CRÍTICA
por Tònia
Pallejà
Valoración:     
Lyne:
Infiel a sí mismo
Después de
estrellarse con su particular versión de la Lolita de
Nabokov, Adrian Lyne, popular
realizador de algunos taquillazos de los ochenta
(Flashdance, Nueve
semanas y media, Atracción
fatal...), rompe este silencio de cinco
años en las carteleras, para presentarnos un
remake de La femme infidèle, film que
en 1969 dirigió Claude Chabrol.
Autor
cuestionado por la crítica y nombre
indefectiblemente ligado al binomio
"sexo-videoclip", Adrian Lyne va a
tener que enfrentarse a numero-sos prejuicios
para que su Infiel goce de un
reconocimiento que, segura-mente, tendría más
fácil si el film no estuviera firmado por él
mismo. No sólo gran parte del público desesti-mará
de antemano esta nueva propuesta por venir de
quien viene, y por la presencia de dos galanes
habituales en su reparto como Richard
Gere y Olivier Martínez, sino que
además, Lyne, en su intento de recuperar el
favor perdido, ha "osado" versionar a
un clásico como Chabrol, vendiéndonos un
producto resultón que muchos tildarán de
fórmula oportunista y comercial. Pero muy
probablemente también, otro sector del público
que acuda a su estreno atraído,
paradójicamente, por los mismos elementos que en
los otros levantan ampollas saldrá
decepcionado al no hallar exactamente lo que se
le prometía.
Y es que la etiqueta de
"thriller erótico" que se le ha
colgado a Infiel
para su suponemos mejor explotación
en las salas, resulta tan poco agraciada como
ajustada a la realidad. Es cierto que
aquí vamos a encontrar notables dosis de sexo,
puesto que, en parte, se nos relata la relación
carnal, física que se establece
entre una pareja de amantes. Pero que nadie
espere ver escenas de alto voltaje, ni
piruetas en la cama o encima de la mesa de la
cocina, porque en Infiel el lenguaje
corporal es principalmente un vehículo para las
emociones, y Hollywood sigue siendo tan puritano
como siempre. En cuanto al elemento de suspense,
llega por fortuna tarde en su parte final, y su
peso es tan poco significativo en la historia
global, que apenas merecería destacarse como una
parte importante de sus contenidos, si no es para
su entorpecimiento.
Infiel
es, por encima de cualquier otra cosa, una
detallada y voluntariosa ra-diografía de una
situación de infide-lidad que surge en el
aparentemente poco propicio seno de un matrimonio
feliz y bien avenido, de clase media-alta, padres
ejemplares que viven en una bonita casa a las
afueras de la ciudad; el retrato de esta
relación adúltera, apasionada y casi
irracional, de su protagonista, Connie (una soberbia
Diane Lane) con un
hombre más joven que ella, Paul Martel (Olivier
Martínez), y que la arrastra como un torbellino.
Sus sentimientos de culpa hacia su marido
(Richard Gere), su lucha interna, están
magníficamente plasmados gracias al estupendo
trabajo con que nos honra esta actriz, vista
recientemente en The Glass House o La
tormenta perfecta. Hay dos momentos que se
convierten en un buen ejemplo de esto: cuando
Connie regresa a casa en tren, después de uno de
sus furtivos encuentros con Paul, y no puede
contener su estado de agitación y dicha; y el
otro, cuando Connie es desnudada por su joven
amante, y su cuerpo tiembla a la vez de miedo y
placer.
En Infiel,
esa estética de videoclip que aqueja el cine de
Ly-ne cede a la imagen como palabra, y hasta como
metáfora, consiguiendo incluso que
algunas de sus escenas se nos vayan a quedar
grabadas en la memoria, como esa fantástica
secuencia inicial del vendaval que azota y
derriba a Connie igual que lo hará su
relación con Paul Martel, de un realismo
casi mágico, y que la empuja a
"tropezar" con el que será su futuro
amante.
Lyne
ya abordó el tema de la infi-delidad en
anteriores trabajos, siempre desde un punto de
vista bastante menos convencional y con unos
planteamientos bastante más extremos. Tanto
en Atracción fatal como en Una
proposición inde-cente, la
infidelidad era una mera ex-cusa argumental. En
el primer caso, el dolor por el descubrimiento de
este hecho se teñía de tragedia en su apuesta
por el thriller, y el peligro en el que
desembocaba, planeaba como una advertencia sobre
el adulterio. En la segunda, la infidelidad
adquiría dimen-siones de
"prostitución" consentida, y planteaba
una pregunta que apenas sembraba dudas por
improbable. En Infiel, Lyne coge
finalmente al toro por los cuernos y nunca
mejor dicho desmenuzando las circunstancias
que rodean a esta situación, y logrando escarbar
mucho más allá, con sensibilidad, acierto y
madurez, pero, sobre todo, con capacidad para el
análisis y la reflexión.
Infiel es una película en
términos generales correctamente rea-lizada,
con un guión trufado de situaciones simpáticas,
diá-logos más incisivos de lo que cabría
esperar y agradables notas de humor.
Supera con creces los niveles mínimos exigidos
para que un film no caiga en la estulticia, y se
sigue con interés. Lástima que tras una primera
parte de melodrama romántico magistralmente
conducido por Diane Lane que se merienda
los tópicos con patatas, en el que parece
que la sangre nunca vaya a llegar al río, Infiel
acabe flirteando con el thriller policiaco aquí
es Gere quien recoge el testigo y dé la
sensación de que no se sabe muy bien cómo ni en
qué momento apostar por el punto y final. Un
final postizo, pseudo-abierto y tramposo que
busca a la deses-perada la aprobación de
"moralistas" y "libertinos"
por igual, y que echa por la borda la adecuación
de cuanto le precedía, ese loable acercamiento
que no buscaba culpables, vencedores ni vencidos.
Tal vez el film hubiera
mejorado prescindiendo de Gere y Martínez, y
optando por unos rostros con mayor facilidad para
el anonimato. No se puede decir tampoco
que su labor resulte insuficiente, pero no puede
evitar verse eclipsada por el brillante
despliegue que nos regala Diane Lane, sin la cual
esta película hubiera perdido su mejor y más
preciado ingrediente. En cualquier caso, tanto
Gere alejado de sus roles habituales
como Martínez dentro de sus roles
habituales, le dan una esforzada réplica.
Infiel
es así una rareza en la filmo-grafía de Lyne
siempre acusada de superficial y vacua, con
la excepción de La escalera de Jacob, un oasis
en medio del desierto, porque se le adivina
y transmite un afán de
exploración, estudio y reflexión más allá del
tópico y la estética. No deja de ser
una producción made in Hollywood, pero el
haberse sido un poco infiel a sí mismo ha
mejorado enormemente la calidad del resultado. Se
trata, como comentaba al principio, de una
película para ver tratando de olvidar ideas
preconcevidas, al margen de todas las
circunstancias que le rodean. Si creen que no van
a poder impedir que la sombra de Chabrol, Gere o
los antecedentes de Lyne les mantengan con el
ceño fruncido y los brazos cruzados, mejor se la
ahorran. Pero merece la pena darle una
oportunidad, porque cuando no se espera nada
bueno, poco ya es algo, y sin lugar a dudas, en
uno u otro sentido, les sorprenderá.

Imágenes
de "Infiel" - Copyright © 2002 Fox
2000 Picture y Regency Enterprises. Distribuidora
en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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