CRÍTICA por
Ismael Alonso:
Vendrán mejores
tiempos
Sé que sonara profundamente
frívolo, que parecerá la típica boutade a la
que les tengo tan acostumbrados, a típica
tontería de niñato en fin, pero a mí la
última película de los SS (el tandem Scorsese-Schrader)
me deja como aquella película de Ozores protagonizada por Peret que se titulaba "A mí las mujeres ni fu ni
fa". Pues eso, que a mí "Al límite" ni
fu ni fa, ni me convence como "Toro salvaje", ni me
emociona como "Taxi
Driver" ni me deslumbra como "Uno de los nuestros".
Tampoco la aborrezco, ni la desprecio pero, desde
mi modesto punto de vista, resulta
decepcionante si uno está acostumbrado a lo que
estos dos genios han hecho en el pasado.
"Al limite" falla por
ambas partes; Schrader no propone en la
escritura del guión nada que no se haya
expresado (tanto él como otros) mejor en otras
ocasiones: el
complejo de culpa, la obsesión por la
autoflagelación, la búsqueda de expiación, el
enfrentamiento brutal entre el idealismo y el
realismo, la violencia surgida de la impotencia,
del abuso de la debilidad, la insignificancia del
ser humano en un entorno tan hostil como
familiar. La Nueva York descrita en la película
sobrepasa la sordidez para inmiscuirse en el
terreno casi mitológico, es una especie de
infierno nocturno donde vagan almas en pena,
donde el pecado es la norma, donde la mirada
turbia del protagonista es incapaz de distinguir
la misericordia del asco.
El aspecto sentimental
está escasamente labrado, resulta artificial y
distorsionador; de la misma forma el contrapunto
humorístico está completamente fuera de lugar,
los escasos gags resultan casi infantiles y no
consiguen descargar la contundencia del drama
porque, sencillamente, no llega a haber tal drama
mas que en la cabeza del protagonista. El
espectador asiste impasible al vía crucis del
enfermero en busca de la salvación porque el
conflicto moral y el peso de la culpa sólo
habitan en la atormentada e insomne existencia
del protagonista.
Martín Scorsese tampoco logra
desquitarse de la pesadumbre de la trama
repetitiva y obsesiva que le ha proporcionado su
colega e incide aun más en resaltar los aspectos
visuales que recalcan el particular trayecto
redentor de Nicholas Cage. Los actores
escogidos o resultan excesivos o parecen
artificiosos y ahí también la culpa es
de Scorsese. Para ser una película rodada casi
exclusivamente de noche no veo que el director
haya sido muy original en sus recursos ni en sus
planos, parece incluso darse una cierta desgana y
apatía en él; por otro lado tenemos un film
itinerante (dada la propia naturaleza del
ataúd-ambulancia que conducen los personajes)
que a la postre resulta demasiado estático. Por
ultimo, el reto de rodar una historia
desarrollada en un servicio de urgencias medicas
plantea el problema de crear un estilo que impida
al espectador identificar las imágenes con la
serie de televisión canónica del asunto "Urgencias".
El estilo empleado por Scorsese oscila entre el
tenebrismo de Taxi Driver, el onirismo enfermizo
de "Blue Velvet"
(Nicholas Cage
enganchado a una mascarilla guarda demasiadas
semejanzas con Dennis
Hopper) y la lisérgica manipulación
iconica de "Miedo y
asco en Las Vegas" pero la mezcla no
resulta muy afortunada pues al final se está
más atento al cómo que al qué.
Para los que, temporada tras
temporada, esperamos que Scorsese resurja de sus
cenizas y nos vuelva a regalar un cine tan bueno
como el que solía frecuentar "Al
límite" se queda a medio camino entre el
aperitivo recalentado y la franca decepción. Lo
que no se puede negar es la idoneidad de la fecha
de su estreno, pocas veces se puede ver apenas
acabada la Semana Santa una película que refleje
tanto los ideales de ésta.
ISMAEL
ALONSO
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