CRÍTICA
por Joaquín
R. Fernández
Puntuación:
6 /10
Banda Sonora Original: *****
Ya me
imagino las maldiciones que lanzará gran parte
de la crítica euro-pea tras visionar "Cuando
Éramos Soldados", nueva ilustración cinema-tográfica
de una guerra, la de Viet-nam, que marcó
profundamente a la sociedad estadounidense de los
se-senta y setenta. Reconozco que la cinta de Randall
Wallace no oculta su risible patrioterismo
en buena parte de su metraje (los protagonistas
casi se pasan tanto tiempo rezando como
luchando), pero juzgarla únicamente por su
previsible ondear de banderas o por su
manipulador final (la apa-rición de los nombres
de los soldados americanos caídos en la batalla
descrita en el filme), resulta cuando menos
exagerado.
Porque,
vale, Wallace quiere rendir homenaje a todos los
compa-triotas que fenecieron durante la primera
gran contienda de los Estados Unidos en Vietnam,
pero lo hace a través de una mirada que llora
ante lo incomprensible de la guerra. No hay
ensañamiento con los enemigos, a los que se
respeta, no hay una descripción fría y racista
de los vietnamitas, sino que se les dibuja de
igual forma que a los estadounidenses (aunque,
como es de prever, con menos ardor). Quien piense
que "Cuando Éramos Soldados" es una de
esas producciones bélicas que animan a los más
jóvenes a alis-tarse en el ejército... está
totalmente equivocado. Tras la tópica y
algo insustancial presentación de personajes,
Wallace nos sumerge en un horror de sangre y
muerte, una sucesión de batallas y
bombardeos que se escenifican de forma cruda ante
nuestros asustados ojos. Esto no es "Cuando
Hierve la Sangre", donde Frank Sinatra se
iba de "vacaciones" a la India mientras
mataba a japoneses y chinos, sino un contundente
drama que, cuando finaliza, deja un incómodo
pesar en el espectador.
Aparte
de la brillantez de algunas de sus secuencias
bélicas (salvo las nocturnas, demasiado estereo-tipadas),
Wallace expone con acierto la angustia de
aquéllos que parten a combatir y la de sus
familias (ver la última noche que los
protagonistas pasan en sus casas), aparte de
mostrar el dolor de las es-posas que se quedan en
el hogar y que conocen el fallecimiento de sus
maridos a través de una simple carta. Son esos
detalles los que hacen digno el filme y los que
mitigan el infantil patrioterismo de algunos de
sus pasajes. La imagen de los solados que no
tienen palabras para describir a los periodistas
lo que han vivido en el frente o el desesperado
llanto del coronel Moore al percatarse de que
sólo hay una derrota en su victoria, pues
decenas de sus hombres han fallecido a su lado,
demuestran nuevamente que no nos hallamos ante
una vulgar glorificación de unos militares que,
como se dice en la película, no luchaban por su
país, sino por ellos mismos, por su
supervivencia.
Respecto a
los actores, Mel Gibson es
el que lleva el verda-dero peso del filme,
todo se supedita a él. Interpreta a un hombre
familiar y religioso (no sólo reza con sus
hijos, sino también con alguno de sus soldados)
que, a pesar de su incuestionable capa-cidad de
mando, dudará en algunos momentos si sus
decisiones son las correctas. Gibson se ve
acompañado por un estupendo Sam Elliott (el rudo
sargento mayor Plumley) y por una serie de
actores secundarios que, dada la brevedad de sus
papeles, apenas pueden desarrollar sus personajes
(la acertada Madeleine Stowe; los
correctos Greg Kinnear y Barry
Pepper; y el casi invisible Chris Klein, que ni
siquiera tiene tiempo de hacerlo mal).
Nick
Glennie-Smith
construye una partitura escasamente original que,
sin embargo, cobra fuerza en determinados
fragmentos del fil-me. Tras un típico
comienzo repleto de marchas militares, su música
se adapta luego al dramatismo de la puesta en
escena del director (ver la escena en la que los
protagonistas esperan la llegada del ama-necer
que los llevará a Vietnam), y ello a pesar de
que algunos de sus temas parecen descarados
calcos de otras obras de Hans Zimmer y Mark
Mancina (de hecho, casi parece que estemos
escuchando la pieza de amor de "Speed").
Imágenes
de "Cuando éramos soldados" -
Copyright © 2002 Paramount Pictures, Icon
Entertainment International y The Wheelhouse.
Distribuidora en España: Sogepaq. Todos los
derechos reservados.
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