CRÍTICA por Ismael
Alonso:
El desatre del 98
Perdón pero creo que me he
perdido. Lo confieso, el argumento se me ha
traspapelado. Acomodadoooooor, taquilleraaaaaaa.
que alguien me ayude. Yo juraría que estaba
viendo una película pero las cosas pasaban sin
ton ni son, de repente, todo iba muy rápido y en
un instante era de noche y al minuto siguiente de
día, y los personajes parecía que iban a tener
alguna importancia en la trama y luego no la
tenían, y la historia tomaba un derrotero y
luego lo abandonaba sin más. "El invierno de las
anjanas" es una
pesadilla para cualquier profesor de estructura
dramática, para cualquier docente sobre teoría
del guión y en general para cualquier espectador
con dos dedos de frente.
Los protagonistas son un pescador
al que nunca vemos pescando (Eduardo Noriega) y una
burguesita algo descarada (Elena
Anaya) que se enamoran de forma perpetua,
trágica y desgarradora en lo que se tarda en
construir el adosado decimonónico en el que
cohabitan. Diríase que estamos viendo uno de
esos amores rotundos, centelleantes y de efecto
acelerado dignos de los amantes de Teruel, Romeo
y Julieta o los concursantes del "Gran Hermano".
Pero, claro, estamos en 1898 y hay que partir
hacia la Cuba pre-Elián para morir por la
patria. Y eso es lo que hace Eusebio (Noriega). O
quizás no. Porque Eusebio muere pero no muere y
la joven enamorada le espera y enloquece o no. O
yo que sé porque todo esta contado con
tanta torpeza que lo mínimos puntos positivos de
la película se hunden en un mar de incompetencia.
El caso es que la película del
debutante Pedro Telechea
es un galimatías narrativo de dimensiones sólo
vistas en las redacciones escolares de niños
amigos del ritmo sincopado y lo tremebundo. Es
cierto que hay una historia detrás de todo esto.
Vale que huele a ropa vieja y a naftalina, a "Episodios Nacionales"
de andar por casa y a serial de radio de galena
pero haberla hayla. Lo que pasa es que está mal
narrada en imágenes, tan mal contada que parece
que al guión se le han caído varias paginas y
nos asombramos continuamente viendo transiciones
inconexas, historias urdidas a golpe y porrazo,
asuntos prometedores concluidos a capón o
simplemente abandonados, tramas que aparecen y
desaparecen porque ¿para qué tocar el tema
político y luego dejarlo vagar a merced de la
imaginación del aletargado espectador? ¿Por
qué sacar a colación el anarquismo, el
pistolerismo, el lesbianismo, el costumbrismo y
todo ismo que se ponga a tiro para luego pasar de
él? ¿Cuál es el juego de "El invierno de
las anjanas?.
Y, bueno, ante una película
narrada con la precisión de un reloj de sol en
un día de niebla los actores poco pueden
hacer. Bien por Elvira
Mínguez cuyo papel es el más complicado
pero que, a la postre, resulta ridículo no por
el trabajo de la actriz sino por la ineptitud del
guión y la dirección. Juan
Diego demuestra que es un buen actor pese
a lo poco trabajado que está su personaje. Elena
Anaya da una de cal y otra de arena y varía
mucho de una escena a otra oscilando entre la
emoción y lo risible. Antonio
Resines pasaba por allí y Eduardo Noriega
pues en su línea. El chico es guapo y debe
pensar que eso le basta, además su papel tiene
menos líneas de texto que el collar de un perro.
Me duele tener que decir esto
pero en lo que va de año (y ya ha transcurrido
más de un tercio del mismo) no se ha estrenado
ni una película española realmente buena.
Algunas son meritorias pero son más las malas (El árbol del penitente, El arte de morir, Operación Gónada.). No
nos quejemos luego de que Cannes nos tiene
tirria.
ISMAEL ALONSO
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