CRÍTICA
por
Ismael Alonso
Mitología
moderna
Escena 1: Ciudad
Encantada, Cuenca. Sin turistas ni domingueros comiendo
tortilla de patatas mientras se encaraman a las
piedras. En su lugar una multitud de caucasianos
ondean banderas y un pope ortodoxo arengan a los
allí reunidos. Una de dos: o hemos abusado de la
medicación para fines que rozan la ilegalidad o
estamos viendo la ultima de James Bond.
Escena
2: Bardenas Reales, Navarra. Explosiones en silos de misiles,
mercenarios antiterroristas rusos, una ingeniero
sacada del calendario de Playmates editado por la
Real Academia de Física Atómica.
Definitivamente
Bond, James Bond.
Pese a haber
modificado sus costumbres y haberse aclimatado
medianamente a ese nuevo orden mundial de lo
políticamente correcto James Bond
sigue siendo
lo suficientemente arrogante, machista, violento
e inverosímil como para resultar encantador. Un
mito que pervive a lo largo de más de veinte
películas (si contamos trabajos apócrifos como "Casino
Royale" o
"Nunca digas nunca jamas" producidos al margen de la
franquicia fundada por Albert
Broccoli allá
por los 60) algo tiene que tener que seduzca a
los espectadores de medio mundo. Por un lado
están las escenas de acción y las de esta
entrega son realmente brillantes destacando la
rodada en los Docklands de Londres, por otro lado
está la personalidad tan irreal como atrayente
del propio personaje y por otro el reencontrarse
con una serie de clichés de sobra conocidos pero
no por ello menos apreciados por los seguidores
del agente con licencia para matar.
Pero no es sólo
su vistosa aparatosidad sino el regusto amargo
que destila esta entrega lo que hace elevarse
a "El mundo nunca es
suficiente" por encima de las mediocres
entregas anteriores. El sentido trágico
impuesto a determinados personajes, que por una
vez se mueven por motivos personales y pasionales
más que por el simple y desfasado hecho de
dominar el mundo, así como el dramatismo de
determinadas escenas, pueril sin duda pero no
exento de originalidad en una serie como ésta
tan dada a la superficialidad, incluyendo un
suicidio o al propio Pierce Brosnan asesinando a sangre fría
denotan un cambio esencial en las aventuras del
agente británico. Parece evidente que su
realizador Michael Apted, director de "Seven
up" uno
de los documentales más galardonados e la
historia de la TV, se encuentra detrás de esta transición
hacia una sensibilidad más acorde con los
tiempos.
Robert
Carlyle es un Renard con más semejanzas con el
atormentado Fantasma de la Opera que con Spectra.
Su existencia está condenada desde el principio
de la película, sabe que morirá inexorablemente
y que apenas le queda tiempo pero lejos de
convertirse en un loco sanguinario desborda su
pasión por la mujer que ama y a la que idolatra.
Y es que son los personajes de Electra
King
(Sophie Marceau) y Renard los que
de verdad elevan la calidad de esta película
mediante unos personajes que, por una vez,
contradicen la siempre invariable tradición 007
de presentar individuos planos de motivaciones
vagas.
De todas formas los
fans tradicionales de la serie no se sentirán en
absoluto decepcionados pues a la habitual
carga erótica, a los paisajes, las persecuciones
y los gadgets se une en esta ocasión una
historia con cierto fundamento pero que se
inscribe en la mejor tradición del personaje.
Desde mi punto de vista "El mundo nunca es
suficiente" guarda mucho puntos en común
con "Al servicio secreto de su
majestad",
la película maldita del repertorio bondiano.
Esperemos que, al menos, ésta tenga más éxito.
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mundo nunca es suficiente
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