CRÍTICA
por Roberto Pérez
Toledo
Con apenas
una docena de títulos, Kubrick consolidó
un estatus de genio cinematográfico, de
extravagante creador, de autor obsesivo y único.
"Eyes wide shut" es su legado
involuntario, la película que finalizó apenas
días antes de su repentina muerte, su último
regalo controvertido a la historia del cine. Los
kilómetricos ríos de tinta vertidos por el
filme desde que se conoció la noticia de su
rodaje hacen difícil un análisis justo y ajeno
a circunstancias externas. Casi se antoja
utópico encontrar a un espectador que se acerque
a la sala oscura en estado virginal, sin ideas
preconcebidas, sin prejuicios originados por la
sobredosis de información mediática, tan
cargada de rumores, de mentiras morbosas, o por
la tramposa campaña de publicidad puesta en
marcha por la Warner, dicen que siguiendo
directrices del propio Kubrick. Este factor se
suma a la complejidad misma de la cinta
protagonizada por el matrimonio Cruise-Kidman, a su
largo metraje y a su aridez narrativa, nada nueva
en la filmografía de Kubrick pero sí poco
condescendiente con los gustos del gran público
seguidor de los trabajos del ídolo de "Top
Gun" o "Jerry McGuire". Es la
última película del director de "La
naranja mecánica", por todo
ello, un material susceptible de
reacciones extremas, de bostezos, desconciertos e
irritaciones varias o, por el contrario, de
fascinaciones inmediatas y miradas de rendida
admiración, o incluso, y en esta
tercera reacción está una de las grandezas de
"Eyes wide shut", de bostezos entre
momentos de arrebatada fascinación.
Kubrick ha
dirigido una película malsana, inquietante,
envolvente, desasosegante por momentos pero
también inclasificable, contradictoria,
irregular. Hay errores y baches en "Eyes
wide shut", pero también genialidad de la
inolvidable, de la que forja los cimientos de las
obras maestras. Hay genialidad en mil detalles,
en mil matices, en lo que no se dice y en lo que
ocultan las máscaras, las de la orgía y las
otras, las cotidianas e imperceptibles. Camina
"Eyes Wide Shut" en un territorio de
irrealidades, de deseos insatisfechos, de
fantasmas que se silencian, que
atormentan, que desgarran. Una absurda
discusión de celos resquebraja un matrimonio a
todas luces perfecto. El relato que Alice-Nicole
hace de una fantasía frustrada desencadena en el
personaje de Cruise la necesidad de iniciar un
viaje hacia los infiernos mismos de la
experiencia sexual. "Eyes wide shut" es
el viaje de ida y vuelta de Bill-Tom, un viaje en
el conocerá parcelas prohibidas para el
matrimonio convencional, atado al que dirán. Es
así como el médico al que interpreta Cruise
roza el límite de lo socialmente imperdonable
con una prostituta, con una menor, con una
muerta, alcanzando su periplo la cima en la
secuencia de la orgía, que Kubrick eleva a la
categoría de sublime gracias a un virtuosista
trabajo de dirección de fotografía y puesta en
escena. La presencia del personaje de Cruise en
la orgía desencadena una trama de thriller que
no interesa a Kubrick como tal. Da igual la
suerte del pianista de los ojos vendados o que la
chica enmascarada haya muerto o no por culpa de
Bill-Tom. A Kubrick le interesa mucho más
mostrarnos el rostro de Cruise en primer plano,
su expresión de pavor y arrepentimiento por
haber jugado con lo prohibido. Desempeña así
Kubrick su papel de verdugo, llenando la mirada
de Cruise de remordimientos sin retorno, de
incertidumbres eternas, porque merece pagar por
su curiosidad y osadía.
Es la
secuencia de la orgía epicentro del viaje de
Cruise y detonante de su posterior ascenso hacia
la redención, culminado con la escena en la
juguetería, con el diálogo último entre Bill y
Alice. Este diálogo contiene las claves de
las intenciones de Kubrick, contradichas a menudo
a lo largo del metraje, atisbadas entre líneas.
Porque "Eyes Wide Shut" es su
instrumento, a la sazón póstumo, para condenar
el juego con fuego, con lo extramatrimonial. Bill
y Alice acuerdan olvidar, o fingir que han
olvidado, para recuperar su caparazón infalible:
una vida en pareja segura a fuerza de tabúes,
capaz de silenciar cualquier fantasma
desestabilizador. Unidos, superarán sus
obsesiones, ella su infidelidad soñada, él sus
peligrosos escarceos. "Eyes Wide Shut"
se configura, de este modo, como una
brutal defensa del concepto convencional de
matrimonio y de una vida sexual plena y
autosuficiente dentro del mismo.
La palabra
con la que se despide la película, puesta en
boca de Alice-Nicole, no puede ser más
explícita y sirve, en definitiva, de síntesis
de lo visto durante las dos horas y media
anteriores. Es el final de un recorrido en
el que Kubrick nos ha transportado hacia las
entrañas de una pareja en crisis, en lucha con
sus miedos y fantasías, dibujados, toma tras
toma, repetición tras repetición, en los
rostros de Tom Cruise (alma del filme, nuestro
guía y nuestros ojos en el viaje gracias a una
interpretación valiente y sin fisuras) y Nicole
Kidman (inmensa, todo miradas, todo secretos),
pareja de estrellas, pero también, y es injusto
olvidarlo, de actores soberbios.
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