A
falta de una mejor definición, la obra del escritor inglés Nick
Hornby ha si-do descrita como "ingeniosa, diverti-da,
inteligente y emocionalmente ge-nerosa". Sus novelas siempre
guar-dan un sabio equilibrio entre la come-dia y el drama, y son
capaces de ha-cernos reír y reflexionar al mismo tiempo. Se
trata de textos muy cuidados que, por contra, resultan frescos y
amenos en su disección de las relaciones sentimentales en
nuestros días. Hay otra característica común en los libros de
Hornby, y es el afecto y la comprensión que manifiesta hacia sus
personajes; por más cretinos que sean, por más equivocados que
estén, siempre muestra un gran respeto hacia ellos y los esculpe
al detalle. Por todos estos motivos, y algunos más, considero a
Nick Hornby uno de los autores más completos del actual
pano-rama literario internacional. Se le ha querido etiquetar
como la versión masculina de Helen Fielding, autora de "El
diario de Bridget Jones", pero esta comparación responde más a
cuestiones publi-citarias que a la realidad –estrategia
innecesaria, dicho sea de paso, cuando Hornby poco tiene que
envidiar a Fielding-Jones, pues sus inquietudes van mucho más
allá del retrato superficial de las neuras de una treintañera,
autocompasiva y ansiosa por desper-tar compasión, obsesionada
con el sobrepeso y los hombres–.
Estas razones
hacen que resulte muy difícil que cualquier adaptación
cinematográfica de una de las obras de Hornby se acerque por
completo al material original (por más que, como excelentes
historias que son, siempre se acaben trasladando a la gran
pantalla). A pesar de ello, la película "High Fidelity (Alta
fidelidad)" de Stephen Frears constituye una meritoria versión
de la novela homónima de Hornby. Al margen de pequeños cambios,
Frears supo recoger la esencia del libro y pudo contar con la
excepcional presencia de John Cusack en el papel protagonista,
que daba el tono de su personaje a la perfección.
En
ese sentido, "Un niño grande" es una comedia divertida,
amable y bien confeccionada, tanto por la pulcritud de su guión
como por el trabajo de sus actores. Los
herma-nos
Weitz ("American Pie") han he-cho un esfuerzo de
contención y Hugh Grant se ajusta
muy bien a cada uno de los matices de su papel, encontrando una
estupenda réplica en Toni Collette,
Rachel Weisz y
Nicholas Hoult. Sin em-bargo, el
film nunca logra plasmar el espíritu agridulce de la novela
original, pasa de puntillas por determinados aspectos del libro
que ayudaban a comprender hasta dónde alcanzaba la tragedia de
cada uno de sus personajes, y da una visión algo ligera tanto de
éstos como de las relaciones que les unen. En cierta manera, sí
conser-va una buena parte de su ironía y refleja algunos de los
pensa-mientos de su protagonista gracias al uso de la voz en
off, pero flota como el aceite en el agua, perdiendo su
capacidad incisiva y de reflexión. O lo que es lo mismo, rescata
la paja y desperdicia buena parte del grano. Hay otra cosa
que se le puede achacar, y es su complaciente final feliz,
diferente al del libro. Este cambio es muy significativo y
ofrece una idea bastante clara de las intenciones de la
película: satisfacer a cualquier precio al público en general
–el que quiere salir de la sala con la sonrisa en la boca, no
con un rictus reflexivo en la frente–, aunque para ello sea
necesario caer en el topicazo.
Las
novelas de Hornby suelen estar protagonizadas por adultos
inmaduros que temen perder su libertad al asu-mir determinadas
responsabilidades (normalmente asociadas a las rela-ciones
sentimentales o la vida en pa-reja), y que se muestran confusos
y desorientados. La mayoría de estos personajes centrales son
varones que rondan la edad del escritor, es decir, que superan
la treintena (con excepción de Katie Karr, la esposa y madre
protagonista de "Cómo ser buenos", su último libro). "About a
Boy" no es una salvedad. En ella nos encontramos con Will
Freeman –paradójico apellido–, un soltero de existencia
acomodada que vive de los derechos de autor de una popular
canción navideña que compuso su padre en los años cincuenta.
Will es en realidad una persona egoísta, vacía, sin inquietudes
ni intereses, que dispone de una gran cantidad de tiempo libre y
no manifiesta demasiados reparos a la hora de mentir. Su única
afición es comprar aparatos modernos, ver la televisión y ligar
con una mujer tras otra.
Por otro lado,
está Marcus, hijo de una hippy vegetariana sumida en una
constante depresión desde que la abandonó su marido. Marcus es
un bicho raro –viste ropa anticuada, libera su tensión
poniéndose a cantar fuera de lugar, actúa de forma un tanto
extraña y en general, está "fuera de onda" debido a cómo le ha
educado su madre–. Dicho en otras palabras, Marcus tiene todos
los números para que sus compañeros de clase le marginen, se
burlen de él y hasta le atormenten, cosa que obviamente sucede.
Sin embargo, le oculta esta situación a su madre para evitarle
más problemas de los que tiene.
Will descubre un
filón de oro en las madres solteras para ampliar su extensa
colección de ex novias, y se apunta a un grupo de personas
separadas con hijos, el SPAT, para lo cual se inventa a un hijo
imaginario. Así es cómo conoce a Marcus y cómo éste entra, de
forma un tanto forzada, en su vida.
Al
principio, Marcus ve en Will a un posible padre de reemplazo e
intenta unirlo a su madre, pero cuando ve que las cosas entre
ellos dos están con-denadas a fracasar, desiste en el em-peño.
Will es ese "tío guay" que está a la moda, que sabe qué
zapatillas deportivas deben llevarse, qué música escuchar... A
su manera, se preocupa por él e intenta protegerle, pero a
diferencia de su madre, no le pide explicaciones ni le ato-siga.
Cumple el papel de ese amigo-hermano mayor enrollado en el que
refugiarse. Will descubre gracias a Marcus que puede sentirse
bien ayudando a un niño con problemas aunque no se quiera llevar
a la cama a su madre, y aprende a asumir determinados
compro-misos. Se da cuenta de lo solo que está en realidad y de
que en su esfuerzo por
mantenerse libre, ha perdido su libertad.
Este choque de dos caracteres, si no
opuestos, muy distantes en-tre sí (además de por razones de
edad) es sólo uno de los as-pectos que toma la película, y que
sirven para definir su diferente forma de ser y de entender la
vida. Aunque una vez más deba aña-dir que el film no profundiza
en ello como lo hacía la novela de Hornby.
Decía
al inicio que "Un niño grande" es una comedia entretenida e
ingenio-sa, y no me cabe la menor duda de que les hará pasar un
buen rato, puesto que no deja de ser un pro-ducto de notable
calidad. Personal-mente, esperaba un despropósito, y me
sorprendió gratamente. Lo cual no quita que debido
a su interés por contentar fácilmente a todos, sea
excesivamente cordial –que no dulzona– y frívola. Si aún no
cono-cen la obra de Nick Hornby, y les interesan los personajes
y las situaciones que refleja el film, les aconsejo que acudan
al libro ori-ginal. Si ya lo habían leído, entenderán a qué me
refiero cuando di-go que se trata de una adaptación
descafeinada y algo epidér-mica. En cualquier caso, no es la
típica comedia-romántica-con-Hugh-Grant aunque sí pueda acabar
compartiendo algu-nos de sus elementos.
Valoración: 7