CRÍTICA
por Mateo
Sancho Cardiel
Por fin llega a nuestras pantallas
la que es, no sólo la mejor película
del año, sino probablemente de la década y de
entre las más destacadas del cine americano. Una
crítica corrosiva, demoledora, mordaz y profunda
de la sociedad universal, ya que, por
mucho que lo diga el título, todos los trapos
sucios que esta película airea con osadía son
extensibles más allá de las fronteras
norteamericanas. La película, como casi todo el
mundo sabrá, ganó cinco Oscar en la última
edición y, desde luego ha sido una de las
victorias más merecidas para un filme que
destila talento por los cuatro costados. No es un
récord, más bien es una cantidad modesta, pero
es el triunfo de un cine con poco derroche de
medios y mucho más preocupado por el
funcionamiento de un guión espléndido y
de ritmo ligero, rebosante de inteligencia.
Un retrato de lo que nadie quiere ver de la
sociedad, pero que existe oculto tras relucientes
viviendas y bonitos coches.
La audacia narrativa de "American
Beauty"
consiste en el tratamiento ácido, casi burlón
de uno de los mensajes más contundentes de
cuantos se han transmitido en mucho tiempo. Así,
asistimos a la proyección de una película de
dos horas tremendamente entretenida,
pero que en cada diálogo (sin excepción, y ahí
está el gran mérito), está dando un puñetazo
a toda la infraestructura de nuestra sociedad,
hasta dejarla en escombros. Dos familias le son
suficiente al guionista para crear una
pasarela de personajes a cada cuál más
ridículo y, a la vez, más real.
Representan la ambición, el deseo soterrado, la
represión, la abulia, el engaño
todas
viven en armonía. Hasta que, como un castillo de
naipes, todo se derrumba cuando Lester Burnham,
el padre de familia, se enamora de la lasciva
compañera de su hija y despierta de entre toda
la basura en la que ha estado aletargado durante
años. Entonces, hará un acto de sinceridad
consigo mismo y comenzará a hacer lo que siempre
ha querido: revelarse contra los cánones que la
sociedad le ha impuesto. Y tras una serie de
actos muy políticamente incorrectos, se
convierte en una persona nueva, la que él
aspiraba ser: un sueño opuesto al americano,
pero un sueño real, que le hace feliz. Este
planteamiento ya es arrollador, pero prepárense
para un desarrollo brillante y una
catarsis final del todo memorable.
Esta atrevida historia, está
dirigida con ejemplaridad por el debutante Sam Mendes, reputado autor de Brodway
que había destacado por desnudar a Nicole
Kidman en "The
blue room"
y por innovar la manida "Cabaret". Pero la perfecta
estructura de esta película se engrandece con
unos soberbios trabajos interpretativos.
Las cabezas visibles del elenco son Kevin
Spacey,
ganador de su segundo Oscar por un papel que es
un bombón y que él sabe exprimir hasta la
última gota, y la no menos estupenda Annette
Bening, que
borda el personaje de desquiciada y frustrada
mujer de negocios. Junto a ellos no desmerecen
(que ya es decir) los jóvenes West
Bentley, Thora Birch
y Mena Suvari, nombres que a partir de
ahora habrá que tener muy en cuenta.
Es una película que hay que ver
obligatoriamente. A algunos quizá les angustie
la realidad, a la mayoría les entusiasmará,
pero a nadie dejará indiferente. De cualquier
manera, deja huella en el espectador. Arrasa sus
emociones y en cada escena presenta un mundo por
descubrir, analizar y trasladar a la vida real. Una
auténtica obra maestra.
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Beauty
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