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INFIEL
(Unfaithful)


cartel Título en Argentina: Infidelidad.
Dirección: Adrian Lyne.
País:
USA.
Año: 2002.
Duración: 124 min.
Interpretación: Richard Gere (Edward Sumner), Diane Lane (Connie Sumner), Olivier Martinez (Paul Martel), Erik Per Sullivan (Charlie), Dominic Chianese (Frank Wilson), Margaret Colin (Sally), Kate Burton (Tracy), Chad Lowe (Bill Stone), Michelle Monaghan (Lindsay), Erich Anderson (Bob Gaylord), Myra Lucretia Taylor (Gloria), Larry Gleason (Tim).
Guión: Alvin Sargent y William Broyles Jr.
Producción: Adrian Lyne y G.Mac Brown.
Música: Jan A. P. Kaczmarek.
Fotografía:
Peter Biziou.
Montaje: Anne V. Coates.
Diseño de producción: Brian Morris.
Dirección artística: John Kasarda.
Vestuario: Ellen Mirojnick.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà
Valoración:

Lyne: Infiel a sí mismo

Después de estrellarse con su particular versión de la Lolita de Nabokov, Adrian Lyne, popular realizador de algunos taquillazos de los ochenta (Flashdance, Nueve semanas y media, Atracción fatal...), rompe este silencio de cinco años en las carteleras, para presentarnos un remake de La femme infidèle, film que en 1969 dirigió Claude Chabrol.

Autor cuestionado por la crítica y nombre indefectiblemente ligado al binomio "sexo-videoclip", Adrian Lyne va a tener que enfrentarse a numero-sos prejuicios para que su Infiel goce de un reconocimiento que, segura-mente, tendría más fácil si el film no estuviera firmado por él mismo. No sólo gran parte del público desesti-mará de antemano esta nueva propuesta por venir de quien viene, y por la presencia de dos galanes habituales en su reparto como Richard Gere y Olivier Martínez, sino que además, Lyne, en su intento de recuperar el favor perdido, ha "osado" versionar a un clásico como Chabrol, vendiéndonos un producto resultón que muchos tildarán de fórmula oportunista y comercial. Pero muy probablemente también, otro sector del público que acuda a su estreno –atraído, paradójicamente, por los mismos elementos que en los otros levantan ampollas– saldrá decepcionado al no hallar exactamente lo que se le prometía.

Y es que la etiqueta de "thriller erótico" que se le ha colgado a Infiel para su –suponemos– mejor explotación en las salas, resulta tan poco agraciada como ajustada a la realidad. Es cierto que aquí vamos a encontrar notables dosis de sexo, puesto que, en parte, se nos relata la relación –carnal, física– que se establece entre una pareja de amantes. Pero que nadie espere ver escenas de alto voltaje, ni piruetas en la cama o encima de la mesa de la cocina, porque en Infiel el lenguaje corporal es principalmente un vehículo para las emociones, y Hollywood sigue siendo tan puritano como siempre. En cuanto al elemento de suspense, llega por fortuna tarde en su parte final, y su peso es tan poco significativo en la historia global, que apenas merecería destacarse como una parte importante de sus contenidos, si no es para su entorpecimiento.

Infiel es, por encima de cualquier otra cosa, una detallada y voluntariosa ra-diografía de una situación de infide-lidad que surge en el aparentemente poco propicio seno de un matrimonio feliz y bien avenido, de clase media-alta, padres ejemplares que viven en una bonita casa a las afueras de la ciudad; el retrato de esta relación adúltera, apasionada y casi irracional, de su protagonista, Connie (una soberbia Diane Lane) con un hombre más joven que ella, Paul Martel (Olivier Martínez), y que la arrastra como un torbellino. Sus sentimientos de culpa hacia su marido (Richard Gere), su lucha interna, están magníficamente plasmados gracias al estupendo trabajo con que nos honra esta actriz, vista recientemente en The Glass House o La tormenta perfecta. Hay dos momentos que se convierten en un buen ejemplo de esto: cuando Connie regresa a casa en tren, después de uno de sus furtivos encuentros con Paul, y no puede contener su estado de agitación y dicha; y el otro, cuando Connie es desnudada por su joven amante, y su cuerpo tiembla a la vez de miedo y placer.

En Infiel, esa estética de videoclip que aqueja el cine de Ly-ne cede a la imagen como palabra, y hasta como metáfora, consiguiendo incluso que algunas de sus escenas se nos vayan a quedar grabadas en la memoria, como esa fantástica secuencia inicial del vendaval que azota y derriba a Connie –igual que lo hará su relación con Paul Martel–, de un realismo casi mágico, y que la empuja a "tropezar" con el que será su futuro amante.

Lyne ya abordó el tema de la infi-delidad en anteriores trabajos, siempre desde un punto de vista bastante menos convencional y con unos planteamientos bastante más extremos. Tanto en Atracción fatal como en Una proposición inde-cente, la infidelidad era una mera ex-cusa argumental. En el primer caso, el dolor por el descubrimiento de este hecho se teñía de tragedia en su apuesta por el thriller, y el peligro en el que desembocaba, planeaba como una advertencia sobre el adulterio. En la segunda, la infidelidad adquiría dimen-siones de "prostitución" consentida, y planteaba una pregunta que apenas sembraba dudas por improbable. En Infiel, Lyne coge finalmente al toro por los cuernos –y nunca mejor dicho– desmenuzando las circunstancias que rodean a esta situación, y logrando escarbar mucho más allá, con sensibilidad, acierto y madurez, pero, sobre todo, con capacidad para el análisis y la reflexión.

Infiel es una película en términos generales correctamente rea-lizada, con un guión trufado de situaciones simpáticas, diá-logos más incisivos de lo que cabría esperar y agradables notas de humor. Supera con creces los niveles mínimos exigidos para que un film no caiga en la estulticia, y se sigue con interés. Lástima que tras una primera parte de melodrama romántico magistralmente conducido por Diane Lane –que se merienda los tópicos con patatas–, en el que parece que la sangre nunca vaya a llegar al río, Infiel acabe flirteando con el thriller policiaco –aquí es Gere quien recoge el testigo– y dé la sensación de que no se sabe muy bien cómo ni en qué momento apostar por el punto y final. Un final postizo, pseudo-abierto y tramposo que busca a la deses-perada la aprobación de "moralistas" y "libertinos" por igual, y que echa por la borda la adecuación de cuanto le precedía, ese loable acercamiento que no buscaba culpables, vencedores ni vencidos.

Tal vez el film hubiera mejorado prescindiendo de Gere y Martínez, y optando por unos rostros con mayor facilidad para el anonimato. No se puede decir tampoco que su labor resulte insuficiente, pero no puede evitar verse eclipsada por el brillante despliegue que nos regala Diane Lane, sin la cual esta película hubiera perdido su mejor y más preciado ingrediente. En cualquier caso, tanto Gere –alejado de sus roles habituales– como Martínez –dentro de sus roles habituales–, le dan una esforzada réplica.

Infiel es así una rareza en la filmo-grafía de Lyne –siempre acusada de superficial y vacua, con la excepción de La escalera de Jacob, un oasis en medio del desierto–, porque se le adivina –y transmite– un afán de exploración, estudio y reflexión más allá del tópico y la estética. No deja de ser una producción made in Hollywood, pero el haberse sido un poco infiel a sí mismo ha mejorado enormemente la calidad del resultado. Se trata, como comentaba al principio, de una película para ver tratando de olvidar ideas preconcevidas, al margen de todas las circunstancias que le rodean. Si creen que no van a poder impedir que la sombra de Chabrol, Gere o los antecedentes de Lyne les mantengan con el ceño fruncido y los brazos cruzados, mejor se la ahorran. Pero merece la pena darle una oportunidad, porque cuando no se espera nada bueno, poco ya es algo, y sin lugar a dudas, en uno u otro sentido, les sorprenderá.


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Imágenes de "Infiel" - Copyright © 2002 Fox 2000 Picture y Regency Enterprises. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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La Butaca © 1999 Ángel Castillo Moreno. Valencia (España)
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