CRÍTICA
por Leandro
Marques, Argentina
El
Hombre Araña vuela, pero no tan alto
Peter
Parker es un muchacho común, y definitivamente
nada popu-lar. Sus compañeros lo golpean y
maltratan cada vez que pueden, y la chica que
ama, a pesar de que vive en la casa contigua a la
suya, casi ni enterada está de su existencia.
Peter haría lo que sea por lograr que Mary Jane
lo mire al menos una vez con sus ojos dulces y
sugestivos. Cuando menos se lo espere, gracias a
las implicancias que tendrá sobre su cuerpo la
picadura de una araña genéticamente alteradas,
sus deseos estarán más cerca de cum-plirse. A
cambio de eso, el precio a pagar afectará a su
propia identidad. Porque Peter ya no será más
él mismo. Desde aquel momento, fundamental en su
vida, él pasará a ser, esencialmente, Spider
Man.
La
película dirigida por Sam Raimi (Amor a
colores, El
ejército de las tinieblas),
una de las más esperadas y taquilleras en lo que
va del año, no decepciona, entretiene casi
siempre, y trae a la pantalla gigante a uno de
los superhéroes más fascinantes y misteriosos.
Eso ya paga la película. Pero pese a eso, algo
le falta a este retrato del Hombre Araña. Algo
que no tiene que ver ni con los actores ni con
los trabajos de producción sino con los ritmos y
esencias que trans-mite el filme a lo largo de
sus dos ho-ras de duración. En Spider Man,
la elección (seguramente más a cargo de la
importante compañía que la distribuye que del
director) pasó por elaborar un producto que
convenciera a todo el mundo. Y como generalmente
sucede cuan-do se quiere conformar a todos,
ciertas decisiones en el transcurrir del filme
arrojan la sensación de no ser consecuencia de
una convicción interior del realizador tanto
como de una necesidad marketinera.
Dos ejes
rigurosos y cerrados dividen la trama de la
película: el pri-mero tiene que ver con el
repaso explicativo del personaje principal, su
vida humilde, su amor por sus tíos y por la
hermosísima Mary Jane (Kirsten
Dunst), la picadura de la araña, su
transformación de joven ingenuo e inseguro en lo
contrario. Paralelamente a eso, se muestra
también el nacimiento de su enemigo, el Duende
Verde, la otra faceta del malo de la película,
el ambicioso científico Norman Osborn.
Cuando la
cinta se dedica a esta suerte de presentación de
historia y personajes, el ritmo inevitablemente
decae. Eso no debería ser sinónimo de un
decaimiento también en la película. Pero al
pare-cer, la idea era hacer de Spider Man
sólo una película ágil, verti-ginosa y plagada
de acción. Entonces, intercalándose con este
primer eje aparece el segundo, que desborda
dinámica y pone en escena un dispositivo
técnico de primera calidad (fotografía,
luces, texturas) y los efectos especiales
previsibles para una superproducción de este
estilo.
Se destaca
el muy bien logrado manejo de cámara,
especialmente acompañando los fascinantes
vue-los del Hombre Araña entre los
edi-ficios de Nueva York. Efectos, pareci-dos a
los utilizados en Matrix, que
fo-calizan la destreza de movimientos y
flexibilidad corporal del superhéroe
in-terpretado con acierto por Tobey
Maguire (Wonder boys).
Interven-ciones justicieras, una tras otra, del
arácnido protegiendo a ino-centes de las fuerzas
del mal, y rescatando varias veces de la muerte a
Mary Jane, que no tarda en enamorarse de él. Al
mismo tiempo, el Duende Verde (Willem
Dafoe, lo mejor de la
pelí-cula) mata y hace de las suyas
para favorecer los alocados expe-rimentos de
quien es su cara en la sociedad, el doctor
Osborn.
Este
segundo eje agiliza notablemente la trama. Y
responde con acierto a las expectativas de
acción del espectador. Sin embargo, el primer
eje, interesado en apuntar superficial y
rápidamente algu-nos hechos que permitan
aseverar la fidelidad de Spider Man hacia
el cómic original, deja de lado el abordaje por
los rincones más profundos del protagonista
principal. El guión no explora a Peter Parker,
no se introduce en sus conflictos internos ni en
los efectos negativos en su personalidad de la
trascendente picadura. Informa, muestra, pero no
se detiene ni se interesa por abordar o insinuar
que detrás de lo que se ve también pasa algo.
Así se pierde la riqueza del personaje, y se
impide que el público se conecte verda-deramente
con lo que él es.
En el viejo
cómic, el Hombre Araña es un ser solitario, de
la noche, mal visto por los medios de
comunicación, que pasea y husmea los rincones de
Nue-va York en busca de justicia. En la
película, el superhéroe tiene todo fá-cil,
llega siempre en el momento opor-tuno y resuelve
los problemas. No se pone ningún énfasis en la
noche, ni en la soledad, ni en los ideales, sólo
se cuenta la historia de Peter, un joven que se
vuelve héroe y se dedica a hacer lo posible por
enamorar a la chica de sus sueños. Quizás sea
esta falta de invo-lucramiento con la esencia de
la historia original, la falta de audacia para
realizar una mirada más personal y el interés
por dejar en claro (sólo a manera de punteo) la
fidelidad con ella sea la clave una película que
no decepciona pero tampoco cautiva.
Y que deja la impresión de que podría haber
resultado una experiencia mucho más apasionante
de la que termina siendo.
Imágenes
de Spider-Man - Copyright © 2002 Columbia
Pictures, Sony Pictures y Marvel Entertainment.
Distribuidora en España: Columbia TriStar. Fotos
por Zade Rosenthal. Todos los derechos
reservados.
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