CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Acero brillante
Disney
es a las películas de dibujos animados lo que Microsoft al mundo de la
informática. Nadie discute su supremacía pero
la competencia cada vez es mayor y mejor. Walt Disney prácticamente
inventó el cine de animación clásico tal y
como hoy le conocemos en detrimento de otros
genios como Max Fleischer,
Chuck Jones, Walter Lantz o Tex Avery o la escuela del
este cuyo mayor exponente acaso sea Jiri Trnka. La millonaria
factoría del Ratón Mickey,
tras el bache sufrido entre los 60 y los 80,
remontó el vuelo con obras de envergadura como "La sirenita" o "La bella y la bestia"
pero, posteriormente, sus películas se han
limitado a seguir al pie de la letra el cliché
cuadriculado que supone adaptar un clásico más
o menos popular, dotarle de la galería de
personajes estipulada (el héroe, el villano, el
amigo gracioso, el esbirro más gracioso
todavía) para así proporcionarle el buscado
tono de musical de Broadway que tienen todas y
cada una de sus producciones recientes.
Los intentos por acabar con este
monopolio habían resultado hasta la fecha
infructuosos ("Anastasia"
era un film bochornoso) y sólo en el subcampo de
la animación digital las cosas parecían estar
tomando otros caminos. Atrás pues quedaban ese
cine de animación semi-underground de "El gato Fritz"
o el orientado a adultos como la fracasada "El señor de los
anillos" o
"Heavy Metal". Hemos tenido que
llegar casi al final del siglo para poder
contemplar una película que esté no sólo a la
altura sino que supere la habitual entrega Disney
de cada año. Este honor le corresponde a "El gigante de hierro".
Dirigida por Brad Bird, un animador
educado en la sobresaliente serie "Los Simpson",
"El Gigante de hierro" es un trabajo
que no sólo presenta innovaciones
artísticas sino que también posee un
guión ricamente elaborado y profundamente
conmovedor. Bird y su equipo han dotado
al relato -que el poeta Ted
Hughes escribiese originalmente para
consolar a sus hijos de la muerte de su madre- de
la textura gráfica que la narración exigía. Ambientada en una
América inmersa en plena paranoia de la Guerra
Fría, la historia de un niño que hace amistad
con un robot venido del espacio
está contada empleando un estilo de animación
heredero de la mejor estética Hanna-Barbera y no
desdeña el esquematismo en el dibujo en pos de
una cuidada caricaturización de los
protagonistas.
Pero es, quizás, en la trama
donde más se nota el aire fresco que esta
película trae. Los personajes son
tratados con ternura pero con seriedad, las
situaciones guardan un curioso equilibrio entre
la fantasía infantil y el drama costumbrista
y la galería de individuos desdeña el
tremendismo adentrándose en terrenos tan poco
habituales en el cine de animación como es el
encontrarnos con una madre soltera, con un joven
"beatnick" o con un obsesionado e
infame representante del gobierno. "El
gigante de hierro" es una propuesta modesta
en su propósito pues no pretende otra
cosa que contar una historia sobre la amistad y
el libre albedrío, pero la sinceridad de los
planteamientos y la brillantez de la resolución
provocan el aplauso y la emoción a partes
iguales.
En el cine de animación hay un
gran problema y es que para realizar un
largometraje se necesita una numerosísima mano
de obra especializada y, consecuentemente,
ingentes cantidades de dinero por lo que no
suelen darse casos de películas independientes,
experimentales o, simplemente,
"personales" pero esta película es un
muy buen ejemplo de que en materia de animación
hay todo un nuevo mundo por descubrir.
ISMAEL
ALONSO
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Web
oficial: www.theirongiant.com
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