CRÍTICA por Ismael
Alonso:
... Y no morir en el
intento
Si alguna vez tuviese la
oportunidad de ser otra persona, no creo que
eligiese ser John Malkovich.
Pienso que ni por curiosidad. Encuentro tan
misterioso su encanto físico como el éxito de
los Pokemones y como intérprete tampoco reclama
mi atención, demasiado afectado y dado a la
sobreactuación. De todas formas poco importa en "Cómo ser John
Malkovich" el interfecto. Malkovich
es un mcguffin, una excusa tan válida como otra
cualquiera para que Spike Jonze y Charles Kauffman se
desquiten a gusto de un mal (?) sueño que
tuvieron una noche en la que se atiborraron de Breton y Sartre.
"Cómo ser John
Malkovich" se disfruta como un
cuento entretenido, como una broma de madrugada
en un bar de amiguetes. No hay que
buscarle más vueltas, es un trabajo divertido,
que tiene una cierta miga pero que usa el absurdo
y el existencialismo más como objeto arrojadizo
que como lazo sutil. El protagonista de la
película, John Cusack,
parece un compendio teológico en su discurrir
por la pantalla. Por un lado consigue manipular
la voluntad de un semejante hasta límites
inconcebibles; así consigue emular al dios
cristiano. Por otro lado se apunta a la
reencarnación tan propia de las religiones
orientales y por último acaba pagando su
insolencia al creerse una divinidad con una
castigo digno de Tántalo en el más puro Olimpo
old fashion.
Parece que esta película está
soliviantando a ciertos críticos (como en su
momento pasó con "El
club de la lucha", a la que me
arrepiento de haber puesto inmerecidamente a
caldo). A ciertos sectores les enrabietan estas
demostraciones de cine porque no aceptan el paso
del tiempo y sigue empecinados en defender unos
parámetros caducos. Frente a ellos están los
puristas de la modernidad, los apóstoles del
nuevo orden que babean con películas como ésta.
Ni tanto ni tan calvo diría yo. "Cómo ser
John Malkovich" es un ejercicio
inteligente pero algo hueco. Tampoco
creo que sus autores pretendan más y no se les
ha de negar la originalidad pero tampoco se les
ha de regalar un espacio en el parnaso.
Si bien la película de Jonze
contiene más atisbos de papilla intelectual y
cartilla ética que el grueso de la producción
supuestamente "moderna" de la
actualidad (más seducida, generalmente, por la
parte estética), lo cierto es que el resultado
final decepciona un tanto a tenor de lo
planteado. Echo de menos una mayor aproximación
al hecho de suplantar a un famoso actor. La
bromas cinematográficas escasean (aunque ciertos
cameos son geniales) por lo que uno llega a
preguntarse si realmente importa que aparezca
John Malkovich o cualquier otra celebridad. Tal y
como se plantea la película, al no desarrollarse
bien esta baza, podría haberse titulado
perfectamente "Cómo ser Clemente
Povedilla" y hubiéramos disfrutado lo
mismo. Al no explotar el filón que simular ser
un famoso representa se podría esperar una mejor
construcción de los personajes
"ficticios" pero no es así. Director
y guionista optan por hacer y deshacer a su
antojo la vida sentimental de los protagonistas
(no sé si por una pobre construcción o por
pretender que los personajes aparezcan como
títeres en sus manos).
La cuestión es que no hay que
darle muchas vueltas, "Cómo ser John
Malkovich" es un pasatiempo divertido, un
puzzle mental con pinceladas de farsa que no ha
de ser tomado demasiado en serio. Si no es así
se corre el riesgo de hacer trascendente lo
trivial y despojar de su encanto al film.
ISMAEL ALONSO
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