CRÍTICA
por
Ismael Alonso
Para morirse
La relación entre arte y
terror ha sido una constante en muchos cineastas
y en algunos casos ha derivado en auténtica
obsesión como es el caso de Dario
Argento. El
universo onírico y perverso de El Bosco ha servido de inspiración
a centenares por no decir miles de artistas,
artesanos y presuntos en general. El cine de
terror y el género fantástico de tonalidades
oscuras, denostados en las ultimas décadas, han
renacido con fuerza en los estertores del
milenio. A los cines cada vez acude un público
más joven, adolescentes más inclinados al
entretenimiento que a la reflexión.
Tomando estas pautas
objetivas es fácil sacar conclusiones para
cualquiera que quiera producir un largometraje.
Deberá tratarse de una película de terror con y
para jóvenes, con un cuidado diseño, que se
base en un guión resultón aunque sencillito,
con unos intérpretes conocidos aunque no
necesariamente buenos actores, cuya dirección
sea lo más semejante posible al estilo
hollywoodiense y sobre todo, lo más importante,
lo esencial, que se le dote de una promoción
brutal, de un despliegue publicitario sin igual y
de una difusión en los medios avasalladora. "El
arte de morir" podría ser todo esto y aun así
sería un producto anodino, una
más; pero no se conforma con eso porque "El
arte de morir" es, además, mala.
El film de Fernández
Armero copia
sin tapujos lo mas trillado de la reciente
hornada de cine de terror yanqui y encima lo hace
mal. Los personajes son planos, sin motivaciones,
sin pasado y sin interés. La historia está
rodada a base de golpes de efecto más
previsibles que un capítulo de "El equipo
A", sin mostrar en ningún momento una
gradación ni un tempo además de estar llena de
intolerables altibajos. El argumento con
psicokiller sobrenatural ha sido visto hasta la
saciedad, e incluso con más originalidad, en
cualquier película de esas que están en la
estantería de abajo de cualquier videoclub de
barrio. Los decorados se comen a los
actores y llegan a tener mas interés que sus
diálogos con lo que sólo aportan una
indigesta sensación de irrealidad y meticulosa
planificación que le viene muy grande a la
película. El guión chirría por todas partes,
se acelera y se ralentiza sin ningún motivo
aparente.... Pero quizás lo peor de todo sean
las interpretaciones y pese a lo reñido que
está no es difícil discernir quién se lleva la
palma en cuanto a incompetencia dramática pues María
Esteve es tan
mala actriz que parece que lo esté haciendo a
propósito ¿Quién ha sido tan cruel como para
engañar a esta chica y decirle que puede
actuar?. Sólo la un tanto hastiada
profesionalidad de Emilio Gutiérrez Caba se salva de la quema. Si
estos son los actores que sustituirán a nuestros
Resines, Maura, Abril o Bardem apaga y vámonos.
Toda la película
es un insufrible sopor de superficies
pulidas, diálogos insustanciales, un catálogo
de hora y media de productos Ikea, una
saturación de diseño sin ton ni son y,
sobretodo, una pena que se pueda engañar a la
gente con un remedo tan aburrido, tan previsible
y tan falto de ideas. "El arte de
morir" sólo aporta pesadumbre y constituye
un paso atrás en un género de por sí castigado
por las malas películas. A este paso
conseguirán que la renovación del genero de
desmorone de nuevo.
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arte de morir
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