CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Aburrimiento a 33rpm.
Si a lo que aspira la última
obra de Stephen Frears
es enseñar al respetable a bostezar de forma
creativa, a buscar el mejor sitio en la butaca
para echarse una cabezadita o a añorar con todo
el alma no ya las comedias de Woody Allen, que están a
años luz de ésta, sino las modestas y efectivas
"Café Irlandés"
o "La
furgoneta" que realizase el propio
director inglés el objetivo está más que
cumplido.
Enhorabuena señor Frears por
ofrecernos una comedia rodada con tanta
ramplonería y dejadez como el que rueda
un documental sobre calibraje industrial de
tuercas. Enhorabuena por la desaprovechada
selección musical (más de 50 cortes
que demuestran que la cantidad no equivale a
calidad sobretodo si no se saben colocar los
temas en el devenir de la película). Enhorabuena
a todos esos actores que se pasean por la
película sin creerse ni por un momento sus
papeles (desde Catherine
Z. Jones señora de Douglas a la danesa Ibn Hjejle que nunca tuvo
que haber abandonado Dogma). Y, sobretodo,
enhorabuena por permitir que John Cusack, un actor con
un talento inversamente proporcional al tamaño
de su ego, haga y deshaga (especialmente esto
último) la novela original a su antojo
escribiendo un guión sin gracia,
cargante y centrado en él a mayor gloria de su
insoportable vanidad. Si Alta
fidelidad fuera un partido de fútbol y al
final de la misma pudiéramos ver las
estadísticas sobre posesión de
balón/permanencia ante la cámara el bueno de
Cusack debería rondar el 120%. Vale que el
personaje que interpreta es un tipo francamente
desagradable, estúpido y profundamente pagado de
sí mismo... pero la retirada visión de Cusack
por aquí, Cusack por allá y Cusack en
todos lados sin nada interesante que decir
y actuando de forma asaz artificiosa sólo
empeora la situación.
El mayor problema de esta pseudocomedia
es que es tan graciosa como una inspección de
hacienda y que resulta imposible no sentir
autentica tirria por su protagonista y, a la par,
por su intérprete y guionista. Cusack destroza
una idea con grandes posibilidades erigiéndose
en amo del cotarro y metiendo la pata en todas y
cada una de las facetas a las que se apunta. El
guión es aburrido, la relación entre el
protagonista y su novia resulta insustancial al
espectador, la interacción con los demás
personajes está fatalmente construida, los
flashbacks no aportan más que aburrimiento y los
supuestos gags (casi todos a costa de la pareja
de dependientes en la ma pura tradición R2D2 -
C3PO) parecen sacados de los restos de montaje de
"Clerks"
de Kevin Smith.
De verdad que parece mentira que
el director de "Mi
hermosa avandería", "Las amistades
peligrosas" o "Los
timadores" haya podido perpetrar
semejante desmán porque lo que está claro, al
menos para mí es que si alta fidelidad pretende
ser una película de risa, nostálgica,
generacional, romántica y musical el fracaso es
absoluto.
ISMAEL
ALONSO
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