CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Amor en tiempos de
guerra
Imagino que cuando las tragedias
se acumulan de forma exponencial la única salida
posible debería ser el abatimiento pero también
en la desesperación puede surgir la pasion. Es
este el caso de "Aimée
y Jaguar", dos
mujeres que, al igual que esconden sus nombres
bajo seudónimos, esconden sus vidas bajo las
falsas apariencias que la situación requiere.
Por un lado esta Lilly,
madre de cuatro hijos, casada con un oficial nazi
y paradigma de la belleza aria. Al otro lado nos
espera Felice, una
joven judía que trabaja para un periódico
adscrito al régimen hitleriano pero que, en
realidad, pertenece a una organización antinazi.
Los males se acumulan: un
matrimonio que nada en la promiscuidad, una
guerra que se va aproximando inexorablemente a su
fin, un orgulloso Berlín bombardeado noche y
día, un irrefrenable holocausto judío, el
absurdo de la vida cotidiana sumergida en el caos
de la contienda. Todos estos elementos sirven de
acicate a las protagonistas para aproximarse,
tentarse y amarse. "Aimée y Jaguar" es
una historia de amor,
puede que si, que sea amor
lesbiano, pero eso debería importar menos
a los espectadores que a los personajes que
rodean a la pareja. La realidad no guarda el
absurdo infantilismo del morbo, no son más que dos mujeres inmersas en un mundo
que se acaba y que recurren al aislamiento
sentimental para soportar su desgarro. De
esta forma su pasión es inversamente
proporcional al horror que contemplan. El novel
director alemán Max
Färberböck tinta el drama de la Europa
en llamas como una huida hacia delante, la
historia (real, por otro lado) de dos mujeres
ávidas de amor y de cariño y que acogen su
homosexualidad como un gesto moral más en un
mundo que ha perdido cualquier sentido de la
ética.
La pena es que, como gran parte
de las historias basadas en hechos reales
que se adaptan al cine, "Aimée y
Jaguar" tiene un cierto aroma
dramón televisivo. Todo en la
película es correcto pero no pasa de ahí,
el guión cumple su cometido pero no arenga a la
pasión de los espectadores, la fotografía es
fiel deudora de ese esteticismo tan del gusto de
las producciones grandilocuentes hechas para la
pequeña pantalla y la dirección no hace sino
dejarse llevar por la historia. Algunas escenas
como el bombardeo que se desata en medio de un
concierto o los planos de los monumentos del
Berlín de las épocas triunfantes ahora
amenazados por los aviones aliados elevan esta
producción alemana por encima de la media pero
no deja de ser un producto demasiado frío si se
tienen en cuenta la naturaleza de los hechos que
pretende relatar. Las interpretaciones de
Juliane
Köhler y Maria Schrader
son lo mejor de la cinta que se alarga
más de dos horas y fueron justamente
recompensadas en el pasado festival de Berlín
concediéndoseles ex aequo el Oso de Plata.
ISMAEL
ALONSO
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