CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Humor amarillo
Se abre el telón y vemos a
una chica leyendo el periódico, se acerca a ella
un tipo y la chica le pregunta:
- Roberto, tu que sabes tanto de
cine ¿Qué película me recomiendas?.
A lo que el interfecto responde "El verano de Kikujiro"
(pronunciando, claro esta,
"quiculliruh" para epatar más si
cabe). La chica, anonadada, le pregunta:
- ¿Eso qué es?
Y el pone voz engolada, carraspea, mira con tono
displicente y responde:
- Es una comedia japonesa con elementos de
slapstick y referencias al cine mudo nipón.
¡Toma castaña!. Posibilidad 1:
El cinéfilo de marras no ligará en su vida con
esas técnicas de acoso y derribo intelectualoide
y la chica ira a ver "El
coleccionista de huesos" o similar.
Posibilidad 2: La chica atizará en la cabeza al
tipo con el periódico y le denunciará en
comisaria por haberla recomendado nosequé
parafilia en imágenes y además en versión
original en el idioma materno de Hiro-Hito.
Posibilidad 3: La chica sigue la recomendación
de nuestro simpático y pedante amigo y se
encuentra con una maravillosa película.
Se cierra el telón. No hagan caso a lo que
opinen los críticos, no se fíen de los
comentarios ampulosos que muchas veces
escribimos, "El verano de Kikujiro" es
todo lo que se ha dicho arriba pero también es una
obra original, inocente y muy muy divertida.
Tras una premisa lineal algo
surrealista y muy inspirada en el cine mudo (¿y
por qué no decirlo? Incluso en la picaresca
española) Takeshi Kitano,
nos presenta una road movie
de yakuza con niño en la que un gángster
robaperas, matón de tres al cuarto y canallita
de verbena ha de acompañar a un niño en plena
canícula a que se encuentre con su madre. El
viaje servirá para descubrir la personalidad de
un tipo pretendidamente duro pero que, en
realidad, es de los de mucho kiriki y poco
lerele. En un Japón
estival y semi-desierto el viaje de la extraña
pareja se torna en fábula infantil, en
comedia de aires libérrimos que desemboca en una
gimkana digna de los programas que Kitano hacía
en la tele de su país.
"Beat" Kitano, autor
tan popular en Japón como venerado por la
crítica de occidente, abandona el estilo y la
violencia de "Hanna
Bi" o "Violent
Cop" y se embarca en un experimento
más cercano a los concursos absurdos,
masoquistas e irreverentes que le hicieron famoso
entre sus paisanos. Kitano, que comenzó su
carrera acompañado de otro cómico
"Beat" Kiyoshi (que aparece en la
película como el personaje acosado en la parada
del autobús) formando el dúo "los dos
beats", parece haber vuelto a sus orígenes
y lo que es más importante ha conseguido superar
las expectativas de "Flores de fuego"
rodando una película radicalmente distinta
acompañado de la "troupe" Kitano, un
grupo de comicios gestuales, cuyas gamberradas
ponen el contrapunto al drama que constituye la
infantilización de un adulto para escapar de la
realidad que le acecha y la inevitable
maduración de un niño en forma de lúdico rito
de paso.
ISMAEL ALONSO
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