y emotivo. Así se muestra uno
de los principios filmo-gráficos más
esperanzadores del cine independiente
norteamericano. Rodri-go García, hijo del
célebre novelista Gabriel García Márquez y
hasta ahora director de fotografía de filmes
como Four Rooms o Mi
vida loca, debuta con esta pequeña
obra pro-mocionada por el Festival de Sundance
que, en Estados Unidos, se estrenó directamente
en vídeo y televisión. En España hemos tenido
mucha más suerte por ver en la gran pantalla
esta cinta coral de sentimientos que cuenta cinco
historias sobre la provi-dencia y la escasez
emocional de siete mujeres que sufren y ríen,
lloran y escuchan, viven y mueren. Con una
desbordante natura-lidad, ternura y primor
García compone un intensivo fresco social
buceando en la complejidad femenina, en el
universo de la mujer moderna, en sus inquietudes
y temores, acercándose a la realidad de un modo
sinuoso, pero a la vez límpido, sin pudor. En su
debut, el joven cineasta ofrece una difícil
visión, casi tortuosa, de unas vidas en las que
la confusión emocional de este universo fe-menino
se fusiona con la soledad, el desamor, la
necesidad de cariño y la eterna búsqueda de la
felicidad como constan-te vital,
mecanismos románticos que forman los cimientos
de una hermosa película establecida como uno de
los más bellos himnos a la mujer del cine
actual. Sentimientos superpuestos a una actitud
ante la vida sublimados por una categórica
diversidad de caracteres analizados
exhaustivamente, en la que la
heterogeneidad de los personajes creados con mimo
y sosiego por parte de García encuentra su
hábitat en un espléndido guión tejido con devo-ción,
entrelazando las historias sutilmente y de manera
in-sondable.
Cinco
mundos que recogen fábulas realistas sobre el
aislamiento emocio-nal, el vacío existencial
apuntillado con un aborto, los últimos momentos
de felicidad ante una muerte anun-ciada, la
necesidad de compartir y la tierna visión de una
ciega respecto al amor y la vida tienen lugar en
el co-razón de San Fernando Valley, el mismo
barrio donde Paul Thomas Anderson situó, no de
forma casual, su obra maestra Magnolia. Un film
con el que este primer trabajo comparte un
significativo tono melancólico y una historia
coral de personajes desarraigados en busca de una
felicidad que parece darles la espalda. Los perso-najes
elaborados por Rodrigo García son mujeres
carentes de afec-to, de comprensión, que no
encuentran en su día a día respuestas a su
soledad. Mujeres llenas de dudas sobre sí mismas
surgidas ya sea por las cartas de tarot, por una
homeless que actúa como sacerdotisa,
por una relación pasajera, por un enano o por el
suicidio de una antigua compañera de instituto.
Un penetrante recorrido a través del alma
femenina que indaga en la mujer de un modo
preciso y puntillista, pero a su vez apasionado y
sincero, escarbando en los problemas de sus roles
protagonistas con una delicadeza discreta, sin
dejarse llevar por el dramatismo que ema-nan sus
amargas vidas.
Rodrigo
García, gran conocedor del oficio, utiliza su
dilatada experiencia para narrar estas vidas
cruzadas sin ningún tipo de artificio,
buscando en todo momento la máxima sim-plicidad
en cada plano, dejando que sean las actrices las
que mar-quen la pauta dramática de la acción.
Bajo la suave partitura de Edward
Sharmur, esta pequeña joya, una de las
películas imprescindibles de este año, pondera
su efecto con la impagable aportación de un
reparto que se nutre de unas interpretaciones
llevadas al extremo, soberbias composicio-nes de
todas y cada una de sus actrices. Desde las
inmensas creaciones habituales de Kathy Baker, Glenn Close y Holly
Hunter, destacando el desgarro emocional
que vierten Calista Flockhart y Valeria
Golino hasta la demostración de un
sobrado talento por parte de lo mejor de la
función, volcado en los personajes de Amy
Brenneman y, sobre todas ellas, una solemne Cameron Diaz.
Cosas
que le diría con sólo mirarla compone
así una triste fábula sobre el desconsuelo,
sobre la infelicidad que provocan todos esos
problemas ordi-narios que tiene todo hijo de
vecino y que suele encontrar su pilar paliativo
en el pocas veces verdadero amor. Un sentimiento
que para estas siete mu-jeres es tan necesario
como esquivo, pero al fin y al cabo, esperan-zador
y cercano (como bien demuestra ese ilusorio
final). Estamos pues ante una gran película
independiente que invoca al espíritu mágico de
un sufrimiento oculto en la ilusión, en el
destino, en la pretensión de todo ser humano por
conseguir la ansiada felicidad, en ese azar que
trae la calma o en el caso más dramático, la
arrebata.
Imágenes
de "Cosas que diría con sólo mirarla"
- Copyright © 2000 Franchise Pictures,
Avnet/Kerner Productions y LTZ II. Distribuidora
en España: Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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mirarla"
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